thumb|Catalina II fue una gran impulsora del arte y la educación en Rusia thumb|Carlos III de España thumb|right|José II de Austria

El despotismo ilustrado o despotismo benevolente es un concepto político que surge en la Europa de la segunda mitad del . Se enmarca dentro de las monarquías absolutas y pertenece a los sistemas de gobierno del Antiguo Régimen europeo, pero incluyendo las ideas filosóficas de la Ilustración, según las cuales las decisiones humanas son guiadas por la razón.

Aunque el término fue acuñado por historiadores alemanes, Virginia. La Europa ilustrada, pp. 49-52, 138. Ediciones AKAL, 1989. En Google Books. Consultado el 25 de octubre de 2018. en el ,; Enrique. Introducción a la historia moderna, pp. 545-569. Ediciones AKAL, 1994. En Google Books. Consultado el 25 de octubre de 2018. actualmente se prefiere el término absolutismo ilustrado para así contrastarlo con el absolutismo clásico.Estos monarcas justificaban su posición basándose en su utilidad para el estado. Estos déspotas basaban sus decisiones en la razón y enfatizaban la tolerancia religiosa y la importancia de la educación.

Los monarcas de esta doctrina, como Carlos III de España,, Francisco. Carlos III y la política religiosa, p. 27. Ediciones Rialp, 2004. En Google Books. Consultado el 25 de octubre de 2018., Gloria M. El mundo moderno y contemporáneo, p. 253. Pearson Educación, 2005. En Google Books. Consultado el 25 de octubre de 2018. Catalina II de Rusia, Gustavo III de Suecia, José I de Portugal, María Teresa I de Austria y su hijos José II de Austria y Leopoldo II de Austria, Federico II de Prusia y Luis XVI de Francia, contribuyeron al enriquecimiento de la cultura de sus países y adoptaron un discurso paternalista. En algunos casos, fueron inspirados por y delegaron en personajes omnipotentes de su confianza, como en el caso del marqués de Pombal en el Reino de Portugal, de Gaspar Melchor de Jovellanos en España, de Bernardo Tanucci en el Reino de Nápoles o de Guillaume du Tillot en el ducado de Parma.

Orígenes del despotismo ilustrado

A pesar de que los filósofos ilustrados criticaron la política y la sociedad de su época, no pretendieron que los cambios se dieran por la vía revolucionaria; confiaban más bien en un cambio pacífico orientado desde arriba para educar a las masas no ilustradas. Varios monarcas aceptaron las ideas propuestas por la Ilustración y dieron origen al despotismo ilustrado.

Los problemas del Estado absolutista requerían de la colaboración de personas cualificadas y con nuevas ideas, dispuestos a reformar e impulsar el desarrollo político y económico de las naciones. El monarca ilustrado es un soberano que acepta los principios de la Ilustración y desea ponerlos en práctica para lograr una mayor eficiencia del Estado, en beneficio de este y de los súbditos.

El temor a la innovación es sustituido por una creencia en la posibilidad de alcanzar un futuro mejor, no por un cambio súbito, sino por una paciente labor educativa y legislativa, para la cual se necesitaba la colaboración de los ilustrados, cuyas ideas no constituían un pensamiento meramente especulativo, sino que se convertirían en programas de gobierno y se llevarían a la práctica.

«Todo para el pueblo, pero sin el pueblo» Su uso se extiende desde finales del como lema del despotismo ilustrado, caracterizado por el paternalismo, en oposición a la opinión extendida desde los enciclopedistas que veía necesario el protagonismo y la intervención del pueblo en los asuntos políticos, incluso asignándole el papel de sujeto de la soberanía (principio de soberanía popular de Rousseau).

Esta frase implicaba que el gobierno realizaba medidas para el "pueblo", o para su mejora; pero las decisiones eran tomadas sin la participación ni intervención del pueblo.

El despotismo ilustrado En el llega la Ilustración, con unas ideas filosóficas no compatibles con el absolutismo del momento. La sociedad del vivía en unas pésimas condiciones comparadas con las vidas suntuosas que se vivía en los palacios. Con la aparición y desarrollo de las ideas de racionalización y progreso de la Ilustración durante el , la sociedad comienza a pedir cambios a sus monarcas. La razón se imponía por encima de las creencias religiosas y ya no aceptaban que el rey fuera el gobernante "por la gracia de Dios". Lo que más adelante llevará a la Revolución Francesa en 1789 será este inconformismo derivado del excesivo poder que acumulaban los reyes hacia la falta de poder de su pueblo.

Se llevó a cabo la racionalización de la administración del estado mediante legislación, impuestos y funcionarios con sistema jurídico modernizado, la creación de códigos legales que estandarizaron la justicia, la obra de gran modernización del despotismo ilustrado además de la reforma administrativa con el desarrollo del cuerpo de funcionarios y el aumento de la centralización, lucha contra las particularidades provinciales; en Rusia, establecimiento de gobernadores, altos oficiales militares, en todas las provincias.

El control centralizado necesitaba información sistemática centralizada sobre la nación. Una renovación importante fue la recogida, uso e interpretación de datos numéricos y estadísticos, que van desde estadísticas comerciales, informes de cosecha, avisos de defunción hasta censos de población. A partir de la década de 1760, los funcionarios de Francia y Alemania empezaron a confiar cada vez más en datos cuantitativos para la planificación sistemática, especialmente en lo que se refiere al crecimiento económico a largo plazo. Combinaba la agenda utilitaria del despotismo ilustrado con las nuevas ideas que se estaban desarrollando en el pensamiento económico . En Alemania y Francia, la tendencia fue especialmente fuerte en el cameralismo y la fisiocracia.

