La historia de la deuda externa argentina es la evolución de las deudas contraídas por el Estado argentino, con acreedores públicos o privados ubicados en otros países, desde su independencia en 1816 hasta la actualidad. Incluye tanto la deuda externa privada como la pública o soberana. La magnitud de la deuda externa suele ser relacionada con el PBI del país o el saldo de la balanza comercial (diferencia entre exportaciones e importaciones), con el fin de percibir la capacidad de pago. La deuda externa se caracteriza por estar contraída en divisas extranjeras y no poder ser cancelada en moneda nacional. Por ello se ha explicado que «más importante que estudiar la residencia del acreedor, es analizar el tipo de bono que posee el acreedor y, particularmente, si el mismo, ante el diferimiento o suspensión del pago, se rige según la legislación nacional o de tribunales» extranjeros, debido a la «fundamental importancia (que ellos tienen) para el análisis de las alternativas de reestructuración de la deuda».
Argentina forma parte de diversos organismos multilaterales de crédito: el Fondo Monetario Internacional (desde 1956), el Banco Mundial (1956) y el Banco Interamericano de Desarrollo (1959).
El país entró seis veces en cesación de pagos (default) de su deuda externa a lo largo de su historia: las dos primeras veces en el (1827 y 1890), y luego de casi un siglo sin incumplimientos se sucedieron la crisis de la deuda latinoamericana en 1982, la crisis de 2001, y el «reperfilamiento» y posterior renegociación de la deuda en 2019-2020. Algunos autores agregan a esta lista los defaults provinciales de 1915 y 1930, el acuerdo con el Club de París de 1956 y el Plan Bonex de 1989. En el 2018 Mauricio Macri tomo la mayor deuda conocida con el FMI, de 57.000 millones de dólares según la BBC. Para fines del primer trimestre del 2022 la deuda externa bruta de Argentina registró un valor de 274.355 millones de dólares, equivalente a la mitad de su PBI anual hacia la misma fecha.
El empréstito Baring Brothers
miniatura|El ministro Bernardino Rivadavia (1780-1845), como miembro protagónico del Gobierno bonaerense entre 1821 y 1824, fue el responsable de endeudar al país con el Empréstito Baring Brothers.
La historia de la deuda pública argentina comienza cuando la Junta de Representantes de Buenos Aires cuando Bernardino Rivadavia pide un crédito en Londres la construcción del puerto de Buenos Aires. Finalmente, solo llegaron a Buenos Aires unas 570.000 libras esterlinas, en su mayoría en letras de cambio. Ninguna de las obras previstas se realizó con ese dinero. El empréstito se terminaría de pagar ochenta años más tarde. Por el empréstito de £2.800.000 se terminó pagando £23.700.000, es decir, prácticamente 8 veces más. En los años 1820, el peso papel comenzó a devaluarse rápidamente con respecto al peso fuerte, que estaba ligado directamente al precio del oro. Ninguno de los objetivos se cumplió en ninguna de sus partes, aunque el dinero estuvo disponible desde mediados de 1824. Después de transcurridos los años retenidos en concepto de intereses adelantados, no pudieron pagarse los intereses y debió recurrirse a la venta de dos barcos para afrontar el pago de las obligaciones. Todos los gobiernos posteriores continuaron pagando y refinanciando la deuda hasta que se canceló definitivamente en 1903. Por este préstamo se pagaron, hasta 1881, cuatro millones ochocientas mil libras esterlinas. El crédito sería garantizado por órdenes de Rivadavia con tierras y bienes públicos sancionando la ley de enfiteusis dejó como consecuencia la concentración de la tierra de 1822 a 1830, 538 propietarios en total obtuvieron 8.656.000 hectáreas, siendo los beneficiados los colaboradores del propio régimen de Bernardino Rivadavia, entre ellos las familias Anchorena, Alzaga, Alvear, Azcuénaga, Basualdo, Bernal, Bosch, Bustamante, Castro, los Díaz Vélez, Dorrego, Eguía, Echeverría, Escalada, Ezcurra, Gallardo, Irigoyen, Lacarra, Larrea, Lastra, Lezica, Lynch, López, Miguens, Obarrio, Ocampo, Olivera, Ortiz