__NOINDEX__ thumb|Ubicación de Sevilla en España. El centralismo sevillano es una forma de centralismo atribuido a la ciudad y provincia de Sevilla y que históricamente ha sido percibido a escala regional y nacional desde varios territorios de España, incluida la propia Sevilla, como una acumulación de poder institucional, político y mediático, así como un acaparamiento de inversiones e infraestructuras públicas.
Historia Existen referencias al centralismo sevillano al menos desde la época de la Segunda República Española, periodo en el que fue un tema recurrente, sobre todo en el contexto del debate sobre la organización regional de Andalucía.
Segunda República (1931-1939) Durante la Segunda República se reabrió el debate sobre la regionalización político-administrativa de España. En el caso particular de Andalucía, el argumento del centralismo sevillano fue factor común para que provincias como Huelva por una parte y Almería, Granada y Jaén por otra parte, se posicionaran a favor de desarrollar proyectos autonómicos propios, al margen de la Andalucía de ocho provincias que proponía la Diputación Provincial de Sevilla.
Provincia de Huelva: la unión con Extremadura thumb|derecha|250px|Autonomía formada por Extremadura y Huelva, propuesta durante la II República. Durante la Segunda República, en Huelva se extendió el deseo de constituir junto con Extremadura una autonomía de tres provincias. Uno de los principales condicionantes para evitar formar parte de una autonomía andaluza fue la sospecha de que el papel hegemónico sevillano supusiera en realidad la aparición de un centralismo de nuevo cuño en sustitución del de Madrid. La idea contra la unión regional con Sevilla se remonta al menos a 1873 durante la Primera República, cuando Huelva no secundó el movimiento cantonalista sevillano y apoyó al gobierno para permanecer independiente de la provincia de Sevilla cuando se votase la Constitución Federal, y se mantuvo firme hasta el final de la Segunda República.
Con el tema central del temor al centralismo sevillano y el convencimiento de que la región extremeña les depararía un trato de igualdad, los representantes de las fuerzas vivas onubenses se manifestaron de acuerdo en la idea de que Sevilla era el adversario natural de Huelva.
Provincias de Almería, Granada y Jaén: la Mancomunidad de Andalucía Oriental
Las fuerzas vivas de Granada retomaron el proyecto de creación de la Mancomunidad de Andalucía Oriental hasta que el inicio de la Guerra Civil lo paralizó. Al proyecto se sumaron los representantes institucionales de Almería y de Jaén, y entre los argumentos no faltaron las referencias al centralismo sevillano. Así, el presidente de la Cámara de Comercio de Jaén alertaba del «peligro que suponía un nuevo centralismo peor que el de Madrid», mientras que la prensa se hacía eco de opiniones en el mismo sentido:
Según Manuel Ruiz Lagos, la posición de Granada estaba en consonancia con el contencioso tradicional frente al centralismo sevillano, como podría reflejar la prensa:
En opinión del profesor Juan Antonio Lacomba Abellán, el temor a un centralismo sevillano o «antisevillanismo» fue factor aglutinante para que las tres provincias aceptaran ir de la mano hacia la Mancomunidad de Andalucía Oriental, aparte de los intereses específicos que tenía cada provincia.
Transición Española Tras la caída del franquismo, las regiones de España iniciaron un camino hacia su autogobierno. En el caso particular de Andalucía, el fenómeno del centralismo sevillano fue un tema recurrente de confrontación entre los partidarios de constituir dos Andalucías -fundamentalmente la UCD de Granada- y los defensores de una Andalucía unitaria, como recogían los periódicos:
Formas de centralismo en la etapa democrática El fenómeno del centralismo sevillano en la actualidad y en la historia reciente ha sido tratado en diferentes publicaciones, que lo han circunscrito especialmente al territorio de la comunidad autónoma de Andalucía y que lo han identificado con las siguientes formas:
Centralismo administrativo Manuel Clavero Arévalo, uno de los principales impulsores durante la Transición de la autonomía andaluza, criticó en 2002 el centralismo sevillano en la administración de la Junta de Andalucía y abogó por una descentralización interna.
