La Facultad de Veterinaria de Córdoba, dependiente en la actualidad de la Universidad de Córdoba (España), tiene su origen en la Real Orden de 19 de agosto de 1847, rubricada por la reina Isabel II y mediante la cual fueron creadas en las ciudades de Córdoba y Zaragoza una Escuela Subalterna de Veterinaria, llamadas así por ser provinciales y poseer un rango inferior al de la Escuela Nacional de Veterinaria de Madrid, fundada en 1792. La Escuela Subalterna de Veterinaria de Córdoba fue dependiente del Rectorado de la Universidad de Sevilla hasta 1972.

Historia Según Medina Blanco y Gómez Castro 1992 (Medina Blanco, M. y Gómez Castro, A.G. 1992. Historia de la Escuela de Veterinaria de Córdoba (1847-1943). Servicio de Publicaciones. Universidad de Córdoba.) y Gómez Castro (2002) (De la escuela subalterna a la Facultad de Veterinaria de Córdoba. En: Gómez Castro, A.G. y Agüera Carmona, E. (Editores). 2002. La Facultad de Veterinaria de Córdoba (1847-1997). Publicaciones de la Obra Cultural y Social Cajasur. Córdoba.) Córdoba fue sede de estudios veterinarios desde tiempos inmemoriales. La Real Orden de 12 de septiembre de 1788 confiaba a los profesores Malats –que sería el primer director de la Escuela de Madrid- y a Estévez un plan de estudios para Madrid y Córdoba, aunque este último no cuajó por escasez de profesorado. Incluso se dice en el informe que el Duque de Huéscar quiso formar una Escuela de Veterinaria en Córdoba y no en otra parte. La orden fundacional de 1847 suponía los primeros pasos de descentralización de la enseñanza veterinaria al extenderla a provincias, irradiando a regiones calificadas como excelentes productoras de ganados de interés sumo, especialmente équidos.

En 1848 se nombra tras concurso oposición a Enrique Martín Gutiérrez –veterinario de la escuela de Madrid- catedrático de primero y Director en funciones (en 13 de enero de 1852 fue nombrado Director en propiedad, aunque realmente lo fue desde su llegada a Córdoba). Recibe encargo de incorporarse rápidamente a su destino, tomando posesión de dicho cargo el día 26 de julio. En los días siguientes, en unión del gobernador, visita los edificios que el Estado poseía en la capital cordobesa, decidiéndose por el edificio del Hospicio Viejo, de noble porte aunque notablemente deteriorado. Estaba situado en el barrio de San Pedro, en la calle Encarnación Agustina. Hubo allí un convento de monjas, hasta que en 1804 por disposición del obispo Trevilla es desocupado, ampliado y dedicado a hospicio y casa de misericordia; posteriormente queda como cuartel de la Guardia Civil. Así, la Escuela fue inaugurada en la parte del Hospicio Viejo que no usaba la Guardia Civil.

El primer curso de la Escuela de Veterinaria de Córdoba se inicia el 1 de noviembre de 1848, con 13 alumnos matriculados y algunos oyentes que por deseo propio o por curiosidad asistían diariamente a clase. El cuadro docente estaba constituido por Enrique Martín Gutiérrez, catedrático de primer curso y director en funciones y Agustín Villar González, profesor agregado nombrado por la Reina el 27 de junio de 1848, secretario y encargado de hospitales, auxiliados por un conserje. Hubo necesidad de solicitar un portero, nombrado el 20 de noviembre y, a todos ellos, se unió el 22 de diciembre Genaro Montoya como profesor de Fragua.

Con el trabajo de este colectivo de personal se abordó la enseñanza del primer curso, que fue difícil y penosa por carecer de muchas cosas necesarias, pero se hicieron esfuerzos para presentar los discípulos en exámenes a una altura de conocimientos que sorprendieron a varios profesores de Medicina que fueron invitados para preguntarles, dando prueba de su grande aplicación y constancia en el estudio.

