El Pensamiento Navarro fue un diario navarro impreso desde 1897 a 1981, aunque con interrupciones durante algunos periodos, siendo el decano de la prensa navarra en el momento de su desaparición.

Desde su fundación hasta la guerra civil española, fue el órgano oficial de la Junta Regional Carlista de Navarra. Posteriormente mantuvo una portavocía oficiosa, dado que los partidos políticos estaban prohibidos por el franquismo, hasta su ruptura en 1970 con la Junta Regional. Después de la escisión dentro del movimiento carlista, el diario se alineó con la fracción tradicionalista, fuertemente enfrentada al Partido Carlista, de ideología izquierdista y vasquista.

Historia thumb|Primitiva sede de El Pensamiento Navarro en la calle Jarauta de Pamplona.

Etapa de Eustaquio Echave-Sustaeta (1897-1917)

El periódico surgió como sucesor de La Lealtad Navarra e inició su impresión el 17 de octubre de 1897, en Pamplona, en la imprenta de la viuda de Idoate, dirigido por Eustaquio Echave-Sustaeta, a cuatro páginas de 55 por 38, a cinco columnas.

En su primer número, se presentaba combativo, afirmando sostener los principios de la doctrina carlista:

Entre el 3 de noviembre de 1900 y el 13 de marzo de 1901, estuvo interrumpida su emisión por una intentona carlista en Cataluña. Durante este período le sustituyó El Noticiero Navarro. Hasta 1911, debajo de su título se definía como «Diario carlista». A partir de este año pasó a subtitularse «Diario tradicionalista», además de realizar cambios tipográficos, aumentando su tamaño a 65 x 44, a seis columnas, y adquirir una imprenta propia con máquinas de componer Typograf. Algunos de sus redactores en esta primera época fueron Jesús Echarte, Casildo Aróstegui, Tomás Barrena y Jesús Etayo.

El Pensamiento Navarro realizó también una serie de artículos sobre el carlismo y los fueros firmados por Altobiscar (Eustaquio Echave-Sustaeta). Una de las características del diario desde sus primeros momentos fue la reivindicación de la plena reintegración foral frente a las tesis cuarentaiunistas que sostenían los periódicos liberales, especialmente Diario de Navarra, con el que históricamente mantuvo una relación conflictiva.

El diario se opuso al nacionalismo vasco, al que acusaba de antipatriota y separatista, si bien desde las páginas de El Pensamiento Navarro también se defendía el vascuence y la identidad éuskara de Navarra. Por ejemplo, el 4 de septiembre de 1901 afirmaba: «Del centro vienen las ideas y propagandas que socavan nuestra religión y finalmente quieren arrebatarnos lo que después de ella más debe amar el hombre: la lengua de su raza».

Durante la década de 1910 fue objeto de los ataques del periódico Napartarra, órgano de prensa del naciente nacionalismo vasco en Navarra, que negaba que el carlismo representase la reivindicación de los fueros como existían antes de 1839 y dedicaba frecuentes insultos a los carlistas. Los enfrentamientos entre carlistas y separatistas napartarras serían enconados y frecuentes, llegando en ocasiones a la violencia física.

thumb|izquierda|Eustaquio de Echave-Sustaeta (1872-1952), primer director de El Pensamiento Navarro.

Etapa de Jesús Etayo y Miguel Esparza (1917-1930)

Echave-Sustaeta abandonó la dirección del periódico en 1917. Fue sustituido como director del periódico por Jesús Etayo Zalduendo. Con motivo del cisma mellista que fracturó al partido jaimista en 1919, la línea editorial de El Pensamiento Navarro fue fundamental para lograr que el carlismo navarro apoyase masivamente a Don Jaime. Este cisma guardó estrecha relación en el ámbito navarro con el debate abierto en 1918 por los nacionalistas vascos sobre la reclamación de una autonomía vasca que incluyese a Navarra. De hecho por motivo de esta cuestión los ataques mutuos entre mellistas, que asumieron el cuarentaiunismo, desde el periódico alfonsino Diario de Navarra, y los jaimistas, que estaban integrados en el «Comité Pro-Autonomía», desde El Pensamiento Navarro, fueron constantes.