Aunque no existen datos oficiales del grado de centralización de la administración autonómica, existen varios indicadores, como los 180 millones de euros que sumaban los sueldos de los funcionarios de los servicios centrales de la Junta en 2001, así como los resultados de un estudio realizado por Analistas Económicos de Andalucía, gabinete dependiente de Unicaja, que muestra que la diferencia en el producto interior bruto (PIB) entre Sevilla y Málaga quedaría reducida de 17 a 4 puntos si se quitara el peso que los servicios públicos tienen en las respectivas economías locales y si se restaran también las subvenciones públicas directas como las ayudas por explotación. Según los mismos analistas, Sevilla contaba con un «exceso» de servicios públicos cifrado en 510 millones de euros, y Málaga con un «déficit» de 300 millones. El diario La Opinión de Málaga se hizo eco de un informe de una organización social independiente, Rayya, que atribuía a Sevilla el 80% de las instituciones de la Junta de Andalucía.
A diferencia del expresidente de la Junta de Andalucía Manuel Chaves, que censuró que los alcaldes de las capitales de provincia discutieran por agravios territoriales, su sucesor José Antonio Griñán anunció en su investidura su intención de descentralizar la administración autonómica potenciando el poder local y provincial, cosa que fue interpretada como una propuesta de reducción del centralismo sevillano. Aun así, Griñán finalmente no descentralizó la Junta. thumb|left|150px|Francisco de la Torre, alcalde de Málaga desde 2000 thumb|150px|Susana Díaz, consejera de Presidencia e Igualdad hasta 2013, cuando asumió la presidencia de la Junta de Andalucía. Uno de los cargos institucionales más críticos contra el centralismo de la Junta de Andalucía ha sido el alcalde de Málaga Francisco de la Torre:
Entre las actitudes que De la Torre consideraba como centralistas se encuentra la calificación del puerto de Málaga como regional frente al puerto de Sevilla como internacional, o la pérdida de la sede de la Confederación Hidrográfica del Sur en favor de la Agencia Andaluza del Agua con sede en Sevilla. Sin embargo, una de las principales críticas del regidor malagueño están relacionadas con la pretendida Ley de Capitalidad de Sevilla, que prevé una dotación presupuestaria adicional para contrarrestar los inconvenientes de albergar la capitalidad autonómica, insistiendo en que Sevilla ya tiene muchos beneficios por el hecho de ser la capital administrativa. La Junta de Andalucía, en voz de su entonces consejera de Presidencia e Igualdad Susana Díaz, pidió al alcalde de Sevilla que no cayera en un «centralismo sevillano» respecto a la Ley de Capitalidad.
Centralismo en el reparto de poder y en la estructura de los partidos políticos thumb|left|100px|Manuel Chaves, presidente de la Junta de Andalucía entre 1990 y 2009.thumb|100px|Javier Arenas, secretario general del Partido Popular de Andalucía entre 1993 y 1999 y entre 2004 y 2012.thumb|100px|Juan Ignacio Zoido, alcalde de Sevilla desde 2011 y secretario general del Partido Popular de Andalucía desde 2012.thumb|left|100px|José Antonio Griñán, presidente de la Junta de Andalucía entre 2009 y 2013. En 2013 se puso de manifiesto que la provincia de Sevilla acaparaba a más de la mitad de los consejeros de los órganos consultivos de Andalucía. De ellos, los consejeros pertenecientes al PSOE estaban equilibrados, pero eran sevillanos el 70% de los consejeros del Partido Popular, así como 4 de los 5 consejeros de Izquierda Unida.
