Maximino Martínez Miranda (Palos Altos, 29 de mayo de 1951) es un prelado católico mexicano. Fue obispo de Ciudad Altamirano (2006-2017) y obispo auxiliar de Toluca (2017-2021).
Biografía Nació el 29 de mayo de 1981, en la comunidad de Palos Altos, del municipio mexicano de Soyaniquilpan de Juárez, siendo hijo de Ildefonso Martínez Bravo y Felipa Miranda Vega.
Realizó su formación primaria en el Colegio Juan Bosco, en Jilotepec, y la secundaria en el Instituto Pedro Degante, en Toluca.
En 1968 ingresó en el Seminario Conciliar de Toluca, donde realizó sus estudios eclesiásticos. Cursó un diplomado de Comunicación para la Pastoral en la Facultad de Comunicación Social en la Pontificia Universidad Javeriana (Bogotá), en 1990.
Sacerdocio Su ordenación sacerdotal fue el 10 de septiembre de 1979, en la catedral de Toluca, a manos del obispo Arturo Vélez Martínez.
Pertenecía al clero de la diócesis de Toluca y, tras la erección de la diócesis de Atlacomulco por el papa Juan Pablo II el 3 de noviembre de 1984, quedó incardinado en esta nueva circunscripción eclesiástica.
El 21 de septiembre de 1979 fue nombrado vicario cooperador de San José, en Almoloya de Juárez. Posteriormente, el 26 de julio de 1981, fue designado párroco de San Antonio, en San Antonio la Isla, y el 9 de agosto de 1982 asumió como párroco de San Pedro Apóstol, en San Pedro el Alto.
Durante los meses de marzo, abril y mayo de 1986 realizó una experiencia en el ámbito de la Pastoral de la Comunicación, en Fresno (California), Estados Unidos. Poco después, el 27 de junio de ese mismo año, fue nombrado párroco de Santa María de Guadalupe, en Canalejas.
Entre 1986 y 2006 desarrolló su labor pastoral en diversos movimientos y obras de evangelización, entre ellos Jornadas de Vida Cristiana, Liga Misional Juvenil, Horizontes para Adolescentes, Pandillas de Vida Cristiana, Encuentros Conyugales y Encuentros Matrimoniales. Asimismo, ejerció como director diocesano de las misiones y de los medios de comunicación, además de desempeñarse como asesor espiritual de peregrinaciones. Entre 1993 y 1996 fue también director de la revista Ad Gentes y Sembradores, de las Obras Misionales Pontificio Episcopales de México (OMPE).
En el 2000 fue párroco de Santa María de Guadalupe, en El Oro, ministerio que desempeñó hasta 2002. Asimismo, ese mismo año, fue designado vicario general de la diócesis y vicario cooperador en Atlixco. Finalmente, de 2002 a 2006 fue párroco de Santa María de Guadalupe, en Atlacomulco.
Episcopado
Ciudad Altamirano El 7 de julio de 2006, el papa Benedicto XVI lo nombró obispo de Ciudad Altamirano. Fue consagrado el 31 de agosto del mismo año, en el Seminario de Ciudad Altamirano, a manos del arzobispo Giuseppe Bertello. Tomó posesión canónica el mismo día de su ordenación.
Entre 2008 y 2010 realizó la visita pastoral a toda la diócesis y, en dos ocasiones, a la diócesis de Raleigh, en Estados Unidos, para fortalecer vínculos e intercambiar apoyo espiritual. Impulsó el Plan Diocesano de Pastoral, la creación del Consejo de Economía y la reconstrucción y remodelación del Seminario Mayor, así como la construcción de una casa para retiros y ejercicios espirituales en Rincón del Carmen, Tejupilco, y de un auditorio diocesano en el seminario. Asimismo, llevó a cabo la remodelación de la catedral.
Asimismo, promovió la creación de nuevas parroquias, cuasiparroquias y rectorías, y reorganizó las foranías en seis en diciembre de 2009. Durante su pontificado altamiranense, ordenó 29 sacerdotes y 29 diáconos, recibió diversas congregaciones religiosas, entre ellas: Hijas de la Cruz, las Oblatas Diocesanas de San José, las Hermanas Catequistas de Jesús Crucificado y las Misioneras Catequistas de los Corazones de Jesús y de María. También inició la impresión de la hoja dominical y unificó en 2010 los libros de registros sacramentales para todas las parroquias y, en 2013, hizo lo propio con los libros contables.
En mayo de 2017, Martínez fue despojado de su camioneta por miembros del crimen organizado.
En la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM), fue miembro titular del Consejo Permanente de la Provincia de Acapulco (2006-2012; 2016-2018).
Toluca izquierda|miniaturadeimagen|Altar mayor de la catedral de Toluca. Allí, Maximino Martínez fue ordenado sacerdote y tomó posesión como obispo auxiliar. El 28 de octubre de 2017, el papa Francisco lo nombró obispo titular de Lugura y obispo auxiliar de Toluca. El 6 de diciembre del mismo año, tomó posesión de su oficio, en la catedral de Toluca.