En esa época, El Pensamiento Navarro defendió los sindicatos de orientación social-católica, reclamando que se garantizase el derecho de huelga, un salario mínimo y la jornada de ocho horas.

Por sus denuncias del carácter despótico y centralista de la Dictadura de Primo de Rivera, el diario fue suspendido desde el 31 de enero hasta el 25 de marzo de 1925 y, de nuevo, del 5 al 21 de septiembre de 1926. En 1928 su director, Miguel Esparza Aguinaga, fue encarcelado por publicar un artículo en el que señalaba que aun en caso de extinción de la dinastía carlista, el partido carlista nunca reconocería como rey a Alfonso XIII.

En 1930, Miguel Esparza abandonaría asimismo la dirección de El Pensamiento Navarro para incorporarse a La Voz de Navarra, lo que derivaría en una contienda editorial entre ambos periódicos, que acabaría en la expulsión del jaimismo de Esparza y sus partidarios, decretada por la Junta Regional, bajo la acusación de indisciplina y de mantener «una actitud incompatible con la conducta que todo tradicionalista debía observar».

Etapa de Francisco Marquínez y Francisco López Sanz (1930-1966)

Inicialmente el carlismo fue favorable al proceso autonómico que promovía el Partido Nacionalista Vasco desde la caída de la monarquía alfonsina. Sin embargo, cuando las Cortes republicanas rechazaron el proyecto del Estatuto de Estella, fue incapaz de adoptar una posición homogénea en relación con el nuevo «Estatuto de las Gestoras». Desde las páginas de El Pensamiento Navarro destacados antiguos jaimistas se posicionaron a su favor mientras que otros tradicionalistas se posicionaron en contra. Por ejemplo, en mayo de 1932 Joaquín Beunza declaraba a El Pensamiento Navarro que «el tradicionalista que vota al Estatuto responde mejor al espíritu del glorioso partido tradicionalista que el que deja de votarlo», mientras que el Conde de Rodezno decía también en el periódico el 17 de junio que el estatuto no le gustaba por responder a la «concepción nacionalista euzkadiana, con todos sus peligros secesionistas».

Durante el período de la Segunda República Española, El Pensamiento Navarro se enfrentó a ella abiertamente, por lo que fue suspendido de nuevo tras el intento de golpe de Estado del general José Sanjurjo en 1932, en este caso con el también carlista (pero anteriormente integrista) La Tradición Navarra y el alfonsino Diario de Navarra.

En noviembre de 1933 pasó a dirigir el periódico Francisco López Sanz. Año y medio después, el nuevo director describía desde las columnas de El Siglo Futuro la labor de El Pensamiento Navarro a lo largo de su historia, destacando sus abundantes campañas y su tesón en la defensa de los ideales tradicionalistas: thumb|Francisco López Sanz, director de El Pensamiento Navarro entre 1933 y 1966.

izquierda|thumb|Portada de El Pensamiento Navarro del 18 de septiembre de 1936. En 1936 se adhirió a la sublevación militar íntimamente ligado a los requetés navarros, fuerza paramilitar esencial en Navarra para que el golpe de Estado en este territorio fuera un éxito. Durante la guerra requisaron material de La Noticia de San Sebastián y El Liberal de Bilbao.

El periódico consiguió eludir su desaparición cuando se realizó el Decreto de Unificación del 19 de abril de 1937, en que todos las propiedades de Falange Española de las JONS y de la Comunión Tradicionalista y de sus diferentes organismos pasaron a constituir el patrimonio del partido único. Los carlistas perdieron toda su prensa con excepción de este ya que crearon la Editorial Navarra SA, que sería la editora del periódico. Las acciones se repartieron en paquetes a nombre de varias personas de relieve carlista. Esta estratagema libró al periódico de pasar a engrosar la cadena de prensa del Movimiento (aunque sí estuvo sujeto al régimen de censura que imperaba en toda la prensa española), convirtiéndose en el órgano oficioso de la Comunión Tradicionalista.

