La cresta de Ilión es una novela escrita por la novelista mexicana Cristina Rivera Garza. El libro se publicó en 2002. Narra la historia de un personaje anónimo que lucha con su identidad de género, su identidad personal y las ideas de cordura, deseo, miedo y libertad. La historia se centra en el narrador anónimo mientras lidia con tres mujeres que le dicen que es una mujer, pero él intenta desmentir esa idea. La novela ha recibido una acogida positiva por parte de la crítica.

Trama La novela comienza con un hombre anónimo reflexionando sobre por qué dejó entrar a una mujer en su casa en una noche oscura y tormentosa. La mujer se presenta como Amparo Dávila, y el narrador se interesa particularmente por su prominente hueso de la cadera, aunque no recuerda el nombre de dicho hueso. Amparo se acerca al narrador y afirma que él solía ser un árbol, lo cual lo confunde enormemente. Más tarde esa noche, el narrador revela que en realidad estaba esperando a otra mujer, a la que se refiere como la Traicionada; planeaban poner fin a su relación definitivamente esa misma noche. La Traicionada llega tarde y se desmaya inmediatamente al llegar. Amparo comienza a cuidarla y a desempacar las pertenencias de la Traicionada, diciéndole que tendrá que quedarse allí para recuperarse.

Tras pasar unos días en casa del narrador, este se da cuenta de que Amparo está escribiendo algo, que según ella trata sobre su propia desaparición. Comienza a observar a las dos mujeres y llega a la conclusión de que han creado su propio lenguaje estructurado en torno a la palabra "glu". Finalmente, Amparo le pregunta sobre su trabajo en el hospital Granja del Buen Descanso, lo que aumenta sus sospechas. Una noche, decide drogarla para intentar sacarle información. Revela que está buscando información sobre un hombre que podría haberle robado un manuscrito. El narrador recuerda que el hombre intentó organizar a los pacientes terminales para que exigieran la muerte en lugar de la vida en el hospital y que finalmente se suicidó. Amparo afirma que no ha vuelto a escribir desde el día en que aquel hombre le robó el manuscrito. Posteriormente, el narrador va a trabajar y llega a un acuerdo con dos mujeres: las llevará en coche otra noche a cambio de permiso para revisar los archivos. Encuentra los archivos del hombre, en los que aparece identificado como Juan Escutia. El narrador también encuentra por casualidad el manuscrito perdido de Amparo en los archivos, pero no se lo revela a ella.

Más tarde, Amparo se acerca al narrador y le confiesa que conoce su secreto: en realidad es una mujer. Tras esta conversación, la paranoia y la incertidumbre del narrador sobre su propio cuerpo y existencia aumentan, y comienza a verificar constantemente que es un hombre.

El narrador cumple su promesa de llevar en coche a las dos mujeres encargadas del archivo. Él las acompaña a una fiesta y tiene relaciones sexuales con ellas. Tras abandonar la fiesta, se le ocurre buscar a Amparo en la guía telefónica. Quiere contactar con la verdadera Amparo y desenmascarar a la falsa. Más tarde él la llama y ella acepta reunirse con él. Cuando llega a la verdadera casa de Amparo, recupera algunos recuerdos de su vida como árbol. Tras recuperarse de esta experiencia, comienza a hablar con Amparo, a quien llama la Verdadera. Él le entrega el manuscrito y le describe a la Falsa, y ella afirma que la Falsa debe ser una de las Emisarias. Ella le devuelve el manuscrito y le dice que se lo entregue a la Falsa, algo que él no tiene ninguna intención de hacer.

