La Fábrica de San Luis Apizaquito, también conocida como Fábrica de Hilados y Tejidos de San Luis, es un antiguo complejo textil situado en la localidad de San Luis Apizaquito, en el municipio de Apizaco, Tlaxcala. Ángel Solana Alonso fundó el establecimiento en 1899 para producir hilados y tejidos de algodón, en un conjunto que anteriormente había albergado una finca y un molino de trigo. La fábrica formó parte del desarrollo de la industria textil tlaxcalteca durante el Porfiriato.
El complejo mantuvo sus actividades durante aproximadamente seis décadas, aunque las fuentes consultadas sitúan su cierre definitivo entre 1959 y 1962. Tras el cese de la producción, los propietarios acondicionaron una parte del inmueble como casa de descanso. Sin embargo, el conjunto permaneció deshabitado durante años y presentó deterioros en las cubiertas, los entrepisos y los acabados.
En 2012 comenzó un proyecto de restauración y adaptación coordinado por la Facultad de Arquitectura de la Universidad Nacional Autónoma de México, bajo la supervisión del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH). Como resultado de esta intervención, el Gobierno de Tlaxcala inauguró el Centro de las Artes de Tlaxcala en el antiguo complejo fabril en diciembre de 2016.
Historia
Antecedentes del inmueble Las fuentes difieren sobre los antecedentes más antiguos del conjunto. El Sistema de Información Cultural de la Secretaría de Cultura señala que desde 1560 existía en el lugar un molino de trigo relacionado con Juan López Arronez. En cambio, las investigaciones arquitectónicas e históricas de José Javier Arredondo Vega y del INAH reconstruyen con mayor detalle la sucesión de propietarios y usos a partir de finales del .
Según esta última reconstrucción, en 1886 funcionaba en el lugar un molino de trigo denominado finca Loza, propiedad del francés Simón Stéfani. La documentación registró el inmueble como Rancho Lozada en 1894 y, tras un cambio de propietarios ocurrido hacia 1897, como Quinta Marqués y Compañía, Sociedad en Comandita.
Las fuentes también ofrecen fechas distintas para el inicio de la actividad textil. Blanca Esthela Santibáñez Tijerina y los investigadores José Gustavo Becerril Montero y Almidia Patricia Ruiz Flores sitúan en 1899 la fundación de la fábrica de hilados y tejidos de algodón por Ángel Solana Alonso. Por su parte, el Sistema de Información Cultural fecha el comienzo de las operaciones fabriles en 1905. Solana nació en Bustablado, Santander, en 1855. Después de residir y desarrollar actividades comerciales en Huajuapan de León, Oaxaca, se trasladó hacia 1889 a la ciudad de Puebla, donde amplió sus inversiones hacia el comercio, la agricultura, la banca y la industria textil. A finales del adquirió varias propiedades en Tlaxcala, entre ellas la hacienda de San Diego Apatlahuaya y el establecimiento de San Luis Apizaquito.
Desarrollo industrial El Gobierno de Tlaxcala concedía exenciones fiscales a los nuevos establecimientos industriales. El 1 de julio de 1908 otorgó a la fábrica de San Luis una exención de contribuciones por diez años. Por otra parte, los registros del Departamento del Trabajo indican que el establecimiento pagaba 4320 pesos semestrales en impuestos en 1913.
