El primer Estado islámico fue establecido y liderado directamente por el profeta islámico Mahoma en la ciudad de Medina en el año 622, bajo la Carta de Medina. Representaba la unidad política de la Umma (nación) musulmana. Tras la muerte de Mahoma, sus compañeros —conocidos como los Califas Bien Guiados (Rashidun)— fundaron el Califato rashidun o Califato ortodoxo (632-661), el cual inició una expansión masiva e inspiró a los Estados islámicos posteriores, tales como el Califato omeya (661-750) o el Califato abasí (750-1258).

Según el relato tradicional de la sirah (biografía del Profeta), Mahoma nació en La Meca —un importante centro de comercio caravanero— alrededor del año 570 d. C.,"The very first question a biographer has to ask, namely when the person was born, cannot be answered precisely for Muhammad. [...] Muhammad's biographers usually make him 40 or sometimes 43 years old at the time of his call to be a prophet, which [...] would put the year of his birth at about 570 A.D." F. Buhl & A.T. Welch, Encyclopaedia of Islam 2nd ed., "Muhammad", vol. 7, p. 361. en el seno de una familia perteneciente al clan de los Quraysh (coraichitas), que constituía la tribu principal de La Meca y una fuerza dominante en la región del Hiyaz. Cuando tenía aproximadamente 40 años, comenzó a recibir en el monte Hira lo que los musulmanes consideran revelaciones divinas transmitidas a través del arcángel Gabriel, las cuales conformarían posteriormente el Corán. Estas inspiraciones le instaban a proclamar una fe estrictamente monoteísta —como expresión final del profetismo bíblico codificado anteriormente en los textos sagrados del judaísmo y el cristianismo—, a advertir a sus compatriotas sobre la inminencia del Día del Juicio, y a denunciar las injusticias sociales de su ciudad."Key themes in these early recitations include the idea of the moral responsibility of man who was created by God and the idea of the judgment to take place on the day of resurrection. [...] Another major theme of Muhammad's early preaching, [... is that] there is a power greater than man's, and that the wise will acknowledge this power and cease their greed and suppression of the poor." F. Buhl & A.T. Welch, Encyclopaedia of Islam 2nd ed., "Muhammad", vol. 7, p. 363. El mensaje de Mahoma atrajo a un puñado de seguidores, pero se encontró con una creciente resistencia por parte de los notables de La Meca."At first Muhammad met with no serious opposition [...] He was only gradually led to attack on principle the gods of Mecca. [...] Meccan merchants then discovered that a religious revolution might be dangerous to their fairs and their trade." F. Buhl & A.T. Welch, Encyclopaedia of Islam 2nd ed., "Muhammad", vol. 7, p. 364. Había sido invitado a Medina por los líderes de la ciudad para arbitrar las disputas entre los clanes que asolaban la urbe. Mahoma llegó a Medina tras la migración de sus seguidores —episodio conocido como la Hégira— en el año 622, siendo recibido favorablemente por los residentes judíos y paganos de la ciudad en calidad de árbitro.The Cambridge History of Islam (1977), p. 39 Como resultado, fue aceptado por consenso popular como el líder político de la ciudad, estableciendo así el primer Estado islámico mediante el ejercicio de dicho rol.

El primer estado islámico se rigió en gran medida por la carta de Medina, una suerte de constitución política escrita por Mahoma que estipulaba la unificación de las tribus de Medina y los muhayirun (seguidores de Mahoma).

Historicidad

La biografía profética, conocida como sīrah, junto con los registros atribuidos de las palabras, acciones y la aprobación tácita de Mahoma —conocidos como hadices—, han perdurado en las obras históricas de escritores de los siglos y de la era musulmana (-1000 d. C.),William Montgomery Watt, Muhammad in Mecca, 1953, Oxford University Press, p.xi y proporcionan una gran cantidad de información sobre Mahoma.

La perspectiva islámica general sostiene que el Corán ha sido preservado desde sus inicios tanto por escrito como mediante la memorización, y su testimonio se considera fuera de toda duda. La fuente de información musulmana más antigua sobre la vida de Mahoma —el propio Corán— ofrece muy poca información personal, y su historicidad es objeto de debate. Algunos investigadores han explorado, por ejemplo, las irregularidades y repeticiones presentes en el texto coránico de un modo que refuta la afirmación tradicional de que este fue preservado mediante la memorización simultáneamente con su escritura. Según estos investigadores, existió un periodo de transmisión oral que dio forma al Corán tanto en su texto como en su ordenamiento; las repeticiones e irregularidades mencionadas serían, por tanto, vestigios de dicho periodo.

La historicidad puede fundamentarse en documentos sellados, órdenes, textos de tratados, hallazgos arqueológicos y correspondencia interna y externa de estados o comunidades vecinas, así como en el descubrimiento de la composición genética y el parentesco de Mahoma a través de sus efectos personales y restos físicos (cabello, barba, etc.) que figuran entre sus supuestos legados. Si bien las fuentes relativas a la esfera de influencia sasánida durante el —periodo que precede al surgimiento del islam— son escasas, las fuentes referentes a las provincias bizantinas de Siria e Irak en ese mismo periodo, complementadas por escritos cristianos en siríaco, ofrecen una calidad comparativamente superior.

La mayor parte de la historia islámica se transmitió oralmente hasta después del surgimiento del Califato abasí. Al mismo tiempo, el estudio de los primeros períodos de la historia islámica se ve dificultado por la falta de fuentes. Los relatos se escribieron en forma de «historias de conquista fundacional» basadas en la nostalgia por la edad de oro de entonces. Humphrey, citado por Antoine Borrut, explica que los relatos relacionados con este período se crearon según un principio de pacto-traición-redención.

