thumb|400px|Lenguas paleohispánicas alrededor del 300 a. C.Pueblos de Iberia Protohistoria de la península ibérica es la denominación historiográfica del periodo inicial de la historia antigua de la península ibérica, del final de la prehistoria de la península ibérica, o de la transición entre ambas épocas.*Luis Suárez Fernández (ed.), Historia general de España y América: De la protohistoria a la conquista romana, vol. 1 de Historia General de España y América, ISBN 8432121193, Rialp, 1987, ISBN 8432120960 Yolanda Guerrero Navarrete, Protohistoria y antigüedad de la península Ibérica : la Iberia prerromana y la Romanidad, Volumen 2 de Historia de España, ISBN 8477371997, Silex, 2008.
La protohistoria es el periodo del que no hay fuentes escritas directas (es decir, producidas directamente por la sociedad protohistórica), sino indirectas (es decir, producidas por otra sociedad, una sociedad que ya ha llegado a una fase histórica, en la que se producen documentos escritos); así como el periodo en que aparece por primera vez la escritura en cada una de las culturas o civilizaciones.
Tal fase protohistórica, para la península ibérica, se da en los últimos siglos del II milenio a. C. y la mayor parte del I milenio a. C., lo que corresponde con el Bronce Final y la Edad del Hierro. En esas épocas, la relación de los denominados pueblos colonizadores del Mediterráneo oriental (griegos y púnicos —fenicios y cartagineses—) fue muy intensa con el Mediterráneo occidental, y en concreto con el "extremo occidente" (la costa mediterránea peninsular, las islas e islotes inmediatos a esa costa —lugares especialmente propicios para la localización de las colonias— y el archipiélago Balear; e incluso, en mucha menor medida, las zonas exteriores al estrecho de Gibraltar —costa atlántica de la península ibérica y rutas atlánticas hacia el sur, incluyendo las islas Canarias, y el norte—) que se pobló de referencias difusas en la mitología (jardín de las Hespérides, islas Afortunadas, columnas de Hércules, viaje de Ulises —episodio con Calipso en la isla de Ogigia—). Los corónimos que designaban a la región (Hesperia, Iberia, Hispania) se formaron en esta época como exónimos, en ausencia de una denominación autóctona, que no existía más allá de los topónimos locales. Incluso los nombres atribuidos a los pueblos indígenas (y su identificación) eran habitualmente resultado de las categorías diseñadas por los colonizadores atendiendo a sus propios criterios.
Fuentes
La epigrafía y la numismática procuran la reconstrucción de algunos textos rescatados arqueológicamente, de conservación parcial y de muy difícil interpretación como fuentes documentales. También muy problemático es el tratamiento crítico de los textos literarios de la Antigüedad. Entre los textos protohistóricos más importantes están, en hebreo, la Biblia (cuyas enigmáticas menciones a Tarshish pueden en algunos casos localizarse en España),Estudiadas desde muy antiguo: Pablo Yañez de Avilés, España en la Santa Biblia: exposicion historial de los Textos tocantes a Españoles, dividida en dos partes, Imprenta de Juan Muñoz, 1733. y en griego documentos como las historias de Heródoto, Herodoro, Teopompo o Éforo y los periplos massaliota, de Piteas o el Pseudo-Escilax (el Periplo de Hannón inicialmente estaría escrito en fenicio). Los documentos de época romana (en latín o en griego) fueron ya mucho más abundantes y detallados, desde la época de la conquista: escritores como Polibio, Posidonio y Plinio el Viejo (que, además de citar fuentes anteriores, aportan su testimonio personal, pues viajaron a Hispania), Estrabón, Tito Livio, Floro y Diodoro Sículo (que basan sus obras en otras fuentes, pues no visitaron la península —Floro simplemente resume a Tito Livio—), y la información disponible en algunos documentos excepcionales, como los Vasos Apolinares, el Itinerario de Antonino, el Anónimo de Rávena, la Tabula Peutingeriana, el Itinerario de barro, etc.
