Tlacuilo o tlahcuilo (del náhuatl: tlahkwiloh, “pintor, ilustrador”, en plural tlahkwilohkeh, ) es un término para designar, dentro de la historiografía del México antiguo, lo que hoy llamamos escriba, pintor, escritor o sabio. Los tlacuilos eran hombres hábiles en el dibujo, a quienes desde niños se les educaba en el Calmécac para obtener un conocimiento profundo de su lengua, cultura, costumbres, religión, política, arte, etc., ya que tenían que tener un vasto conocimiento de la vida de su sociedad para poder escribirlo con glifos, rebuses, retratos, mapas, etc.
La labor del tlacuilo se asocia, por lo tanto, con diferentes actividades, no solo con la pictografía. El tlacuilo pintaba los códices y los murales; también podía participar en la elaboración de representaciones pictóricas y documentos de carácter histórico, religioso, económico o territorial. Según su especialidad, los tlacuilos elaboraban documentos históricos, genealógicos, cartográficos, económicos, religiosos y administrativos.
También conocía las diversas formas de representación, así como la mitología. Registraba, asimismo, aspectos relacionados con la naturaleza y el entorno. Podía trabajar en mercados y templos, según el tipo de actividad para la que se le necesitara. Para elaborar los códices, los tlacuilos usaban papel amate o amatl, piel de venado, tela de algodón tejida en telar de cintura y papel de maguey.
Utilizaba una amplia variedad de instrumentos; pinceles, brochas, espátulas, moldes, medidas, escalas, compases, y para la delineación de sus trazos un estilógrafo simple de cobre o bronce. Como tinta utilizaba una amplia gama de colores negra y roja para las pinturas y glifos. Los códices se guardaban, doblados a manera de biombos, en amoxkalli o casas de códices. Los tlacuilos se encontraban bajo la protección del dios Xochipilli.
Las bibliotecas del valle del Anáhuac y los mensajeros mexicas
thumb|Mensajeros informando a Moctezuma, Los informantes de Moctezuma, Isidro Martínez siglo XIX
En Texcoco y Tenochtitlan, la producción de códices era abundante, por lo que se tenían casas de códices o amoxcalli, bibliotecas equipadas para la elaboración y resguardo de estos documentos. La Antigua Biblioteca de Texcoco contenía un acervo aún mayor a la de Tenochtitlan, y durante el reinado de Nezahualcóyotl cuando Texcoco se convirtió en la capital cultural del México prehispánico, incluso se dice que en Texcoco se hablaba el mejor náhuatl de la región.
La ciudad se caracterizó por la vasta producción literaria de sus poetas y por los ejemplares de la Antigua Biblioteca de Texcoco en donde los sabios texcocanos, los tlamatinime, conservaban cuidadosamente los ámatl o libros pictográficos que contenían tanto el saber religioso y calendárico como el histórico y mitológico.
El emperador Mexica, Moctezuma II, tenía una casa dentro de su zona palaciega, la cual estaba dedicada a la sola documentación de los tributos.
Estos documentos como la Matrícula de Tributos, fueron usados para la planeación de las siguientes invasiones a reinos mesoamericanos tributarios de los mexicas, a donde las fuerzas españolas y sus diversas naciones aliadas nativas se movilizaron
Documentos e información importante era generada en el lugar por los tlacuilos quienes enviaban dichas noticias a través del sistema de mensajería a pie. Dicho sistema estaba conformado por mensajeros los cuales se relevaban a ciertas distancias y posiciones preestablecidas. Ellos estaban al servicio de Tenochtitlan quienes recorrían grandes distancias trotando, ya que no había caballos en el continente americano antes de la llegada de los españoles. Durante la aproximación de Hernán Cortes a la capital mexica, los tlacuilos realizaron reportes y enviaron documentos desde la costa de Veracruz recorriendo más de 400 km en cerca de 24 horas.
Escritura y pintura además de los Tlacuilos
Sin embargo el uso de la escritura ideográfica y sus utensilios no estaba limitado al Tlacuilo, sino era utilizada por una gran parte de la población. Los mercaderes antes de iniciar un viaje realizaban trazos ceremoniales, además de sus registros económicos.
Las personas comunes también realizaban trazos para la vida cotidiana, donde también escribían peticiones o anhelos en tiras de papel los cuales eran incinerados en un brasero especial en uno de los templos del centro ceremonial de Tenochtitlan, esto con la expectativa de que sus solicitudes fueran cumplidas.
Educación de los Tlacuilos
thumb|Restos arqueológicos del Calmécac. Museo de Sitio del Centro Cultural España, México En el Calmécac, se instruía a la futura élite, a los tlatoques, tlamatinime y a los tlacuilo (señores, sabios y pintores o escribientes). También se enseñaba el arte de la retórica.
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Narración e ilustración de la conquista
En muchos códices los tlacuilos dibujaron escenas crudas de la violencia de las campañas militares de los españoles y sus naciones mesoamericanas aliadas, especialmente en el Códice Durán, en el Lienzo de Analco, en el Códice Florentino, en la Relación de Michoacán y en el Lienzo de Tlaxcala, donde se observan las escenas de batalla cuerpo a cuerpo y de la muerte de civiles. También en el Códice de Coyoacán o Manuscrito del Aperreamiento existen ilustraciones de mesoamericanos encadenados mientras un español con un perro lo ataca. En el Manuscrito de Tlatelolco de 1528 se narra lo que sucedió a los seguidores de Quetzalcóatl, hombres sabios que se entregaron a los españoles llevando sus códices dónde los españoles azuzaron a sus perros para que los atacaran.
