derecha|thumb|250px|Sherlock Holmes por Sidney Paget. derecha|thumb|350px|Estatua de Sherlock Holmes en Londres (Inglaterra).

La novela policíaca, policiaca, policial, detectivesca o, con más amplitud y precisión, la novela criminal, es una clase de textos o género literario dentro de la novela, que es a su vez un subgénero de la narrativa.

Elementos El protagonista suele ser un investigador privado o detective (por ejemplo, Hercules Poirot de Agatha Christie o Frank Molina de Mario Mendoza), o un policía (Maigret de Georges Simenon), periodista (Gálvez de Jorge Martínez Reverte), abogado (Perry Mason de Erle Stanley Gardner), criminalista o aficionado (Sherlock Holmes de Arthur Conan Doyle, la Miss Marple de Agatha Christie, el padre Brown de G. K. Chesterton, el viejo del rincón de Emmuska Orczy, el profesor de literatura Gervase Fen de Edmund Crispin, el recluso Isidro Parodi de Honorio Bustos Domecq, la señorita Magdalena Payne de la autora Emma Murdock Van Deventer Lawrence L. Lynch...) que investigan un hecho o una serie de acontecimientos que se han producido entrevistándose con los personajes implicados o examinando las pruebas e indicios que han quedado del crimen. Inversamente, también puede tratarse de un delincuente que trata de librarse de las consecuencias de sus actos (el Ripley de Patricia Highsmith). Además, la novela policiaca, en su modalidad de novela negra, posee una habilidad especial para retratar problemas morales, sociales y colectivos, en la mayor parte de las ocasiones con un elevado nivel de conciencia crítica.

Aunque al principio solamente se mostraban los hechos y las investigaciones del detective, después se fue poniendo mayor énfasis en la vida y motivaciones del delincuente y en las raíces socioculturales de la delincuencia (novela negra).

La novela negra evolucionó y se vulgarizó gracias a su éxito en colecciones populares hacia los subgéneros literarios pulp como el hard boiled o el thriller (suspense). El relato criminal puede además mezclarse o hibridarse incluso con la novela fantástica, la ciencia ficción o la novela histórica, o derivar incluso en novela de espionaje, donde más que resolverse un crimen se comete uno. Las novelas policíacas poseen todas ellas una línea común que otorga cohesión a esta modalidad literaria, pero, al mismo tiempo, son tan diferentes entre ellas como distintos son los numerosos autores que han cultivado, y cultivan, este tipo de narrativa.

Antecedentes Aunque el género policial comienza en los años 1840, se han encontrado textos de hace más de 2000 años que se asimilan a este estilo. Un claro ejemplo es la obra de Sófocles Edipo rey, una tragedia griega en la que el protagonista, Edipo, lleva a cabo una investigación en la que se da cuenta de que él mismo es el culpable; y en el Libro de Daniel del Antiguo testamento este profeta realiza investigaciones para esclarecer los misterios relativos a la Historia de Bel y el Dragón y la Historia de Susana; todo parece indicar que se trata de relatos de origen tradicional incluidos en este libro y son ya, de hecho, cuentos policiales. Incluso podemos encontrar los ancestros del crimen perfecto en el apólogo XXVII de El conde Lucanor de don Juan Manuel, y de relato policiaco psicológico en el XLII.

La novela policiaca es un género tan moderno como la misma narrativa de ciencia ficción y se desarrolló, como ella, para responder a una demanda sociocultural concreta durante los siglos y ; en sus inicios fue calificada como "literatura barata" o "subliteratura", porque el crimen era de por sí un tema antiestético y que se pensaba no podía alcanzar trasfondo moral o artístico. La gente leía en los periódicos casos de crímenes o crónicas de sucesos cuya evolución seguía hasta su resolución; incluso se editaron colecciones de volúmenes que contenían transcripciones o resúmenes de procesos judiciales famosos por su morbosidad, su carácter escandaloso, su violencia o los altos personajes involucrados; el creador del género fue el abogado francés François Gayot de Pitaval (1673–1743), quien publicó 23 volúmenes de Causes célèbres et intéressantes entre 1734 y 1743, incesantemente reimpresos y continuados, hasta el punto de que dio nombre al género de las causes célebres: pitaval.

