El Imperio purépecha, Estado Tarasco o Señorío Tarasco (en purépecha, Iréchekua Ts'intsúntsani) y llamado por los españoles como Reino de Michoacán, fue un imperio del México precolombino, que abarcaba una extensa área geográfica del actual estado mexicano de Michoacán, partes de Jalisco, sur de Guanajuato, Guerrero, Querétaro, Colima y Estado de México. Es famoso por ser junto con Tlaxcala, uno de los pocos pueblos que los mexicas nunca pudieron someter, a pesar de haberlo intentado múltiples veces en distintas guerras tarasco-mexicas. En el momento de la conquista del Imperio Mexica era el segundo estado más grande de Mesoamérica. Su gobierno era monárquico y teocrático y como la mayoría de las culturas prehispánicas, los purépechas eran politeístas.
Introducción de los purepechas El estado purépecha fue fundado cerca del inicio del y perdió su independencia ante los españoles en 1522, brevemente subsistió más allá como un reino vasallo de la Corona española hasta la muerte del último irecha en 1530 a manos de Nuño de Guzmán. Los habitantes del imperio eran en su mayoría purépechas, pero también se incluían otros grupos étnicos como los nahuas, otomíes, matlatzincas y chichimecas. Estos grupos étnicos fueron asimilados gradualmente por el grupo mayoritario.
El estado estaba constituido por una red de sistemas tributarios y poco a poco se fue centralizando bajo el control del gobernador del estado al que se llamó irecha. La capital purépecha se encontraba en Tzintzuntzan a orillas del lago de Pátzcuaro, en Michoacán; según la tradición oral purépecha había sido fundada por el primer irecha Tariácuri y dominada por su linaje, los Uacúsecha ('águilas').
El estado tarasco fue contemporáneo y enemigo del Imperio mexica, contra el que luchó muchas veces; bloqueó la expansión de aquella nación hacia el oeste y suroeste, y, a través de una serie de fortificaciones, protegían sus fronteras; lo que dio lugar, posiblemente, al desarrollo del primer estado verdaderamente territorial de Mesoamérica y Aridoamérica. Entre 1476 y 1477 los tarascos derrotaron a los mexicas comandados por el tlatoani Axayacatl y lograron invadir su territorio en numerosas ocasiones, teniendo éxito en varias de ellas y conquistando importantes ciudades como Xicotitlán, Tollocan y Oztuma.
Controversia entre 'purépecha' y 'michoacano' miniaturadeimagen|223x223px|Copia de la lámina que ilustra el capítulo "De la manera que se casaba la gente baja", o maceguales/purépecha. Relación de Michoacán, Lámina 38. Ríos de tinta han corrido sobre uno de los enigmas más concurridos del pasado prehispánico michoacano: el gentilicio del grupo étnico mayoritario en Michoacán al momento de la llegada de los españoles. A esto hay que agregar que el Michoacán antiguo fue un territorio de una gran diversidad étnica y cultural, donde coexistieron pueblos de diferente parcialidad y lengua, por lo que en cada pueblo, etnia, e incluso linajes de la misma filiación lingüística, fueron nombrados y nombraron con diferentes vocablos a otros grupos humanos. El término michoacano surge en el del náhuatl michhuahqueh, con el que se les hacía referencia a los habitantes de la zona del lago de Pátzcuaro, ya que significa «habitantes del lugar donde abundan los peces»; los nahuas también conocieron a los purépechas como quaochpanme, «hombres de cabeza rapada, o raída», probablemente por el rango militar de los valerosos cuachic, reconociendo el valor guerrero. El término Animaxe era el topónimo con el que los mazahuas conocían a Michoacán, su significado es «lugar de águila», relacionado con los uacúsecha. Las palabras ho hohuí o huehohuí, que significa «el guerrero», y hueninche o hue ninche, «el águila», fueron los gentilicios usados por los pirindas-matlatzincas para nombrar a los purépecha. La palabra amanthâhi o amandâhŷ, es el gentilicio que le dieron los otomíes a los purépecha, se traduce como «pueblo del viento». La palabra purépecha quiere decir gente común en la lengua homónima y designa al segmento más numeroso de la población prehispánica del estado tarasco, así como también refiere a los hablantes actuales del pꞌurhé. Fue traducida como «macegual», «plebeyo», «gente común», o «persona». La palabra tarasco se ha propuesto que proviene del vocablo Tarhásku que significa yerno o suegro en lengua purépecha, que así llamaban los conquistadores a los purépechas de manera burlona, por lo que ese vocablo podría ser despectivo. El término uacúsecha, que significa «águilas» en purépecha, se utilizó en el para referirse a los pueblos fundadores del estado purépecha.