Además de las referencias de Homero y Hesiodo a los míticos confines occidentales, la primera fuente griega sobre la península ibérica parece ser Estesícoro (Gerioneida, ca. 600 a. C.), que denomina Erytheia ("la isla del crepúsculo vespertino") a la isla, en la desembocadura del Tartesso (río cuyas fuentes brotan de la plata), donde Gerión apacentaba sus vacas. Para Anacreonte, la longevidad de los reyes de Tartessos era proverbial (algo similar a la de Matusalén en la cultura judeocristiana): yo mismo no desearía ni el cuerno de Amaltea ni reinar 150 años en Tartesos.Fragmento citado por Estrabón, III, 2, 14 (recogido en José María Blázquez, Las fuentes semitas y clásicas referentes a navegaciones fenicias y griegas a Occidente ) Hacia el 500 a. C. se data la siguiente fuente de importancia: Hecateo de Mileto, que lista los pueblos de la costa de Iberia de suroeste a noreste: elbestios, mastienos, esdetes e ilergetes (más los misgetas, que no localiza); todos ellos se indican como situados al oeste de los Pirineos, límite oriental de esa tierra (habitada por íberos y genéricamente denominada Iberia) con la Céltica habitada por galos (Κέλτοι -keltoi- o Γαλάται -galatai-) y ligures (Λίγυες -ligyes-). El mito de la ciudad de Pyrene, situada donde la cordillera llega al mar (el cabo de Creus), también estaba asociado a la plata: al incendiarse (pyros es "fuego" en griego) uno de sus montes, corrieron ríos de plata fundida, tal era la abundancia y superficialidad de sus vetas. No obstante, poca precisión geográfica es de esperar para esta época: a comienzos del siglo V a. C., el trágico Esquilo localiza el Ródano como un río de Iberia;Para lo anterior (excepto la cita de Anacreonte y el mito de Pyrene) la fuente es Adolf Schulten, Fuentes en Hispania: Geografía, Etnología e Historia, traducido y editado por Pere Bosch Gimpera; edición actual: Renacimiento, 2004, ISBN 8484721663, pg. 133. Véase un comentario sobre estas y otras fuentes en Javier de Hoz, Historia lingüística de la Península Ibérica en la antigüedad, vol 1, pg. 219 y ss. aunque la posible identifcación de los misgetas con una etnia mestiza de íberos y ligures podría explicar tal ubicación.N. Sureda, SUGERENCIAS PARA UNA METODOLOGIA ETNOGRAFICA EN EL CAMPO DE LA PENINSULA IBERICA
Pueblos prerromanos
Dado que fue la romanización el proceso decisivo, se denominan pueblos prerromanos a los que se identifican como pueblos indígenas de la península ibérica anteriores a ese proceso. Los de la denominada área ibérica (sur y este peninsular) fueron los que más intensamente habían recibido el impacto de las colonizaciones griega y púnica, y son calificados como "pre-indoeuropeos".Las lenguas prerromanas de la península ibérica (España) En la zona suroccidental se produjo incluso el surgimiento (y desaparición) de una entidad política de dimensión estatal: Tartessos. Los pueblos de la denominada área indoeuropea (centro, oeste y norte peninsular) estaban más bien vinculados al ámbito cultural centroeuropeo conocido como celta, aunque entre ellos había un notable caso de pueblo preindoeuropeo: los vascones.Área indoeuropea en los pueblos prerromanos de Hispania
Tartessos thumb|left|Escritura tartésica en una placa procedente de Fonte Velha (Bensafrim, sur del actual Portugal). thumb|Tesoro de El Carambolo (hallado cerca de la actual Sevilla).
