La Decimoséptima Enmienda a la Constitución de los Estados Unidos (Enmienda XVII) establece la elección directa del Senado de Estados Unidos por votación popular. La enmienda sustituye el Artículo I, Sección 3, Cláusulas 1 y 2 de la constitución, bajo las cuales el Senado era elegido por las Legislaturas Estatales. También altera el método de llenado de vacantes en el Senado, para que sea consistente con el método de elección. Fue adoptada en abril de 1913.
Texto
120px|thumb|center|Enmienda XVII
Antecedentes
Composición original Originalmente, según el Artículo I, Sección 3, Cláusulas 1 y 2 de la Constitución, cada legislatura estatal elegía a los senadores de su estado por un período de seis años.Cada estado, sin importar su tamaño, tiene derecho a dos senadores como parte del Compromiso de Connecticut entre los estados pequeños y los grandes.Esto contrastaba con la Cámara de Representantes, un cuerpo elegido por voto popular, y fue descrito como una decisión no controvertida; en ese momento, James Wilson fue el único defensor de la elección popular del Senado, pero su propuesta fue rechazada por 10 votos contra 1.El método original de elección de senadores tenía muchas ventajas. Antes de la Constitución, un organismo federal era aquel en el que los estados formaban poco más que tratados permanentes, mientras los ciudadanos mantenían su lealtad a su estado de origen. Sin embargo, bajo la nueva Constitución, el gobierno federal recibió sustancialmente más poder que antes. Hacer que las legislaturas estatales eligieran a los senadores tranquilizó a los antifederalistas, ya que les garantizaba cierta protección contra la absorción de los estados y sus poderes por parte del gobierno federal,además de proporcionar un control sobre el poder del propio gobierno federal.
Además, los mandatos más largos y la ausencia de elección popular convirtieron al Senado en un cuerpo capaz de contrarrestar el populismo de la Cámara de Representantes. Mientras que los representantes operaban en un ciclo de elección directa de dos años, lo que los hacía responder con frecuencia ante sus electores, los senadores podían permitirse “adoptar una visión más desapegada de los asuntos que llegaban al Congreso”.Las legislaturas estatales conservaban el derecho teórico de “instruir” a sus senadores para votar a favor o en contra de propuestas, otorgando así a los estados una representación tanto directa como indirecta en el gobierno federal.El Senado formaba parte de un bicameralismo formal, en el que los miembros del Senado y de la Cámara respondían a circunscripciones completamente distintas; esto ayudaba a evitar que el gobierno federal estuviera sujeto a “intereses particulares”.Los miembros de la Convención Constitucional consideraban al Senado como un paralelo de la Cámara de los Lores británica, como una “cámara alta” compuesta por los “mejores hombres” de la sociedad, pero diferente en cuanto a que serían elegidos conscientemente por las cámaras altas de las legislaturas estatales por períodos fijos, y no simplemente por herencia vitalicia. Se esperaba que, debido a su estatus, ofrecieran deliberaciones más capaces y una mayor estabilidad que la Cámara de Representantes.
Cuestiones Quienes estaban a favor de las elecciones populares para senadores creían que las disposiciones originales causaban dos problemas principales: la corrupción legislativa y los empates electorales.Existía la percepción de que las elecciones senatoriales eran “compradas y vendidas”, cambiando de manos a cambio de favores y sumas de dinero en lugar de basarse en la competencia del candidato. Entre 1857 y 1900, el Senado investigó tres elecciones por corrupción. En 1900, por ejemplo, William A. Clark renunció después de que un comité del Senado concluyera que había comprado votos en la legislatura de Montana. Sin embargo, los analistas conservadores Jay Bybee y Todd Zywicki sostienen que esta preocupación era en gran medida infundada; había una “escasez de información concreta” sobre el tema.En más de un siglo de elecciones legislativas de senadores estadounidenses, solo diez casos fueron impugnados por acusaciones de conducta inapropiada.
Los empates electorales eran otro problema. Dado que las legislaturas estatales eran las encargadas de decidir a quién nombrar como senadores, el sistema dependía de su capacidad para llegar a un acuerdo. Algunos estados no lo lograban y, por tanto, retrasaban el envío de senadores al Congreso; en algunos casos, el sistema colapsaba hasta el punto de que los estados carecían por completo de representación en el Senado.Los empates comenzaron a convertirse en un problema en la década de 1850, cuando una legislatura de Indiana bloqueada permitió que un escaño en el Senado permaneciera vacante durante dos años.El punto de inflexión llegó en 1865 con la elección de John P. Stockton (D-NJ), que se produjo después de que la legislatura de Nueva Jersey cambiara sus reglas sobre la definición de quórum y, por tanto, la elección se realizara por pluralidad en lugar de por mayoría absoluta.
En 1866, el Congreso actuó para estandarizar un proceso de dos pasos para las elecciones senatoriales.En el primer paso, cada cámara de la legislatura estatal se reunía por separado para votar. Al día siguiente, ambas cámaras se reunían en “asamblea conjunta” para evaluar los resultados y, si una mayoría en ambas cámaras había votado por la misma persona, esta era elegida. Si no era así, la asamblea conjunta debía votar por un senador, con cada miembro emitiendo un voto. Si nadie obtenía una mayoría, la asamblea conjunta estaba obligada a seguir reuniéndose todos los días para realizar al menos una votación hasta que un senador fuera elegido.Aun así, entre 1891 y 1905, 46 elecciones quedaron estancadas en 20 estados;en un caso extremo, un escaño en el Senado por Delaware permaneció vacante desde 1899 hasta 1903.El proceso de realizar las elecciones también causaba una gran interrupción en las legislaturas estatales: en 1897, un tercio de la Cámara de Representantes de Oregón se negó a jurar el cargo debido a una disputa por un escaño vacante en el Senado. Como resultado, la legislatura de Oregón no pudo aprobar leyes ese año.
