La primera guerra médica consistió en la primera invasión persa de la Antigua Grecia, durante el transcurso de las guerras médicas. Comenzó en , y concluyó con la decisiva victoria ateniense en la batalla de Maratón en La invasión, que constó de dos campañas distintas, fue ordenada por el rey persa Darío I, fundamentalmente con el objetivo de castigar a las polis (ciudades) de Atenas y Eretria. Estas habían apoyado a las ciudades de Jonia durante la revuelta jónica contra el gobierno persa de Darío I. Además de una acción de represalia ante su actuación en la revuelta, el rey aqueménida también vislumbró la oportunidad de extender su imperio en Europa y asegurar su frontera occidental.
La primera campaña () fue dirigida por Mardonio, quien volvió a subyugar Tracia y obligó a Macedonia a ser vasalla del reino de Persia. Sin embargo, el progreso de la expedición militar fue impedido por una tormenta que sorprendió a la flota del general persa mientras costeaba el monte Athos. El siguiente año, habiendo dado muestras de sus intenciones, Darío despachó embajadores a todas partes de Grecia pidiendo la sumisión. Recibió la misma de todas excepto Atenas y Esparta, las cuales ejecutaron a los embajadores. Con Atenas desafiante y Esparta en guerra contra él, Darío ordenó una campaña militar para el siguiente año.
La segunda campaña () estuvo bajo el mando de Datis y Artafernes. La expedición se dirigió primero a la isla de Naxos, que fue capturada e incendiada, y a continuación fue pasando de isla en isla por el resto de las Cícladas, anexionándolas al Imperio persa. La expedición desembarcó en Eretria, que fue sitiada, y tras un corto período de seis días, tras esto, capturada y arrasada, sus ciudadanos fueron esclavizados. Por último, el ejército expedicionario se dirigió al Ática, desembarcando en Maratón, en su ruta hacia Atenas. Allí se topó con un ejército ateniense mucho más pequeño que, sin embargo, obtuvo una victoria destacada en la batalla de Maratón.
Dicha derrota evitó que la campaña concluyera en éxito, y la fuerza expedicionaria regresó a Asia. No obstante, la expedición había logrado la mayoría de sus objetivos al castigar a Naxos y Eretria y colocar a gran parte del mar Egeo bajo el dominio persa. Las metas sin alcanzar durante la campaña hicieron que Darío preparase una invasión mucho mayor a Grecia para subyugarla firmemente y castigar a Atenas y Esparta. Sin embargo, los conflictos internos del imperio retrasaron dicha expedición, y luego Darío, ya de edad avanzada, falleció. Fue así que su hijo Jerjes I lideró la segunda invasión persa a Grecia, que comenzó en el año
Historiografía
La principal fuente de las guerras médicas es el historiador griego Heródoto. La historiografía le considera el «padre de la Historia»,Cicerón, Sobre las leyes i.5 Nació en , en Halicarnaso, ciudad griega de Asia Menor, en aquel entonces gobernada por los persas. Escribió su obra Historia entre el 440 y , intentando rastrear los orígenes de las guerras greco-persas, que aún se habrían considerado historia reciente (finalizaron por completo en ) El enfoque de Heródoto fue completamente novedoso, y al menos para la sociedad occidental, Heródoto es considerado el inventor de la Historia tal y como la conocemos hoy. Como expresa Holland:
Muchos historiadores antiguos posteriores, aunque siguieron sus pasos, ridiculizaron a Heródoto. El primero de ellos, Tucídides.Tucídides, Historia de la Guerra del Peloponeso, I, 22 No obstante, Tucídides decidió continuar su historia donde la dejaba Heródoto (en el sitio de Sestos), por lo que se presupone que consideró que Heródoto había hecho un buen trabajo resumiendo la historia precedente. Plutarco criticó a Heródoto en su ensayo "Sobre la malevolencia de Heródoto", donde describía al historiador como Philobarbaros (amante de los bárbaros), por no ser lo suficientemente favorable a los griegos. Lejos de desprestigiarle, este hecho hace suponer que Heródoto mantuvo un punto de vista bastante objetivo.Holland, p. xxiv. La visión negativa sobre Heródoto llegó hasta la Europa renacentista, aunque siguió siendo profusamente leído. Sin embargo, desde el , su reputación ha sido rehabilitada espectacularmente por hallazgos arqueológicos que confirmaban repetidamente su versión de los eventos.Holland, p. 377. La visión moderna considera que Heródoto hizo generalmente un trabajo notable en su Historia, pero también que algunos detalles específicos, especialmente fechas y cifras, deben ser contemplados con escepticismo. En cualquier caso, siguen existiendo historiadores que consideran que Heródoto inventó gran parte de su historia.Fehling, pp. 1-277.
