Villafranca de los Barros es un municipio de España perteneciente a la provincia de Badajoz, en la comunidad autónoma de Extremadura. Es el centro comarcal de Tierra de Barros. Asimismo, Villafranca es la capital administrativa de la Mancomunidad Tierra de Barros-Río Matachel. Tiene una población de .

Símbolos El escudo de la ciudad fue aprobado por el Consejo de Ministros el 29 de enero de 1982. El pasaje representa este escudo es el Maestre a caballo y el Comendador de Villafranca y Hornachos a pie. La cruz del cuartel superior izquierdo es el emblema de la Orden de Santiago.

El interés del gobierno local en este símbolo pasaba por contar con una «enseña identificativa del municipio que no representara tendencia política alguna, sino que es un símbolo de todos los pueblos y habitantes del territorio». Con esta bandera, Villafranca presume de una simbología identificativa ya que junto al escudo heráldico de la ciudad «servirá de estandarte a los hombres y mujeres de este municipio, recuperan la historia de nuestros municipios y simbolizan su pasado para constituirse en la imagen que identifica a los ciudadanos de los distintos pueblos de cara al futuro».

Geografía

Integrado en al comarca de Tierra de Barros, se sitúa a 76 kilómetros por carretera de la capital provincial. Su centro urbano ocupa unos 2 kilómetros cuadrados. Mediante carreteras comarcales se puede acceder a localidades como Ribera del Fresno, Fuente del Maestre, Aceuchal y Palomas; y por ferrocarril con Llerena para Sevilla y con Mérida para Madrid.

Los límites del municipio son los siguientes:

Orografía Villafranca de los Barros ocupa el centro de una dilatada cuenca de fértil tierra arcillosa, formando semicírculo las cercanas sierras de Alange, Hornachos y Fuente del Maestre.

Toda la zona está regada por riachuelos y arroyos de prolongado estiaje durante los meses de verano e incluso parte del otoño, llamados Pendelías, Valdequemao y las Guaridas, uno de los cuales, el de Valdequemao atraviesa la población de sur a norte; el de Pendelías, pasa por el este lamiendo sus muros, juntándose los dos cerca de las últimas casas donde toman el nombre de río Cagancha. El otro arroyo es el de la Guaridas, que atraviesa el término por su extremidad Este. Toda esta trama fluvial va a desembocar al Bonhabal, afluente del Matachel, siendo también afluente este mismo del río Guadiana.

La altitud oscila entre los 530 metros al suroeste, en las estribaciones de la sierra de Fuente del Maestre, y los 350 metros al norte, a orillas del arroyo Bonhabal. El casco histórico se alza a 409 metros sobre el nivel del mar.

Clima El clima de esta localidad es de carácter mediterráneo subtropical suavizado por la proximidad del Océano Atlántico e influido por el Continental, que predomina en toda la provincia de Badajoz. Este se caracteriza con temperaturas que oscilan entre los 13.3 °C y un verano bastante seco y caluroso, cuyas temperaturas se encuentran entre 22 °C a 40 °C. El clima es templado y cálido. La lluvia en Villafranca de los Barros cae sobre todo en el invierno, con relativamente poca lluvia en el verano.

Por otra parte nos encontramos con un otoño muy prolongado y una primavera corta y destemplada.

La media anual en cuanto a precipitaciones, que se registran mayormente durante el otoño y la primavera, es de 545,2 mm, produciéndose el 1% en verano y el 99% repartidas durante el resto del año.

Esta localidad cuenta con un clima templado, muchas precipitaciones en los meses de invierno con frío, y pocas en los meses de verano, secos y muy calurosos entre los que destaca el mes de julio. Para finalizar su temperatura media anual es 15’9 °C.

Historia

Habitada desde la prehistoria, fue a partir de la época de los reyes católicos cuando Villafranca de los barros experimentó su desarrollo. En el pasó de ser pueblo a convertirse en ciudad, convirtiéndose en una de las principales productoras de vino de la región.

