El Combate naval de Talcahuano, también llamado Captura de la Fragata María Isabel o de la Expedición del Cantabria fue un hecho de armas ocurrido en la Bahía de Concepción en 1818 fruto del motín de la tropa española que comunicaron su situación y planes a las autoridades de Buenos Aires, quienes transmitieron la información al gobierno de Chile, permitiendo la captura de la fragata y los restos del convoy realista.
Antecedentes
La trama independentista en la sublevación
El gobierno rioplatense tenía agentes en Cádiz que le comunicaban las noticias importantes y los pormenores de las expediciones militares hacía América, lo que incluía influir sobre el espíritu de los oficiales españoles. Uno de ellos era Andrés Arguibel, natural de Buenos Aires, establecido en Cádiz y que mantenía una comunicación directa con Juan Martín de Pueyrredón. Arguibel, que se encargaba de comunicar al gobierno de Buenos Aires el zarpe de los buques de la expedición Cantabria, sería relacionado más tarde con la sublevación de la Grande Expedición al Río de la Plata, o Pronunciamiento de Riego, y trabajó con éxito para conseguir la rebelión en la fragata Trinidad, donde parte de la oficialidad española sublevó toda la tropa del regimiento Cantabria que terminó pasada a las filas del bando insurgente americano.
La sublevación del buque español Trinidad
El rey Fernando VII, negoció a través de agentes privados, sin conocimiento de la marina española, la compra de una serie de barcos rusos para la gran expedición contra las Provincias Unidas del Río de la Plata, uno de esos barcos, la fragata Patrikii (San Patricio), se empleó para en convoyar una expedición de refuerzo a las fuerzas realistas en Chile.
De acuerdo con este plan, el 21 de mayo de 1818 salió de Cádiz la renombrada fragata María Isabel, de cuarenta cañones, al mando del Capitán de Navío Manuel del Castillo y con un convoy de diez transportes que conducían una fuerza de 1.925 hombres. En un ambiente de una grave convulsión en España contra el absolutismo y de varios pronunciamientos militares, los soldados del Cantabria fueron embarcados a pesar de las protestas de la tropa, tras la ejecución de algunos suboficiales. Durante su travesía, además, la expedición tuvo varios contratiempos. El capitán Castillo a la altura de las Islas Canarias sufrió una parálisis, debiendo ser desembarcado en Tenerife, por lo que tomó el mando el Teniente de Navío Dionisio Capaz. El convoy naval quedó disperso por un temporal en las islas de Cabo Verde. Y una gran epidemia de escorbuto se propagó entre los transportes.
El hecho decisivo fue que el gobierno de Bernardo O'Higgins, a través de Buenos Aires, tuvo noticias inmediatas de esta expedición debido a una triunfante sublevación la noche del 22 a 23 de agosto de las tropas expedicionarias que iban en un transporte naval español y que se entregaron en el Río de la Plata, facilitando todas las contraseñas navales y que su destino exacto era Talcahuano por lo que se dispuso que la recién formada Escuadra Chilena emboscar al convoy español en su destino.
Desmantelamiento y abandono español de Talcahuano
Después de la derrota realista en la Batalla de Maipú, Mariano Osorio, de acuerdo con Pezuela, el Virrey del Perú, se retiró del escenario de guerra y decidió precipitadamente abandonar el puerto de destino Talcahuano, lo que hizo efectivo el 8 de septiembre. Dejando al mando del coronel Juan Francisco Sánchez el resto de su ejército con la consigna de retirarse al sur y sostener la guerra con el concurso del pueblo mapuche. Este comportamiento ha sido gravemente censurado por Gerónimo Valdés y por el mismo comandante de la fragata. Joaquín de la Pezuela recibió el 25 de julio noticias anticipadas del gobierno español del arribo de la expedición. El virrey afirma que tras el Combate naval de Valparaíso no mandó proteger la expedición del Cantabria, sino que las unidades navales fueron destinadas proteger el comercio del Callao. Valdés replica que tampoco se tomó la mínima previsión de mandar un buque correo, Pailebot, para avisar a la expedición de Cádiz, acabada de cruzar el Cabo de Hornos, que Talcahuano estaba siendo abandonado.
Organización y planes de la división naval patriota
El 9 de octubre zarparon de Valparaíso, al mando del comandante general de marina, capitán de navío Manuel Blanco Encalada, cuatro buques chilenos: el San Martín, comandado por Guillermo Wilkinson; la Lautaro, de Carlos Wooster; la Chacabuco, de Francisco Díaz; y el Araucano, de Raimundo Morris.
Debido a los fuertes vientos del sur, Blanco Encalada tardó diecisiete días en enfrentar a Talcahuano. A raíz de esta demora lograron escapar tres de los diez transportes. Blanco Encalada ordenó que el Araucano se acercara a reconocer la bahía mientras él en el San Martín con la Lautaro se dirigió a la isla Santa María. En ella se apoderó de las instrucciones que el comandante de la María Isabel había dejado con cinco marineros para los siete transportes que venían retrasados.
De acuerdo con esto, esperaba encontrar en Talcahuano a la María Isabel y cuatro transportes; pero, en realidad, Sánchez había ya despachado los transportes al Callao.
El Combate miniaturadeimagen|258x258px|La captura de la María Isabel representada en un sello postal chileno conmemorativo del "Centenario de Chile" de 1910. A las once de la mañana del 28 de octubre, dos grandes buques desconocidos pasaron frente a la boca chica que separa a la isla de la Quiriquina del continente. La "María Isabel" izó bandera roja y disparó un cañonazo sin bala. Los navíos contestaron afirmando al tope la bandera inglesa.
