José María Arguedas (Andahuaylas, 18 de enero de 1911-Lima, 2 de diciembre de 1969) fue un narrador, poeta, profesor y antropólogo peruano. Fue autor de novelas y cuentos que lo han llevado a ser considerado como uno de los grandes representantes de la literatura del Perú. El crítico Martin Seymour-Smith considera a Arguedas como «el más grande novelista de nuestro tiempo»,Famous Writers from Peru. Pantheon.world. Consultado el 24 de octubre de 2022.José María Arguedas. Suicidepreventionnow.com. Consultado el 24 de octubre de 2022. quien escribió «algunas de las prosas más poderosas que el mundo haya conocido».Martin Seymour-Smith, The New Guide to Modern World Literature (New York: Peter Bedrick Books, 1985), pp. 949-950.
Introdujo en la literatura una visión interior más rica e incisiva del mundo indígena. La cuestión fundamental que se plantea en sus obras es la de un país dividido en dos culturas (la andina de origen quechua y la occidental, traída por los españoles), que deben convivir. Los grandes dilemas, angustias y esperanzas que ese proyecto plantea son el núcleo de su visión.
Su labor como antropólogo e investigador social se da en paralelo a su importancia y a la influencia que tuvo en su trabajo literario. Se debe destacar su estudio sobre el folklore peruano, en particular de la música andina. Al respecto tuvo un contacto estrechísimo con cantantes, músicos, danzantes de tijeras y diversos bailarines de todas las regiones del Perú. Su contribución a la revalorización del arte indígena, reflejada especialmente en el huayno y la danza, ha sido muy importante.
Fue además traductor y difusor de la literatura quechua, antigua y moderna, ocupaciones todas que compartió con sus cargos de funcionario público y maestro. Entre sus novelas se encuentran Yawar fiesta (1941), Los ríos profundos (1958), Todas las sangres (1964) y El zorro de arriba y el zorro de abajo (1971).
Biografía José María Arguedas Altamirano nació en Andahuaylas, en la sierra sur del Perú el 18 de enero de 1911. Proveniente de una familia criolla y aristócrata por parte materna, quedó huérfano de madre a los tres años. Por la poca presencia de su padre quien era abogado, litigante y viajero, y su mala relación con su madrastra, ya que su madrastra lo maltrataba junto con su hermanastro Pablo, se refugió en el cariño de los sirvientes andinos, lo que le permitió tener un contacto cercano con la realidad y la cultura de las comunidades indígenas. Esta experiencia le permitió convertirse en una voz comprometida con la defensa de los derechos de los indígenas, pues dicho suceso influyó profundamente en su vida y en su obra literaria. Sus estudios de primaria los realizó en San Juan de Lucanas, Puquio, Ayacucho y los de secundaria en Huancayo, Ica y Lima.
Ingresó a la Facultad de Letras de la Universidad de San Marcos, en 1931; allí se licenció en Literatura, y posteriormente cursó Etnología; se recibió de bachiller en 1957 y de doctor en 1963. Entre 1937 y 1938 estuvo en prisión en razón de una protesta contra un enviado del dictador italiano Benito Mussolini,aunque no se afilió al partido comunista, si fue considerado por algunos sectores como simpatizante del comunismo. Paralelamente a su formación profesional, en 1941 empezó a desempeñar el profesorado, primero en Sicuani, Cuzco, y luego en Lima, en los colegios nacionales Alfonso Ugarte, Guadalupe y Mariano Melgar, hasta 1949.
Ejerció también como funcionario en el Ministerio de Educación, poniendo en evidencia su interés por preservar y promover la cultura peruana, en especial la música y la danza andina. Fue director de la Casa de la Cultura (1963-1964) y director del Museo Nacional de Historia (1964-1966). En el campo de la docencia superior, fue catedrático de Etnología en la Universidad de San Marcos (1958-1968) y en la Universidad Nacional Agraria La Molina (1962-1969). Agobiado por conflictos emocionales, puso fin a sus días disparándose un tiro en la cabeza el 28 de noviembre de 1969, falleciendo tras cuatro días de agonía el 2 de diciembre, a los 58 años de edad.
