thumb|350px|Imagen datada del siglo XVIII que muestra una reducción guaraní. En el centro de la plaza se lleva a cabo un ejercicio de caballería. Las misiones jesuíticas en América, también llamadas reducciones, fueron poblados de indígenas organizados y administrados por los sacerdotes jesuitas en el Nuevo Mundo como parte de su obra civilizadora y evangelizadora. Las autoridades seculares y religiosas crearon el término conocido como "reducciones" en sus dominios sudamericanos recién adquiridos. Los imperios español y portugués adoptaron una estrategia de reunir a las poblaciones nativas en comunidades llamadas "reducciones de indios" y portugués: "plural reduções", con los objetivos de impartir el cristianismo y la cultura europea.Caraman Philip. SJ (1975). The Lost Paradise - The Jesuit Republic in South America. London: Sidgwick & Jackson. ISBN 9780283982125.

Los detractores de la obra misionera aseguran: "Los jesuitas les quitaron la libertad a los indios, los obligaron a cambiar radicalmente su estilo de vida, los maltrataron físicamente y los sometieron a enfermedades".Sarreal 2014, págs. 6–7. Sin embargo, se ha comprobado históricamente que los nativos americanos se adherían por propia voluntad a estos poblados, ya que enviaban emisarios a los padres jesuitas para pedirles que funden una reducción jesuítica en sus aldeas. Esto se puede verificar en libros como "Cristóbal de Mendoza: apóstol de los guaraníes", del historiador Hernando Sanabria Fernández.

Estas reducciones fueron ejecutadas con la intención de crear una sociedad con los beneficios y cualidades de la sociedad cristiana, pero sin los vicios y maldades que la caracterizaban. Los jesuitas fundaron estas misiones en toda la América colonial, y según Manuel Marzal, sintetizando la visión de otros estudiosos, constituyen una de las más notables utopías de la historia.Marzal, Manuel M. Las Misiones Jesuitas, una Utopia Posible?. En Marzal, Manuel María & Tua, Sandra Negro (1999). Un reino en la frontera: las misiones jesuitas en la América colonial. Fondo Editorial Pontifícia Universidad Católica del Perú, 1999. pp. 489-495.

Para lograr su objetivo, los jesuitas desarrollaron el contacto técnico y la atracción de los indígenas. Pronto aprendieron sus lenguas, y desde ahí se reunirían en pueblos que albergaban muchas veces miles de personas. Eran en larga medida autosuficientes, disponían de una completa infraestructura administrativa, económica y cultural que funcionaba en un régimen comunitario, donde los nativos fueron educados en la fe cristiana y enseñados a crear arte con elevado grado de sofisticación, pero siempre siguiendo el modelo europeo. Después de un inicio poco sistemático marcado por intentos fallidos, a mediados del el modelo misionero ya estaba bien establecido y generalizado en la mayor parte de América, pero tuvieron de continuar enfrentando la oposición de algunos sectores de la Iglesia católica —que no coincidían con sus métodos—, del resto de la población colonizadora —para quienes no valía la pena el esfuerzo de cristianizar a la población indígena—, y los bandos de cazadores de esclavos, que aprisionaban a los indígenas para someterlos a trabajos forzados dentro de la economía colonial de explotación a la vez que destruían sus aldeas, causando muchas muertes. Incluso con muchos problemas para superar, las misiones en su conjunto prosperaron hasta un punto en la mitad del , donde los jesuitas se convirtieron en sospechosos de tratar de crear un imperio independiente, éste fue uno de los argumentos usados en la intensa campaña difamatoria que sufrieron en América y Europa y, que acabó dando como resultado la expulsión de las colonias españolas a partir de 1759 y en la disolución de la orden en 1773. Con esto, el sistema misionero jesuita se derrumbó, causando la dispersión de los pequeños pueblos indígenas.Salcedo, S.J. Jorge Enrique. Las Misiones Jesuitas en Colombia: las regiones de Casanare y Meta en el siglo XVII y XVIII. IN Marzal, Manuel María & Tua, Sandra Negro (1999). Un reino en la frontera: las misiones jesuitas en la América colonial. Fondo Editorial Pontifícia Universidad Católica del Perú, 1999. pp. 163-166.

El sistema misionero buscó introducir el cristianismo y un modo de vida civilizado, integrando, sin embargo, varios de los rasgos culturales de los propios indios, y estaba basado en el respeto de la persona y sus tradiciones grupales, hasta donde estas no entrasen en conflicto directo con los conceptos básicos de la nueva fe y de la justicia. La extensión del mérito y el éxito de este esfuerzo han sido objeto de debate entre los historiadores, pero el hecho es que fue de vital importancia para la primera organización del territorio y de los fundamentos de la sociedad americana como es conocida hoy en día. Varios monumentos misioneros son ahora Patrimonio de la Humanidad.Alvero, Luis Alejandro. Realidad Social y Pensamiento Económico en el Río de la Plata colonial. En Marzal, Manuel María & Tua, Sandra Negro (2005). Esclavitud, economía y evangelización: las haciendas jesuitas en la América virreinal. Fondo Editorial Pontifícia Universidad Católica del Perú, 2005. pp. 407-409.Lista del Patrimonio Mundial - Página oficial de Unesco.

