thumb|276px|Palacio de gobierno, destruido luego del bombardeo El bombardeo de Salvador en 1912 fue uno de los episodios que marcaron las luchas políticas entre las oligarquías provincianas durante los primeros años de la primera república brasileña. El bombardeo ocurrió en la ciudad de Salvador, capital del estado brasileño de Bahía, el 10 de enero de 1912. El episodio, que traumatizó a la ciudad, tuvo repercusiones nacionales y culminó con el ascenso al poder estadual de José Joaquim Seabra, con la derrota de los antiguos líderes conservadores entre los que destacan figuras como Ruy Barbosa, Severino Vieira, José Marcelino de Souza, Luiz Vianna y otros que eran sus adversarios e incluso sus aliados. Antecedentes Bahía vivió una campaña presidencial en la que se enfrentaron el militar gaúcho Hermes da Fonseca y el abogado bahiano Ruy Barbosa. Era el año 1910 y los conservadores estaban divididos: el presidente estadual João Ferreira de Araújo Pinho y el líder José Marcelino apoyaban a Ruy. Marcelino había, en 1907, roto con Severino Vieira, en el episodio que fue conocido como la "escisión del Partido Republicano de Bahía". Del lado victorioso de Hermes da Fonseca se encontraban Vianna, el ex-presidente y ya decadente José Gonçalves da Silva y el enemigo del primero recientemente llegado de Europa, J. J. Seabra.

Las fuerzas oligárquicas estaban totalmente desunidas en la disputa por el poder. Incluso entre los partidarios de Hermes da Fonseca había división: Seabra era adversario de Vianna, enemigos personales además de políticos. Con la victoria electoral de Hermes, Seabra fundó el Partido Republicano Demócrata (PRD), en el que se destacaban jóvenes talentos como Otávio Mangabeira y Ernesto Simões Filho, este último periodista y fundador del diario A Tarde.

A pesar de la enemistad, Seabra mantuvo la relación con Luiz Vianna buscando debilitar la posición de Severino Vieira junto al centralizador poder federal. Conquistó, de esa manera, el cargo de ministro de vialidad y obras públicas. Las posiciones de Seabra lo llevaron a obtener gran apoyo popular, lo que lo convertiría en un candidato natural al gobierno estadual.

El sistema electoral viciado En los primeros años de la República, existía un sistema electoral viciado: los votos eran abiertos y estaban sujetos a todo tipo de fraudes cometidos por los coroneles que dominaban las ciudades del interior. Además de esto, existía la necesidad de que la Asamblea Legislativa y el senado estatal reconocieran al ganador. Aunque contaba con poderosas alianzas, con el apoyo federal y con popularidad, Seabra no tenía la mayoría parlamentaria, lo que implicaba ganar en las urnas, pero perder en el legislativo. Las dos cámaras estaban compuestas, en su mayoría, por diputados y senadores «severinistas» y «marcelinistas». thumb|276px|J. J. Seabra, en 1910, dos años antes del bombardeo Para sortear las irregularidades de las elecciones, se ideó una solución que culminó en el episodio del bombardeo de la capital de Bahía, del cual se puede señalar al sistema como causa inmediata. El plan seabrista Las elecciones estaduales de 1912 permitieron a Seabra aprovecharse de la ausencia de José Marcelino, de viaje, y tener un acuerdo con el correligionario de este, el presidente estadual Araújo Pinho. Por otro lado, mantenía el apoyo de Luiz Vianna desde el Senado Federal. El plan consistía en adelantar las elecciones al máximo posible, que estaban programadas para el 28 de enero de 1912. Para ello, el presidente estadual debía renunciar al cargo, lo que efectivamente ocurrió el 13 de diciembre de 1911.

El plan contaba con la intervención del gobierno federal, atendiendo a los objetivos de Hermes da Fonseca, que actuaba enérgicamente en los estados a fin de asegurar en ellos los liderazgos que le eran aliados (política que recibió el nombre de "Salvaciones nacionales").