Les crimes célèbres (1839-41) es una colección de ocho volúmenes de pitavals dirigida por Alejandro Dumas que tuvo un gran éxito en Francia,Según la Bibliografía de Alejandro Dumas de Frank Reed fueron publicados originalmente en París en 8 volúmenes entre 1839 a 1841 y consta de 18 títulos. y fue imitada en Gran Bretaña (English causes célèbres, or, Reports of remarkable trials, Londres, 1840),También, por ejemplo, Sensation Trials or Causes célèbres (chiefly in high life), 1865. entre otros países. En España la colección de Dumas fue traducida en parte y ampliada por otros folletinistas, Manuel Angelón y Eduardo de Inza, en sus Crímenes célebres (1858) con otras historias y otros libros: Nouvelles causes célèbres ou, Fastes du crime (1842-1843, 6 vols.), Dramas judiciarios y Los mártires de la libertad.Crímenes célebres por Alejandro Dumas (padre), Víctor Hugo, C. Leynadier, E. Bareste, Lamartine, Berrier, Esquiros, Arnould, Fiorentino, Malefille, los redactores de Dramas Judiciarios, los compiladores de Causas célebres, y el autor de Los mártires de la libertad. Grandiosa e interesante publicación compilada y traducida por Manuel Angelón y E. de Inza, Madrid: Librería Española, 1858, con 35 láminas de grabados. La colección de Dumas se tradujo al italiano en 1861-62. Esas son algunas de las raíces de la novela policiaca moderna.

Entre las obras que dieron origen a este tipo de escritos se encuentran varias manifestaciones literarias que expresaban inquietud ante lo inexplicado, como la novela gótica o de horror (), en donde se presentaban crímenes terroríficos (El Monje de Matthew Lewis, 1796; Frankenstein, 1818) de Mary Shelley. Algunas veces, como en este último ejemplo, se intentaban explicar esos terrores recurriendo a la ciencia y a la lógica. Pero faltaba el personaje que apaciguara la resolución de ese nuevo tipo de angustias de sesgo fundamentalmente moderno que ya ni la religión ni la superstición podían calmar en el alma fundamentalmente materialista de la burguesía o clase media, triunfante en el .

Por otra parte, la naciente novela de aventuras del Romanticismo describía un difícil o accidentado viaje protagonizado generalmente por un héroe que encarnaba las virtudes de su tiempo y conseguía vencer todo tipo de dificultades. Faltaba el escritor de genio que uniese estos tres elementos: la crónica de sucesos, el misterio horrible e inexplicado y el héroe aventurero que consigue resolverlo por procedimientos ajustados a una nueva mentalidad lógica y materialista, propia de la clase media o burguesía. 120px|thumb|Efigie de Sófocles.

Al mismo tiempo se organizaban los primeros cuerpos estatales de Policía. Y un antecedente histórico importante para el desarrollo del relato criminal fue la creación de la primera institución policial en Prusia (1822) y después en Londres (1829): la famosa policía metropolitana o Scotland Yard. En esos años también se prohibió la tortura para la confesión de los criminales, y comenzaron a buscarse indicios para que un sospechoso confesara su culpabilidad por medios menos cruentos, por ejemplo, enfrentándole a los hechos y pidiéndole explicaciones. Otro hito fue la creación de la Agencia Nacional de Detectives Pinkerton en 1850, en Estados Unidos, que empezó a desarrollar los procedimientos de una nueva ciencia, la criminalística.

