Sediqeh Dowlatabadi (en persa: ; Isfahán, 1882-Teherán, 30 de julio de 1961) fue una periodista, editora y activista feminista iraní, considerada una de las figuras más destacadas y pioneras del movimiento por los derechos de las mujeres en Irán durante la primera mitad del siglo XX. Desempeñó un papel fundamental en la promoción de la educación femenina, la defensa de la igualdad jurídica entre hombres y mujeres y el desarrollo de una prensa dirigida específicamente al público femenino.

Fue la fundadora de Zaban-e Zanan («La voz de las mujeres»), una de las primeras publicaciones feministas de Irán, desde la que defendió la educación de las mujeres, su participación en la vida pública y la eliminación de las barreras sociales que limitaban su desarrollo. Sus ideas progresistas y su firme defensa de la emancipación femenina provocaron una fuerte oposición por parte de los sectores más conservadores de la sociedad, lo que le valió persecuciones, amenazas e incluso varios periodos de encarcelamiento.

En una de las ocasiones en que fue arrestada debido a su actividad política y social, respondió a las autoridades con unas palabras que posteriormente se convertirían en una de sus citas más conocidas:

«Señor, nací cien años demasiado tarde; si hubiera nacido un siglo antes, jamás habría permitido que las mujeres fueran humilladas y encadenadas de esta manera».

Primeros años

Sediqeh Dowlatabadi nació en 1882 en la ciudad de Isfahán, durante el reinado de la dinastía Qayar. Era hija de Hadi Dowlatabadi y de Khatameh Begum. Su padre, un destacado jurista religioso de ideas progresistas, fomentó la educación de su hija en una época en la que el acceso de las mujeres a la enseñanza era muy limitado.

Gracias al apoyo familiar, comenzó sus estudios de lengua persa y árabe en Teherán, donde recibió una formación poco habitual para las mujeres iraníes de finales del siglo XIX. Posteriormente continuó su educación secundaria en la prestigiosa Academia Dar-ol-Fonoun, una de las instituciones educativas más importantes del país y símbolo de las reformas modernizadoras impulsadas durante el período kayar.

A los quince años contrajo matrimonio con Etezad al-Hakma. Sin embargo, la unión terminó en divorcio después de que la pareja no pudiera tener descendencia, circunstancia atribuida a la infertilidad de Dowlatabadi según diversas fuentes de la época.

Las experiencias vividas durante su juventud, unidas a la desigualdad que observaba en el acceso de las mujeres a la educación y a la vida pública, influyeron decisivamente en su compromiso con la defensa de los derechos femeninos. Convencida de que la educación constituía la principal herramienta para lograr la emancipación de las mujeres iraníes, inició desde muy joven una intensa actividad intelectual y reformista que marcaría el resto de su vida.

Trayectoria

miniaturadeimagen|izquierda|Sediqeh Dowlatabadi durante su etapa como activista por los derechos de las mujeres.

Desde el comienzo de su actividad pública, Dowlatabadi sostuvo que la educación constituía el principal instrumento para lograr la emancipación de las mujeres iraníes y su plena incorporación a la sociedad. Consideraba que la desigualdad entre hombres y mujeres tenía su origen, en gran medida, en la falta de acceso de las niñas a una educación adecuada y en las limitaciones impuestas por las normas sociales tradicionales.

Con este propósito, en 1917 fundó en Isfahán una de las primeras escuelas primarias destinadas exclusivamente a niñas, denominada Umm al-Madaris («Madre de las Escuelas»). El proyecto constituyó un importante avance para la educación femenina en Irán, pero encontró una fuerte oposición entre los sectores religiosos más conservadores, que consideraban impropia la escolarización de las mujeres.

Las presiones ejercidas por estos grupos provocaron finalmente el cierre del centro educativo. Durante los disturbios posteriores, Dowlatabadi fue agredida físicamente y detenida por las autoridades, permaneciendo encarcelada durante aproximadamente tres meses. Lejos de abandonar su activismo, aquella experiencia reforzó su convicción de que la transformación social solo sería posible mediante la educación y la difusión de nuevas ideas.

Dowlatabadi comprendió asimismo que las mujeres necesitaban contar con medios de comunicación propios donde pudieran debatirse cuestiones relacionadas con su educación, sus derechos y su participación en la vida pública. Con ese objetivo fundó en 1919, también en Isfahán, la revista Zaban-e Zanan («La voz de las mujeres»).

La publicación fue el tercer periódico femenino editado en Irán y apareció regularmente hasta 1921, alcanzando un total de cincuenta y siete números. A diferencia de otras revistas dirigidas al público femenino, Zaban-e Zanan adoptó una línea editorial claramente reformista y abordó cuestiones como la igualdad de derechos, la educación de las niñas, el matrimonio, la participación de las mujeres en la sociedad y la necesidad de superar las costumbres que impedían su desarrollo intelectual y profesional.

En su editorial inaugural, Dowlatabadi declaró que el propósito de la revista era combatir el «atraso» y la «estrechez de miras» que, a su juicio, caracterizaban la situación de los derechos de las mujeres en Isfahán.

La publicación alcanzó rápidamente notoriedad por el tono directo de sus artículos y por las críticas dirigidas contra las estructuras sociales que perpetuaban la desigualdad de género. Como consecuencia, fue objeto de continuas presiones políticas y religiosas, así como de intentos de censura por parte de las autoridades.

Paralelamente, Dowlatabadi promovió la creación de la Asociación de Mujeres de Isfahán, una organización destinada a fomentar la alfabetización femenina, mejorar el acceso de las mujeres a la educación y promover una mayor participación de estas en la vida cultural y social del país.