Tartessos es la entidad política más antigua de la península ibérica sobre la que hay referencia escrita. Como zona de influencia cultural (sin que pueda entenderse como ningún tipo de "frontera" política) se extendía por una gran parte del sur peninsular, hasta los ríos Tajo y Segura. Se ha llegado a considerar que posiblemente serían dos los centros de irradiación política y cultural en ese amplio territorio: al Oeste, el "Tartessos" identificado con la desembocadura del Guadalquivir (el desaparecido Lacus Ligustinus entre Cádiz, Sevilla y Huelva; y al Este la ciudad de Mastia Tarseion, identificada con la actual Cartagena.
Ante lo enigmático de las fuentes semíticas (en ausencia de fuentes fenicias -con la posible excepción de la estela de Nora-, las referencias al Tarshish de la Biblia), la parte principal de la información protohistórica proviene de un limitado corpus de fuentes griegas y romanas (las referencias a Τάρτησσος y a Tartessus en Estesícoro, Anacreonte, Heródoto, Avieno, etc. -se ha llegado incluso a considerar la Atlántida de Platón-). La relación entre los hallazgos arqueológicos y esas referencias protohistóricas está siendo constantemente revisada.El valor de las fuentes literarias en Artehistoria
La civilización tartésica se construyó sobre una estructura socioeconómica de base ganadera y agraria (las vacas de Gerión), a la que posteriormente se añadió la explotación de las minas de la zona (la plata que da nombre al rey Argantonio). El auge de esta cultura tuvo lugar entre los siglos IX y VII a. C., coincidiendo con la etapa en que los fenicios se asentaron en factorías costeras para la adquisición de metales a cambio de productos elaborado que eran adquiridos por la élite tartésica como productos de lujo y prestigio.
Estos intercambios contribuyeron al desarrollo de la sociedad autóctona. Modificaron los ritos funerarios tartésicos y, probablemente, acentuaron la estratificación social. Hay pruebas que indican que la aristocracia tartésica explotó a la población que trabajaba en las minas y en los campos en su propio beneficio.
A partir del , Tartessos desaparece de las fuentes escritas, y la cultura material entra en una etapa de decadencia. Se han aducido desde causas externas, manifestadas de forma violenta (la imposición -a partir de la batalla de Alalia- de la colonización territorial cartaginesa, que habría destruido Tartessos, bien físicamente como ciudad, o bien en su entidad política); hasta causas endógenas, manifestadas de forma gradual (agotamiento de las vetas de mineral aprovechables, que habría acabado con el comercio colonial fenicio y habría llevado a las culturas nativas de nuevo a una economía exclusivamente agrícola y ganadera).
Íberos thumb|left|Placa de plomo proveniente del poblado ibérico de la Peña del Moro. thumb|La Dama de Elche (Museo Arqueológico Nacional de Madrid). Desde su descubrimiento ha sido considerada la obra más importante del arte ibérico. Posiblemente su función era funeraria, al disponer de una cavidad posterior destinada para depositar las cenizas.
Los pueblos denominados "íberos" son los situados en toda la franja costera mediterránea, desde los Pirineos hasta Gades (Cádiz), incluyendo los valles del Ebro y el Guadalquivir. Las influencias culturales de griegos y cartagineses, se superponen sobre unos rasgos básicos, relativamente homogéneos, que proceden de una evolución autóctona de las culturas del Bronce peninsular: poblados fortificados de tamaño variable, desde ciudades a aldeas, a menudo en colinas y elevaciones de terreno, economía agrícola y ganadera, comercio con productos artesanales y minerales que intercambiaban con los colonizadores.
Entre los siglos V y III a. C., los distintos pueblos íberos adquirieron grados de desarrollo social y político diversos. La mayor parte desarrollaron una élite dirigente aristocrática que controlaba la producción del campesinado e imponía su dominio mediante la fuerza militar, como muestran los ajuares funerarios, cargados de armas (la famosa falcata ibérica) y con iconografía exaltadora de los valores guerreros. En ciertos pueblos se llegó a instituir el mandato personal de un líder o régulo. La conquista de cartagineses y romanos impidió su desarrollo y sometió a todos ellos al dominio externo.