Las primeras investigaciones históricas conocidas y publicadas de la ciudad de Villafranca de los Barros se las debemos a José Cascales Muñoz que en 1904 daba a conocer sus Apuntes para la historia de Villafranca de los Barros, reeditados en 1982. También en este mismo año, Antonio de Solís y Sánchez Arjona, publica Villafranca en la historia, libro de investigación histórica que viene a completar lo ya existente sobre la ciudad.

En 1983 Manuel Garrido Santiago publicó un estudio sobre Arquitectura religiosa del en Tierra de Barros, con importantes referencias sobre el arte de Villafranca de los Barros. Años más tarde se localizan los restos de un asentamiento romano, descubierto y estudiado por Alonso Rodríguez Díaz. Es probable que este núcleo se corresponda con Perceiana, «mansio» ubicada entre Contributa y Augusta Emerita, según las fuentes. Se conserva un tramo de la calzada romana. Este primitivo emplazamiento fue abandonado para reaparecer en el lugar que ocupa en la actualidad.

Prehistoria En su término municipal y en estrecha relación con su potencial agropecuario, se localiza una amplia serie de asentamientos y vestigios arqueológicos que evidencian una ocupación casi ininterrumpida de esta zona desde la Prehistoria hasta nuestros días. Los restos más antiguos encontrados remiten a los momentos finales de la Edad del Cobre o Calcolítico (1800 a.C., aproximadamente). Estos corresponden a un pequeño poblado en llano ubicado en el paraje de Los Cortinales, justo en el lugar donde hoy se encuentran los depósitos de agua que abastecen a la población.

A pesar de la destrucción parcial del yacimiento, en los años 1984 y 1985 se realizaron sendas campañas de excavación arqueológica, dirigida por la Dra. Dña. Milagros Gil-Mascarell Boscá y Alonso Rodríguez Díaz, ambos del Departamento de Prehistoria y Arqueología de la Universidad de Extremadura, que revelaron la presencia de un buen número de estructuras subterráneas o semisubterráneas, que fueron excavadas en el caleño (sustrato calizo de la zona).

Los resultados de dichas excavaciones pueden resumirse en la aparición de una serie de fosas excavadas en un suelo de tipo calizo muy compacto, cuya función es muy difícil de precisar aún. Sin embargo, según los citados arqueólogos, algunas de estas fosas pudieron estar destinadas viviendas y otras a lugares de almacenamiento de granos, silos, según las formas conservadas. Las primeras son de planta circular u oval y de escasa profundidad.

Sobre ellas iría una cubierta vegetal de la que tan solo se han conservado trozos de barro con improntas de ramajes. Por su parte, los posibles silos muestran perfiles acampanados y su profundidad es mayor. Los materiales cerámicos aparecidos en estas fosas son muy parecidos a los de La Pijotilla (Badajoz), y remiten a una etapa final del Calcolítico, aproximadamente entre 2000 y 1800 años antes de Cristo.

La aparición de huesos animales, los posibles silos y la proximidad de una mina de cobre abandonada apuntan hacia una economía mixta, basada principalmente en la agricultura, la ganadería y posiblemente la minería. Este último aspecto no ha sido comprobado aún por no haber aparecido ningún fragmento metálico durante la excavación, pero no se descarta su presencia dado que la superficie excavada hasta el momento es muy reducida.

También en este ambiente epicalcolítico o quizá en un tiempo inmediatamente posterior (Edad del Bronce), se inscribe el hallazgo de varios enterramientos en cista (enterramientos individuales consistentes en una reducida superficie delimitada y cubierta por lajas de piedra donde el cadáver se encontraba en posición fetal, junto al cual solía colocarse el ajuar), en el paraje de Las Palomas, a escasamente 3 km al sur de la población.

Tras un hallazgo casual (1983), se procedió a una intervención de urgencia (1985) que permitió exhumar cinco nuevas sepulturas que por el momento no han podido ser asociadas a ningún asentamiento estable.