Zywicki vuelve a sostener que esto no fue un problema grave. Los estancamientos eran un inconveniente, pero representaban la excepción más que la norma; muchas legislaturas no tuvieron ningún bloqueo electoral. La mayoría de las que sí los experimentaron en el eran los recién admitidos estados del oeste, que sufrían de “legislaturas inexpertas y una débil disciplina partidaria… conforme las legislaturas occidentales adquirieron experiencia, los estancamientos se volvieron menos frecuentes”. Aunque Utah enfrentó bloqueos en 1897 y 1899, estos se convirtieron en lo que Zywicki denomina “una buena experiencia de aprendizaje”, y Utah nunca más dejó de elegir senadores.Otra preocupación era que, cuando ocurrían los estancamientos, las legislaturas estatales no podían llevar a cabo sus demás funciones normales; sin embargo, James Christian Ure, escribiendo en el South Texas Law Review, señala que esto en realidad no sucedía. En situaciones de estancamiento, las legislaturas estatales solían manejar el asunto realizando “una votación al inicio del día, tras lo cual los legisladores continuaban con sus labores normales”.
Con el tiempo, las elecciones legislativas celebradas en los años de elección senatorial de un estado llegaron a ser percibidas como tan dominadas por el asunto de escoger senadores que la elección de éstos distraía al electorado de todos los demás temas pertinentes.El senador John H. Mitchell señaló que el Senado se había convertido en el “asunto vital” de todas las campañas legislativas, ya que las posturas políticas y las cualificaciones de los candidatos a las legislaturas estatales eran ignoradas por los votantes, quienes estaban más interesados en la elección indirecta de senadores.Para remediar esto, algunas legislaturas estatales crearon “elecciones consultivas” que funcionaban como elecciones generales de facto, permitiendo que las campañas legislativas se enfocaran en los asuntos locales.
Llamados a la reforma izquierda|miniaturadeimagen|252x252px|William Jennings Bryan hizo campaña a favor de la elección popular de los senadores de Estados Unidos. Los llamados a una enmienda constitucional sobre las elecciones al Senado comenzaron a inicios del , cuando Henry R. Storrs propuso en 1826 una enmienda para establecer la elección popular.Enmiendas similares se introdujeron en 1829 y 1855, siendo Andrew Johnson el promotor más destacado, quien planteó el tema en 1868 y consideró que los méritos de la idea eran “tan evidentes” que no requerían mayor explicación.Como se mencionó anteriormente, en la década de 1860 hubo una gran disputa en el Congreso sobre este tema, cuando la Cámara y el Senado votaron para vetar el nombramiento de John P. Stockton al Senado debido a que había sido aprobado por una pluralidad y no por una mayoría de la Legislatura de Nueva Jersey. En reacción, el Congreso aprobó una ley en julio de 1866 que exigía que las legislaturas estatales eligieran a los senadores por mayoría absoluta
Para la década de 1890, el apoyo a la introducción de la elección directa de los senadores había aumentado considerablemente, y los reformistas trabajaban en dos frentes. En el primero, el Partido Populista incorporó la elección directa de senadores en su Plataforma de Omaha, adoptada en 1892.En 1908, Oregón aprobó la primera ley que basaba la selección de senadores de Estados Unidos en una votación popular. Pronto le siguió Nebraska.Los defensores de la elección popular señalaron que diez estados ya contaban con elecciones primarias no vinculantes para candidatos al Senado,en las cuales los candidatos eran votados por el público, sirviendo efectivamente como referendos consultivos que instruían a las legislaturas estatales sobre cómo votar;los reformistas hicieron campaña para que más estados adoptaran un método similar.
Efectos La Decimoséptima Enmienda modificó el proceso de elección de los senadores de los Estados Unidos y cambió la forma en que se llenarían las vacantes. Originalmente, la Constitución exigía que las legislaturas estatales llenaran las vacantes en el Senado.
Según el juez Jay S. Bybee, la Decimoséptima Enmienda tuvo un impacto drástico en la composición política del Senado de los Estados Unidos.Antes de que la Corte Suprema estableciera el principio de “una persona, un voto” en Reynolds v. Sims (1964), el desproporcionado reparto de escaños en las legislaturas estatales era común. Por ejemplo, los condados rurales y las ciudades podían tener “igual peso” en las legislaturas estatales, lo que permitía que un voto rural equivaliera a 200 votos urbanos. Las legislaturas estatales con esa desproporción habrían otorgado a los republicanos el control del Senado en las elecciones senatoriales de 1916. Con la elección directa, en la que cada voto tenía el mismo valor, los demócratas mantuvieron su bastión en el Sur y compensaron las ganancias republicanas netas en el Nordeste al obtener nuevos escaños en Nuevo México, Utah y Wyoming, conservando así el control del Senado.De manera similar, Bybee considera que la “Revolución Republicana” de 1994 no habría ocurrido sin la elección directa de senadores; en su lugar, los demócratas habrían controlado 70 escaños en el Senado frente a los 30 de los republicanos.