Habitualmente se utiliza el término tarasco para referirse a dicho grupo cultural durante la época prehispánica y purépecha para la época contemporánea. El gentilicio reivindicado por los habitantes de las comunidades indígenas actuales es purépechas.
Geografía y área de ocupación miniaturadeimagen|Lago de Pátzcuaro
El territorio que conformaba el estado purépecha es parte de la zona volcánica transversal, y se ubica en su prolongación occidental, entre dos grandes ríos: el Lerma (perteneciente a la zona áridoamericana) y el Balsas. Sin embargo, el estado purépecha se centraba en la cuenca del lago de Pátzcuaro. Incluía zonas de clima templado, subtropical y tropical, que están dominadas por montañas volcánicas del Cenozoico y sistemas lacustres por encima de dos mil metros de altitud, aunque también incluye zonas más bajas como las regiones costeras del suroeste. Los tipos de suelos más comunes en la meseta central son volcánicas jóvenes o andosoles, luvisoles y los menos fértiles acrisoles. La vegetación está conformada principalmente por pinos, pino-encinos y abetos. La ocupación humana se ha centrado en las cuencas de los lagos, que son abundantes en recursos. En el norte, cerca del río Lerma, hay recursos como la obsidiana y fuentes termales.
Historia del estado purépecha
Evidencia arqueológica El área purépecha ha estado habitada al menos desde principios del período Preclásico. Existe evidencia de sociedades agrícolas tempranas desde antes del 1800 a. C. como la cultura hacedora de tumbas de "el Opeño". Las fechas más tempranas de radiocarbono en los sitios arqueológicos del preclásico caen alrededor del año 1800 a. C. y la cultura del preclásico más conocida en Michoacán es la cultura Chupicuaro que, se considera, habitaron entre el 800 a. C. al 100 d. C. La mayoría de los sitios chupícuarenses se encuentran en la cuenca del lago de Cuitzeo.
Se ha encontrado influencia de Teotihuacán en manifestaciones como la arquitectura monumental, la cerámica del período clásico. miniaturadeimagen|El sitio arqueológico de Tzintzuntzan, capital del imperio.
Fuentes etnohistóricas Si bien se menciona de forma indirecta el uso de códices en Michoacán en la época prehispánica, lo cierto es que todos los documentos pictográficos de origen indígena conocidos hasta ahora, son coloniales. Los pueblos indígenas de Michoacán adaptaron sus discursos dentro del nuevo orden virreinal, elaborando sus propios documentos que fueron usados como instrumentos jurídicos para reivindicar reclamos, por lo que la información contenida debe contrastarse con otras fuentes. En estos documentos pictográficos los indígenas registraron parte de su memoria sobre el pasado prehispánico.
En los siglos - aparecieron otro género de textos con caracteres escritos, que hoy son conocidos como «títulos primordiales», algunos acompañados con pinturas. Estos documentos contenían la historia fundacional o refundacional del pueblo, pero dado el carácter no occidental de la memoria indígena, estos documentos no tienen coherencia cronológica y suelen mezclarse acontecimientos de distintas épocas. También se mencionan las genealogías de caciques, anales históricos y la demarcación de límites territoriales, que servían para reivindicar los derechos políticos de los caciques o sobre la tierra ante la Corona.
