La Revuelta de la Vacuna fue un motín popular ocurrido entre el 10 y el 16 de noviembre de 1904 en la ciudad de Río de Janeiro, Brasil. El motivo inmediato fue una ley que establecía la obligatoriedad de la vacunación contra la viruela pero también estuvo asociada a causas más profundas como las reformas urbanas que se realizaban por parte del alcalde Pereira Passos y las campañas de saneamiento lideradas por el médico Oswaldo Cruz.

A inicios del , el planeamiento urbano de la ciudad de Río de Janeiro, heredado del periodo colonial e imperial, no resultaba adecuado a su condición en ese momento de capital republicana y centro de las actividades económicas. Además, la ciudad sufría serios problemas de salud pública. Enfermedades como la viruela, la peste bubónica y la fiebre amarilla asolaban a la población y preocupaban a las autoridades. En un intento de modernizar la ciudad y controlar esas epidemias, el presidente Rodrigues Alves inició una serie de reformas urbanas y sanitarias que cambiaron la geografía de la ciudad y la cotidianeidad de su población. Los cambios arquitectónicos de la ciudad quedaron a cargo del ingeniero Pereira Passos, nombrado alcalde del entonces Distrito Federal. Las calles fueron ensanchadas, los cortizos fueron demolidos y la población fue removida de sus antiguas moradas, pobreza urbana resultante del periodo de esclavitud en Brasil, abolido en 1888. La remoción de los cortizos generó que las personas empezaran a ocupar los cerros cercanos a la ciudad en el inicio del proceso de favelización. Al médico Oswaldo Cruz, que asumió la Dirección General de Salud Pública en 1903, le cupo la campaña de saneamiento de la ciudad, que buscaba erradicar la fiebre amarilla, la peste bubónica y la viruela. Con ese objetivo, en junio de 1904, el gobierno hizo un proyecto de ley que hacía obligatoria la vacunación de la población. La ley generó debates exaltados entre los legisladores y la población y, a pesar de la fuerte campaña de oposición, fue aprobada el 31 de octubre de ese año.

El desencadenante de la revuelta fue la publicación de un proyecto de reglamento de la aplicación de la vacuna obligatoria en el periódico A Notícia, el 9 de noviembre de 1904. El proyecto exigía comprobantes de vacunación para matrículas en las escuelas, para obtener empleos, viajes, hospedajes y matrimonios. Se preveía también el pago de multas para quien se resistiera a la vacunación. Cuando la propuesta fue presentada por la prensa, el pueblo indignado y contrariado inició una serie de conflictos y manifestaciones que se extendieron por cerca de una semana. Aunque la vacunación obligatoria había sido el desencadenante de la revuelta, pronto las protestas pasaron a dirigirse a los servicios públicos en general y a los representantes del gobierno, en especial contra las fuerzas represivas. Un grupo de militares florianistas y positivistas, con el apoyo de algunos sectores civiles, intentó aprovechar el descontento popular para dar un Golpe de Estado la madrugada del día 14 al día 15 de noviembre que, sin embargo, fue derrotado.

El día 16 de noviembre se decretó el estado de sitio y la suspensión de la vacunación obligatoria. Dada la represión sistemática y el término del motivo inicial, el movimiento cesó. Durante la represión que siguió a la revuelta, las fuerzas policiales apresaron a varios sospechosos e individuos considerados revoltosos tuvieran relación con la revuelta o no. El saldo total fue de 945 personas presas en la isla de las Cobras, 30 muertes, 110 heridos y 461 deportados hacia el estado de Acre.

Contexto thumb|276px|Cortiço Cabeza de Puerco, el más populoso de la ciudad de Río de Janeiro A fines del , al mismo tiempo que se daban los movimientos que pusieron fin a la esclavitud y a la monarquía y las revueltas que convulsionaron los primeros años del nuevo régimen, grandes cantidades de inmigrantes europeos y ex esclavos de las zonas cafetaleras en decadencia llegaron a Río de Janeiro. La ciudad pasó por un proceso de industrialización y aumento poblacional, elevándose de a habitantes entre 1890 y 1906. La presión por viviendas llevó a los propietarios de grandes casonas imperiales y coloniales, que ocupaban la región central de la ciudad, a subdividirlos internamente en varios cubículos, transformándolos en pensiones y cortiços y alquilándolos para familias enteras, el más conocido de ese periodo fue el cortiço Cabeça de Porco (en español: "Cabeza de Puerco"), ubicado en el centro de la ciudad y demolido en 1893, algunos de sus moradores ocuparon en seguida lo vendría a ser el Morro da Providência, su remoción es vista como un hito en la remodelación de la ciudad según los historiadores. Las precarias condiciones sanitarias favorecían a la proliferación de enfermedades como la peste bubónica, la fiebre amarilla y la viruela, endémicas en Río de Janeiro, especialmente en las zonas más pobres. Las epidemias dieron a Río de Janeiro la fama de ciudad pestilente y mortífera, ahuyentando a los extranjeros, recelosos de contagiarse, y el planeamiento urbano heredado del periodo colonial y del imperio no era adecuado para su condición de capital y centro de las actividades económicas de Brasil en aquel periodo.

