Las milicias de la CNT, también llamadas milicias confederales, fueron un movimiento de milicia popular organizado durante la guerra civil española por las organizaciones dominantes del anarquismo de España: la Confederación Nacional del Trabajo (CNT) y la Federación Anarquista Ibérica (FAI). Estas milicias tuvieron un importante papel en la revolución social española de 1936. No fueron las únicas, ya que en esta revolución jugaron un papel menor (aunque importante en la guerra) otras milicias pertenecientes a otras organizaciones, partidos y sindicatos (como las del Partido Obrero de Unificación Marxista, las del Partido Sindicalista o las de la Unión General de Trabajadores (España) en varios lugares). Tras el golpe de Estado de julio de 1936 se formaron, en las zonas donde fracasó la sublevación, grupos armados de voluntarios civiles organizados por los partidos políticos y los sindicatos que se unieron a los restos de las unidades regulares del ejército y las fuerzas de seguridad estatales que permanecieron fieles a la República:

La formación típica de estas milicias fue la columna. Las fuerzas de ambos contendientes en la guerra (sublevados y republicanos) utilizaron esta formación durante los primeros compases de la guerra. Conforme iba avanzando la guerra las milicias se fueron transformando progresivamente en ejércitos compactos, coordinados y con un mando único.

Los Comités de Defensa de la CNT

El origen de las milicias de la CNT en la guerra civil española está en los Comités de Defensa. Estos comités eran la organización militar clandestina de la CNT, financiada por los sindicatos y su acción estaba subordinada a estos. Su antecedente histórico son los diferentes grupos de acción, como Los Solidarios, que lucharon contra el pistolerismo de la patronal entre 1917 y 1923.

Las funciones esenciales de los comités de defensa eran dos: armas e intendencia, en el sentido amplio de la palabra. Los comités de defensa podían considerarse como la continuidad, reorganización y extensión de los grupos de acción y autodefensa armada de los años del pistolerismo (1917-1923).Texto de la presentación del libro de Guillamón sobre los Comités de Defensa de la CNT.

No fueron la única milicia clandestina existente durante la República. El Partido Comunista había formado las Milicias Antifascistas Obreras y Campesinas a partir de 1934. En el Bando Sublevado los Requetés (milicias carlistas) llegaron a organizar desfiles paramilitares en algunas ciudades, como en Sevilla el 15 de abril de 1934. Las fuerzas de la falange intentaron imitar la estrategia de la tensión utilizada por Mussolini en Italia. En tiempos de una gran violencia política casi todas las fuerzas políticas tenían milicias paramilitares.

Los Comités de Defensa fueron sustituidos, en agosto, por las Patrullas de Control que actuaban a las órdenes del Comité Central de Milicias Antifascistas de Cataluña. Los comités de defensa fueron reactivados en mayo de 1937.

Comité Central de Milicias Antifascistas

thumb|450px|Frente de Aragón.

El 19 de julio de 1936 en Barcelona, la guarnición militar contaba con unos seis mil hombres, frente a los casi dos mil de la guardia de asalto y los doscientos Mozos de Escuadra. La Guardia Civil, que nadie sabía con certeza por el lado que se decantaría, contaba con unos tres mil. La CNT-FAI disponía de unos veinte mil militantes (entre unos 200.000 afiliados), organizados en Comités de Defensa de Barriada. Se comprometía, en la comisión de enlace de la CNT con la Generalidad de Cataluña y los militares leales, a parar a los golpistas con sólo mil militantes armados.

Hubo una doble transformación de esos cuadros de defensa. La de las Milicias Populares, que definieron en los primeros días el frente de Aragón, instaurando la colectivización de las tierras en los pueblos aragoneses liberados; y la de los comités revolucionarios que, en cada barrio de Barcelona, y en cada pueblo de Cataluña, impusieron un "nuevo orden revolucionario". Su origen común en los cuadros de defensa hizo que milicias confederales y comités revolucionarios estuviesen siempre muy unidos e interrelacionados. Esos comités locales, en algunos pueblos, eran fruto de la relación de fuerzas existentes en cada localidad, y en ocasiones eran órganos meramente frentepopulistas, sin ninguna aspiración revolucionaria.

Los comités revolucionarios ejercían una importante tarea administrativa, muy variada, que iba desde la emisión de vales, bonos de comida, emisión de salvoconductos, pases, celebración de bodas, abastecimiento y mantenimiento de hospitales, hasta la incautación de alimentos, muebles y edificios, financiación de «escuelas modernas» y ateneos populares gestionados por las Juventudes Libertarias, pagos a milicianos, o a sus familiares, etcétera.

El 21 de julio, un Pleno de sindicatos Locales y Comarcales de la CNT renuncia a la toma del poder, entendida como "dictadura" de los líderes anarquistas, y no como imposición, coordinación y extensión del poder que los comités revolucionarios ya ejercían en la calle. Se decide aceptar la creación del Comité Central de Milicias Antifascistas de Cataluña (CCMA), un organismo en el que participaban todas las organizaciones antifascistas.

A partir de este momento, es el CCMA y no la CNT-FAI quien dirige las operaciones militares en Cataluña y, desde allí, el frente de Aragón. El 24 parten las dos primeras columnas anarquistas, al mando de Durruti y Ortiz. En esos mismos días se formaron además columnas del PSUC y del POUM. En dos meses, el comité consiguió organizar a 20.000 milicianos que se repartían en un frente de 300 kilómetros. Los mencionados comités de defensa dejan de operar en Barcelona ya que, o bien sus miembros están en los comités de barriada organizando la revolución, o bien estaban en los frentes de guerra. Hasta mayo de 1937 permanecieron inactivos.