En cuanto a la estructura de poder político, el director del diario Sur de Málaga denunciaba en 2012 el «centralismo sevillano imperante tanto en el PSOE como en el PP de Andalucía». Es destacable que todos los presidentes que ha tenido la Junta de Andalucía han estudiado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Sevilla y han residido en esta provincia, al igual que los líderes del Partido Popular andaluz Javier Arenas y Juan Ignacio Zoido. Cuando Javier Arenas encabezó la lista almeriense para concurrir a las elecciones autonómicas de 2012, se refirió a Almería como «la más lejana del centralismo de Andalucía». Más adelante, cuando Zoido sucedió a Arenas en el cargo, la apuesta del nuevo dirigente por un mayor número de miembros de su provincia en la dirección del Partido Popular andaluz fue considerada como un caso de centralismo sevillano por parte de dirigentes del mismo partido en otras provincias.
Centralismo de las inversiones públicas La red de carreteras que se priorizó en Andalucía en las décadas de los 80 y 90 del «aumentó el papel dominante de Sevilla y los desequilibrios internos dentro de Andalucía». Esa política de carreteras se consideró que «no es eficiente porque privilegia a Sevilla -que experimenta desde principios de la década de los años sesenta y hasta 1986, cuando se inician las obras de la Exposición Universal, un lento pero inexorable declive socio-económico, ignorando que el mayor dinamismo regional, tanto demográfico como económico, se encuentra en la costa mediterránea, donde además las necesidades infraestructurales son mayores».
Los sucesivos planes de carreteras para Andalucía han priorizado la necesidad de afirmar la centralidad funcional de la capital regional, conllevando la desarticulación del espacio litoral, el estancamiento de las provincias orientales, la orientación creciente de Almería hacia Murcia y la ralentización del potencial de crecimiento de Málaga. Ello es consecuencia del proceso de unificación regional, pasando del modelo tradicional con doble capitalidad Sevilla-Granada a un modelo de capitalidad única con el objetivo de consolidar la idea de unidad regional organizando un territorio andaluz bien definido en torno a un centro, Sevilla, en detrimento del segundo centro regional, Granada, y en menor medida del potente centro emergente del litoral, Málaga.
No existen datos oficiales sobre cómo se ha repartido en el territorio el presupuesto de la Junta de Andalucía desde 1982, lo que según el director del Instituto de Desarrollo Regional de Andalucía, Carlos Román del Río, se debe a que «hay un cierto temor a ver los resultados, porque quizás se intuye qué es lo que va a salir», al estar el gasto público concentrado en algunos sitios y no ser equilibrador.
Centralismo económico thumb|left|150px|Sede central de Caja Granada.thumb|150px|Sede central de Unicaja en Málaga, mayor entidad financiera de Andalucía en la actualidad y cuando se planteó la creación de la Gran Caja Andaluza. A raíz del debate sobre la creación de una hipotética Gran Caja andaluza, surgieron críticas a unos supuestos intentos de centralismo sevillano al dejar abierta la posibilidad de radicar la sede de la caja en Sevilla, en lugar de en Málaga donde tenía su sede la principal caja andaluza, Unicaja. En este contexto, un panel de expertos surgido en 2009 tras la publicación de un estudio económico de Málaga encargado por Cajamar, destacó que el poder político centralizado en Sevilla había absorbido también al poder económico y social. Así, tanto el traslado de la dirección de las políticas de aguas en el Mediterráneo de Málaga a Sevilla, como la polémica por la sede de la Gran Caja Andaluza, lo vinculaban a un proceso que tendría su origen en el propio modelo autonómico marcado por un centralismo ineficiente.
En Granada, el empeño de la Junta de Andalucía por forzar la integración de Caja Granada en la Gran Caja Andaluza se consideraba una actitud centralista. Al poco tiempo de plantearse el proyecto, el exalcalde de Granada Antonio Jara advertía de que una «servil dependencia financiera» agravaría aún más los demás efectos del centralismo autonómico.