Docencia y alumnado en 1850 Según relata Enrique Martín, las actividades empezaban a las nueve de la mañana, durante todo el curso, cada día, aparte de las de Física y Química que eran alternas, había clases teóricas de hora y media de Anatomía, Fisiología, Patología, Operaciones y Agricultura y Zootecnia. Las prácticas sobre enfermedades comunes, médicas y quirúrgicas, se realizaban en las Clínicas; las de disección y vivisección, en el gabinete anatómico, y las de forjado y herrado en la fragua.

Los servicios de Cirugía pasaban consulta pública diaria a las diez y media, a la que obligatoriamente asistían todos los alumnos. Las estancias hospitalarias significaban una importante fuente de ingresos para la Escuela, siendo gratuitos solamente la asistencia facultativa y el servicio de botiquín.

En el primer decenio ingresaron en la Escuela 401 alumnos. Para serlo se exigía tener cumplidos los diecisiete años y haber cursado la instrucción primaria superior o un examen ante maestros de la escuela normal de la ciudad donde estuviese la Escuela de Veterinaria. También eran condiciones necesarias la salud y robustez que reclamaba el libre desempeño de todas las funciones físicas internas y externas y no haber padecido enfermedad contagiosa que le prive estar en contacto con otros. Igualmente se precisaba un atestado de buena conducta, expedido por la autoridad municipal.

Primeras promociones de la Escuela Subalterna de Córdoba

Hasta 1871 la titulación que otorgaba la Escuela de Veterinaria de Córdoba era la de Veterinario de segunda clase, pues era subalterna de Madrid, y los alumnos concluían sus estudios de Veterinaria en tres años.

El Plan de Madrid constaba de cinco años, Primer año.- Anatomía comparada general y descriptiva de los animales domésticos. Segundo año.- Fisiología, Patología general, Anatomía patológica y Patología especial. Tercer año.- Terapéutica general y especial, Farmacología, Arte de recetar. Cuarto año.- Anatomía de las regiones, Medicina Operatoria, Vendajes, Obstetricia, Exterior y Arte de herrar teoricopráctico, Clínica. Quinto año.- Higiene, Enfermedades contagiosas, Epizootias, Policía Sanitaria, Medicina legal, Bibliografía y Moral veterinaria, Clínicas, con Agricultura aplicada y Zoonomología o arte recriar, multiplicar y mejorar los principales animales domésticos.

Los veterinarios de segunda tenían facultades para curar caballos, mulos y asnos, herrado y conocimientos sanitarios y, en lugares donde no hubiese veterinarios de primera, ampliar su trabajo hasta toda la escala de animales domésticos y a ejercer la titularidad en los cargos específicos de los municipios. No podían ser veterinarios militares ni cumplir funciones de peritaje, inspección, etc. Los primeros están registrados en 1849, y corresponden a prestigiosos albéitares en ejercicio o a estudiantes de la Escuela de Madrid que no habían terminado sus estudios. El primero fue Don José Torres Casas de 41 años, examinado el 22 de diciembre de 1849.

La promoción de los primeros alumnos de Córdoba matriculados en 1848 fue aprobada íntegramente en 1852. Aparecen en actas individuales, con la filiación al margen, donde consta haber cursado los tres años prevenidos, haber sido examinado por espacio de dos horas y la calificación.

Consolidación

El Reglamento de 14 de octubre de 1857, la Ley Moyano, sustituye el calificativo de Subalternas de las Escuelas de Veterinaria por el de Profesionales y la enseñanza se cursaba en dos periodos, uno de cuatro años para todas las Escuelas y otro de un año, solo en Madrid, para alcanzar el título de Veterinario de primera. De este modo al Veterinario de segunda, tras los cuatro años en provincias y revalidar, se le permitía adquirir una titulación para ejercer la medicina y cirugía veterinarias sin limitaciones, aunque los destinos de estos graduados en comisiones oficiales lo serían solo a título de interinos hasta que puedan proveerse con profesores de carácter superior.

