thumb|Bandera de España durante la Segunda República, utilizada desde hace más de un siglo por el movimiento republicano español. La historia del republicanismo en España se remonta a la última década del por el impacto de la proclamación de la República en Francia, aunque los primeros pasos del republicanismo en España se suelen situar en el Trienio Liberal (1820-1823). La formación del republicanismo tiene lugar durante el reinado de Isabel II (1833-1868) y su primer hito fue la fundación en 1849 del Partido Demócrata. Tras la revolución de 1868 que puso fin a la monarquía de IsabelII el Partido Demócrata se refundó como Partido Republicano Democrático Federal que protagonizará la primera experiencia republicana en España: la Primera República (1873-1874). Tras el largo período de la Restauración borbónica en España (1875-1931) tuvo lugar la segunda oportunidad de poner en práctica los ideales republicanos, pero la Segunda República (1931-1939) se truncó por el golpe de Estado de julio de 1936 que condujo a la guerra civil de 1936-1939 que se saldó con la victoria del bando sublevado y que dio paso a la larga dictadura franquista (1939-1975). La República pervivió en el exilio y cuando se produjo la transición a la democracia los dos grandes partidos de la oposición antifranquista (PCE y PSOE) aceptaron la monarquía parlamentaria de Juan Carlos I y los partidos republicanos históricos no consiguieron ningún apoyo electoral, excepto en Cataluña (con Esquerra Republicana de Cataluña).
En la actualidad, pese a que España es una monarquía (según lo establecido en la Constitución de 1978), el republicanismo no ha desaparecido. Algunas encuestas indican incluso un crecimiento entre la opinión pública del país.Rebelion. El republicanismo aumenta en España, según un sondeo
Orígenes En 1994 el historiador Demetrio Castro Alfín se refería a los orígenes del republicanismo en España como «complejos y un tanto nebulosos». «Sin duda, los influjos intelectuales más concretos hay que verlos en la experiencia francesa de la Primera República (1792-1799)», aunque «suscitó actitudes ambivalentes... por cuanto vino a quedar hondamente marcada y aun identificada con los más cruentos episodios del Terror», añadía Castro Alfín. De ella procederán la mayoría de sus símbolos: las banderas tricolores, las matronas o mariannes, los gorros frigios o La Marsellesa. Por su parte, Ángel Duarte ha señalado que «con anterioridad al proceso revolucionario francés de finales del hubo, en nuestro país, un uso erudito y aristocrático de la idea de república».
Se ha señalado como un primer episodio de republicanismo a la «Conspiración de San Blas» de 1795 encabezada por Juan Picornell, sin embargo, en el «Manifiesto al pueblo de Madrid» se decía explícitamente que «no quedará abolida la dignidad real, sino reducida a sus justos y verdaderos límites». Fue en el Trienio Liberal (1820-1823) cuando aparecieron las primeras manifestaciones de republicanismo en el seno de los «exaltados», que constituían el sector más radical de los liberales por oposición a los «moderados». En La Tercerola se puede leer: «Todas las leyes de todos los reinos del mundo conocido están sujetas a una sola: la salud del pueblo, esta es la ley suprema». Sin embargo, entre los liberales, y mucho más entre los absolutistas, seguía predominando una visión muy negativa de la República, cuya proclamación se consideraba que supondría la disolución de la sociedad. De ahí el apelativo de «anarquistas» con el que a menudo se referían a sus partidarios —también el de «jacobinos»—. thumb|El liberal moderado José Canga Argüelles y Cifuentes publicó en 1826 en el exilio Cartas de un americano sobre las ventajas de los gobiernos republicanos federativos en las que elogiaba el republicanismo de los países americanos que acababan de independizarse.
Tras la restauración del absolutismo en 1823, el incipiente republicanismo español, a menudo entremezclado con el federalismo (y el iberismo), se desarrolló en el exilio liberal. El periódico editado en Londres El Español Constitucional publicó algún artículo defendiendo el sistema republicano. En 1826 José Canga Argüelles y Cifuentes publicaba Cartas de un americano sobre las ventajas de los gobiernos republicanos federativos en las que elogiaba el republicanismo de los países americanos que acababan de independizarse. Más radical fue Antonio Puigblanch que en sus Opúsculos gramático-satíricos defendió la «Regeneración política de la España pendiente, como medio único, de un gobierno confederado» formado por Celtiberia, Hesperia Oriental y Hesperia Occidental. Mayor importancia e impacto tuvo Bases d'une Constitution Politique (o Principios fundamentales de un sistema republicano) publicada en francés en 1832 por otro emigrado, el catalán Ramón Xaudaró y Fábregas. La base territorial de su propuesta de organización federal de la República serían los reinos históricos de la antigua Monarquía Hispánica. «La repercusión de estos escritos fue mínima, y nula a efectos prácticos inmediatos; aun así su existencia no es irrelevante en la trayectoria histórica del republicanismo. Baste el dato de que el proyecto de Xaudaró se reeditaría en Barcelona en 1868, cuando la cuestión federal era candente en el seno del republicanismo».