Las fuentes ofrecen cifras distintas sobre la capacidad productiva de la fábrica. La ficha del Catálogo Nacional de Monumentos Históricos consultada por Arredondo Vega señala que el establecimiento comenzó con diez telares y posteriormente alcanzó cuatrocientos. Santibáñez Tijerina menciona una capacidad de 240 telares, mientras que un cuadro estadístico de 1912 registra 200 telares, 3408 husos y una plantilla de 175 trabajadores. Ese año, la fábrica produjo 55578 piezas y 25086 unidades de hilaza. Según las cifras de 1912, la fábrica ocupaba el tercer lugar entre los establecimientos textiles de Tlaxcala por el valor de las ventas declaradas, después de La Trinidad y La Josefina. Santibáñez Tijerina también señala que la plantilla aumentó a 262 trabajadores en 1913. Un informe de las autoridades laborales de ese año registró jornadas de diez horas en el turno diurno y nueve en el nocturno. También indicó que la empresa proporcionaba viviendas, medidas de seguridad laboral y una escuela financiada por el propio establecimiento. Sin embargo, estas afirmaciones proceden de la evaluación de las autoridades del trabajo, no de testimonios directos de los obreros.
La fábrica utilizaba principalmente maquinaria procedente de Inglaterra y Estados Unidos, además de algunos equipos suizos. Las naves de telares incorporaron columnas y viguetas de acero, lámina acanalada galvanizada y bóvedas rebajadas de ladrillo. Algunas columnas conservaban el nombre de la Fundidora Monterrey, empresa que había iniciado sus actividades en 1900. El complejo contaba también con infraestructura de generación eléctrica y transporte. Según la ficha del Catálogo Nacional de Monumentos Históricos, una planta generadora instalada en la fábrica suministró energía a la ciudad de Apizaco, mientras que una vía para armón comunicaba el establecimiento con esa localidad. Después del cierre, los propietarios retiraron los rieles, aunque las inspecciones previas a la restauración localizaron algunos restos bajo el andador principal del área frontal.
Periodo revolucionario La industria textil de Tlaxcala afrontó durante la Revolución mexicana problemas de abastecimiento de materias primas, interrupciones en las comunicaciones, reclutamiento de trabajadores y paralizaciones ocasionadas por grupos revolucionarios y fuerzas federales. Santibáñez Tijerina señala que nueve de las diez fábricas que operaban en el estado a finales del mantuvieron actividades durante el periodo revolucionario, aunque experimentaron cierres intermitentes. Pero la autora no proporciona una cronología anual específica de San Luis Apizaquito durante ese periodo. La misma investigación relaciona las dificultades posteriores de las fábricas tlaxcaltecas con la falta de materias primas, la necesidad de modernizar la maquinaria, la escasez de trabajadores y los conflictos laborales. El estudio sitúa estas circunstancias dentro de la evolución general del sector y no las atribuye de manera exclusiva a San Luis Apizaquito.
Cierre y abandono Las fuentes sitúan el cierre definitivo de la fábrica entre 1959 y 1962. La ficha del INAH registra una suspensión temporal de actividades en 1947 y la clausura definitiva en 1959. Por su parte, Santibáñez Tijerina fecha el cierre en 1961, mientras que el Sistema de Información Cultural señala que la producción textil continuó hasta 1962. Santibáñez Tijerina también relaciona la desaparición de las fábricas textiles tlaxcaltecas durante la segunda mitad del con la falta de modernización de la maquinaria, la crisis nacional del algodón y la competencia de las fibras artificiales. Asimismo, identifica a San Luis Apizaquito como el primero de los establecimientos textiles decimonónicos de Tlaxcala que suspendió definitivamente sus actividades.
Tras el cierre, los propietarios acondicionaron una parte del edificio como casa de descanso. El inmueble quedó posteriormente deshabitado y comenzó un proceso de deterioro progresivo. El diagnóstico arquitectónico previo a la restauración registró el colapso de entrepisos y cubiertas, la degradación de los sistemas de impermeabilización, modificaciones derivadas del uso doméstico y alteraciones en los revestimientos exteriores. La falta de mantenimiento agravó estos daños. La acumulación de hojas y tierra obstruyó las bajadas pluviales y permitió el crecimiento de vegetación sobre las cubiertas, lo que provocó humedad y pudrición en las vigas de madera.
Arquitectura
Organización del conjunto El complejo se asentaba sobre un terreno con pendiente descendente hacia el arroyo Apizaquito, mientras que un muro irregular de piedra delimitaba su perímetro. Antes de la restauración, el conjunto comprendía el edificio principal, dos salas de telares, dependencias administrativas y domésticas, una capilla con sacristía, viviendas para trabajadores, un acueducto, una chimenea y un jardín frontal. El análisis arquitectónico identificó además espacios que pudieron funcionar como talleres y almacenes.
El edificio principal presenta una planta rectangular formada por dos cuerpos de distinta altura. El sector sureste consta de dos niveles organizados alrededor de un patio interior, mientras que el cuerpo noroeste tiene menor altura. En su interior, el inmueble distribuía sus espacios mediante naves, crujías, pórticos, una galería, pasillos, vestíbulos y un patio central.
La distribución interna reflejaba los distintos usos que tuvo el inmueble. Los niveles inferiores del sector sureste conservaban espacios administrativos e industriales, mientras que los superiores presentaban adaptaciones domésticas relacionadas con su posterior funcionamiento como casa de descanso. El conjunto albergaba también dos salas de telares: el análisis arquitectónico situó la construcción de la primera a finales del y la de la segunda durante el .
Materiales y fachada Los constructores levantaron principalmente muros de carga con piedra volcánica y toba local, unidas mediante morteros de cal y arena, aunque en algunas secciones también emplearon mampostería de adobe. En cuanto a las cubiertas y los entrepisos, las partes más antiguas combinaban vigas y tablones de madera con terrados, mientras que las ampliaciones industriales incorporaron estructuras metálicas y ladrillo.
La fachada principal consta de dos niveles y presenta una disposición regular de ventanas, con un imafronte de perfil curvo que remata el acceso central. Su ornamentación incluye cornisas, jambas y claves en relieve, además de un aplanado que simula bloques de piedra. Asimismo, cuatro garitones ocupan las esquinas del edificio principal, mientras que otros dos flanquean la entrada del conjunto.
Frente al edificio principal se encuentra el espacio que Arredondo Vega denomina «Jardín Atrial». El área presenta forma trapezoidal y una pendiente suave, y se organiza mediante tres andadores. Antes de la restauración, conservaba una cruz, pilares de mampostería, una fuente, pavimentos, muros bajos y una masa de árboles. A su vez, la capilla, los vestigios de los almacenes, la chimenea y el muro perimetral definían visualmente sus límites.
Sistema hidráulico La fábrica utilizaba un sistema hidráulico que aprovechaba la gravedad y la fuerza de una turbina. El agua procedía de la laguna conocida como El Ojito, situada aproximadamente a un kilómetro del complejo y en una cota superior. Desde allí, una represa regulaba el flujo, mientras que un acueducto de mampostería lo conducía hasta las instalaciones industriales. Después de accionar el sistema, el agua desembocaba en el arroyo Apizaquito.
El diagnóstico previo a la restauración documentó la conservación de la turbina, el acueducto y otros componentes de esta infraestructura. Debido a su relación con el funcionamiento original de la fábrica, el Museo de Sitio y algunas actividades artísticas posteriores han incorporado estos vestigios para explicar la antigua actividad industrial del conjunto.
Restauración y conversión en centro cultural El Gobierno de Tlaxcala y la Universidad Nacional Autónoma de México firmaron en octubre de 2012 un convenio para que la Facultad de Arquitectura elaborara el proyecto arquitectónico ejecutivo de rehabilitación. Xavier Cortés Rocha coordinó el proyecto y el INAH supervisó las intervenciones sobre el inmueble histórico. El proyecto comprendió la consolidación estructural, la restauración de los edificios históricos y la construcción de nuevos espacios para actividades educativas y culturales. La primera etapa atendió muros, entrepisos y cubiertas. La segunda contempló instalaciones eléctricas, hidráulicas y sanitarias, acabados, cantera, carpintería, herrería y elementos ornamentales.