Su obra narrativa refleja, descriptivamente, las experiencias de su vida recogidas de la realidad del mundo andino, y está representada por las siguientes obras: Agua (1935), Yawar fiesta (1941), Diamantes y pedernales (1954), Los ríos profundos (1958), El Sexto (1961), La agonía de Rasu Ñiti (1962), Todas las sangres (1964), El sueño del pongo (1965), El zorro de arriba y el zorro de abajo (publicado póstumamente en 1971). Toda su producción literaria ha sido compilada en los primeros cinco tomos de sus Obras completas (1983). Además, realizó traducciones y antologías de poesía y cuentos quechuas, como sus trabajos de antropología y etnología y su producción no literaria en general se encuentran compilados en la segunda parte de sus Obras completas (2012).
Infancia y niñez José María Arguedas Altamirano nació el 18 de enero de 1911 en la ciudad de Andahuaylas, en la sierra sur del Perú. Era hijo de Víctor Manuel Arguedas Arellano, un abogado cuzqueño que ejercía de Juez en diversos pueblos, y de Victoria Altamirano Navarro, perteneciente a una hacendada y acaudalada familia de Andahuaylas. Cuando falleció su madre (cuando él tenía 3 años), víctima de «cólicos hepáticos», pasó a vivir en la casa de su abuela paterna, Teresa Arellano, en la ciudad de Andahuaylas. En 1915, al ser nombrado juez de primera instancia de la provincia de Lucanas departamento de Ayacucho, su padre se trasladó a dicha sede, donde poco después se casó con una rica hacendada del distrito de San Juan (Lucanas), provincia del mismo nombre del departamento de Ayacucho, Grimanesa Arangoitia Iturbi viuda de Pacheco (1917). El pequeño José María viajó entonces a Lucanas, para reunirse con su madrastra; el viaje fue todo un acontecimiento para él, como lo recordaría siempre. La familia se instaló en Puquio, capital de la provincia de Lucanas del departamento de Ayacucho. José María y su hermano Arístides, dos años mayor que él, fueron matriculados en una escuela particular. Al año siguiente, 1918, los dos hermanos continuaron sus estudios en San Juan de Lucanas, a 10 km de Puquio, viviendo en la casa de la madrastra. En 1919, Arístides fue enviado a estudiar a Lima y José María continuó viviendo con la madrastra.
En 1920, tras la ascensión al poder de Augusto B. Leguía, el padre de José María ―que era del partido contrario (pardista)― perdió su cargo de juez y tuvo que retornar a su profesión de abogado litigante y viajero, trajinar que solo le permitía hacer visitas esporádicas a su familia. Esta etapa de la vida del niño José María estuvo marcada por la difícil relación que sostuvo con su madrastra y con su hermanastro Pablo Pacheco. Aquella sentía por su hijastro un evidente desprecio, y constantemente lo mandaba a convivir con los criados indígenas de la hacienda, de la cual solo lo recogía a la llegada de su padre, tal como lo ha relatado Arguedas en el primer encuentro de narradores realizado en Arequipa en 1965. Por su parte el hermanastro lo maltrataba física y psicológicamente e incluso en una ocasión le obligó a presenciar la violación de una de sus tías, que era a la vez la mamá de uno de sus compañeritos de escuela (los «escoleros» mencionados en varios de sus cuentos). Al parecer, esa fue solo una de las tantas escenas sexuales que fue obligado a presenciar, ya que el hermanastro tenía muchas amantes en el pueblo. La figura de este hermanastro habría de perdurar en su obra literaria personificando al gamonal abusivo, cruel y lujurioso. Sobre aquel personaje diría Arguedas posteriormente:
Algunos[cita requerida], sin embargo, consideran que el supuesto maltrato de la madrastra fue una ficción; entre ellos el mismo Arístides.