El historiador siciliano Diodoro Sículo, en su obra Biblioteca histórica escrita en el , también hace una crónica de las guerras médicas, tomando como fuente principal al historiador griego Éforo de Cime. Este relato es bastante consistente con el de Heródoto.Diodoro Sículo, Biblioteca Histórica Las guerras médicas son también descritas en menor detalle por un gran número de historiadores antiguos, incluyendo a Plutarco y Ctesias de Cnido, y se hace alusión a las mismas por parte de muchos otros escritores como el dramaturgo Esquilo. Las evidencias arqueológicas, entre las que se encuentra la Columna de las Serpientes, respaldan algunos datos específicos del relato de Heródoto.Nota a Heródoto IX, 81
Antecedentes
La primera invasión persa de Grecia tuvo sus raíces inmediatas en la revuelta jónica, primera fase de las guerras médicas. Sin embargo, también fue el resultado de una interacción más antigua entre griegos y persas. En el Imperio aqueménida era aún relativamente joven y con ansias expansionistas, pero vulnerable a las sublevaciones entre sus súbditos.Holland, pp. 47-55.Holland, pp. 58-62.Holland, p. 203. Por si eso no fuera suficiente, el rey persa Darío era un usurpador, y hubo de extinguir numerosas revueltas contra su reinado. Previamente a la revuelta jónica, Darío comenzó a expandir el Imperio en Europa, subyugando Tracia y forzando a Macedonia a convertirse en su aliado. Es muy posible que los intentos de invadir el resto de la políticamente fraccionada Grecia resultaran inevitables.Fine, p. 276. La revuelta jónica amenazó directamente la misma integridad del Imperio persa, y los estados de la Grecia europea seguían representando una potencial amenaza para su estabilidad futura.Holland, pp. 171-178. Por tanto, Darío decidió someter y pacificar Grecia y el Egeo, al tiempo que escarmentaba a los implicados en la revuelta.Heródoto V, 105
La revuelta jónica había comenzado con la infructuosa expedición contra Naxos, empresa común del sátrapa Artafernes y del tirano de Mileto, Aristágoras.Holland, pp. 154-157. Tras el incidente, Artafernes decidió apartar a Aristágoras del poder; pero antes de que pudiera hacerlo, Aristágoras abdicó, declarando a Mileto una democracia. El resto de ciudades de Jonia, al borde de la rebelión, siguieron sus pasos, expulsando a sus tiranos nombrados por Persia y declarándose igualmente democracias.Heródoto V, 97 Artistágoras acudió a los estados de la Grecia europea en busca de apoyo, pero solo Atenas y Eretria le ofrecieron tropas.Holland, pp. 157-161.