Una mañana, un guardia de seguridad del hospital llega a la casa del narrador. El narrador es llevado a la oficina del Director, quien lo confronta sobre sus viajes ilegales a los archivos. Para su propia confusión, el narrador confiesa esta transgresión y es llevado a la enfermería. Tras ser interrogado, es puesto en libertad y regresa a casa. Más tarde, comienza a espiarse a sí mismo y a los demás, y se da cuenta de que las personas no se ajustan a las expectativas que él tenía de ellas. Las trabajadoras y pacientes no encajan en su idea de feminidad. Continúa investigando a Juan Escutia y el Director lo sorprende revisando los archivos de nuevo. El director le recrimina entonces el comportamiento de sus huéspedes, que son inaceptables según los estándares del hospital. El narrador explica algunas de las circunstancias de la llegada de las mujeres y le pregunta al director si desea conocerlas. El Director acepta esta invitación. Cuando llega, el narrador se sorprende al descubrir que el Director conoce el idioma "glu". Comienza a conversar con las mujeres en ese idioma, dejando al narrador confundido.

La Verdadera llama al narrador y le dice que vaya a su casa, dirigiéndose a él como si fuera una mujer. A la mañana siguiente, la Falsa se derrumba y afirma que sin los escritos de la Verdadera Amparo, su trabajo es inútil. Ella reconoce que no es la verdadera Amparo, pero afirma que aquella a quien el narrador llama la Verdadera también es una impostora. El narrador decide visitar a la Verdadera, quien parece haber olvidado invitarlo. La Verdadera pregunta por qué importa siquiera si ella es la verdadera Amparo y afirma que no sabe si lo es o no. Luego, confunde al narrador al decir que "él" se suicidará sin especificar quién es "él", y afirma que ella es "la única que queda". El narrador se da cuenta entonces de que está ante la Desaparición. Recuerda haber leído su manuscrito, pero no recuerda su contenido. Sale corriendo hacia su jeep, que ha desaparecido junto con el manuscrito de Amparo. Luego, se dispone a caminar a lo largo de la costa antes de ser finalmente descubierto por la Traicionada. Ella dice algo en la lengua misteriosa y el narrador la entiende y responde.

El narrador termina en el hospital y luego es dado de alta. Al regresar a casa, la Falsa lo saluda y le dice que son los únicos que quedan. El narrador baja a la playa con la Falsa Amparo y ella pronuncia la misma expresión sobre "él" suicidándose, y un pelícano inexplicablemente se suicida. La falsa Amparo se levanta para marcharse e invita al narrador a acompañarla, pero él se niega.

Más tarde, el narrador ya no puede recordar el rostro de la Falsa, pero sí recuerda el nombre de su hueso de la cadera: el Ilión . Él piensa que los emisarios deberían haberse dado cuenta de que esta es la mejor manera de descubrir el sexo de una persona para así descubrir su secreto.