Su creciente prestigio dentro del movimiento reformista iraní hizo que fuese elegida secretaria del Segundo Congreso de Mujeres de Oriente, celebrado en Teherán en 1932 bajo la presidencia de la princesa Shams Pahlaví. El congreso reunió a destacadas representantes del movimiento femenino de distintos países de Oriente Próximo y Asia, y contribuyó a fortalecer las redes internacionales en favor de la educación y la igualdad de las mujeres.

Defensa de la modernización y del abandono del velo

Además de su labor en favor de la educación femenina, Dowlatabadi fue una firme defensora de la modernización de la sociedad iraní y de la ampliación de los derechos civiles de las mujeres. Entre sus principales reivindicaciones figuraba el abandono del velo tradicional, al considerar que este constituía uno de los principales símbolos de la desigualdad jurídica y social entre hombres y mujeres.

Asimismo, mantuvo una postura crítica frente a la influencia política y económica del Imperio británico en Irán. Junto con otras activistas nacionalistas promovió campañas de protesta contra la presencia británica, alentando el boicot a los productos importados y animando a comerciantes y propietarios de establecimientos a sustituir el azúcar extranjero por producción nacional.

A partir de 1925 comenzó a desarrollarse en los círculos intelectuales iraníes un intenso debate sobre la conveniencia de eliminar el uso obligatorio del velo femenino. Intelectuales, periodistas y organizaciones de mujeres discutían si esta medida podía contribuir a la modernización del país y favorecer una participación más activa de las mujeres en la vida pública.

Dowlatabadi se convirtió en una de las voces más destacadas de este movimiento. Defendía públicamente que la libertad de vestir debía formar parte del proceso de emancipación femenina y sostenía que la igualdad solo podría alcanzarse cuando las mujeres pudieran participar plenamente en la educación, el trabajo y la vida pública sin restricciones impuestas por la tradición.

Su postura provocó una fuerte reacción por parte de los sectores conservadores y religiosos. Durante aquellos años recibió numerosas amenazas de muerte y fue objeto de campañas de desprestigio debido a sus posiciones reformistas.

En 1926 representó a Irán en la conferencia de la Alianza Internacional de Mujeres celebrada en París, uno de los principales encuentros internacionales dedicados a la defensa de los derechos femeninos. El viaje le permitió establecer contacto con organizaciones feministas europeas y conocer de primera mano los avances alcanzados por otros movimientos sufragistas y reformistas.

Tras regresar a Irán comenzó a vestir públicamente ropa de estilo europeo y dejó de utilizar el velo, convirtiéndose, según diversos estudios, en una de las primeras mujeres iraníes en hacerlo de manera abierta y permanente. Su decisión tuvo una enorme repercusión en la opinión pública iraní y reforzó su imagen como una de las principales dirigentes del movimiento feminista del país.

Otra destacada defensora del abandono del velo fue Khadijeh Afzal Vaziri, con quien Dowlatabadi colaboró en diversas campañas destinadas a promover nuevas formas de vestir y una mayor presencia femenina en los espacios públicos.

Cuando Reza Shah promulgó oficialmente en 1936 la política conocida como Kashf-e hijab, que prohibía el uso del velo en los espacios públicos como parte de su programa de modernización del Estado, Dowlatabadi respaldó activamente la reforma. Aunque la medida continúa siendo objeto de debate entre los historiadores debido a su carácter obligatorio, ella la interpretó como un paso importante hacia la integración de las mujeres en la vida pública y educativa.

Ese mismo año pasó a formar parte de la («Asociación de Damas»), una organización creada por el Gobierno para coordinar las asociaciones femeninas del país y facilitar la aplicación de las reformas relacionadas con la educación y la incorporación de las mujeres a la sociedad moderna. La organización estaba presidida por la princesa Shams Pahlaví, hija mayor de Reza Shah, quien desempeñó un papel destacado en la promoción de diversas iniciativas dirigidas a las mujeres iraníes.

En 1941 Dowlatabadi fue nombrada directora del Kanoun-e Banovan (Centro de Mujeres), desde donde continuó promoviendo actividades culturales y educativas. No obstante, la institución disponía de una autonomía muy limitada y dependía estrechamente del Ministerio de Educación para la organización de cualquier acto público. Un ejemplo de ello fue la necesidad de solicitar autorización oficial para celebrar un homenaje a la poetisa Parvin Etesami.

Durante las últimas décadas de su vida continuó siendo una figura de referencia para las organizaciones feministas iraníes. Aunque redujo progresivamente su actividad pública debido al deterioro de su salud, siguió defendiendo la necesidad de ampliar el acceso de las mujeres a la educación superior, al empleo y a la participación política, objetivos que había perseguido desde el comienzo de su carrera como periodista y activista.

Fallecimiento

miniaturadeimagen|Tumba de Sediqeh Dowlatabadi antes de sufrir actos vandálicos.

Durante sus últimos años de vida, Dowlatabadi continuó siendo una figura respetada dentro de los círculos intelectuales y del movimiento por los derechos de las mujeres en Irán, aunque su actividad pública disminuyó progresivamente debido al deterioro de su estado de salud.

Falleció en Teherán el 30 de julio de 1961, a los setenta y nueve años de edad, tras padecer cáncer. Fue enterrada junto a su hermano en el cementerio del santuario de Imamzadeh Ismail, situado en el barrio de Zargandeh, al norte de la capital iraní.

Tras el triunfo de la Revolución iraní de 1979, su tumba fue objeto de actos vandálicos y sufrió graves daños. Las lápidas fueron destruidas y, según diversas fuentes, sus restos fueron profanados, reflejando el rechazo de las nuevas autoridades hacia algunas de las figuras más representativas del movimiento feminista y reformista del período Pahlaví.