La moyanada, como popularmente se divulgó, establecía que los Veterinarios de primera eran preferidos para intervenir en todos los casos de enfermedades infecciosas, policía sanitaria y reconocimiento de pastos, así como eran peritos de toda clase de problemas y litigios, manteniéndose así diferencias notorias entre ambas clases de profesionales.

Plan de Estudios de 1871

En el tres de julio de 1871, con el Reglamento de las Escuelas de Veterinaria, se consigue un gran logro, se unifica el nivel de toda la enseñanza y las titulaciones en las cuatro Escuelas de Veterinaria –Madrid, Córdoba, Zaragoza y León-. Organizaba la enseñanza de Veterinaria en cinco cursos, tras los previos de segunda enseñanza o examen en la escuela.

El texto del mencionado Reglamento recoge, (…) Art. 3º. Las enseñanzas que comprende la carrera de Veterinaria son: Física y Química veterinarias ó con relación á los animales y á los agentes exteriores á estos: lección alterna, un curso. Historia natural, id. id.: lección alterna, un curso. Anatomía general y descriptiva.- Nomenclatura de las regiones externas.- Edad de los solípedos y demás animales domésticos: un curso de lección diaria. Fisiología é higiene.- Mecánica animal.- Reconocimiento de animales, aplomo, pelos y modo de reseñar: un curso de lección diaria. Patología general y especial.- Farmacología.- Arte de recetar.- Terapéutica.- Medicina legal: un curso de lección diaria. Operaciones, apósitos y vendajes.- Obstetricia.- Procedimiento de herrado y forjado: un curso de lección diaria. Agricultura y Zootécnia.- Derecho veterinario y policía sanitaria: un curso de lección diaria. Clínica médica: un curso de lección diaria. Clínica quirúrgica: un curso de lección diaria. Ejercicios de disección: un curso de lección diaria. Ejercicios de vivisección: un curso de lección diaria. Práctica de herrado y forjado hasta alcanzar la perfección en este arte. Prácticas de Agricultura y Zootécnia.

Art. 4º. Para el debido complemento de estas enseñanzas habrá necesariamente en cada escuela un hospital clínico, un botiquín, una biblioteca, un gabinete anatómico, una oficina de fragua, un arsenal quirúrgico y un gabinete de Física é Historia natural.

Art. 5º. Los estudios referidos dan la aptitud necesaria, previo un examen de reválida, para optar al título de Veterinario en cualquiera de las Escuelas del reino.

Art. 6º. El curso empezará el día 1º. de octubre y terminará el 31 de mayo, (…)

Art. 8º. Desde la fecha de este reglamento no habrá más clases de títulos que el de Veterinario para ejercer toda la profesión á que este diploma se refiere. Los actuales Veterinarios de segunda clase podrán aspirar al nuevo título probando en cualquiera de las Escuelas las asignaturas que le falten y sufriendo el examen de reválida, en virtud del que se les canjeará su título, previo el pago de derechos. (…)

Finales del

Una ola de docentes, no poco distintos de los fundadores, va a coronar una de las etapas más difíciles del navegar de la Escuela de Córdoba, que va a cambiar su rumbo, al formar parte de ella un conjunto más depurado, enormemente influido por los descubrimientos pasteurianos y proyectando su calidad en todos los campos profesionales aplicativos, empapado ya, y abierto a exigencias formativas de análogo rigor y nivel que cualquier estudioso de España.

Establecidas las materias y disciplinas por especialidades concretas y superada por tanto la docencia por años, la Escuela va a recorrer ese periodo difícil que va desde la unificación de las titulaciones hasta la promulgación del plan de 1912, como hito, definitivo entonces, para una generación que va a configurar la Veterinaria en parangón con las restantes ciencias que representaba el estatus universitario de la época.