Personajes

El Narrador: El Narrador, cuyo nombre no se menciona, es médico en el hospital y vive en la residencia para el personal, situada frente al mar. Se identifica como hombre. Según Amparo Dávila, fue un árbol en una vida pasada, recuerdo que le asalta vagamente en varios momentos de la obra. Es un hombre mayor, aunque conserva una figura delgada y tonificada; tiene el cabello canoso, arrugas y ojos verdes. Describe sus relaciones pasadas con mujeres como problemáticas, caracterizadas por abandonos rápidos o por haberlas olvidado pronto; en sus interacciones con ellas, oscila entre el miedo y el deseo. «La Traicionada» y «La Traicionera» son dos de sus antiguas amantes, y mantuvo relaciones con un hombre (al que se refiere simplemente como «Alguien») durante el inicio de su adolescencia. El narrador también mantiene relaciones sexuales con «las Urracas». Al final de la novela confiesa un secreto, pero no se revela al lector de qué se trata. Amparo Dávila, la Falsa: Amparo posee un rostro felino de ojos enormes, cejas finamente arqueadas, pómulos marcados, una melena indomable y caderas prominentes; aparenta poco más de veinticinco años. Despierta miedo en el narrador, aunque este confunde inicialmente dicha sensación con el deseo. Es feminista y busca preservar las palabras de la verdadera Amparo Dávila; ha contactado con el narrador con la esperanza de conseguir un manuscrito del expediente de Juan Escutia, que se encuentra en el hospital. Asegura saber que el narrador es mujer y afirma conocerlo desde la época en que él era un árbol. Actúa como si fuera la auténtica Amparo Dávila y se disgusta al enterarse de que el narrador ha hablado con «la Verdadera». Cada día se levanta, se ducha y prepara el desayuno. Duerme en la misma habitación que «la Traicionada» y cuida de ella durante su enfermedad. Amparo y «la Traicionada» comparten un lenguaje secreto. La Traicionada: Es una antigua amante del narrador cuya visita él espera la misma noche en que Amparo Dávila se presenta en su puerta. Durante gran parte de la primera mitad del libro, «la Traicionada» está enferma y Amparo se ocupa de sus cuidados. La Traicionada y Amparo desarrollan un lenguaje secreto y estrechan su vínculo mientras se alojan en casa del narrador. El narrador no logra superar a la Traicionada. Su relación comenzó con encuentros exclusivos los jueves, pero evolucionó hasta verse a diario, lo que llevó al narrador a engañarla con la Traicionadora. Con el tiempo, logran recomponer su relación, pero él teme que ella vuelva a traicionarlo; posteriormente, se traslada a la costa para comenzar a trabajar en el sanatorio sin avisar a la Traicionada de su partida. La Traicionada mantiene cierto tipo de relación con el Director. Juan Escutia: Juan fue paciente del sanatorio durante los primeros años de estancia del narrador allí; también se le conocía como el Hombre Impetuoso y el nuevo o moderno Prometeo, ya que incitaba a los pacientes terminales a protestar y a rebelarse contra los médicos. Antes de pasar por diversos centros, Juan trabajaba principalmente como periodista. Se le describía como un hombre musculoso, de ojos castaños y barba descuidada. Un día, rompió una ventana del sanatorio con una maza y se suicidó arrojándose al vacío. Amparo Dávila, la Verdadera: El narrador se refiere a esta Amparo como «la Verdadera». Se reúne con ella para intercambiar el manuscrito, con la esperanza de obtener respuestas sobre la Amparo Falsa. Sin embargo, el encuentro con la Amparo Verdadera le trae más recuerdos de su etapa como árbol, y la extrañeza que rodea sus citas con ella provoca el deterioro de su salud mental a medida que avanza la novela. Se describe que tiene un aspecto muy similar al de la Amparo Falsa, aunque aparenta más edad. Ella informa al narrador sobre los emisarios, incluida la Amparo Falsa. El Director: Es el director general del hospital; se ve obligado a investigar al narrador después de descubrirse que este consultaba expedientes restringidos y alojaba mujeres en su casa. El Director bebe whisky de buena calidad —según el paladar del narrador— y fuma puros. Visita la casa del Narrador y habla el lenguaje secreto de las dos mujeres; además, mantiene cierto vínculo con la Traicionada, quien acude a visitarlo al hospital a diario. La traidora: La traidora es una antigua amante del narrador a quien él todavía desea. Un día, ella coquetea con él de manera frívola cuando se encuentran en una cafetería, y ambos comparten un beso que consume al narrador con una pasión que perdura durante tres años. Ella amenaza al narrador, le arroja platos, llora desconsoladamente y discute sin cesar. Finalmente, ella abandona al narrador en busca de algo nuevo; es entonces cuando él se da cuenta de que le había dedicado toda su energía, su tiempo y su espacio. Las urracas: Las urracas son dos mujeres que trabajan con el narrador, aunque en el departamento de archivos. Él acepta llevarlas en coche a una fiesta a cambio de tener acceso a los archivos, especialmente los de Juan Escutia. Viven en uno de los apartamentos asignados por el hospital. Llevan maquillaje llamativo y gafas anticuadas. La noche que se encuentran con el narrador, visten ropa elegante ya que van a la boda de su sobrino. El narrador fantasea con ellas en el coche y finalmente forman un trío al final de la velada.

Desarrollo miniaturadeimagen| Cristina Rivera Garza, autora de La cresta ilíaca.