Entre el 21 de julio y mediados de agosto de 1936 se constituyen las Patrullas de Control como "policía revolucionaria" dependiente del Comité Central de Milicias Antifascistas de Cataluña (CCMA). La mitad aproximada de los 700 patrulleros tenía carnet de la CNT, o eran de la FAI; la otra mitad estaba afiliada al resto de organizaciones componentes del CCMA: POUM, Esquerra Republicana de Cataluña (ERC) y PSUC, fundamentalmente. Sólo cuatro delegados de sección, sobre los once existentes, eran de la CNT: los de Pueblo Nuevo, Sants, San Andrés (llamado Armonía durante la guerra) y Clot; otros cuatro eran de ERC, tres del PSUC y ninguno del POUM. Las Patrullas de Control dependían del Comité de Investigación del CCMA, dirigido por Aurelio Fernández (FAI) y Salvador González (PSUC).

Lo que estaba ocurriendo en Barcelona tenía una importancia trascendental para la CNT de toda España ya que era en esta ciudad donde tenía más afiliados, sus mejores cuadros militantes, y su organización más potente y veterana. Era pues en Barcelona donde las decisiones que tomara la CNT iban a afectar el curso futuro de toda la CNT del país.

Las columnas

Origen de la columna como formación de combate popular Las guerrillas castellanas de la Guerra de Sucesión Española (1701-1715) y la guerra de guerrillas en la frontera luso-extremeña entre 1641 y 1668 pudieron ser ejemplos tempranos de la utilización de columnas en conflictos armados. thumb|Defensa de la torre del convento de San Agustín, obra de César Álvarez Dumont, que muestra guerrilleros españoles combatiendo durante el asedio de Zaragoza en la Guerra de la Independencia Española. Durante la Guerra de la Independencia Española se formaron columnas como conglomerados que agrupaban diversas fuerzas militares regulares o de civiles y servicios de una escala modesta. Las columnas por su movilidad y autonomía constituyeron una forma básica de organización para la guerra de guerrillas.Sociedad Benéfica de Historiadores Aficionados y Creadores.

La milicia nacional las utilizó extensivamente a lo largo de su existencia en el .

Origen de la columna como formación en la guerra civil thumb|izquierda|Milicianos anarquistas de la Columna Ascaso, antes de partir al Frente de Aragón en el verano de 1936. En la guerra civil española surgen formaciones militares irregulares formadas por voluntarios armados mezclados en la mayor parte de los casos con soldados y otros integrantes de las fuerzas de seguridad del estado. Esta situación se da en los dos bandos. Por ejemplo, en el Bando sublevado las tropas de requetés, falangistas y militares se conformaron en columnas hasta mediados de septiembre cuando fueron reorganizadas en batallones y brigadas.

En el Bando republicano igualmente se forman milicias desde los primeros días. Por ejemplo en Asturias los militantes socialistas formaron la llamada Columna Minera el día 18 de julio, que supuestamente llegaría a Madrid para contrarrestar el golpe de Estado en curso. Sin embargo, al llegar a Benavente, provincia de Zamora, dio la vuelta cuando se recibieron noticias de que los militares, al mando del coronel Aranda, se habían sublevado en Oviedo. También hubo otra Columna Minera que partió de Huelva que intentó sofocar el levantamiento en Sevilla. Fue traicionada por la Guardia Civil que le preparó una emboscada en Camas. thumb|Póster propagandístico de la CNT, animando a combatir en la guerra civil española. Otra columna con parecida suerte sería la que se organizó en Valencia a instancias de la Junta Delegada del Gobierno (representante del gobierno de la República en Valencia). Ésta entró en una disputa por el poder con el Comité Ejecutivo Popular, que gobernaba Valencia en los días posteriores al levantamiento, y con el comité de huelga UGT-CNT de Valencia. La Junta desoyó las advertencias de los otros dos organismos y envió a Teruel una columna de unos 500 guardias civiles y unos 200 milicianos voluntarios. Cuando se encontraban cerca de Teruel, los guardias ejecutaron a los milicianos y se pasaron al enemigo. Estos guardias constituyeron durante los primeros días la base militar de Teruel, hasta que recibieron refuerzos.CNT: de julio a julio: un año de lucha. Número extraordinario de Fragua Social publicado el 19 de julio de 1937.

Para la liberación de Albacete, en principio controlada por la Guardia civil, salieron dos columnas de soldados, guardias de asalto y milicianos de Alicante, Cartagena y Murcia que rápidamente tomaron Almansa y Hellín. A lo largo de su trayecto se les iban uniendo milicianos y huidos de las localidades que controlaban los rebeldes. La mañana del 25 de julio confluyeron cerca de Albacete y con apoyo de la aviación se enfrentaron con los sublevados, conquistando la ciudad al anochecer.José Manuel Martínez Bande, La invasión de Aragón y el desembarco en Mallorca, 1989.

En el caos de los primeros días de guerra también habría que situar una columna enviada por las autoridades militares de San Sebastián, que luego se sublevaría. Esta parte el día 21 por la mañana, a las órdenes del comandante Pérez Garmendia, hacia Vitoria con la intención de tomarla. La columna recibe la noticia de la sublevación de la guarnición donostiarra en Mondragón. Ante la situación creada, Pérez Garmendia decide suspender el avance sobre la capital alavesa y regresar a Éibar, a donde vuelve con los 30 guardias civiles del puesto de Mondragón y un alférez del mismo cuerpo. En la villa se concentran las autoridades de la provincia con el gobernador civil al frente. A éste le acompaña el teniente coronel Bengoa, máximo responsable de la Guardia Civil en el Territorio.