Operación Masacre es un libro escrito por Rodolfo Walsh, publicado por primera vez en 1957, la primera novela de no ficción periodística. Se adelantó nueve años al libro A sangre fría (In Cold Blood) de Truman Capote, citado como iniciador del género. Basado en las entrevistas con los sobrevivientes, sus familias y autoridades del gobierno, el volumen expone una investigación detallada y revela el asesinato de prisioneros el 9 de junio de 1956, conocidos como los «fusilamientos de José León Suárez», cometidos durante la dictadura autodenominada Revolución Libertadora. Fue llevado al cine, bajo el título homónimo en 1972, dirigida y guionizada por Jorge Cedrón y Walsh.
Argumento sobre lo sucedido En 1956 fracasó un levantamiento cívico-militar de inspiración peronista, liderado por el general Juan José Valle, contra la dictadura Revolución Libertadora. Durante la represión, cinco civiles fueron fusilados en forma clandestina, sospechados de estar en el alzamiento, en un descampado de José León Suárez, en el conurbano de Buenos Aires.
Seis meses después, "alguien" contó en un café su historia sobre el evento que a Walsh le parece increíble, y así nació la investigación. Walsh descubrió que había siete sobrevivientes y los fue encontrando uno a uno, para entrevistarlos y reconstruir los hechos. Eso será el material de base con el que escribirá Operación Masacre.
Con la publicación del libro en 1957, Walsh no dio por terminada la investigación. En sucesivas ediciones fue incorporando elementos y variando su reflexión final sobre los hechos, a medida que variaba su concepción sobre el sistema que regía a la Argentina. Los fusilamientos quedaron impunes, pero Operación Masacre sacó a la luz los hechos mediante la creación de un nuevo género literario, pulverizó la versión oficial, documentó un caso de terrorismo de Estado que se volvería una práctica generalizada de las dictaduras latinoamericanas en las tres décadas siguientes bajo la Doctrina de la seguridad nacional promovida por Estados Unidos y se constituyó como un fragmento de la historia popular de la Argentina: "primero rumor, luego suceso y finalmente acontecimiento político", dice de la obra Rita De Grandis, académica de la Simón Fraser University. Para Osvaldo Bayer:
Eduardo Jozami evalúa el libro como:
Estructura externa La obra se divide en: Prólogo: Incapaz de volver a su casa a causa de los soldados armados que investigan la casa, Walsh se encuentra con Juan Carlos Livraga, un hombre que sobrevivió del fusilamiento de la noche del 9 de junio de 1956, en el café de La Plata. Y allí comienza la investigación a través de las entrevistas con varias personas involucradas tanto directamente como indirectamente. También habla de las dificultades de publicar el libro incluyendo un episodio sobre un periodista que tiene las mismas iniciales que se tomó por error en La Plata. Primera parte: LAS PERSONAS: presentación de la vida cotidiana de cada personaje que serán fusilados y su entorno.
Segunda parte: LOS HECHOS: narra cómo se llevaron a cada uno de los hombres del departamento, el traslado a la Unidad regional de San Martín, el traslado al lugar de fusilamiento, las conversaciones entre los presos y sus sentimientos, el fusilamiento propiamente dicho y el modo en que se salvaron los que pudieron lograrlo. Tercera parte: LA EVIDENCIA: reproducción del expediente formado por la denuncia de Livraga, las declaraciones de los implicados, víctimas y victimarios y el fallo final. Apéndice: habla sobre la filmación de la película Operación masacre. Secuencia final: especie de alegato final en la que participan el pueblo, los fusilados, políticos y diferentes personalidades con hondo contenido social y emocional.
Cada capítulo, a su vez, se divide en secciones. La primera parte del 1 al 13; la segunda del 14 al 31 y la tercera del 32 al 37, cada una de ellas con título.
En 1964, editorial Continental realiza una edición en la que se incluye el expediente Livraga. La edición analizada corresponde a Ediciones de la Flor y es la décima novena de febrero de 1994. Consta de 204 páginas. En 2011 la misma editorial publicó, en edición definitiva, este clásico de la literatura política argentina incluyendo comentarios de Osvaldo Bayer.
Estructura interna Los personajes Carranza (muerto): no está casado pero convive con su mujer, 6 hijos, ferroviario, peronista, fugitivo. Garibotti (muerto): alto, musculoso, cara cuadrada y enérgica, de ojos un poco hostiles, casado, 38 años, 6 hijos, ferroviario. Don Horacio (sobreviviente): moreno, de bigotes y anteojos, alrededor de 50 años, electricista. Giunta (sobreviviente): menos de 30 años, alto, atildado, rubio, de mirada clara, expansivo, gráfico en los gestos y el lenguaje, humorístico, irónico, vendedor en una zapatería. Díaz (sobreviviente): suboficial, sargento sastre retirado de la Marina, casado, 2 o 3 hijos, corpulento, provinciano, muy moreno, de edad indefinible, conversador. Lizaso (muerto): 21 años, alto, delgado, pálido, de carácter retraído y tímido, tenía un padre que era peronista una vez, jugador fuerte, deja una nota sospechosa en la casa de su novia sobre la noche del fusilamiento. Alarmas y presentimientos: Marcelo: amigo de la familia Lizaso y de otros protagonistas. Gavino (sobreviviente): alrededor de 40 años, de estatura mediana, atlético, suboficial de gendarmería en una época, más tarde vendedor de terrenos, temperamento vivo, su esposa es encarcelada como rehén. Explicaciones en una Embajada: Torres, el inquilino del departamento del fondo, lleva dos o tres vidas distintas, para el vecindario es un muchacho tranquilo y popular, para la policía es un individuo peligroso y escurridizo, asilado en una embajada latinoamericana. Mario (muerto): 33 años, estatura mediana, rubio, calvicie incipiente, bigotes, serio y trabajador, oficinista, estudia inglés, casado, 1 hijo, alegre, amable, tímido, no fuma ni bebe. “El fusilado que vive”: Livraga (sobreviviente) flaco, de estatura mediana, rasgos regulares, ojos pardo-verdosos, cabello castaño, bigote, 23 años, temperamento reflexivo y hasta calculador, buen observador. ”Me voy a trabajar…”: Rodríguez (muerto) 35 años, cargador de bolsas en el puerto, casado, 3 hijos, exdelegado en su sindicato, peronista. Las incógnitas: Aparte de los mencionados, estaba Marcelo, algunos amigos e incluso policías que investigaban la situación. Torres dice que hay dos hombres más, pero nadie sabe quiénes son, incluso si existieran.