Una hora más tarde, penetraron resueltamente en la bahía. El comandante Dionisio Capaz disparó cuatro cañonazos. Los buques desconocidos, por toda respuesta, izaron la bandera chilena en vez de la inglesa, y se dirigieron a todo trapo hacia la fragata, sin hacer fuego. La "María Isabel" disparó una andanada con todos sus cañones de babor, pero viendo que era inútil intentar una defensa por su posición y la desigualdad de las fuerzas, se fue a varar en los bajos de la isla de Rocuant. El "San Martín" y la "Lautaro" rompieron un fuego vivísimo de fusilería con el ánimo de rendir a la nave enemiga, sin estropearla.
La marinería se arrojó al agua, dejando a la fragata defendida por 60 fusileros. Blanco destacó una columna de 50 marineros al mando de los tenientes Bell y Crompton, que se apoderó del buque.
A fin de defenderlo de las tropas de tierra, mientras podían zafado del fango con la ayuda de la alta marea, desembarcó unos 150 fusileros, pero arrollados por fuerzas muy superiores que vinieron de Concepción, se reembarcaron con algunas pérdidas, entonces Blanco Encalada usó los cañones de la misma "María Isabel", cargados con metralla, que impidieron a las numerosas fuerzas realistas recuperar el buque durante el día y rechazaran un asalto nocturno.
El combate se renovó el día 29 siguiente. El "San Martín" recibió en su casco trece balazos de los cañones que Sánchez había traído de Concepción y que emplazó en el castillo de San Agustín y en la playa, sin perjuicios serios.
Al día siguiente, a las once de la mañana, cambió el viento, al mismo tiempo que subía la marea, y la María Isabel se zafó del cieno que la aprisionaba y comenzó a navegar, saludada por los vivas y los hurras de los chilenos. luego de este hecho de armas, Blanco escribiría a O'Higgins:
"No puede usted imaginar la sorpresa que causó a los enemigos el ver flotar la nave capturada:. El fuego cesó de repente, y unos y otros no hacíamos más que mirar la fragata hasta que el grito de ¡Viva la patria! resonó en todas las embarcaciones: al mismo tiempo.."
Blanco tuvo 27 muertos y 22 heridos. A las tres de la tarde, los tres buques, ostentando la bandera chilena en los mástiles, hicieron a la plaza una salva de despedida de 21 cañonazos, y tomaron rumbo a la isla de Santa María.
Captura de Transportes Expedicionarios Españoles
Después de la derrota realista en la batalla de Maipú, Mariano Osorio, de acuerdo con el virrey del Perú, decidió abandonar Talcahuano, lo que hizo el 8 de septiembre, dejando el resto de su ejército al mando del coronel Juan Francisco Sánchez con la consigna de retirarse al sur y sostener la guerra con el concurso del pueblo mapuche.
Entretanto, el rey Fernando VII, aprovechando la paz con Francia, resolvió enviar un fuerte ejército para someter a las Provincias Unidas del Río de la Plata y otro para reforzar las fuerzas realistas en Chile. Planearon en octubre de 1817 para enviar 12.000 hombres a Buenos Aires y 2000 a Chile para reprimir a los movimientos independientes en América del Sur. Sin embargo, los galeones de Manila y los ingresos fiscales del Imperio español se había interrumpido. España estaba casi en bancarrota y su gobierno era inestable.
A pesar de la situación por la que pasaba España es enviada la expedición a Chile la que estaba conformada por una fragara de escolta y diez transportes con 2080 hombres.
España tras su guerra de independencia había quedado devastado económicamente sin tener gran capacidad para reprimir las rebeliones en América. En este sentido desde lo naval, la Real Armada Española había quedado diezmada,José Gefe de Villa: Manual de curiosidades, pág. 197. así como los medios para reconstruirla. Necesitado el país de una flota poderosa para asegurar las costas en la península ibérica y en los territorios de las colonias que se estaban independizando y que ahora contaban con sus propias escuadras navales para defenderse. Ante esto, España por la falta de barcos de guerra para hacer frente a esta situación suscribió con Rusia el 11 de agosto de 1817 el Tratado de Madrid donde Rusia le vendía una escuadra de 4 navíos de línea de 74 cañones cada uno, y 8 fragatas de 40 cañones. Pero el resultado fue el arribo a puertos españoles de una flota de barcos podridos debido a que el tipo de madera y su construcción no eran las adecuadas para una travesía atlántica. Solo algunos buques estaban medianamente en buen estado para navegar, una de estas era la fragata renombrada María Isabel de 50 cañones quién se aprestó para proteger el convoy de transportes con tropas que se enviaría a Chile.
Los transportes llevaban los suministros de alimentos, municiones, armas y, más importante, dos batallones de infantería del regimiento de Cantabria, tres escuadrones de caballería, la artillería y dos compañías de ingenieros de combate (zapadores), para un total de 2.080 hombres bajo el mando del teniente coronel Fausto del Hoyo y La fuerza naval estaba al mando del capitán Manuel del Castillo.
Si bien la expedición estaba planeada para darse a la vela a mediados del mes de marzo esta no pudo concretarse debido a que el armamento solicitado a los arsenales de Oviedo y Plasencia aún no había sido completado, por otra parte aunque el virrey Pezuela había solicitado reiteradamente al rey Fernando VII el envío de fuerzas navales con las cuales reforzar la escuadrilla que había organizado en el apostadero del Callao las órdenes del rey eran terminantes, una vez desembarcada la fuerza expedicionaria la fragata María Isabel debía retornar a la brevedad posible a España.Diego Barros Arana, "Historia general de Chile: Parte octava : Afianzamiento de la independencia", págs. 445-446