Durante la Segunda Guerra Mundial se mantuvo neutral, aunque en 1941 se manifestó favorable al bando de Alemania en la campaña de Rusia.

Durante la época franquista mantuvo una permanente afinidad con la Junta Regional de la Comunión Tradicionalista en Navarra, aunque nunca dejaría de estar condicionado por la censura del régimen.

Con motivo del acto de Estoril, celebrado el 20 de diciembre de 1957, en el cual varias personalidades tradicionalistas reconocieron como rey de España a Juan de Borbón, hubo algunas tensiones dentro del Consejo de Administración, ya que varios de sus miembros participaron en dicho acto, así como con la Junta Regional. Pero en esta ocasión se superaron sin especial conflicto.

En una entrevista concedida al diario barcelonés La Vanguardia, López Sanz afirmaría en 1960 que su intención como director de El Pensamiento Navarro era poder defender el ideario carlista «español y tradicional» de siempre, el que «sentían los requetés cuando el Alzamiento, en el año 1936». De acuerdo con López Sanz, la pervivencia del periódico no se debía a apetencias de gobierno, que según él no tenían, sino a la convicción de que las ideas carlistas eran una solución política para España.

Cuando cuatro de los seis miembros del Consejo de Administración del periódico mostraron su adhesión a Don Juan, López Sanz dimitió como director del periódico.

Etapa de Javier María Pascual (1966-1970)

En 1966, a propuesta de los propietarios legales, que integraban el Consejo de Administración, Javier María Pascual se convertiría en director del diario. Los criterios del nuevo director, según confesión personal, eran «defender la Causa Carlista, difundir las tesis del Concilio Vaticano II, los Fueros y la cuestión social». En un tiempo de profundos cambios, Javier María Pascual conectaría con las nuevas corrientes emergentes tanto en la Iglesia Católica como en la Comunión Tradicionalista, lo que se traduciría en una orientación editorial cada vez más progresista.

Pascual colaboraría con la recién creada Secretaría general de la Comunión Tradicionalista, formada por la camarilla del príncipe Carlos Hugo, que trataba de apartar al jefe delegado, José María Valiente, y buscaba la forma de dirigir políticamente El Pensamiento Navarro mediante un consejo delegado que representase a la jerarquía carlista. Así, cuando dimitieron del Consejo de administración del periódico los juanistas Gaitán de Ayala, Agudo y Echániz, el nuevo secretario general de la Comunión, José María Zavala, mantuvo una entrevista con Pascual, que le informó de la situación. Ignacio Baleztena indicó que fuesen los mismos cesantes quienes propusieran nuevos consejeros, pero Pascual lo impidió. La Secretaría general propuso como nuevos consejeros a Miguel de San Cristóbal (como jefe regional de Navarra), Luis Martínez Erro y un tercero no navarro.

Durante esta etapa, el periodista catalán José Carlos Clemente, que empleaba el pseudónimo de «Novais», sería uno de los redactores del diario. El tradicionalista Roberto Gonzalo Bayod, presidente de la junta directiva del semanario ¿Qué pasa?, que había sido también colaborador de El Pensamiento Navarro, afirmaría entonces que el diario se estaba desviando de la doctrina tradicionalista, al confundir el carácter social del carlismo con el socialismo, y que se estaban publicando opiniones anticarlistas sin criticarlas, alertando de que el carlismo estaría condenado a desaparecer si el príncipe Carlos Hugo era como lo presentaba el periodista Clemente. Según Bayod, esta nueva línea del periódico, «empeñado en su tarea desorientadora en materia tradicional desde que consiguió desplazar a López Sanz», se debía al secretario general, José María Zavala, y al secretario de Carlos Hugo, Ramón Massó, a los que calificó como los últimos «Marotos» (en referencia a su traición al carlismo).