Tres de ellas eran de carácter individual y dos acogían inhumaciones dobles. De un total de siete individuos recuperados, solo un cuerpo perteneció a una persona de corta edad. El ajuar que acompañó a este grupo funerario de Las Palomas puede considerarse irrelevante, si bien hay que referir en este sentido un pequeño cuenco cerámico y un puñalito de cobre recuperados de forma incontrolada en el descubrimiento de 1983.

La Protohistoria en el término municipal se muestra como un auténtico vacío informativo, si bien en zonas próximas se han registrado importantes hallazgos: las estelas de Fuente de Cantos y Almendralejo del Bronce Final. El Guerrero de Medina de las Torres dentro del período Orientalizante, los poblados prerromanos de Belén (Zafra) y Hornachuelos (Ribera del Fresno), etc.

Edad Antigua miniatura|Tégula de Villafranca, conservada en el Museo Arqueológico Nacional) La cercanía de Villafranca a la capital romana de Augusta Emerita dio lugar a que la presencia romana en la zona se viera reflejada en la multitud de villae que se establecieron en el actual término municipal. De destacado interés son los restos asociados a la mansio Perceiana que aparece recogida en el Itinerario de Antonino. En el Museo Histórico-Etnográfico de Villafranca (MUVI) se conservan varias piezas arqueológicas de este periodo (aperos de labranza, lápidas, monedas, objetos decorativos, mosaicos etc.). La pieza arqueológica más importante hallada en Villafranca de los Barros es la conocida Tégula de Villafranca, teja romana que contiene una inscripción donde ser muestra la vida cotidiana de las villae y de los esclavos. Actualmente, la pieza se encuentra expuesta en el Museo Arqueológico Nacional.Tradicionalmente se ha asociado que una de las villae ubicadas en el término villafranqués fue la finca familiar de Santa Eulalia de Mérida según varios textos hagiográficos de la santa emeritense.

Del final del periodo antiguo destaca la presencia visigoda, hasta hace pocos años desconocida, que ha sido constatada con la aparición de un capitel visigodo asociado a un centro religioso.

Edad Media Villafranca se adentra en el periodo medieval de la mano de la llegada de la población musulmana a la península ibérica. Según indican las prospecciones arqueológicas existió un pequeño poblado musulmán, pero debido a la falta de mayores restos arqueológicos y documentales se cree que fue un núcleo poblacional de poca entidad. miniatura|Nave central de la iglesia parroquial de Santa María del ValleCon la reconquista de la ciudad de Mérida y de todo su territorio situado al sur se configura una pequeña aldea dependiente de la ciudad con el nombre de Moncovil. Dado que este territorio corría peligro de despoblarse, el maestre de la Orden de Santiago, don Fadrique, confiere a la pequeña aldea de Moncovil la categoría de villa, y por lo tanto desde ese momento se independiza de su antigua matriz -Mérida- y pasa a poseer encomienda y parroquia propia. Debido a este cambio jurisdiccional, Moncovil pasa a denominarse Villafranca del Maestre. Es durante el reinado de Enrique IV y de los Reyes Católicos cuando Villafranca experimenta su primer gran crecimiento urbano, económico y social tras la donación de la dehesa boyal El Hinojal, configurándose de este modo el actual término municipal. Es durante este periodo cuando se levanta la iglesia parroquial de Santa María del Valle y el Santuario de Nuestra Señora de la Coronada, patrona de la villa.

Edad Moderna

La contribución humana de Villafranca de los Barros a la conquista americana fue de 37 personas, según el Pbro. Vicente Navarro del Castillo. Casi todos los naturales de Villafranca actuaron en territorio chileno y peruano, excepto 3 de ellos que contribuyeron a la conquista del Nuevo Reino de Granada (la actual Colombia). Entre estos tenemos al capitán Bartolomé Camacho Zambrano.