Los armenios en el Imperio otomano residían en el territorio occidental y la Armenia otomana o Armenia Occidental, que hace referencia al territorio oriental de la península de Anatolia, que históricamente estuvo habitado por los armenios, y que pasó del Imperio bizantino a los turcos otomanos una vez conquistada Constantinopla (1453). Los límites de esta conquista variaron con el tiempo hasta quedar más o menos estables desde el hasta la partición del Imperio otomano en 1923. La zona donde se concentraba la mayor parte de la población armenia otomana comprendía seis valiatos o provincias (Bitlis, Diyarbakır, Mamuret-ul-Aziz, Erzurum, Sivas y Van).
Historia (1453-1829)
thumb|200px|Mehmed II Fatih (conquistador). izquierda|miniaturadeimagen|268x268px|Coronel de artillería del ejército otomano de origen armenio o judío, después de 1818, por William Page Tras la toma de Constantinopla por Mehmed II en 1453, los territorios de la Armenia bizantina pasaron a manos de los otomanos; sin embargo, en los años siguientes sus conquistas se ampliaron después de anexionarse el reino bizantino de Trebisonda en 1461 y los pequeños estados independientes surgidos tras la desintegración del Imperio selyúcida y que estaban situados entre persas y otomanos.
Tras los primeros choques entre las tropas de Mehmed II y las fuerzas selyúcidas, el Imperio otomano se extendió hasta la región de Erzincan. Mientras tanto, al otro lado de la frontera, los persas también se hicieron con el resto del territorio armenio una vez que acabaron con la resistencia de los turcomanos en 1472. A comienzos del , la victoria del sultán Selim I en la guerra entre persas y otomanos (1514-1516) condujo a la anexión de la mayor parte del territorio armenio que fue completada con las posteriores conquistas de Suleiman I y Murad III en 1585. Sin embargo, la derrota otomana en la siguiente guerra contra los persas en 1620, devolvió a estos últimos una parte de Armenia oriental. Armenia fue durante un siglo un campo de batalla entre dos imperios y por ello su territorio fue devastado y saqueado tras cada batalla que tenía lugar.
thumb|200px|Suleiman I con su ejército en Nakhichevan durante el verano boreal de 1554.
El control otomano sobre Armenia supuso un progreso relativamente sensible con respecto a las dominaciones anteriores. Los sultanes tenían un fuerte poder centralizado y un aparato administrativo inspirado en el del Imperio bizantino, gracias a lo cual impusieron un relativo orden en todo el territorio.
Desde el el sultán había otorgado a la Iglesia armenia ciertos poderes, que fueron reforzados un siglo después con la introducción del sistema de millet (comunidades confesionales). Ello condujo a que con el tiempo el patriarca armenio de Constantinopla llegara a ostentar un poder casi absoluto sobre los armenios. Hasta la llegada de las reformas de este sistema en el , la iglesia y sus pontífices acumularon poder y riquezas ejerciendo un mandato que no venía de su pueblo sino de los deseos del sultán.
Los derechos del Patriarca armenio fueron precisados en 1764. Como cabeza del millet, era responsable de las prerrogativas espirituales pero también de otras de carácter civil, tales como los matrimonios, actos notariales, beneficencia, enseñanza, derechos de imprenta y censura. Tenía la potestad de juzgar y castigar a todos los armenios en materia de herejías, insubordinación, fraude fiscal y también podía solicitar la pena de muerte para los condenados. alt=|izquierda|miniaturadeimagen|247x247px|Fotografía en vida de Garabed Artin Pasha Davoudian (Davoud Pasha), primer Gobernante de origen Armenio del Monte Líbano, desde 1861 hasta 1868. Si bien los armenios, como el resto de los miembros de confesiones no musulmanas, fueron considerados como súbditos de segunda categoría, se puede decir que desde el , fecha a partir de la cual comienza el inicio de la decadencia gradual del Imperio otomano, los reducidos derechos de las minorías cristianas fueron más respetados y la justicia impartida por los tribunales imperiales relativamente imparcial. Los armenios encontraron en ellos una eficaz protección.
El historiador Nicolae Jorga relata la intervención enérgica del sultán Murad III en favor de los armenios de Valaquia cuando los ortodoxos los persiguieron por motivos religiosos en un intento de lograr su conversión.
Con el tiempo, la prosperidad de la comunidad armenia fue dando lugar a una clase poderosa, con grandes fortunas e influyente dentro del Imperio, conocida como los samiras; mientras que los esriafs constituían la burguesía comercial propiamente dicha, que incluía artesanos, pequeños empresarios y comerciantes. Junto a ellos el campesinado, mayoritariamente ubicado en Anatolia oriental, no desempeñó ningún papel en la política interna del millet, aunque sí lo hizo en la lucha nacionalista que tuvo lugar a lo largo del .
Tras la guerra de independencia de Grecia (1821-1829), y el consiguiente decaimiento de la comunidad griega en los círculos del poder otomano, los armenios tomaron el relevo y pasaron a ocupar cargos importantes incluso en las instituciones del estado. Uno de los grandes símbolos del auge armenio fue, por ejemplo, la dinastía de los Dadian que inició su andadura en el y cuyos descendientes llegaron a fundar y dirigir los arsenales del sultán. Durante décadas la clase dirigente armenia se había formado en universidades occidentales por lo que llegaron a ser expertos en materia de comercio internacional, intercambios financieros, joyería, además de tener un buen conocimiento de lenguas extranjeras y útiles contactos con Europa a través de las colonias que ellos mismos habían establecido.
También hubo una importante emigración interior, llegándose a formar importantes comunidades en Estambul, Izmir, Trabzon, Ankara y Kayseri.
