Diversidad funcional es un término alternativo al de discapacidad que ha comenzado a utilizarse por iniciativa de algunas personas afectadas, y pretende sustituir a otros cuya semántica hay quien considera peyorativa, tales como "discapacidad" o "minusvalía". Se trata de un cambio hacia una terminología no negativa sobre la diversidad funcional.Agustina Palacios y Javier Romañach, El Modelo de la Diversidad, 2007, ISBN 978-84-964-7440-2 El término fue propuesto y acuñado por Javier Romañach Cabrero en el Foro de Vida Independiente, en enero de 2005.

La diversidad funcional podría entenderse también como un fenómeno, hecho o característica presente en la sociedad que, por definición, afectaría a todos sus miembros por igual, debido a que durante la infancia y la senectud, todas las personas son dependientes. Dado que en la sociedad existen personas con capacidades diferentes entre sí, incluso grandes variaciones de éstas en un mismo individuo a lo largo de su vida, es posible afirmar que, en un momento dado, en la sociedad existe diversidad funcional del mismo modo que se observa diversidad cultural, sexual,Fernández, A. G. S. (2015). El cuerpo en disputa: cuestionamientos a la identidad de género desde la diversidad funcional. Intersticios. Revista sociológica de pensamiento crítico, 9(1). o generacional.

El cambio terminológico ha dado lugar también a una nueva manera de entender el fenómeno y ha significado la descripción de un Modelo de la Diversidad. En su lugar, se propone el uso de la dignidad, respeto y el reconocimiento por las diferencias no sólo físicas (y que conducen a toda una sensibilización y acciones afirmativas sobre personas con discapacidad en el campo laboral, médico, social y cultural); sino también al digno respeto y reconocimiento de todas aquellas formas de expresión social, racial, cultural, de género, de edad, de religión expresadas en la naturaleza humana.

Antecedentes Existen muchas palabras ampliamente utilizadas en diferentes ámbitos para denominar al colectivo de personas con diversidad funcional. La más utilizada en España es «minusválido»: plazas de aparcamiento reservadas para minusválidos, lavabos para minusválidos, pensiones para minusválidos, residencias para minusválidos, etc. Tanto en los medios de comunicación como en las calles, las personas con diversidad funcional forman parte de un colectivo considerado «menos válido» o que «vale menos».

Por otro lado, en los textos jurídicos persiste esta terminología y se usan términos como incapacitación, incapacidad, discapacidad, invalidez (parcial, total, absoluta, gran invalidez), minusvalía y dependencia. Todos ellos resaltan el lado negativo de una realidad humana.

El término oficial para referirse a las personas con diversidad funcional es, por ahora, «personas con discapacidad», que es el concepto que recoge la Organización Mundial de la Salud en la Clasificación Internacional del Funcionamiento, de la Discapacidad y de la Salud y que la legislación internacional y las asociaciones representantes de personas con diversidad funcional emplean de forma mayoritaria.

Con el término diversidad funcional, en el año 2005 Javier Romañach Cabrero propuso una nueva visión que no es negativa y que no implica enfermedad, deficiencia, parálisis ni retraso, con independencia del origen patológico, genético o traumático de la diversidad en cuestión. No obstante, no se niega el hecho de que se trata de personas diferentes a la norma estadística, aplicada a personas de edad parecida, y que por ello realizan algunas de sus funciones de manera distinta a la media de la población.

El término diversidad funcional vendría entonces a ser un eufemismo de discapacidad, dado que a este último término se le suele otorgar una connotación peyorativa. Son cuatro los modelos en torno a la cuestión de la diversidad funcional que han existido a lo largo de la historia: el modelo de prescindencia, el modelo rehabilitador, el modelo social y el modelo de la diversidad funcional.

El Movimiento Internacional de Vida Independiente (MVI) considera que la terminología negativa deriva de la visión tradicional del modelo médico de la diversidad funcional, en la que se presenta a la persona diferente como biológicamente imperfecta y que debe ser rehabilitada para restaurar unos supuestos patrones de «normalidad». Para el MVI, tales patrones nunca han existido, no existen y es poco probable que existan en el futuro, precisamente debido a los avances médicos.

Filosofía de Vida Independiente e igualdad de oportunidades Desde esta filosofía, se considera que se construye el entorno dependiendo de una distribución sobre lo que es y no es la distribución normal en sentido estadístico. Esta distribución es subjetiva y cambia según las sociedades, los tiempos y los avances tecnológicos. Para ello, basa su análisis y sus propuestas en el uso y desarrollo de los Derechos humanos y la propuesta de una visión bioética sobre la diversidad funcional, nacida de las personas que conviven diariamente con esa realidad. El modelo en el seno del Foro de Vida Independiente, heredero en España del Movimiento Internacional de Vida Independiente.

Por el contrario, hablar de personas con diversidad funcional tiene que ver con sociedades que, siendo intrínsecamente imperfectas, han establecido un modelo de perfección al que ningún miembro concreto de ellas tiene acceso, y que definen la manera de ser física, sensorial o psicológicamente, y las reglas de funcionamiento social.

Integración vs. Independencia Para las personas con diversidad funcional, el modelo médico rehabilitador considera la inclusión en la sociedad de este colectivo a través del trabajo (Centro Especial de Empleo) o el estudio (Educación Especial), dictando desde fuera lo que debe hacer la persona. Bajo la perspectiva ideológica de la Diversidad Funcional se considera esencial apoyar la independencia en todos los ámbitos de la vida cotidiana: educación, trabajo, edificación, transporte, comunicación, información, ocio, etc. dando a cada persona las herramientas que precise para desarrollarse en esos ámbitos, de manera que tome el control de su propia vida.