thumb|Español ataca a un indígena con un perro en el Códice Coyoacán, Bibliothèque nationale de France siglo XVI
Parcialidad de los Códices Durán, Florentino y Michoacán
Las representaciones de los mesoamericanos, aliados o enemigos y de los españoles varían en gran medida dependiendo de las fuentes, donde algunas veces el español es ilustrado muy superior en armamento y tamaño, como en el caso del Códice Durán donde todos los conquistadores a pie aparecen ataviados con una armadura pesada de caballería de cuerpo completo, mientras que en el caso del Lienzo de Tlaxcala, siendo los tlaxcaltecas sus aliados, las fuerzas españolas son ilustradas menos equipadas siendo de esta manera más apegadas al equipo documentado que contaban las expediciones de Cortés; además las fuerzas tlaxcaltecas son dibujadas en igual importancia a las españolas mientras que en las naciones conquistadas sus guerreros son ilustrados con nula protección y armados de primitivos garrotes, cuando el equipo militar en Mesoamérica era muy similar entre las diferentes naciones. Algunas veces las armas o estilos de vestimenta de preferencia en diferentes culturas era completamente cambiado, como en el caso de los guerreros Purépechas quienes usaban de manera intensiva el Tepoztli, un hacha de bronce de alta dureza, sin embargo se les ilustra con el Macuauitl, el cual era el arma predilecta de culturas del valle del Anáhuac y no del oeste de México.
También surge la representación de los frailes europeos, algunas veces en un tamaño mayor que los demás personajes representados e ilustrados de manera detallada y cuidadosa, demostrando con esto la jerarquía y poder de las autoridades eclesiásticas sobre los Tlacuilos. En la cultura popular se cree que los mesoamericanos adoptaron casi inmediatamente la religión católica, sin embargo un Tlacuilo convertido, Motolinia, solo pudo realizar la primera misa con participantes no españoles hasta casi una década después de la conquista, en 1530
Tradiciones europeas en los presagios de la conquista
Los códices creados durante y después de la conquista tienen muchas ilustraciones inverosímiles, de las cuales se crearon muchos mitos que perduran hasta la era moderna. Antes de la llegada de la primera expedición de Cortés a Tenochtitlan, se documentaron en el Códice Durán y el Florentino, presagios y señales que le aparecieron a Moctezuma, los cuales coinciden extrañamente con supersticiones medievales europeas.
El rey de España, Carlos I de España quien nunca visitó América, también aparece en los códices, recibiendo a varios caciques indígenas dando el reconocimiento a su poder y dominio de sus pueblos. Otras de las autoridades plasmadas por los indígenas en sus documentos pictográficos son los virreyes, representados participando personalmente en reuniones con los señores indígenas de varios pueblos, situación que no sucedía ya que fuertes rebeliones duraron hasta finales del y estas autoridades pasaban la mayor parte de su vida en la Ciudad de México. Ejemplos de estas alegorías se ve en los códices Techialoyan y en los títulos primordiales. También son personificados los corregidores, alcaldes y oficiales provinciales, probablemente para hacer del documento algo más oficial. En muchas ocasiones, las autoridades españolas fueron situadas en las llamadas sillas de caderas, detrás de una mesa o montando a caballo.
Historia después de la conquista
Colegio de Santa Cruz de Tlatelolco Se fundó en la población de Tlatelolco un centro de adiestramiento, cuyo objetivo era adoctrinar y aculturar a los hijos de la nobleza en la fe católica y así formar sacerdotes entre estos, aprovechando la todavía fuerte influencia de los nobles los cuales eran utilizados como líderes títere y de esta manera utilizar a la población para el proceso extractivo de recursos minerales preciosos.
No obstante, algunos sacerdotes franciscanos (los cuales fundaron el colegio) empezaron a educar a los nobles conservando las técnicas y asignaturas utilizadas en el Calmécac, por lo que los estudiantes mostraron grandes habilidades en aritmética, latín, y otras artes. Sin embargo, el plantel se desmanteló, debido a que había temores de que al reinstruir a los nobles mexicas, estos pudieran rebelarse ante la invasión española.
El apoyo que se otorgaba al colegio de Santa Cruz de Tlatelolco se perdió, porque se le consideraba peligroso para el gobierno de la Nueva España. Hay que tomar en cuenta que si se instruía y dejaba crecer a los indígenas, enarbolando el arma del conocimiento, hubieran hecho posible un movimiento político y social de enormes proporciones en contra de la Corona española; para evitar esto se boicoteó a este plantel, hasta dejarlo inhabilitado para la educación de los hijos de los nobles indígenas. El principal detractor del Colegio de Tlatelolco fue Domingo de Betanzos quien pidió al rey su clausura argumentando que de los "indios" indios no se obtendría nada de su educación y que no entendían la fe católica.
Primeros reportes mestizos
Los Tlacuilos eran vastamente reconocidos en el México prehispánico, pero su historia se dio a conocer en Europa durante la colonia. Antonio de Mendoza y Pacheco, primer Virrey de la Nueva España, ordenó a los habitantes que hicieran alguna representación de su cultura para que la pudiera enviar al Rey España, Carlos V. Antonio de Mendoza y Pacheco recibió una copia de tres códices que contenían información del México prehispánico. El primer Códice relataba la formación de la gran Tenochtitlán, su larga historia hasta la caída de dicha ciudad tras la conquista española en el año 'Trece Conejo'. El segundo códice relataba el registro de los 361 señoríos que le pagaban tributo a Tenochtitlán, así como una gran redacción de los tributos que eran pagados, los cuales iban desde productos agrícolas, hasta armaduras y escudos, piedras preciosas, oro, pieles de animales, entre otros. El tercer Códice relataba la formación de un 'Tenochca', como también el futuro que le esperaba si era hombre o mujer.