En ese contexto, Rodrigues Alves asumió la presidencia de la república en noviembre de 1902. En su primer mensaje al congreso, declaró que los problemas de la capital afectaban y perturbaban el desarrollo nacional como un todo y adoptó como prioridades de su gobierno el saneamiento y mejoramiento del puerto de Río de Janeiro. Rodrigues Alves heredó de Campos Sales una economía temporalmente estabilizada luego de la crisis del encilhamento, gracias as la recuperación de los precios del café en el mercado internacional y a su austera e impopular política financiera. Sin cambiar de modo significativo la política financiera de su antecesor, Rodrigues Alves se decantó por un programa intensivo de obras públicas, financiado por recursos externos, que consiguió dar inicio a la recuperación económica.

Causas de la revuelta Contando con una amplia mayoría en el congreso, Rodrigues Alves se puso pronto en acción para viabilizar las obras de saneamiento y reforma urbana de la ciudad. Dio a Lauro Müller, ministro de industria, vialidad y obras públicas, el encargo de la reforma del puerto con poderes y recursos discrecionales. La ley presupuestal del 30 de diciembre de 1902 dotó al ministerio de muchos recursos destinados a las obras de reestructuración y expansión del puerto que, además de modernizar el muelle ya existente, pretendía ensanchar las instalaciones portuarias de Prainha, pasando por la playa de São Cristóvão, hasta la Ponta do Caju. La misma ley autorizaba la emisión de títulos con vistas a la ampliación del capital destinado a inversión. Liberaba también cualquier préstamo que fuera concertado por las contratistas encargadas de la obra, en cualesquiera términos y con cualquier agencia de crédito, y también pA mesma lei autorizava a emissão de títulos com vistas à ampliação do capital destinado ao investimento. Liberava, também, qualquer empréstimo que viesse a ser concertado pelas encarregadas das obras, em quaisquer termos e com quaisquer agências de crédito, y además daba su consentimiento a las demoliciones y a la construcción de obras paralelas al muelle, adyacentes o conectadas a las instalaciones portuarias, que garantizaran el almacenamiento y la libre y rápida circulación de las mercancías intercambiadas.

A pesar de ser el más importante del país y uno de los puertos con más movimiento del continente americano, el puerto de Río de Janeiro todavía presentaba una estructura antiguada y pequeña, incompatible con el papel fundamental que tenía para la economía brasileña. Los límites del muelle y la poca profundidad impedían el atraque de los grandes trasatlánticos que quedaban anclados a lo ancho, obligando a un complicado, lento y costoso sistema de trasbordo para mercancías y pasajeros a embarcaciones menores. Una vez que las mercancías eran depositadas en tierra firma, continuaban los problemas. El espacio entre los pantalanes era muy pequeño para almacenar los artículos destinados al mercado nacional e internacional. Los productos debían ser llevados a entroncamientos ferroviarios que unían Río de Janeiro al resto del país en coordinación con la navegación de cabotaje. Las calles de la ciudad todavía eran rutas coloniales, estrechas, tortuosas, oscuras y con declives muy acentuados. De esa manera, el mejoramiento del puerto implicaba también una amplia reforma urbana.

Reforma urbana miniatura|276px|El ingeniero Pereira Passos, nombrado por Rodrigues Alves como alcalde del Distrito Federal para realizar las reformas urbanas en la ciudad. El ingeniero Pereira Passos fue nombrado como alcalde del Distrito Federal para realizar las reformas necesarias. Sabiendo de la extensión y urgencia de las obras que debía ejecutar y previendo las resistencias y reacciones de la población a las demoliciones, Passos exigió plena libertad de acción para aceptar el cargo, sin estar sujeto a problemas legales, presupuestales o materiales. Rodrigues Alves, a través de la ley del 29 de diciembre de 1902, creó un nuevo estatuto de organización municipal para el Distrito Federal, atribuyendo al alcalde con amplios poderes. La ley establecía que las autoridades judiciales, federales o locales no podrían revocar las medidas y los actos administrativos del municipio ni conceder interdictos posesorios contra los actos del gobierno municipal ejercidos por razones imperativas; acababa con cualquier control o demora burocrática de las reformas y, en los casos de demolición, desalojo o interdicción, habría apenas un auto fijado en el lugar, estableciendo penalidades contra quienes desobedezcan; disponía el desalojo de los moradores de los edificios a ser demolidos, así como la remoción de los respectivos muebles y enseres, que serían hechos por la policía. Al mismo tiempo en que empezó las obras, Pereira Passos tomó una serie de medidas que buscaban prohibir y alterar las formas de trabajo, esparcimiento y sociabilidad consideradas incompatibles con una capital cosmopolita y moderna. Prohibió perros callejeros y vacas lecheras en las calles; mandó que se asilara a los mendigos; prohibió el cultivo de hortalizas y los campos de pastoreo, la crianza de cerdos, la venta ambulante de billetes de lotería, mandó también que no se escupiera en las calles y dentro de los vehículos, que no se orinase fuera de los mingitorios y no se volaran cometas.

Las obras del puerto fueron contratadas en 1903 con la firma inglesa C. H. Walker, que contruyó los muelles de Buenos Aires, e iniciaron en marzo de 1904, compreendiendo en su primera parte el trecho de 600 metros que iba desde Mangue hasta el trapiche de Gamboa. Las obras complementarias de la avenida Central, de la avenida del Muelle (actual avenida Rodrigues Alves) y del canal del Mangue quedaron a cargo del mismo gobierno federal bajo la dirección de una comisión cuyo ingeniero en jefe era Paulo de Frontin. Las expropiaciones para la construcción de la nueva avenida comenzaron en diciembre de 1903 y las demoliciones en febrero de 1904 cuando también se iniciaron las obras del canal del Mangue. Paralelamente, la alcaldía se encargó de las obras de ensanchamiento de algunas calles del centro.