La participación griega en la revuelta jónica es consecuencia de un complejo cúmulo de circunstancias, que comienzan con el establecimiento de la democracia ateniense a finales del En , con la ayuda de Cleómenes I, rey de Esparta, los atenienses habían expulsado al tirano Hipias, quien gobernaba la ciudad.Heródoto V, 65 Junto a su padre Pisístrato, la familia de Hipias había gobernado en Atenas 36 de los últimos 50 años. Hipias huyó a la corte de Artafernes, sátrapa persa de Sardes, y le prometió el control de Atenas si le ayudaba a recuperar el gobierno.Heródoto V, 96 Entretanto, Cleómenes instaló una tiranía pro-espartana en Atenas, personificada en Iságoras, y opuesta a Clístenes, líder de la poderosa familia de los Alcmeónidas, que se consideraban herederos naturales del gobierno de Atenas.Holland, pp. 131-132. En una audaz maniobra, Clístenes prometió a los atenienses que instauraría una 'democracia' en Atenas, ante el horror del resto de la aristocracia. Las razones de Clístenes para sugerir una medida tan drástica, que reduciría sensiblemente el poder de su propia familia, no están claras. Es posible que percibiera que esos días de gobierno aristocrático finalizarían de cualquier modo; ciertamente deseaba evitar por cualquier medio que Atenas se convirtiera en un títere de Esparta. Por desgracia, a raíz de su propuesta, Clístenes y su familia fueron exiliados de Atenas por Iságoras, junto a otros disidentes. Habiéndoles sido prometida una democracia, los atenienses aprovecharon el momento y se rebelaron, expulsando a Cleómenes y a Iságoras.Holland, pp. 133-136. Clístenes regresó entonces a la ciudad () y comenzó a establecer un gobierno democrático a un ritmo vertiginoso. La llegada de la democracia supuso una revolución en Atenas, que desde entonces se convirtió en una de las grandes potencias de Grecia. La recién llegada libertad y autogobierno de los atenienses implicaban una ulterior intolerancia al regreso de la tiranía de Hipias o cualquier otra forma de sometimiento, ya fuera por Esparta, Persia o terceros.
miniatura|left|Darío I de Persia, imaginado por un pintor griego,
Cleómenes, como es lógico, no estaba demasiado contento con la situación, y marchó sobre Atenas con el ejército espartano.Holland, pp. 136-138. Los intentos del lacedemonio para restaurar a Iságoras en el gobierno terminaron en debacle, no obstante los atenienses, temiendo lo peor, ya habían enviado embajadores a Artafernes, a la ciudad de Sardes, pidiendo ayuda al Imperio persa.Holland, p. 142. Artafernes solicitó que los atenienses le dieran «la tierra y el agua», símbolo tradicional de sumisión, a lo que accedieron los embajadores atenienses. A su regreso a Atenas, fueron censurados severamente por este hecho. En algún momento posterior, Cleómenes urdió un complot para reinstalar a Hipias en el gobierno de Atenas, que resultó inútil. Hipias huyó de nuevo a Sardes, e intentó persuadir a los persas para que sometieran Atenas.Heródoto V, 96 Los atenienses enviaron emisarios a Artafernes para disuadirle de emprender cualquier acción, ante lo que Artafernes respondió recomendándoles que aceptaran el regreso de Hipias en calidad de tirano. Los atenienses se opusieron, como era de esperar, y se declararon abiertamente en guerra con Persia. Habiéndose convertido así en enemiga del Imperio aqueménida, Atenas ya se encontraba predispuesta a apoyar a las ciudades jónicas cuando estalló la revuelta. El hecho de que las democracias jónicas estuvieran inspiradas por la ateniense sin duda ayudó en esta decisión, especialmente si es cierto que las ciudades jónicas fueron originalmente colonias atenienses.
La ciudad de Eretria también envió ayuda a los jonios, por razones no del todo claras. Posiblemente existían razones comerciales: Eretria era una ciudad comercial de la isla de Eubea, cuyo mercado se veía amenazado por la dominación persa del mar Egeo. Heródoto sugiere que los eretreios respaldaron la revuelta como agradecimiento al apoyo prestado por Mileto a su ciudad en una anterior guerra contra Calcis.Heródoto V, 98