Se conocen más de una veintena de documentos pictográficos de tradición indígena, elaborados en Michoacán durante los siglos , y , y han recibido distinta nomenclatura por parte de los estudiosos. Varios se encuentran resguardados en archivos y museos, otros más han terminado en el extranjero o colecciones privadas, muchos se han perdido con el paso del tiempo, y algunos aún permanecen inéditos en varias comunidades indígenas. Fueron elaborados con diferentes materiales, como amate, maguey, papel europeo o tela, con una compleja iconografía y la mayoría glosados con caracteres latinos.
La siguiente relación de documentos indígenas pictográficos michoacanos, su nomenclatura y fecha, se ha tomado de las investigaciones de Hans Roskamp, aunque hay muchos otros documentos que no se han investigado, o que han desaparecido. Se coloca entre paréntesis el nombre anterior con el que era conocido para evitar confusiones con los más mencionados, el año de su elaboración cuando es conocido; el lugar de elaboración corresponde con su nombre, a menos que se indique lo contrario en corchetes. miniaturadeimagen|Fray Jerónimo de Alcalá entregando el manuscrito al virrey Antonio de Mendoza1, Relación de Michoacán, Lámina 1 Entre los documentos del se pueden mencionar:
La Relación de Michoacán,Relación de Michoacán (también conocida como Códice Escurialense), 1541 [Tzintzuntzan-Pátzcuaro]. Esta es la fuente etnohistórica más importante para el pasado de Michoacán, fue escrita entre 1539-1541 por el franciscano fray Jerónimo de Alcalá (ca. 1508-1545), contiene relatos traducidos y transcritos de nobles tarascos. Esta relación contenía tres partes de la "historia oficial uacúsecha", que era conservada a través de la tradición oral: la primera parte se centraba en la religión del estado tarasco, por desgracia, de la primera parte solo se conserva una foja; la segunda parte trata de como los antepasados del cazonci conquistaron el centro de Michoacán; y la tercera parte, trata de la sociedad y la conquista española. La Memoria de don Melchor Caltzin, 1543 [Tzintzuntzan]. El Códice de Huetamo y Códice de Cutzio, 1539-1542. El Lienzo de Jicalán (anteriormente Lienzo de Jucucataco), 1566. Los Códices del grupo “Hueapan” elaborados en 1567, entre los que se encuentran el Códice de Valladolid, el Códice de Axacuario, el Códice de Zinapécuaro, el Códice de Queréndaro, el Mapa pictográfico de Queréndaro, el Códice de Irapeo I, el Códice de Irapeo II y el Códice de Irapeo III. El escudo de Armas de la Ciudad de Zintzuntzan Vitzitzilan de la provincia de Michoacán, 1595.
Del siglo se conocen estos documentos:
El Códice de Jarácuaro. Los Títulos de Tócuaro. El Lienzo de Aranza (anteriormente Lienzo de Sevina). Los Anales de Tarecuato, este es un documento muy importante de la misma centuria, pero solo de caracteres latinos, donde se registraron varios acontecimientos muy importantes desde 1519 hasta 1666.
Entre los siglos - se elaboraron varios documentos indígenas que rescataron parte de la memoria prehispánica, entre los que se encuentran:
El Códice de Chilchota. El Lienzo de Puácuaro. El Lienzo de Nahuatzen. El “Corpus de los títulos de Carapan”, es el conjunto de documentos más ricos en información de su tipo, conformado por el Códice de Carapan, Códice Plancarte, Genealogía de los caciques de Carapan, Lienzo de Carapan, Lienzo de Pátzcuaro y el Documento de Tulane.
Del siglo se conocen los siguientes documentos pictográficos:
El Códice Tzintzuntzan. El Lienzo de Comachuén. El Códice Cuara [Pátzcuaro].
Sobre estos documentos aún falta realizar investigaciones, conocer el contexto de elaboración y con qué propósito se usaron, e interpretar la iconografía presente, lo cual va a enriquecer la historia del pasado michoacano.
Fundación y expansión miniaturadeimagen|Ruinas de las yácatas de Tzintzuntzan.