Período de las Reformas (1830-1876)
Tras el Tratado de Edirne o Adrianópolis (14 de septiembre de 1829), el Imperio otomano se vio obligado a reconocer la autonomía de Serbia y los principados danubianos, estos bajo protección rusa, y la soberanía de Grecia. A partir de ese momento, se instituyó indirectamente el principio de protección del Imperio otomano por las potencias occidentales y, en especial, por Gran Bretaña. Ello significó, que la línea de acción principal pasaba por la explotación capitalista del territorio otomano y que preveía la voladura controlada o la reestructuración funcional de aquellas partes que no interesaran o que fueran susceptibles de un sustancial aprovechamiento.
thumb|250px|right|Sultán Abdülmecid I, iniciador de las Tanzimat con el Edicto de 1839 Fruto de la presión extranjera comenzaron a llevarse a cabo importantes cambios en la estructura administrativa y legal del Imperio durante el periodo conocido como de las Tanzimat (Reformas) entre 1839 y 1871. En lo que respecta a las minorías cristianas, las potencias europeas instaron al gobierno otomano para que mejorara la posición de estas comunidades, hasta ese momento integradas por súbditos considerados de segunda clase.
En 1831 el sultán Mahmud II reconoció el millet católico armenio, y tres años después la Iglesia evangélica (protestante) armenia abrió su primera escuela superior en el distrito estambulense de Pera (actual Beyoğlu).op. cit., p. 408.
El Edicto de Gülhane (Hatt-i Şerif), promulgado por Abdülmecid I en 1839, marcó el inicio de las reformas que en años sucesivos se llevaron a cabo con el fin de convertir a los súbditos en ciudadanos, y todos en igualdad ante la ley. El gobierno otomano creyó realmente que la introducción de reformas de estilo europeo era el único modo de salvar el Imperio.
A partir de 1845, el reclutamiento militar se universalizó para todos los ciudadanos, pero con el fin de evitar tensiones dentro del ejército, entre musulmanes y cristianos, se autorizó la exención del servicio mediante el pago de un impuesto especial. Además, la mayor parte de los griegos, judíos y armenios mostraban escaso entusiasmo en ingresar masivamente en las fuerzas armadas;op. cit. p. 409. la suma demandada era tan alta que para la mayor parte de los musulmanes esta opción fue inalcanzable.
En 1850 se constituyó la «nación protestante» armenia, dirigida por un obispo asistido por un comité laico encargado de gestionar los asuntos seculares de la comunidad.Dumont, Paul. Le période des Tanzimat, pp. 497-499.
Decreto Imperial de 1856
Tras la derrota otomana en la guerra de Crimea (1853-1856), las potencias europeas de nuevo presionaron al sultán para que aumentara las concesiones a las minorías no musulmanas. Y así, en 1856, mediante un decreto imperial (Hatt-i Hümayun) se garantizó la libertad de culto, la igualdad junto a los musulmanes ante la justicia y los impuestos, el acceso a todas las instancias administrativas y, sobre todo, el libre disfrute de su inmunidad tradicional, principalmente en materia de organización interna de las comunidades.
Acogidas con gran satisfacción por los no musulmanes, estas concesiones supusieron un arma de doble filo. Algunas, en lo esencial, tenían un carácter integrador y no podían por menos que contribuir a la fraternización de los distintos pueblos. Mas al dejar a las comunidades el derecho a gestionar libremente sus asuntos internos, la salud del Imperio se vio empeorada a causa de sus particularismos.
El texto de Reforma (Islahat Fermanı) no contentó sin embargo a los ciudadanos musulmanes. Estos consideraron un insulto el que, a partir de ese momento, fueran igualados al resto de los grupos religiosos, pues ello significaba comenzar a perder su posición predominante dentro de la sociedad otomana.Akçam, Taner. From Empire to Republic, p. 79.
Una de las principales razones para la pérdida de ese estatus fue la capacidad de las potencias imperialistas para asegurarse concesiones políticas y económicas tanto para ellas mismas como para las minorías cristianas que estaban bajo su protección.
Los ideales de unión y fraternidad defendidos por los reformadores obraron el efecto perverso de ayudar al renacimiento de las diversas «naciones» bajo el doble impulso de unas doctrinas prestadas por los nacionalismos europeos y un laissez faire otomano en el terreno de la administración comunitaria.
miniatura|izquierda|Mujeres armenias a fines del
Los armenios fueron los primeros en tomar conciencia de las posibilidades que se les abrían. Tras el edicto de 1856 el millet gregoriano, siguiendo los pasos del protestante, comenzó a secularizar su administración comunitaria, hasta ese momento controlada enteramente por el clero. Ello condujo a la aprobación de un reglamento para esta comunidad en 1863.
A lo largo del , el Imperio otomano quedó cada vez más expuesto a las influencias de la economía capitalista europea y a la penetración del comercio internacional. Varios grupos de minorías no musulmanas se convirtieron en los primeros receptores y promotores de estos flujos, saliendo beneficiados tanto económica como políticamente del nuevo sistema económico importado de Europa. Pese a ser numéricamente minoría, los no musulmanes se beneficiaron de privilegios culturales, económicos y sociales, que mejoraron su calidad y esperanza de vida. Por el contrario, a la mayor parte de la población musulmana, salvo unos pocos grupos de funcionarios y propietarios agrícolas, le tocó sufrir los cambios económicos pese a que ellos eran en teoría quienes ostentaban el control político de la maquinaria de un estado que se desintegraba rápidamente.Karpat, Kemal H. The Ottoman demography in the 19th century, p. 217.