Reinado de Isabel II (1833-1868) La década de 1830 thumb|left|Bullanga de Barcelona de 1837. Xaudaró fue fusilado por su participación en ella. Tras la muerte de Fernando VII en 1833, se reanuda la revolución liberal que iba a poner fin al Antiguo Régimen en España. Durante ese proceso se produjo un activismo republicano, que tuvo en Barcelona su escenario principal. Precisamente en 1835, Xaudaró comenzó a editar allí El Catalán, «desde cuyas páginas difundía principios de carácter exaltado y democrático, propugnando un sistema basado en el ejercicio íntegro de la soberanía nacional y forma republicana». Xaudaró formó parte de la junta revolucionaria, siendo deportado por esta causa a Cuba. A su vuelta sería fusilado por su participación en las bullangas de mayo de 1837. Ese año se empezó a hablar en Barcelona de un «partido democrático», del que se duda que existiera en realidad. Otro de los medios de difusión del republicanismo, además de la prensa, fueron las sociedades secretas, como los Vengadores de Alibaud (que tomó el nombre del frustrado regicida francés Louis Alibaud) en cuyo juramento el neófito decía: «juro considerar como usurpación hecha al pueblo el poder y la autoridad llamada real». Junto a la lucha contra la reacción política la movilización republicana tuvo también como objetivo la oposición al clericalismo.
thumb|Abdón Terradas, una de las principales figuras del republicanismo inicial en Cataluña. «A finales de la década de 1830 y principios de la de 1840 la configuración de lo republicano se acelera». La aprobación de la Constitución española de 1837 causó una honda decepción entre el sector más radical del Partido Progresista al haber abandonado este definitivamente la Constitución de 1812 y haber aceptado el liberalismo doctrinario. En Barcelona, Abdón Terradas, «quien contaba ya con cierto renombre como republicano», encabezó un grupo que abandonó el partido, convirtiéndose así en «una de las figuras principales en esta primera etapa del republicanismo». El 13 de junio de 1842 Terradas y un centenar de sus seguidores proclamaron la República en Figueras, ciudad natal de Terradas y de la que había sido elegido alcalde al frente de una candidatura republicana, aunque no puedo acceder al cargo al haberse negado a jurar fidelidad al regente Baldomero Espartero. Ocuparon la ciudad algunas horas y luego se dispersaron. Poco después reapareció en Barcelona continuando con su campaña de agitación política desde las páginas de El Republicano.
La década de 1840 thumb|150px|left|Portada del periódico demócrata-republicano El Mole, escrito en valenciano popular. El auge del republicanismo durante la regencia de Espartero (1840-1843) no se circunscribió a Barcelona. En Madrid comenzó a publicarse El Huracán, impulsado por Patricio Olavarría; el periódico satírico El Cangrejo; el diario El Peninsular de Eduardo Asquerino y La Guindilla, este último dirigido por Ayguals de Izco. Además en las Cortes existía un grupo de diputados del Partido Progresista próximos a las posiciones democráticas, entre los que se encontraban el poeta José de Espronceda, Manuel García Uzal, el general Pedro Méndez Vigo y Luis Antonio Pizarro Ramírez, conde de las Navas. Este último «llegó a ser una figura relevante y patriarcal del primer republicanismo». En Valencia se editó en valenciano popular El Mole promovido por Josep Maria Bonilla Martínez; en Cádiz El Despertador, Diario del Pueblo y El Demócrata Gaditano; en Teruel, El Centinela de Aragón de Víctor Pruneda.
Por otro lado, en las elecciones municipales de 1841, realizadas mediante un sufragio censitario, pero más amplio que el establecido para las elecciones a Cortes, los candidatos republicanos ganaron en Sevilla, Valencia y San Sebastián, y obtuvieron buenos resultados en Cádiz, Madrid y Barcelona, aunque, como ha advertido Demetrio Castro Alfín, «los sufragios obtenidos no pueden, sin más, interpretarse como un apoyo político mayoritario, directo y consciente a lo que el republicanismo significaba» «porque los republicanos formaron en muchos sitios candidatura con la izquierda del Partido Progresista». Como ha destacado el historiador Ángel Duarte, «los tiempos del espadón progresista [Espartero], de 1840 a 1843, y las decepciones que se le asocian serán claves, pues, para la estructuración del movimiento democrático y su afirmación decisiva como partido independiente». La Federación se suele considerar como el «primer ensayo de creación de un partido democrático-republicano en la clandestinidad».
Durante la década moderada (1844-1854) los republicanos, que entraron en ella enormemente debilitados, formularon su programa político básico. Este no se caracterizaba exclusivamente por la defensa de la República como forma de gobierno, sino que propugnaba un «sustancial cambio político que se expresa por medio de un movimiento social de fuerte impronta populista y estructura interclasista en el que participan activamente individuos procedentes de los estratos medios-bajos y bajos de la pirámide social». Así pues, el objetivo de los republicanos iba más allá de acabar con la monarquía, ya que lo que pretendían era «la democratización de la vida pública, por la universalización del sufragio, la eliminación del privilegio social y la atenuación de las diferencias, y la racionalización y laicización de la vida intelectual y moral partiendo de la escuela primaria». En aquellos años república y democracia se usaban como sinónimos. En un informe del gobernador civil de Barcelona se hablaba de «el partido que en esta capital en más de una vez se ha dado así [sic] mismo el nombre de republicano o demócrata».
thumb|José María Orense, líder de la fracción demócrata del Partido Progresista de la que surgirá el Partido Demócrata en 1849.