La propuesta social de la diversidad funcional Pensar en la diversidad funcional permite que el diseño de políticas se oriente a la búsqueda de una inclusión a todo tipo de cuerpos. Un ejemplo posible es el del diseño urbano: Si todos tenemos cuerpos diferentes, deberíamos diseñar una ciudad en donde todos podamos orientarnos. El diseño de elevadores con escritura braille con botones a una altura adecuada, la implementación de dispositivos de sonido en los semáforos, entre otros.

El término propone que la integración de las personas pueda darse gracias a los facilitadores del entorno, es la búsqueda de la eliminación de barreras a partir de un enfoque distinto al de la discapacidad.

La perspectiva de la diversidad funcional en la ciencia La búsqueda de la diversidad funcional nos permite otorgar una nueva perspectiva a los estudios que se realizan. Aplicar diversos métodos para la implementación de encuestas y la búsqueda de informantes que padecen de diversas funciones corporales permite añadir nuevos temas a considerar en las investigaciones científicas.

La propuesta tiene la finalidad de recaudar información acerca de la población y sus funciones corporales, para poder analizar cómo esta puede influir en diferentes aspectos (Económicos, sociales, políticos, etcétera.) La recaudación permite el análisis, y el análisis permite el diseño de políticas que cuenten con esta perspectiva.

Sociedades discapacitantes Las organizaciones como la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) en la construcción de la matriz de la desigualdad social no toma en cuenta las barreras sociales que pueden producirse debido a la anatomia y fisiologia del cuerpo, esto puede ocasionarse debido a la cantidad escasa de estudios en la región. La consecuencia de esto es que la medición y definición del fenómeno no se toma en cuenta al momento de hacer investigaciones.

Ante esta situación, algunos autores se han esforzado en proponer elementos para el análisis de la discapacidad desde la vulnerabilidad social. En donde se toman en cuenta diferentes dimensiones que intervienen en el nivel de integración de la persona. Se toman en cuenta elementos como:

Natural. Referida a las circunstancias y a los límites naturales que posibilitan la existencia. Un ejemplo es  la alimentación, la calidad de vida, la salud física, mental y psicológica, entre otras. Física. Alude a las características y localización de los asentamientos humanos así como a la disponibilidad de los servicios públicos mínimos para procurar el bienestar de las personas. Económica. Relacionada con la distribución de los recursos materiales y económicos que permiten la adquisición de bienes y la satisfacción de las necesidades básicas. Social. Comprende el conjunto de procesos y factores que hacen posible la integración y cohesión de los miembros de una colectividad. Cuando esta dimensión se encuentra debilitada, se pueden presentar problemas de discriminación, exclusión y marginación. Política. Representa la capacidad de los individuos y comunidades para intervenir en la toma de decisiones y solventar sus necesidades, a partir del grado de autonomía que poseen, el conocimiento de sus derechos y la identificación y uso de los recursos locales. Técnica. Se refiere al acceso a la educación institucionalizada o formal así como a la disponibilidad y manejo de los recursos tecnológicos, que contribuyen al mejoramiento personal y social y a la redistribución de los bienes materiales y simbólicos. Ideológica. Está constituida por las concepciones que los sujetos tienen sobre la realidad, el mundo, la vida social, el estado y las otras personas. Se concretan en criterios para la acción y determinan el modo en que se evalúan las condiciones individuales y sociales, así como en las estrategias que despliegan para enfrentar los problemas y mejorar los niveles de vida. Cultural. Estrechamente vinculada con la dimensión ideológica, apunta al conjunto de normas, valores, expectativas y costumbres que se encuentran en la base de la acción social e individual. Ecológica. Abarca las relaciones que los seres humanos establecemos con el medio ambiente, el manejo de los recursos naturales, los cambios que generamos en los ecosistemas y las consecuencias que todo esto tiene para las personas y los demás seres vivos en el presente y en el futuro. Institucional. Alude al papel que el estado y las estructuras sociales ocupan en la dinámica social y que se concreta en el nivel de autonomía de las instituciones, su pertinencia, su administración y manejo del presupuesto, la claridad de sus procedimientos, su eficiencia y flexibilidad para resolver las demandas sociales y, sobre todo, en su capacidad para incluir y atender a los diversos sectores sociales.

Las situaciones de vulneración se deben a la afectación de uno o más factores mencionados anteriormente. Esto tiene relación con la exclusión de cuerpos y funciones diferentes ya que se vulnera alguno de estos aspectos. Por lo tanto, el término de diversidad funcional nos permite abrir el panorama del asunto y enfocarlo a cuestiones que giran en torno al sujeto (y no en torno a una condición propia de la persona).

Entonces, para definir de manera más precisa la vulneración en las personas con funciones y cuerpos diferentes. Los autores ofrecen una tipificación del nivel de inclusión en la sociedad, estas tipificaciones se dividen en: 1) la discapacidad con inclusión plena, 2) la discapacidad con inclusión media, 3) la discapacidad con inclusión baja, 4) la discapacidad con exclusión baja, 5) la discapacidad con exclusión media y 6) la discapacidad con exclusión total. Esto con la intención de reconocer los ámbitos en los que se debe trabajar en busca de una sociedad que permita la diversidad funcional.