Un presidente estadual improvisado Con la renuncia de Araújo Pinho, su sucesor natural era el presidente del senado estadual, el padre Manuel Leôncio Galvão que, como Pinho, alegó una enfermedad y rechazó asumir el cargo. Esto abrió el camino para la toma del poder por parte del opositor de Seabra, el presidente de la Asamblea Legislativa de Bahía, diputado estadual Aurélio Rodrigues Viana. Así pues, se generó la reacción desesperada de los partidarios marcelinistas y severinistas.

Para evitar que el gobierno federal interviniera en la verificación y asegurar el mantenimiento de la mayoría en el legislativo, los adversarios de Seabra consideraron la posibilidad de cambiar la sede del legislativo. Aurélio Viana era originario de la ciudad de Jequié, en el interior del estado, que en ese entonces era un municipio bastante atrasado, sin carreteras, electricidad ni telégrafo. El diputado asumió el gobierno, con el apoyo de los severinistas y marcelinistas, y también de la Policía Militar.

Los seabristas y vianistas, entonces, reaccionaron, votando en el legislativo el rechazo al pedido de renuncia del presidente Araújo Pinho, pero Aurélio Viana ignora esa votación. Él, entonces, ocupa la Cámara y expide el decreto mudando la capital del estado para Jequié, y estableciendo la inmediata transferencia del legislativo para aquella ciudad, acto que a pesar de parecer absurdo, protegería al estado de cualquier intervención federal y permitiría la elección de su candidato como ganador.

El acto fue inmediatamente cuestionado y varios de los diputados y senadores estaduales presentaron acciones de interdicción y hábeas corpus ante la justicia federal. La demanda fue admitida por el juez federal Paulo Martins Fontes, pero Aurélio Viana no acató la decisión. Demostrando su poder, Viana mandó a la policía civil y a la policía militar a ocupar los principales puntos del centro de la ciudad. Se cercaron la cámara de concejales de Salvador, el Teatro São João y el palacio de gobierno.

El conflicto ya estaba instaurado. El juez Fontes mandó que el gobierno federal cumpliera su sentencia.

El ataque a la capital thumb|276px|El antiguo palacio de gobierno quedo prácticamente en ruinas y tuvo que ser reconstruido. Para uno fue algo inesperado pero para otros, como Dias Tavares, fue una respuesta al llamado hecho por el juez federal al gobierno, o también, como muchos señalan, por una intervención directa de J. J. Seabra, el hecho fue que el comandante de la entonces 7ª Región Militar, con sede en Salvador y conformada por los estados de Bahía y Espírito Santo, general José Sotero de Menezes recibió órdenes para actuar con rigor y forzar el cumplimiento de la decisión judicial. El ultimatum En la mañana del 10 de enero, a las 10 horas, el general Sotero de Menezes envió al presidente estadual de facto Aurélio Viana una comisión conformada por oficiales subordinados. Viana pidió una hora para consultar a sus aliados, respondiendo a las 13 horas que no retiraría sus "tropas", pero que los diputados y senadores estaduales podían reunirse en sesión. A las 13 horas y 30 minutos, el comandante de la 7° RM informó a los cónsules que haría uso de la fuerza e hizo circular un boletín que decía:

thumb|276px|El fuerte de São Marcelo, uno de los fuertes utilizados para el bombardeo. La ciudad se detuvo y comenzó la evacuación de las casas. A las 13 horas y 40 minutos dos tiros de pólvora seca fueron disparados desde el forte do Mar.

