El pueblo italiano conforma un grupo étnico de la Europa meridional y latina, originario de Italia y diseminado por otras partes del continente europeo y América. Después de la constitución moderna de un propio estado nacional unificado, el Reino de Italia (1861), la locución ha pasado a designar, además de a todos los ciudadanos italianos, también a los extranjeros naturalizados que han adoptado el estilo de vida, el idioma, la cultura y los valores propios de la población autóctona. Su idioma es el italiano, lengua materna del 95 % de la población residente, hablado a menudo conjuntamente con uno de sus numerosos dialectos o uno de los varios idiomas regionales autóctonos,En Italia hay doce minorías lingüísticas reconocidas, entre las que se encuentran dos lenguas regionales: el sardo ( aproximadamente de hablantes) y el friulano ( locutores); pero también el francés, el alemán, el esloveno y albanés, el catalán, el griego, etc., que constituyen unos locutores en total. Además, hay otros varios idiomas locales que no están reconocidos, como el lombardo, el napolitano, el siciliano, el emiliano y el romañol, etc. y su religión mayoritaria es la católica, siendo su país sede de la Iglesia católica.Ernesto Galli della Loggia, L'identità italiana, Bolonia, Il Mulino, 1998, pág. 31, ISBN 978-88-15-13974-0 miniaturadeimagen|250px|Pintura etrusca que representa a un nativo de Etruria.

Estrechamente vinculados a la nación italiana son los naturales de San Marino, de etnia, lengua y cultura italianas, y las comunidades históricas de etnia italiana, reconocidas oficialmente como tales, presentes en el sur de Suiza (en la que es conocida como Suiza italiana, comprende todo el Cantón del Tesino y partes del Cantón de los Grisones), Croacia y Eslovenia (en Suiza el italiano también es una de las tres lenguas oficiales del Estado, en Croacia es cooficial en la región del Condado de Istria y en Eslovenia en la región del Litoral esloveno). Por lo que se refiere al gran número de descendientes de italianos esparcidos por el mundo se tiende a considerar italianos a todos aquellos que han conservado la cultura, las tradiciones, la religión y, sobre todo, la lengua de sus antepasados. Las colonias de oriundos italianos más consistentes se encuentran en América, también en Australia y Europa y, en menor medida, en África y Asia.

Italia fue, durante la Antigüedad, la cuna de la civilización romana, que sigue hermanando en la actualidad la población italiana con todas las naciones de expresión neolatina (cuyos idiomas se conocen también como lenguas itálicas) y herederas de Roma antigua, cuyo Imperio representó, junto con la democracia ateniense, el punto culminante de la civilización occidental antigua.Niall Ferguson, Civilización. Occidente y el resto, Random House Mondadori, Debate, Barcelona, 2012, impreso en Portugal, ISBN 978-84-9992-066-5, pág. 58. Título original: Niall Ferguson, Civilization: the West and the Rest, Allen Lane-Penguin Books, London, 2011 Roma logró unificar Italia durante varios siglos, pero tras la caída del Imperio romano de Occidente, los italianos, como otros pueblos europeos, tuvieron que sufrir una larga serie de invasiones y dominaciones extranjeras.

A pesar de una historia tan atormentada, supieron sin embargo desarrollar, a partir del año 1000, una civilización urbana refinada y próspera, basada en el comercio, que alcanzó su apogeo en el «Los años 1250-1290 son considerados como el apogeo de la revolución comercial de la Europa medieval. Las ciudades italianas lograron crear el más vasto imperio económico que el mundo haya conocido, un imperio que se extiende desde Inglaterra al mar Negro, desde los oasis del Sahara hasta el corazón de Asia...». Cita extraída de: Michel Balard, Jean-Philippe Genet, Michel Rouche, De los Bárbaros al Renacimiento,Akal, Madrid II edición, 1994, pág. 156, ISBN 84-7600-342-0 / título original: Des Barbares à la Renaissance, Librairie hachette, 1978, 1983, 1994 (momento en el que destacan las Repúblicas marítimas italianas, como las de Amalfi, Génova, Pisa y Venecia) confluyendo, en el , en otra civilización autóctona en formación conocida como Renacimiento (o sea renacimiento de la Antigüedad clásica).En efecto la prosperidad de las comunas se prolongó hasta el y «...generó las condiciones materiales a partir de las cuales se desarrolló el Renacimiento con todos sus logros materiales y artísticos». Christopher Duggan, Historia de Italia, Akal, Madrid, 2017, segunda edición, pag. 49, ISBN 978. Publicado originalmente por Cambridge University Press, 1994, 2014 El Renacimiento, a su vez, produjo el Manierismo, movimiento artístico determinante para el nacimiento del Barroco, que tuvo origen en la ciudad de Roma durante la última década del . Todas esas civilizaciones y movimientos nacidos en Italia se internacionalizaron, dando un fuerte impulso al desarrollo cultural y material del mundo occidental.