El 11 de enero de 2021, se le realizaron estudios ante la sospecha de un posible contagio de COVID-19, aunque hasta ese momento no se había confirmado el diagnóstico. El 17 de enero siguiente, se informó que el estado de salud de Martínez Miranda se había agravado, luego de que la semana anterior se diera a conocer que recibía tratamiento por neumonía, tras presentar inicialmente un cuadro gripal. Según un comunicado difundido por la arquidiócesis de Toluca, el prelado había comenzado con malestares de gripe dos semanas antes y permaneció estable durante los primeros días, pero posteriormente desarrolló neumonía y comenzó un tratamiento médico.
El 1 de septiembre de 2026, el papa León XIV aceptó su renuncia como obispo auxiliar.
En la CEM, es, desde 2024, miembro titular del Consejo Permanente por la Provincia de Toluca. Anteriormente, fue suplente del Consejo Permanente por la Provincia de Toluca (2021-2024) y de la Provincia de México (2018-2021).
Posiciones políticas e ideológicas
Crisis de inseguridad en Guerrero Durante su episcopado en Ciudad Altamirano, el Estado de Guerrero atravesó una grave crisis de inseguridad y violencia, que tuvo entre sus víctimas a cuatro sacerdotes asesinados en 2014. Ese mismo año, Martínez afirmó que los representantes de la Iglesia permanecerían en la zona pese a la situación de inseguridad y rechazó la posibilidad de abandonar la región, al considerar que mantener la presencia pastoral constituía un desafío que debía asumir como parte de su misión.
En septiembre de ese año, Martínez, junto con los obispos de la Provincia de Acapulco, enfrentaron la desaparición de 43 estudiantes de la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa, cuyo paradero continúa sin esclarecerse. Martínez, entonces obispo de Ciudad Altamirano, junto con sus homólogos de Chilpancingo-Chilapa y Acapulco, denunciaron la situación de violencia e inseguridad en el Estado de Guerrero y advirtieron sobre el riesgo de una grave crisis política.
Llamado al diálogo con grupos delictivos (2024) En febrero de 2024, Martínez hizo un llamado a las personas dedicadas a actividades delictivas a «regresar a Dios» y abandonar la violencia, incluida la intrafamiliar, la delincuencia y las guerras. Afirmó que la Iglesia busca promover la unidad y consideró positivo que los obispos dialoguen con líderes del crimen organizado, pues, según señaló, «Dios quiere que todos se salven» y quienes actúan en el mal deben tener la oportunidad de regresar al bien e integrarse a la comunidad.
En este sentido, sostuvo que el diálogo puede contribuir a establecer pactos y alianzas orientados a modificar la mentalidad de quienes ejercen la violencia y avanzar hacia la paz. Recordó que, durante su ministerio en Ciudad Altamirano, los sacerdotes mantenían comunicación con estos grupos y que él mismo procuraba dialogar con ellos cuando se encontraba con sus integrantes. Asimismo, señaló que en la zona sur del Estado de México se ha extendido este llamado al diálogo, aunque no todos responden a él. Finalmente, defendió la importancia de estos acercamientos, al considerar que la Iglesia busca ser «constructora de la paz» y promover que quienes han incurrido en el delito se reincorporen a sus familias y a la comunidad.
Parábola de la cizaña (2026) En julio de 2026, durante la misa dominical celebrada en la catedral de Toluca, Martínez Miranda reflexionó sobre la parábola de la cizaña y afirmó que la violencia, la delincuencia, los asesinatos, las guerras y otros males que afectan a la sociedad son manifestaciones de la «cizaña» presente en el mundo. Explicó que, así como el Señor siembra la buena semilla del Reino de Dios, también existe el mal que busca perjudicarla, por lo que exhortó a los fieles a cultivar el amor, la justicia y los valores cristianos. Asimismo, señaló que esta parábola puede aplicarse tanto al corazón de cada persona como a la relación con el prójimo, a quien debe considerarse como un hermano. Advirtió sobre el riesgo de dejar que el mal se introduzca en la vida y desvíe a las personas del camino correcto, por lo que invitó a los asistentes a compartir la oración y los bienes recibidos con quienes atraviesan situaciones de conflicto y crisis, como los habitantes de Venezuela.
Controversias
Reunión con el presidente Peña Nieto (2017) En marzo de 2017, el entonces presidente Enrique Peña Nieto se reunió en la Residencia Oficial de Los Pinos con los obispos de las diócesis del Estado de México y de Ciudad Altamirano, Guerrero. Según el periodista Álvaro Delgado Gómez, entre los asistentes se encontraban Francisco Javier Chavolla Ramos, obispo de Toluca, y Maximino Martínez, obispo de Ciudad Altamirano. Durante el encuentro, los obispos fueron trasladados en vehículos oficiales y recibieron diversos obsequios, entre ellos piezas de arte, prendas y artículos religiosos. Asimismo, Peña Nieto habría ofrecido apoyo del Gobierno a la Iglesia, señalando: «El gobierno quiere ayudar a la Iglesia».
Referencias
Categoría:Obispos de Ciudad Altamirano Categoría:Obispos nombrados por Benedicto XVI Categoría:Obispos de México del siglo XXI Categoría:Obispos del Estado de México