La creación del género thumb|160px|Edgar Allan Poe. Como uno de los pocos géneros literarios creados por la modernidad la literatura policíaca se ha ido convirtiendo, con el correr de los años, en un acontecimiento cultural de gran magnitud, como prueba su creciente difusión y la estimable calidad literaria de algunos autores que la han cultivado. La génesis de la novela policíaca tiene cabida gracias al estadounidense Edgar Allan Poe con sus cuentos Los crímenes de la calle Morgue (1841), El misterio de Marie Rogêt (1842-1843), La carta robada (1844) y El escarabajo de oro (1843). Los tres primeros fueron protagonizadas por Auguste Dupin, el primer detective de ficción, que sirvió de modelo a uno de los personajes arquetípicos del género, el detective Sherlock Holmes de Sir Arthur Conan Doyle, quien considera dos aspectos al resolver un crimen: se fundamenta en deducciones y se obliga a no adivinar nada. Finalmente llega a conclusiones razonadas, como una máquina lógica perfecta. Doyle, junto a Agatha Christie y otros autores, llevaron el género a su madurez, formando la llamada escuela inglesa de novela policíaca, caracterizada por un desarrollo casi matemático de la trama, centrada en la resolución del enigma a través de pistas y piezas que deben encajarse, fórmula intelectualizada y psicológica en sus mejores momentos, que es desenvuelta casi siempre en espacios interiores y en estratos sociales de clase alta. Entre los ingleses merece también citarse a Wilkie Collins quien, con La piedra lunar (The Moonstone, 1868) es considerado como uno de los precursores del género (T. S. Eliot). En Rusia, hay que citar desde luego a Alexándr Andréyevich Shkliarevski (1837 - 1883), quien anticipa ya el subgénero de la novela negra.

Se puede decir que el origen de la novela criminal o de misterio tiene una fecha concreta. En 1844, Søren Kierkegaard publica El concepto de angustia, e inmediatamente después ve la luz El cuervo, del propio Poe. No hay una coincidencia fruto de la casualidad. Hay un estrecho margen de tiempo, más bien, en el que la causalidad hace su trabajo. ¿Por qué aparece la novela policíaca? Es el miedo, la “filosofía de la angustia” o “de la inseguridad” de la que habla Kierkegaard,KIERKEGAARD, Soren: El concepto de angustia. Publicado por primera vez en 1844. Madrid: Alianza Editorial, 2007. quien reina en el alma de la gente. En una época convulsa aparece la neurosis de la sociedad industrial. Algunos autores aprovecharán incluso este hecho para opinar sobre el origen social de la novela policíaca desde un enfoque marxista.

Más allá de proyecciones de teorías políticas, lo que parece seguro es que el hombre decimonónico estaba necesitado de este género, como lo estamos ahora. En cierta manera todo encaja con la definición de Thomas Narcejac: «La novela policíaca es un relato donde el razonamiento crea el temor que se encargará luego de aliviar».

Si leemos novela de misterio es porque sabemos que la vida es algo impredecible; es un género del Posromanticismo: une la estética de lo sublime del Romanticismo, el misterio, con el Naturalismo materialista y judicial de las pruebas que lo elucidan. Necesitamos ver cómo se restablecen el orden social burgués y nuestra fe en la justicia, todo ello mediante el caminar exacto de la investigación racional. Estamos carentes de esa confianza de la que hablábamos al principio, lo que nos lleva a pedir a gritos ocultas intrigas que se revelen gracias a la inteligencia. Es de nuevo Narcejac quien opina sobre este hecho:

«Claude Bernard anunciaba a Edgar Poe. La investigación polarizaba toda la atención. Pasó a ser la aventura por excelencia, el gesto del espíritu que lleva la antorcha al corazón de las tinieblas. Bastaría con que el investigador fuera un detective y el misterio adquiriera la forma de complot, para que naciera la novela policíaca.»

«La deducción aparecía como la ambiciosa voluntad de la inteligencia que pretendía prescindir de la experiencia.» “Le roman policier”, 1958.NARCEJAC, Thomas: Le roman policier. En “Historie des litératures”, vol. III, pp. 1644-1670. París: Gallimard, 1958.