Basualdo, Otamendi, Pacheco, Páez, Rozas, Sáenz Valiente y otras.Los Oligarcas Juan J. Sebreli – La Historia Popular Tomo 15, p 23 – Vidas y Milagros de Nuestro Pueblo la Enfiteusis puso más de ocho millones de hectáreas a disposición de arrendatarios y enfiteutas quienes en general no pagaban o pagaban cánones muy bajos a la provincia, esta ley tendió a favorecer la gran concentración de la propiedad en unas pocas decenas de familias.Halperín Donghi, Tulio: Guerra y finanzas en los orígenes del Estado argentino (1791-1850), Prometeo Libros, 2005, cap. III, p 231
Manuel José García, Ministro de Finanzas de Bernardino Rivadavia, consideró necesario un empréstito de 2 800 000 libras esterlinas. La Junta de Representantes había autorizado la colocación a un tipo mínimo del 70 %, pero Rivadavia aceptó constituir un consorcio que representara al Gobierno de Buenos Aires para la colocación del empréstito al tipo de 70 %. Este consorcio estaba encabezado por los señores Braulio Costa, Félix Castro, Miguel Riglos, Juan Pablo Sáenz Valiente y los hermanos Parish Robertson, quienes, en virtud del poder conferido, celebraron el acuerdo en Londres con la firma Baring Brothers & Co. Como la colocación en el mercado sería sencilla, la Baring propuso al consorcio colocarlos al 85 %, pagando 70 % a Buenos Aires y repartiéndose el 15 % de diferencia con el consorcio.
El 1 de julio de 1824, el gobierno de Rivadavia contrae con la Banca Baring el empréstito por 1 000 000 de libras esterlinas por motivos de financiación de obras públicas. El 15 % de diferencia de colocación representó 150 000 libras; de ellas, el consorcio en su conjunto se llevó 120 000 libras en carácter de comisión y los 30 000 restantes fueron para Baring.
El Estado de Buenos Aires, por su parte, «empeñaba todos sus efectos, bienes, rentas y tierras, hipotecándolas al pago exacto y fiel de la dicha suma de 1 000 000 de libras esterlinas y su interés». En consecuencia, en 1828 se liquidó la escuadra naval y se dieron en pago dos fragatas que se estaban construyendo en Inglaterra. De este modo, cuando se produjo la ocupación de las Islas Malvinas por los ingleses, cinco años más tarde, no hubo fuerza naval para contrarrestarla. Ferdinand White, espía inglés, enviado por la Baring al Río de la Plata, condenó los aspectos delictivos de este acuerdo. De la suma recibida, solo llegaron al Río de la Plata en oro, como estaba convenido, el 4 % de lo pactado, 20 678 libras.
Como no se había especificado cómo llegaría el dinero a las Provincias Unidas del Río de la Plata, el consorcio informa a la Casa Baring que la mejor manera era enviando letras. Finalmente, solo llegaron a Buenos Aires unas 570 000 libras esterlinas, en su mayoría en letras de cambio. Ninguna de las obras previstas se realizó con ese dinero, que fue entregado al Banco de Descuento para que diera créditos a sus clientes, a intereses mucho más bajos que los que pagaba la provincia por ese dinero.Agote, Pedro: Informe del Presidente del Crédito Público sobre la Deuda Pública, Buenos Aires, 1881, p. 18.
Las exportaciones de oro, permitidas por las políticas de libre comercio de Rivadavia, agotaron rápidamente las reservas nacionales. Esto representó un gran problema, ya que el oro era el medio de cambio de la economía local. Rivadavia establece el «Banco de Descuento», un banco central para imprimir dinero. Este banco fue puesto a manos de inversores privados británicos. Bernardino Rivadavia y Manuel J. García, representantes de la aristocracia porteña, se encontraban en la cúspide del poder; la influencia británica está en su apogeo. Rivadavia solicitó el cargo de Ministro Plenipotenciario de las Provincias Unidas en Francia e Inglaterra y viajó a Londres para ser designado presidente del directorio de la compañía minera «River Plate Mining Association». Llegó a ser, al mismo tiempo, presidente de las Provincias Unidas y director de la River Plate Mining.