Los altos niveles económico y cultural del pueblo italiano, que se prolongaron hasta las primeras décadas del , fue pero acompañado por una debilidad política y militar crónicas, originadas por la fragmentación de su tierra de origen en varios Estados (a veces estructurados también como ciudades-Estado), sobre los cuales ejercieron directa o indirectamente su dominio político, durante períodos más o menos largos y según modalidades distintas, muchas de las potencias que se sucedieron en el escenario europeo, como el Imperio bizantino, el Sacro Imperio Romano Germánico, el Imperio español, el Primer Imperio francés y el de Austria. Solo un reducido grupo de Estados italianos lograron mantenerse siempre, o casi siempre, independientes: Venecia y Génova con sus respectivas repúblicas, el Ducado de Saboya, que durante el se convirtió en Reino de Cerdeña, y el Estado Pontificio.

Siguiendo el destino de otros pueblos, como el alemán, el griego, y de gran parte de las etnias asentadas en la Europa oriental, el pueblo italiano pudo constituir un Estado nacional propio unificado, como ya hemos indicado, solo durante el , gracias a una serie de guerras de liberación y de unificación política pasadas a la historia con el nombre de Risorgimento (literalmente: «resurgimiento»).

Origen y formación

Edad Antigua miniaturadeimagen|250px|Los idiomas de la península italiana, de las islas y de África septentrional en el Las lenguas no indoeuropeas en púrpura. Poblaciones como los etruscos, los ligures, los raeti, los rútulos, los balaros, los ilienses, los sicanos y los élimos, no hablaban una lengua indoeuropea. thumb|250px|Fresco etrusco del , en la Tomba dei Leopardi de la necrópolis de Monterozzi, en Tarquinia. Los primeros asentamientos de la revolución neolítica fueron, sin duda, llevados a cabo por la cuenca mediterránea desde Anatolia. Los grupos humanos que poblaron Italia a partir de la Edad del Hierro pertenecían principalmente a los pueblos indoeuropeos, y especialmente a los del grupo itálico (como latinos, oscos, umbros, vénetos, samnitas, sículos, sabinos, etc.), así como a poblaciones autóctonas preindoeuropeas (como etruscos, ligures y sicanos, entre otros) y, en menor medida, a grupos de antiguos griegos (los italiotas de la Magna Grecia) y fenicio-púnicos (en determinadas zonas de Sicilia y Cerdeña); poplaciones que en edad prerromana acabaron mezclándose a menudo entre ellas.

Los antiguos pueblos peninsulares fueron absorbidos y federados por Roma entre el y el , experimentando un profundo proceso de romanización ya desde el principio de la República romana y el comienzo de la primera guerra púnica, constituyendo Italia el territorio metropolitano de la misma Roma y diferenciándose así de las provincias (siendo estas todos los territorios conquistados afuera de Italia) tanto durante la etapa republicana como durante el posterior Imperio romano; proceso que culminó con la adquisición de la ciudadanía romana por parte de todos los hombres libres nativos de la Italia peninsular (en el 89 a.C., gracias a la Lex Plautia Papiria) y continental (a través de la Lex Roscia, en el 49 a.C., cuando el mismo derecho de los itálicos peninsulares se concedió también a todos los habitantes libres de la Italia septentrional).Gardner, J. F., The Dictator, in Griffin, M., A Companion to Julius Caesar. The Lex Roscia was introduced in 49 BC by the praetor Lucius Roscius Fabatus on behalf of Julius Caesar. (2009), p. 65 Medio siglo después, en el año 7 a.C., esos nuevos romanos pasaron a constituir, gracias al emperador Augusto, una mayor unidad política (igualmente llamada Italia) articulada en once regiones que en parte han sobrevivido hasta nuestros días con las mismas denominaciones latinas que tenían en aquella época (como Umbria, Campania, Liguria, Apulia o Emilia).

Por primera vez, el espacio geográfico y antrópico de Italia coincidía con un espacio político claramente determinado, si bien integrado dentro de un organismo territorial y humano mucho más amplio: el Imperio. Posteriormente, durante el Bajo Imperio, en el año 292 d.C., con la nueva división administrativa del territporio imperial que Diocleciano llevó a cabo, la actual Italia insular (Sicilia y Cerdeña) y la isla de Córcega, entraron a formar parte de la diócesis Italiae.La conformación territorial de las actuales naciones europeas es muy similar al de las Diócesis del Imperio romano, como puso de relieve Ortega y Gasset: «Este espacio histórico [Europa] impregnado de usos, en buena parte comunes, fue creado por le Imperio romano y la figura geográfica de las naciones luego emergentes coincide sobremanera con la simple división administrativa de las Diócesis en el Bajo Imperio». Cita extraída de José Ortega y Gasset, Meditación de Europa, Revista de Occidente, Madrid, 1966 (I edición 1960), pág. 35. Dep. Legal M. -1966»

Edad Medieval y Moderna thumb|left|300px|Invasiones bárbaras en el Imperio romano. miniaturadeimagen|250px|Idiomas en el Imperio romano de Oriente. . Desde la primera década del , el Imperio Romano de Occidente fue invadido por pueblos prevalentemente germánicos, que determinaron su caída (476) y causaron muerte y destrucciones en la mayor parte de la antigua Europa romana durante largo tiempo. La progresiva romanización de esos pueblos, y la fusión con el elemento autóctono de lengua y cultura latinas, les permitió constituir una serie de Estados, si bien caracterizados por un modesto nivel de desarrollo.