A mediados de julio de 1921 José María se escapó de la casa de la madrastra junto con su hermano Arístides, que había retornado de Lima; ambos fueron a la hacienda Viseca, propiedad de su tía Zoila Rosa Peñafiel y su esposo José Manuel Perea Arellano (medio hermano de su padre) a quien le tenía un gran cariño, situada a 8 km de San Juan de Lucanas. Allí vivió durante dos años, en ausencia del padre, conviviendo con los campesinos a quienes les tomó cariño y con quienes participaba por diversión de las faenas agrícolas. De dos campesinos guardaría un especial recuerdo: don Felipe Maywa y don Víctor Pusa. Para José María fueron los años más felices de su vida. La historia de esa fuga está narrada en la novela Kachkaniraqmi Arguedas del peruano Eduardo González Viaña. (Fondo Editorial de la Universidad César Vallejo, 2023). En el quechua chanka, cuando alguien quiere expresar que a pesar de todo «aún es», que «todavía existe», que «sigue siendo», dice Kachkaniraqmi. En los libros de José María Arguedas esta expresión está presente en muchos de sus personajes, quienes ―en medio de fuerzas externas que buscan erradicar sus expresiones culturales, de dónde vienen y quiénes son― luchan por seguir siendo. Para González Viaña, el niño Arguedas vuelve a nacer cuando escapa de la casa de su madrastra. «Me contaron la historia los zorros y la montaña», escribe en la introducción de su novela que supuestamente es narrada por esos animales y por el río. Y añade, en una suerte de cosmovisión que habla: «He interrogado al puma y a la montaña, a la piedra y a la nube, al gran río y a los caminos, y sus voces unidas son las que ahora forman este concierto». Adolescencia y primera juventud thumb|La plaza de Abancay. Después de huir con su hermano Arístides de casa de la madrastra, en 1923 abandonó su retiro al ser recogido por su padre, a quien acompañó en sus frecuentes viajes laborales, conociendo más de 200 pueblos. Pasaron por Huamanga, Cuzco y Abancay. En esta última ciudad ingresó como interno en el Colegio Miguel Grau de los Padres Mercedarios, cursando el quinto y sexto grado de primaria, entre 1924 y 1925, mientras su padre continuaba su vida itinerante y su hermano Arístides seguía su educación en Lima. Esta etapa de su vida quedó conmovedoramente plasmada en su obra maestra, Los ríos profundos:
En el verano de 1925, cuando se hallaba de visita en la hacienda Karkequi, en los valles del Apurímac sufrió un accidente con la rueda de un trapiche, de resultas del cual perdió dos dedos de la mano derecha y se le atrofiaron los dedos restantes.Vargas Llosa (1996), 53.
En 1926, junto con su hermano Arístides empezó sus estudios secundarios en el colegio San Luis Gonzaga de Ica, en la desértica costa peruana, hecho que marcó su alejamiento del ambiente serrano que había moldeado hasta entonces su infancia, pues hasta entonces había visitado la costa solo de manera esporádica. Cursó allí hasta el segundo año de secundaria y sufrió en carne propia el desprecio de los costeños hacia los serranos, tanto de parte de sus profesores como de los mismos alumnos. Se enamoró intensamente de una muchacha iqueña llamada Pompeya, a quien le dedicó unos acrósticos, pero ella lo rechazó diciéndole que no quería tener amores con serranos.Vargas Llosa (1996), 54. Él se vengó llegando a ser el primero de la clase en todos los cursos, derrumbando así la creencia de la incapacidad intelectual del hombre andino.
En 1928 reanudó su vida trashumante otra vez en la sierra, siempre junto a su padre. Vivió entre Pampas y Huancayo; en esta última ciudad cursó el tercero de secundaria, en el colegio Santa Isabel. Fue allí donde se inició formalmente como escritor al colaborar en la revista estudiantil Antorcha; se dice también que por entonces escribió una novela de 600 páginas, que tiempo después le arrebataría la policía, pero de la que no ha quedado huella alguna.Vargas Llosa (1996), 54.