miniaturadeimagen|Hórreo tradicional asturiano en Deva, Asturias. miniatura|Dibujos de estilo Carreño (hórreo asturiano) en una panera de Molleda, Corvera, Asturias.

Un hórreo es una construcción agrícola tradicional del norte de la península ibérica destinada a guardar y conservar alimentos, especialmente grano, alejados de la humedad y de los animales, para mantenerlos en un estado óptimo para su consumo. Se caracteriza por mantenerse levantado sobre pilares o pegollos, para evitar la entrada de humedad y de animales (especialmente ratones y otros roedores) desde el suelo y por permitir la ventilación a través de ranuras en las paredes perimétricas. Originalmente fueron diseñados como almacenes de grano, carne o productos agrícolas, aunque su empleo se extendió a otros usos como taller artesanal, almacén de aperos, curado de embutidos, carnes o quesos, colmenar o palomar e incluso vivienda. El espacio de debajo también se aprovecha como cuadra o para guardar carros.

Etimología Hórreo viene del latín horreum (a su vez del griego, ὡρεῖον, ṓreion, 'granero'), que designaba a un edificio en el que se guardaban frutos del campo, sobre todo el grano.Schmitz, L. Horreum, en en Smith, W.: A Dictionary of Greek and Roman Antiquities. John Murray, Londres, 1875.

miniatura|Reconstrucción de un horreum en Saalburg, Alemania. Durante el Imperio el término horreum se empleaba para cualquier lugar destinado a conservar cosas de cualquier naturaleza, ya fuera vino (horrea vinearia), mercancías y provisiones (horreum penarium) o incluso dinero u obras de arte. Séneca dijo que su biblioteca era un horreum. El significado más extendido de la palabra es la de granero de frutos y cereales. Además de los horrea subterranea había otros dos tipos más capaces de mantener alejada la humedad, uno de ellos construido en superficie y el otro (el llamado horrea pensilia o sublimia) construido sobre pequeños pies de piedra verticales sobre el suelo.

Los horrea publica formaban parte del sistema público de abasto de las ciudades de la Antigua Roma y de la administración fiscal del Imperio. Se empleaban tanto para la recaudación de impuestos como para la conservación de los bienes que no se consideraban a seguro en las casas, o horreaticus. Estaban bajo la supervisión de un funcionario responsable llamado horrearius. Sin embargo, otros autores consideran que el actual hórreo deriva de un órreo prerromano presente en la toponimia y en la hidronimia, y que ya tendría el significado de silo para el grano.

Origen e historia miniatura|Graneros en Suiza. miniatura|Granero en Suecia. miniatura|Graneros en Okinawa, Japón.

Fuentes literarias Más allá de las tipologías existentes en la actualidad en la península ibérica, se encuentran en todo el planeta graneros aéreos sobre pies que son, en todo o en parte, morfológicamente afines al hórreo, como el stabur noruego, el hebre sueco, el sol'ek polaco o el kukuruzniak serbio, por mencionar solo algunos de los que se pueden ver en Europa. Sin embargo estas similitudes morfológicas con los hórreos hispanos suponen un parentesco entre ellos, por las radicales diferencias del medio en el que se encuentran, sobre todo en lo referente al clima, al régimen de cultivos y a la dieta base.

Es relativamente frecuente encontrar referencias a que el hórreo tiene su origen en graneros elevados y ventilados que existían en los poblados celtíberos antes de la llegada de los romanos, pero las escasas referencias literarias que existen no permiten establecer una relación formal con el tipo actual. Marco Terencio Varrón, que en el siglo I a. C. recorrió Hispania con Pompeyo, hablaba ambiguamente de unos graneros sobre tierra empleados por los galaicos, supra terra granaria in agro quidam sublimia faciunt ut in Hispania Citeriore et in Apulia, ita ut non solum a lateribus per fenestras, sed etiam subtus a solo ventus regirare possit («Algunos hacen graneros encima del suelo en el campo, como en la Hispania Cercana y Apulia para que, no solo desde los lados a través de las ventanas, sino también desde abajo, desde el suelo, pueda reinar el viento»). En la misma época Julio César, en De Bello Civili, habla de su erección: locis certis horrea constituit vecturasque frumenti («se instalaron graneros y transportes de cereales en determinados lugares»). Virgilio, en las Geórgicas, establece similitudes exiguus mus sub terris posuitque domus atque horrea fecit. Plinio el Viejo, ya en el , dice en su Naturalis historia que en la Hispania Citerior alibi, contra, suspendunt granaria lignea columnis et perflari undique malunt atque etiam a fundo («en otros lugares, en cambio, cuelgan graneros de columnas de madera y prefieren que los soplen por todos lados e incluso desde abajo»), refiriéndose por vez primera a graneros aéreos sobre espeques. En el , en Liber de arboribus, el agrónomo Columela insiste en ese aspecto de los pensile horreum, quo imponantur fructus. Porro horrea pensilia dicuntur, quae non in plano posita sunt sed tignis suspensa, quo sicciora sint («cuelgan graneros donde se colocan los frutos. Además, se llaman graneros colgantes, que no están colocados sobre un plano, sino suspendidos de vigas, para que queden más secos»), preferibles para las regiones húmedas. En la misma época Marco Vitruvio, en De architectura, hablando en el Libro VI de la disposición de la casa campesina, dice que granaria sublimia et ad seeptemtrionem aut aquilonem spectantia disponantur; ita enim frumenta non poterint cito cancalescere, sed ab flatu refrigera diu servantur. Naamque ceterae regiones procreant curculionem et reliquas bestiolas, quae frumentis solent nocere («se deberán disponer hórreos elevados y orientados al poniente o al norte; porque de esta manera el maíz no puede calentarse rápidamente, sino que el viento lo mantiene fresco durante mucho tiempo. Además, en las otras regiones se producen el gorgojo y otros pequeños animales que suelen dañar el grano»), dando instrucciones para hacer los graneros en un piso elevado, abierto al viento del norte y al nordeste, para evitar que el grano se caldee, pues los otros aires críaban gorgojos.

La primera referencia documentada de la existencia de hórreos en el actual territorio español se encuentra en un documento del año 800 relativo a la fundación del monasterio de Taranco, en Valle de Mena, en la actual provincia de Burgos. Este documento registra donaciones de ganado, tierras y edificios, entre ellos hedificavimus ibi domicilia, cellarios, orreos, torcularibus, cortinis, ortos, molinis, manzanares, vineis seu cetera arbusta pomifera («construimos allí casas, sótanos, graneros, lagares, cortinas, huertas, molinos, manzanos, viñedos u otros árboles frutales»), aunque no existe unanimidad entre los diversos autores sobre si se trata aquí de un hórreo tal y como lo conocemos en la actualidad o de otra variante menos evolucionada. Gonzalo de Berceo, en el , evocando un milagro de San Millán de la Cogolla habla de unos artesanos que construyen un hórreo de madera.

miniatura|Miniatura de una de las Cantigas de Santa María, del , donde se aprecian dos hórreos góticos con puerta en arco de herradura en la pared frontal. Habrá que esperar hasta el para encontrar la primera representación gráfica de un hórreo, concretamente en el Códice Rico o Códice T-1-1 de la biblioteca del monasterio de El Escorial, que contiene las Cantigas de Santa María, atribuidas a Alfonso X el Sabio. La cantiga que lleva el número CLXXXVI está adornada con una miniatura (lámina 203, miniatura 1.262) que representa dos hórreos góticos con puerta en arco de herradura en la pared lateral, y la leyenda del milagro de la Virgen:

Cambios en la agricultura Hay constancia arqueológica del uso de la cebada, el mijo (conocido en Galicia como millo miúdo «maíz menudo») y la avena como cereales panificables desde el período Subboreal hasta la llegada de los romanos. También se sabe que se empleaba la harina de bellota tostada. En los castros del norte aparecieron molinos de mano, señal del uso de panificables. El mijo, tan extendido en la Edad Media, apto para ser cultivado con poco riego, exigía ser puesto a secar durante el invierno en hórreos de tiras de madera para poder trillarlo, separar los granos y cribarlo. El maíz americano, por el contrario, es un cultivo de regadío de recolección muy tardía: mientras que el trigo o el centeno brotan en primavera y se cosechan al inicio del verano, el maíz no brota hasta el comienzo del verano y madura casi en otoño. Así se convierte en algo fundamental el poder guardar el grano en condiciones favorables para su secado y, al mismo tiempo, protegido de los insectos, de los roedores y de los pájaros.

La expansión de este granero en toda el área de la Iberia húmeda coincide con la introducción y difusión del cultivo del maíz en el . Los graneros aéreos existentes se manifiestan capaces de asumir la conservación del nuevo cereal, necesitado de ventilación y secado para ser apto para el molido. La mayor proliferación del uso del hórreo se producirá a partir de los procesos desamortizadores del , que reestructurarán la propiedad de la tierra y la distribución de sus rentas, y durará hasta mediado el con la mecanización de las tareas agrícolas.

Estudios modernos Ya en 1695, en Antigüedades y cosas memorables del Principado de Asturias, el padre Luis Alfonso de Carvallo menciona «graneros, que llaman orrios, hechos de barretones, texidos con varas, tan firmes, y seguras, que aunque están encima de cuatro palos, expuestos a los ayres, y tempestades, y cargados de pan, y otras cosas, lo sufren todo». La primera descripción detallada de un hórreo asturiano es la hecha por Jovellanos en 1792, con la enumeración de las partes que lo componen y una explicación de la manera de construirlo hecha por el propio artesano. En 1895 el naturalista alemán Hans Friedrich Gadow expuso en su obra In northern Spain la teoría de que el hórreo fue introducido por los suevos en la Baja Edad Media, teoría que cuenta con bastante apoyo en la actualidad. Posteriormente, en su Monografía de Asturias de 1899, el asturiano Félix de Aramburu expresó la teoría de que el origen del hórreo estaba en los palafitos, cabañas prehistóricas construidas sobre palos de madera.

En 1918 el antropólogo polaco Eugeniusz Frankowsky, en su obra Hórreos y palafitos de la península ibérica, ahondó en esa teoría palafítica, que más adelante sería cuestionada por la ausencia de evidencias arqueológicas, registrando el uso de graneros aéreos en la península ibérica, región de los Alpes, península Escandinava, área de los Balcanes, África subsahariana, Persia, Sureste Asiático, Japón, península de Kamchatka y áreas del estrecho de Bering, empleados para la conservación del cereal. López Soler formula en 1931 la hipótesis de que el hórreo, y en particular el hórreo gallego, es el resultado de la paulatina segregación de una función que el volumen de la casa expulsa al exterior.López Soler, J.: "Los hórreos gallegos", en Actas y Memorias, tomo X, cuadernos 1º y 2º. Sociedad Española de Antropología, Etnografía y Prehistoria. Madrid 1931. Facsímile reproducido como anexo en Frankowki, E. Hórreos y palafitos de la península ibérica. Edición facsímile. Ediciones Istmo. Madrid 1986. ISBN 84-7090-168-0.

Dispersión geográfica en la península ibérica miniatura|Un hórreo, traído del campo cercano, y expuesto en la ciudad costera de Ordu, de la Región del Mar Negro, Turquía, es utilizado como fuente de sombra por los lugareños, en el verano de 2011. El hórreo fue una construcción auxiliar indispensable en la vida campesina del norte húmedo peninsular y en pleno uso hasta la llegada de la crisis del sistema agrario tradicional. Su buena adecuación a unas necesidades climáticas muy específicas hizo que fuera adoptado en áreas muy diferentes del norte húmedo, con ciertas adaptaciones formales según las zonas.