La diferencia entre los ocho millones importados con los cinco exportados se cubría en metálico, lo que producía un drenaje continuo de oro y plata (en barras solamente salieron del país en 1822 por valor de 1 350 000 pesos fuertes), pagados a través de empréstitos británicos con fuertes tasas de interés.
Todos los gobiernos posteriores continuaron pagando y refinanciando la deuda hasta que se canceló definitivamente en 1903, ochenta años después. Por el empréstito de 2 800 000 £ se terminó pagando 23 700 000 £, es decir, prácticamente 8 veces más.
Etapa rosista
Durante la etapa rosista, se renegocian préstamos y se obtiene una sustancial quita en los intereses, disminuyendo el monto total de la deuda en una quinta parte en 1839. El 18 de noviembre de 1835, Juan Manuel de Rosas dicta la Ley de Aduana, que regiría desde el 19 de enero de 1836. Esta ley rompe con el esquema liberal con un doble propósito: primero, la defensa de las manufacturas criollas, perseguidas desde 1809. Y segundo, el renacimiento de una riqueza agrícola, casi extinguida desde la misma fecha. Los excedentes superavitarios en la balanza comercial permitieron un descenso de la deuda. La ley no se limitaba a favorecer los intereses argentinos. De acuerdo con la política de solidaridad hispanoamericana, fruto de la gestión internacional de Rosas, los productos de la Banda Oriental y Chile se favorecían directamente: las producciones pecuarias del Uruguay se encontraban libres de derechos y no se recargaban tampoco los reembarcos para «cabos adentro»; de la misma manera, no eran imponibles los productos chilenos que vinieran por tierra.
En 1844, Rosas llegó a un acuerdo con Falconnet: la Confederación Argentina volvería a pagar los intereses de la deuda, suspendidos desde la época de Rivadavia, con una quita de 80 %. No obstante el descuento, los ahorristas, temerosos de no cobrar jamás, celebraron el acuerdo. Rosas volvió a pagar intereses (con la quita de 80 %) y seguía haciéndolo en 1852, cuando se produjo su caída en Caseros.
En 1825, en tiempos de Rivadavia, se importaban artículos extranjeros por el valor de ocho millones de pesos fuertes, exportándose productos nacionales tan solo por cinco millones de la misma moneda, lo cual dejaba un saldo de tres millones de déficit. A partir de la Ley de Aduana de 1835, las exportaciones van a ir subiendo vertiginosamente, mientras las importaciones lo harán en una proporción inferior. En 1851, en las vísperas de Caseros, las importaciones argentinas alcanzaban 8 550 000 y las exportaciones 10 633 525, siendo la balanza comercial superavitaria.
Urquiza fue subvencionado con dos millones de francos oro para llevar la guerra contra Rosas, a través de la cláusula 6.ª del tratado del 21 de noviembre de 1851.
De Mitre a la crisis de 1873
Con Bartolomé Mitre, en 1862, la deuda da otro salto. Primero transfiere los compromisos de la provincia de Buenos Aires a la Nación y después acuerda otro empréstito con la banca inglesa por 2,5 millones de libras adicionales, para lanzarse a la guerra con Paraguay. Pero, nuevamente, de los 2,5 millones de libras asumidos como deuda, el país recibe solo 1,9 millón, debido a los descuentos por el «riesgo país y las comisiones».
Cuando el mitrismo necesita financiación para la guerra de la Triple Alianza, envía nuevamente a Norberto de la Riestra a Londres en busca de nuevos fondos. Este obtiene allí un nuevo empréstito por 2 500 000, que, restados sus gastos y comisiones, deja un remanente de 1 735 703 libras. Al concluir la Presidencia de Mitre, la deuda externa se halla cercana a los cinco millones de libras esterlinas.