La mayor parte de la historia islámica se transmitió de forma oral hasta después del ascenso del Califato abasí. Al mismo tiempo, el estudio de los periodos más tempranos de la historia islámica se ve dificultado por la escasez de fuentes. Los relatos se plasmaron por escrito en forma de «historias de conquista fundacionales», basadas en la nostalgia por la «edad de oro» de aquel entonces. Humphrey, citado por Antoine Borrut, explica que las narraciones relativas a este periodo fueron construidas conforme a un principio de «pacto, traición y redención».Borrut A., "From Arabia to the Empire - conquest and caliphal construction in early Islam", in The Historians' Quran, vol. 1, 2019, pp. 249-289 Existe un número relativamente reducido de fuentes no musulmanas —contemporáneas o casi contemporáneas— que atestiguan la existencia de Mahoma y que resultan valiosas tanto por sí mismas como para su comparación con las fuentes musulmanas. Los testimonios no islámicos sobre la vida de Mahoma lo describen como el líder de los sarracenos—a quienes se consideraba descendientes de Ismael—, quienes habitaban en las regiones de Arabia Pétrea y Arabia Deserta, en el norte. Según algunas fuentes, «Mahoma» no es un nombre propio, sino un título.Volker Popp, Die frühe Islamgeschichte nach inschriftlichen und numismatischen Zeugnissen, in: Karl-Heinz Ohlig (ed.), Die dunklen Anfänge. Neue Forschungen zur Entstehung und frühen Geschichte des Islam, Berlin 2005, pp. 16–123 (here p. 63 ff.)

Historia

Antecedentes

Una delegación de la ciudad de Yathrib (que se convertiría en Medina), compuesta por representantes de los doce clanes más importantes de la ciudad, invitó a Mahoma, como forastero neutral, a servir como árbitro principal de la comunidad. En Yathrib había habido conflictos entre sus tribus árabes y judías durante aproximadamente un siglo. Los desacuerdos recurrentes, las luchas y las muertes por disputas territoriales, especialmente después de la batalla de Bu'ath, en la que participaron todos los clanes, hicieron que las concepciones tribales de venganza de sangre y justicia ojo por ojo fueran inviables sin una autoridad neutral que juzgara en los casos en disputa. La delegación de Medina se comprometió, junto con sus conciudadanos, a aceptar a Mahoma en su comunidad y a protegerlo como a uno de los suyos.

Mahoma instruyó a sus seguidores a emigrar a Medina hasta que prácticamente todos ellos abandonaron La Meca. Alarmados por la partida de los musulmanes, según la tradición, los mecanos conspiraron para asesinarlo. Mahoma instruyó a su primo y futuro yerno Alí para que durmiera en su cama y así engañar a los asesinos haciéndoles creer que se había quedado (y le ordenó que los repeliera en su lugar), y se escabulló secretamente de la ciudad. Hacia el año 622, Mahoma había emigrado a Medina, entonces conocida como Yathrib, un gran oasis agrícola. Tras la emigración, los mecanos se apoderaron de las propiedades de los emigrantes musulmanes en La Meca.

Entre las acciones de Mahoma para resolver las antiguas disputas entre las tribus de Medina se encuentra la redacción de un documento conocido como la carta de Medina (fecha debatida), que estableció una especie de hermandad entre las ocho tribus medinesas y los emigrantes musulmanes de La Meca (los muhariyun), y que especificaba los derechos y deberes de todos los ciudadanos y la relación de las diferentes comunidades en Medina (incluyendo la de la comunidad musulmana con otras comunidades, específicamente los judíos y otros «pueblos del Libro»). La comunidad definida en la carta de Medina, la umma, tenía una perspectiva religiosa, pero también estaba influenciada por consideraciones prácticas y conservaba sustancialmente las formas jurídicas de las antiguas tribus árabes.

Relación con los seguidores de las religiones abrahámicas El primer grupo de paganos convertidos al islam en Medina fueron los clanes que no habían producido grandes líderes y que habían sufrido a manos de líderes belicosos de otros clanes. Posteriormente, la población pagana de Medina aceptó el islam en general, salvo algunas excepciones. Según Ibn Ishaq, esto se vio influenciado por la conversión al islam de Sa'd ibn Mua'dh, uno de los líderes más destacados de Medina.

En el transcurso de su labor de proselitismo en La Meca, Mahoma consideraba a cristianos y judíos (a quienes se refería como «Gente del Libro») como aliados naturales, pertenecientes a las religiones abrahámicas, que compartían los principios fundamentales de sus enseñanzas, y anticipaba su aceptación y apoyo. Los musulmanes, al igual que los judíos, oraban en ese momento en dirección a Jerusalén. En la carta de Medina, Mahoma exigía la lealtad política de los judíos a cambio de autonomía religiosa y cultural en numerosos tratados.

Sin embargo, los clanes judíos no obedecieron estos tratados debido a una disputa con los musulmanes, aunque con el tiempo hubo algunos conversos de entre ellos. Después de su migración a Medina, la actitud de Mahoma hacia los cristianos y los judíos cambió «debido a la experiencia de la traición». Norman Stillman afirma:Durante este período crucial, marcado por la tensión tras la Hégira (migración a Medina), cuando Mahoma se topó con la contradicción, el ridículo y el rechazo de los eruditos judíos en Medina, adoptó una perspectiva radicalmente más negativa de la Gente del Libro, que había recibido escrituras anteriores. Esta actitud ya se estaba gestando en el tercer período mecano, a medida que el Profeta se percataba de la antipatía entre judíos y cristianos, así como de los desacuerdos y las disputas entre los miembros de la misma religión. El Corán, en ese momento, afirma que «relatará [correctamente] a los Hijos de Israel la mayor parte de aquello sobre lo que discrepan» (Sura An-Naml, 27:76).

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