Orígenes y evolución del sistema misionero

thumb|Ignacio de Loyola con un libro donde se lee el lema de su Orden: Ad maiorem Dei gloriam (A la mayor gloria de Dios). La creación del sistema de las misiones debe ser estudiado en el contexto de la política colonial desarrollada por las potencias europeas para la recién descubierta América, que originalmente era habitada por incontables pueblos originarios, en varios grados de civilización. A pesar de algunos contactos preliminares entre europeos e indígenas habían sido pacíficos, los colonizadores comenzaron a emprender una conquista belicosa y sanguinaria, sometiendo a los nativos a través de las superiores armas y técnicas militares europeas, y despojándoles de cualquier tesoro que fuese encontrado. En vista de las atrocidades que iban siendo cometidas, los reyes y papas legislaron a favor de los indígenas, pero con poco efecto, pues el control sobre las provincias distantes era muy difícil, y los abusos continuaron a lo largo de toda la historia de la colonización. Junto a los primeros colonizadores llegaron religiosos de varias órdenes misioneras, principalmente franciscanos y dominicos. Su presencia se justificaba porque entre los objetivos de la conquista americana estaba la cristianización de los pueblos dominados, pero muchos de esos misioneros fueron complacientes con el uso de la violencia y se beneficiaron de su explotación. Poco después, preocupado con los rumbos descontrolados que la conquista española tomaba, Carlos I de España, llamó a los jesuitas para que intervinieran en el proceso, mientras que Juan III de Portugal daba las primeras órdenes para que la evangelización de los indígenas de sus colonias fuese entregada a la Compañía de Jesús.Huonder, A. Reductions of Paraguay. In The Catholic Encyclopedia. New York: Robert Appleton Company, 1911. Consultado el 10 de noviembre de 2009 from New AdventImbruglia, Girolamo. Il Missionario Gesuita nel Cinquecento e i "Selvaggi" Americani. En: Cuturi, Flavia. In nome di Dio. L'impresa missionaria di fronte all'alterità. Meltemi Editore srl, 2004. pp. 65-71Chambouleyron, Rafael (1999). El manto del Ordem: el plan evangelizador del P. Manuel da Nóbrega. En: Marzal, Manuel María & Tua, Sandra Negro (1999). Un reino en la frontera: las misiones jesuitas en la América colonial. Fondo Editorial Pontifícia Universidad Católica del Perú, 1999. pp. 37-46.

La Compañía de Jesús fue fundada en 1540 por san Ignacio de Loyola, y en pocos años conquistó gran prestigio por su dinamismo y por la sólida preparación teológica y cultural de sus miembros, que ascendieron a posiciones de importancia en el clero y en los consejos de reyes y príncipes. La Orden se tornó la principal fuerza de la Iglesia católica en el proceso de la Contrarreforma, renovó la pedagogía en Europa, y de hecho, representó la vanguardia religiosa en su tiempo, contando con privilegios especiales y gran independencia dentro de la estructura jerárquica católica, pero votando una obediencia total al papa.Marzal, Manuel María & Tua, Sandra Negro (2005). Esclavitud, economía y evangelización: las haciendas jesuitas en la América virreinal. Fondo Editorial Pontificia Universidad Católica del Perú, 2005. pp. 9-11Reff, Daniel T. Plagues, priests, and demons: sacred narratives and the rise of Christianity in the Old World and the New. Cambridge University Press, 2005. pp. 214-215. Los jesuitas arribaron en Brasil en el 1549, al Perú llegaron en 1567, en México en 1572 y a la Nueva Francia en 1611, pero el sistema misionero tardó varias décadas en estructurarse y consolidarse. Los primeros jesuitas que Ignacio envió a América fueron el español José de Anchieta y el portugués Manuel da Nóbrega.Homilía del Santo Padre Francisco De esa forma, las primeras tentativas de evangelización fueron informales, itinerantes, poco coherentes y sin resultados significativos, y encontraron obstáculos debido a la ausencia de instituciones jurídicas y administrativas de apoyo eficaces, de la poca colaboración de otras Órdenes —Si no su complicidad con las prácticas depredadoras de los colonizadores, como se lamentaba en Brasil Manuel da Nóbrega— y de la objeción de los primeros colonizadores que ya estaban instalados, para quienes los indígenas eran tan despreciables como los negros y solo les parecían útiles como trabajadores baratos. La primera iniciativa de fundación de poblados especiales para los indígenas cristianizados partió de Don Juan III, que en Regimiento al primer gobernador general del Brasil Tomé de Sousa ordenó que ellos viviesen en grupos en las proximidades de las villas para que pudieran estar en más íntimo contacto con los cristianos y pudiesen ser mejor adoctrinados. La idea fue elogiada por Nóbrega, pues sin demora percibió la ineficiencia de las misiones itinerantes, poco antes de que el padre español José de Acosta hiciera la misma observación en el Perú.

thumb|left|La captura de Atahualpa, durante la conquista española del Perú. thumb|El misionero español san José de Anchieta fue, junto con Manuel da Nóbrega, el primer jesuita que Ignacio de Loyola envió a América. thumb|left|Reducción de Nuestra Señora de Loreto Conchó, Baja California, México. thumb|left|Pueblo de indios tapuios cristianizados , por el pintor alemán Mauricio Rugendas.