Salvador es bombardeada A las 14 horas se inició el bombardeo con un cañoneo proveniente del forte do Mar, del fuerte de São Pedro y del fuerte de Barbalho. En veinte minutos, cerca de veinte tiros provenientes del forte do Mar alcanzaron la sede de gobierno, incendiando un edificio histórico de trescientos años, que fue destruido. El fuego alcanzó la Biblioteca Pública, fundada en 1811 por el sexto conde dos Arcos, Marcos de Noronha e Brito. Allí se custodiaban documentos valiosos, libros raros que fueron perdidos para siempre ya que también era la sede del Archivo Público de Bahía - perdiéndose la documentación de la primera capital brasileña. El cañoneo del fuerte de Barbalho alcanzó a la Cámara y a la esquina de la Praça da Sé, provocando daños. Los disparos del fuerte de São Pedro, a su vez, alcanzaron el cuartel de la policía militar en Barris. El cañoneo duró cuatro horas

Se trabó, en seguida, una auténtica guerra campal de la que no se conoce el número de víctimas.

Las luchas en Salvador thumb|276px|La playa de Porto da Barra (década de 1970), donde aparecieron los cadáveres caídos en la bahía de Todos los Santos. La ciudad se vio en una guerra. De un lado, las policías estaduales, y del otro el Ejército Brasileño, que ocupó la Cámara y, con las tropas del 50° batallón de cazadores, luchaba contra los hombres del 6° batallón de artillería de la Policía Militar. Los combates se trabaron en la plaza Castro Alves, en la plaza Municipal y frente al Ginásio da Bahia. Bajas de ambos lados, así como civiles que se armaron, ocurrieron sin que haya un número preciso. Los cuerpos de los que cayeron en la bahía de Todos los Santos aparecieron días después en la playa de Porto da Barra y en Río Vermelho - esta última ya en el Atlántico.

A los irrecuperables daños históricos se sumaban los daños humanos. El ejército y la Marina ocuparon los edificios públicos. El palacio de gobierno, semidestruido, fue saqueado y los presos huyeron de la penitenciaría. Una renuncia efímera El 11 de enero, el general se reunió con Viana. Allí acordó su renuncia, por lo que el tercero en la línea de sucesión, el presidente del Tribunal de Justicia de Bahía, el magistrado Bráulio Xavier, debía asumir el cargo. Un mitin celebró el resultado.

Sin embargo, se produjo una repercusión negativa en la capital de la República, Río de Janeiro. La prensa, la población e incluso miembros del propio gobierno: el almirante Joaquim Marques Batista Leão, ministro de Marina, renunció a su cargo; y en Salvador circuló la versión de que el Barón de Río Branco había fallecido poco después de los hechos, desconsolado por el desafortunado bombardeo.

Ruy Barbosa también reaccionó, presentando ante el Tribunal Supremo Federal un recurso de hábeas corpus para que Viana vuelva al poder. Hermes da Fonseca, acorralado por fuertes presiones, ordena al mismo general Sotero de Menezes que reincorpore al cargo al presidente destituido.

El regreso también efímero de Viana El 22 de enero, entonces, Aurélio Viana retomó sus funciones de gobierno con todas las garantías que había exigido al comandante de la 7.ª RM, incluso con el consentimiento de sus adversarios. La ceremonia de toma de posesión se llevó a cabo en la Cámara, ante todos los parlamentarios de la oposición —pues los del gobierno acataban la decisión de Viana y, por lo tanto, se encontraban todos en Jequié, muy lejos del centro de los acontecimientos—. Sin embargo, algo inesperado acabó con la solemnidad: un violento conflicto se desató en la popular zona comercial de Baixa dos Sapateiros: la gente atacaba a la policía.

A raíz del incidente inicial, la gente marchó —miles, según las crónicas de la época— hasta la plaza Castro Alves, llegando por la Barroquinha. Desde allí, la multitud, desenfrenada, atacó a los periódicos de los marcelinistas y severinistas, saludó a Luiz Vianna y se lanzó en una turba por las calles, liberando a los locos y a los presos. Aurélio Viana huyó a la casa del cónsul honorario de Venezuela, declarándose refugiado. El 25 de enero, el pueblo levantó barricadas en Campo Grande y el gobernador se trasladó a la sede del consulado venezolano y, desde allí, al día siguiente, a la de Francia. Hermes da Fonseca retiró al general Sotero de Salvador.