Se modernizó la economía, mediante la liberalización de la propiedad y la creación de programas de desarrollo agrícola e industrial. Los soberanos promueven la liberalización de forma parcial de la producción comercial e industrial, y se crean bancos y fomenta el uso de dinero fiduciario, se fomenta el desarrollo industrial equipando las fábricas existentes e instalando nuevas fábricas, promoviendo la modernización de los procesos, a menudo recurriendo a técnicos extranjeros, encargados de poner en marcha las innovaciones. A esto se añade un esfuerzo por reestructurar la red de transporte para facilitar la circulación de productos y la racionalización de la agricultura, en particular en los latifundios o grandes propiedades de Europa del Este, fijando la población campesina sobre el terreno y aportando nuevas poblaciones, intensificando la colonización para poblar los nuevos suelos o las grandes llanuras agrícolas y aprovechar.

Se defendieron las prerrogativas reales por parte de los monarcas frente a la Iglesia (lucha regalista). Este choque entre la Iglesia y el estado tuvo su momento culminante en la persecución de la Compañía de Jesús que, entre 1759 y 1773, fecha de la disolución de la Compañía por decisión del Papa, fueron expulsados de los estados de Portugal, España y Francia. Los monarcas ilustrados justifican su autoridad proclamándose servidores del estado y del pueblo. Hacen suyas las ideas de igualdad de trato ante la ley, la defensa de los derechos y la propiedad.

Se reforma la enseñanza, orientada hacia las llamadas ciencias útiles y librada del lastre de la tradición.

Consecuencias Este sistema, visto como una etapa madura del absolutismo monárquico, decayó en los últimos años del . Las ideas de la Ilustración, adoptadas por estos monarcas, fueron también la mecha que prendió en los sentimientos de las clases desfavorecidas —en especial la burguesía, que cobraba mayor relevancia — para combatir a un sistema absolutista voraz y generador de desigualdad social, y encaminarse hacia un gobierno constitucional.

Gobernantes absolutistas ilustrados María Teresa I de Austria

María Teresa I de Austria centró su atención en las reformas internas alimentadas por el espíritu del despotismo ilustrado incluso durante la guerra de sucesión austríaca, Vacha, 1992, p. 300. que perseguían la centralización y la eliminación de privilegios intentando sin conseguir, la creación del estado-nación austríaco. Este intento fue acompañado de una acusada voluntad de germanización del imperio. A partir de la década de 1760 el canciller de estado Wenzel Anton Kaunitz tuvo un papel cada vez más importante, y los principales cambios, propuestos por Kaunitz fueron la creación de una escuela militar, la centralización en seis ministerios de las cancillerías y corporaciones existentes, la creación de un tribunal supremo, y la reforma del aparato financiero. También cabe mencionar al científico cameral Joseph von Sonnenfels y al médico Gerard van Swieten como reformador de la Universidad de Viena. La emperatriz aprendió de las reformas de Prusia con una administración desvinculada de los estamentos, la reforma militar y la política educativa. Un tema central de su política de reforma era que un aparato estatal central y absolutista debía sustituir a las instituciones estamentales obsoletas y fragmentadas. De hecho, la importancia de los estamentos y el derecho de la nobleza a tener voz en las tierras hereditarias se retrocedió cada vez más durante sus reinados y se limitó, en definitiva, esencialmente a los derechos señoriales. Vacha, 1992, p. 301. Las reformas siguieron tras el final de la Guerra de Sucesión, en parte porque la reforma de las finanzas del estado era especialmente urgente dados los elevados costes de la guerra, provocando una reorganización fundamental del sistema fiscal austríaco, incluyendo por primera vez a la nobleza y el clero en la obligación fiscal. Se introdujo un catastro general como base de la tributación, que era también importante para la política financiera y económica. En 1749 se fundó el Directorium in publicis et cameralibus, con poderes políticos y financieros que antes tenían en los Hofkammer. La Cancillería de la Corte de Austria y Bohemia se fusionó a la nueva autoridad central, que centralizó y fortaleció al gobierno. Por debajo de la autoridad central, se crearon órganos subordinados en una estructura jerárquica. Para los distintos territorios, salvo en los Países Bajos austríacos y Hungría, donde las autoridades anteriores establecimientos se mantuvieron, se crearon autoridades supremas y, por debajo de ellas, una organización de distrito, que servía de cierta protección a los campesinos del despotismo de los terratenientes. Las competencias del Directorium continuaron aumentando ya partir de 1756 incorporó la Comisaría General de Guerra. Sin embargo, a la larga la sede se mostró demasiado pesada, de modo que en 1761 se volvió a externalizar la responsabilidad de la gestión financiera en la rebautizada Cancillería de la Corte de Austria y Bohemia. Se creó un Consejo de Estado bajo la influencia de Kaunitz que debería servir para asesorar a los gobernantes, pero también podría hacerles peticiones. El Consejo de Estado estaba formado por tres miembros del Herrenstand y tres miembros del Ritterstand o eruditos. Vacha, 1992, p. 302. En Austria la servidumbre ya había sido anulada, pero en Bohemia y muy especialmente en Hungría la servidumbre todavía era bien cotidiana entre el campesinado. En 1766 y 1775 se producen revueltas de siervos en Bohemia que exigen la abolición de la servidumbre y de la prestación personal, María Teresa conseguirá promulgar decretos en los que se limitó más que considerablemente la servidumbre. En cambio en Hungría las cosas fueron mucho más complicadas por el enorme poder de la aristocracia húngara y simplemente se aumentó el número de tierra necesaria para tener un siervo lo que hizo que muchas pequeñas explotaciones tuvieran que liberar a los siervos que tenían.

Grandes intelectuales ilustrados miniaturadeimagen|Thomas Hobbes