Temas Historia oral vs. historia escrita La historia oral consiste en el acto del hablar en el que Walsh recoge los testimonios. Esto incluyen, por ejemplo, la conversación con los sobrevivientes, testigos, y las repreguntas; los que sirven como evidencias a través de la forma de hablar, emocionar, y actuar y una demostración de su honestidad y sinceridad. Graciela Alicia Foglia enseña en su artículo que el narrador “observa el mundo desde el lugar de las víctimas, confunde su voz con la de las personas que entrevistó, se apropia de palabras y modos, es así que se acerca a ese mundo, intenta conocerlo y entender lo acaecido” (Foglia 56). Hay una tensión entre la historia oral y la historia escrita ya que se encuentra en la escritura de Walsh no sólo la representación de los testimonios, sino también la percepción y la interpretación del autor, o sea, una crítica social; por ejemplo, la injusticia y la ignorancia de la sociedad como la radio no se ha hecho ninguna referencia a la ley marcial o los acontecimientos. Además, se ve el papel de Walsh en el libro como un narrador al principio cambia a un investigador y se convierte en un denunciante cuando ha llegado a la verdad de los hechos. Se considera, entonces, un escrito marcado por la tensión entre lo que se cree y lo que no se cree.
La injusticia estatal A lo largo de la historia, Walsh demuestra que la justicia de este país detuvo y mató a los hombres por error. El detalle sobre su investigación es además una petición por justicia y reparación para las víctimas, dada su inocencia en el contexto de la Operación Masacre. Expone el fusilamiento como un asesinato y el hecho de que el crimen queda impune expresan que “Dentro del sistema, no hay justicia”. Aunque el libro muestra que decir la verdad no puede cambiar nada en este país durante este tiempo, Walsh deja claro acerca de su intención: una necesidad para la búsqueda de la verdad y una paz democrática. Declara en el final del libro que no persigue un objetivo político, sino un “objetivo social: el aniquilamiento a corto o largo plazo de los asesinos impunes, de los torturadores, de los “técnicos” de la picana que permanecen a pesar de los cambios de gobierno, del hampa armada y uniformada” (Walsh 103).
La violencia La sensación de violencia cubre toda la historia, sobre todo la segunda parte del libro donde el narrador cuenta acerca de los hechos. Usando las descripciones cortas y acciones rápidas, la técnica narrativa que define el estilo se asemejan a los acontecimientos subversivos. Es decir, Walsh es capaz de producir un sentido de suspense y tensión sobre la violencia a través de su escritura. Esto también refleja sobre la cuestión acerca de la inocencia de las víctimas; lo que destaca la mayor tensión entre lo que se sabe y lo que no se sabe. La violencia, sin embargo, no sólo se basa en los hechos, como esto ha llevado a descubrir posibles problemas sociales detrás de él. Graciela Alicia Foglia sugiere que la declaración de objetivos de Walsh, el aniquilamiento de los asesinatos impunes, generaría más violencia. El compromiso de Walsh de dar testimonios y de decir la verdad tal vez sea una declaración de guerra para luchar por un ideal de sociedad.
Sinopsis
A las 23:30 del 9 de junio de 1956, la policía de la Provincia de Buenos Aires allana una casa en la localidad de Florida y detiene a doce civiles que suponen implicados en la rebelión liderada por el general Juan José Valle contra la dictadura del general Pedro Eugenio Aramburu. Unas seis horas después, antes de amanecer, los detenidos fueron llevados por la policía a un basural de José León Suárez, en el conurbano de Buenos Aires, donde les dispararon con la intención de matarlos. Cinco fueron asesinados y siete sobrevivieron; algunos, con graves lesiones. Los asesinados fueron Nicolás Carranza, Francisco Garibotti, Carlos Alberto Lizaso, Mario Brión y Vicente Damían Rodríguez. Los sobrevivientes, Reinaldo Benavidez, Rogelio Díaz, Horacio Di Chiano, Norberto Gavino, Miguel Ángel Giunta, Juan Carlos Livraga y Julio Troxler.
Para contar las vidas y los últimos pasos de los protagonistas, el autor narra lo sucedido la noche de los asesinatos y muestra el expediente judicial que se genera. Elegirá una forma llana de escritura, manteniendo un cuidadoso equilibrio entre lo novelado y lo testimonial.
La tensión sube y el ritmo de la novela aumenta mientras avanza. Walsh utiliza recursos sencillos para consolidar la veracidad de lo narrado, como la descripción de las emociones y pensamientos que pudieron haber tenido esos hombres. De ese modo, el relato de la masacre suma a los fríos hechos, los últimos diálogos y pensamientos de las víctimas antes de morir en aquel basural. El libro incluye también el estremecedor relato verídico de Horacio Di Chiano, uno de los sobrevivientes, cuando luego del tiroteo, ha quedado ileso boca abajo entre la basura y comprende que están rematando a los caídos y que ahora le toca a él: