El molino de mareas del Río Arillo, citado también como molino de San Miguel o de los Doce Apóstoles, es un antiguo molino de marea harinero situado en la desembocadura del río Arillo, en el término municipal de Cádiz (Andalucía, España), junto al límite con San Fernando y dentro del parque natural de la Bahía de Cádiz. Fue construido a partir de 1798 y el Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico lo considera un referente de la arquitectura preindustrial de la costa gaditana. Está inscrito con carácter genérico en el Catálogo General del Patrimonio Histórico Andaluz desde 2002 y, debido a su avanzado estado de ruina, la asociación Hispania Nostra lo incluyó en 2021 en su Lista Roja de Patrimonio en Peligro.

Historia

Contexto: los molinos de marea de la bahía de Cádiz Las marismas, caños y ríos de la bahía de Cádiz favorecieron desde el la implantación de molinos que aprovechaban el flujo y reflujo de las mareas como fuerza motriz. Los investigadores han documentado entre diecisiete y dieciocho molinos de este tipo en la zona, siete de ellos en el entorno de la Isla de León, y la noticia más antigua conocida es un dibujo realizado por Francisco López entre 1547 y 1585 de un molino situado en Puerto Real. Estas instalaciones proliferaron durante los siglos y , vinculadas a las salinas y al aumento de la demanda de cereal derivado del comercio marítimo con América, y entraron en decadencia a lo largo del con la introducción del vapor y, más tarde, de la electricidad.

Construcción (1798) En marzo de 1798, el comerciante Miguel Álvarez Montañés, natural de Sanlúcar la Mayor y avecindado en Cádiz, solicitó a la Junta de Fortificaciones la concesión a censo perpetuo de unos terrenos en la desembocadura del río Arillo para levantar un molino harinero de cuatro o seis piedras. En su petición alegaba la necesidad de asegurar el abastecimiento de harina al vecindario, la guarnición militar y el Arsenal, así como el interés de poner en producción unas marismas incultas y de asumir el mantenimiento del puente sobre el río. Tras el informe favorable del ingeniero director Luis Huet y las condiciones fijadas por su sucesor, José del Pozo, el ingeniero Julián Albo y Helguero midió los terrenos, que sumaban sesenta aranzadas. Las escrituras del censo se otorgaron el 16 de julio de 1798 e incluían, entre otras obligaciones, la reconstrucción y conservación de los puentes sobre el río, la prohibición de obstaculizar el tránsito y la posibilidad de derribar el edificio si el interés militar lo exigía.

El proyecto inicial, cuya planta firmó Pedro de Vega, preveía cuatro piedras de molienda, pero la nave principal se ejecutó con una capacidad muy superior: las fuentes recogen doce piedras —cifra que consigna Pascual Madoz en su diccionario y que estaría en el origen del sobrenombre de los Doce Apóstoles— o trece, según una anotación del Registro de la Propiedad de 1889. Esta capacidad de molienda lo convirtió en uno de los mayores molinos mareales de la costa gaditana.

En 1810 se emprendieron obras para hacer navegable el río Arillo, con la apertura de un canal y la construcción de un nuevo puente en el camino de Cádiz a San Fernando. La intervención desvió el curso del agua, dejó al molino fuera del recorrido y paralizó su actividad, lo que obligó a adaptar el edificio al nuevo cauce. La propiedad pasó después a Juan Dámaso López, que en 1821 redimió una deuda de 29 700 reales a cambio de cegar el puente del proyecto inacabado y recomponer el camino, con lo que el río recuperó su curso primitivo y el molino su funcionamiento, ampliado además con nuevos arcos en la crujía lateral. En 1826, ingenieros militares franceses levantaron un alzado del edificio. Tras la muerte de Juan Dámaso López en 1836, el molino pasó a los hermanos Juan y Félix García Lizarza y, desde 1847, quedó en manos exclusivas de Félix.

Según Hispania Nostra, durante la segunda mitad del y las primeras décadas del el molino se habilitó para la recepción oficial de los prelados de la diócesis a su llegada a Cádiz, y por sus instalaciones pasaron personajes como Fernando VII, Isabel II y Alfonso XIII.

Cese de la actividad y abandono El molino dejó de funcionar en la década de 1930 y el edificio se utilizó posteriormente como carpintería y como almacén de utillaje de pesca y despesque. En 1977, ya desmantelado, fue vendido a la empresa Unión Salinera de España. En la actualidad es de titularidad pública.

Descripción El molino aprovechaba el ciclo de las mareas: con la pleamar, el agua entraba y quedaba retenida en una caldera, de planta octogonal en el proyecto original, mediante compuertas basculantes; con la bajamar, el agua embalsada se canalizaba hacia los rodeznos de pala horizontal situados en la planta baja, cuyo giro transmitía el movimiento, a través de un eje, a las piedras volanderas de la sala de molienda de la planta alta, donde una tolva suministraba el grano.

El edificio presenta una composición esquemática, funcional y de gran rigor geométrico, rasgos relacionados con la arquitectura industrial y militar desarrollada en la zona por los ingenieros del . La crujía mayor, donde se efectuaba la molienda, se articula en dos cuerpos: el inferior, labrado con sillares de piedra ostionera por su contacto con el agua, muestra dos grandes arcos de medio punto de llenado de la caldera y sendas series de arcos cegados separados por tajamares apuntados; el superior se organiza con balcones entre pilastras, ventanas alineadas con los arcos y un pretil con remates en forma de jarrón, similares a los del caserío de San Fernando. El resto del inmueble está construido con hileras de mampostería de la misma piedra, reforzada con cantería en vanos y esquinas. La crujía lateral, fruto de las ampliaciones del , conserva cuatro canales de desagüe, dos de medio punto y dos escarzanos de ladrillo, y en el extremo occidental se adosó un pabellón de dos plantas que dotaba de simetría al conjunto. A finales del el complejo constaba de portería, vivienda, almacén de grano, sala de molienda, cuadras y pajares.

Protección y estado de conservación El 31 de octubre de 2000 la Dirección General de Bienes Culturales de la Junta de Andalucía incoó el procedimiento para la inscripción del molino, con carácter genérico, en el Catálogo General del Patrimonio Histórico Andaluz, que se resolvió mediante la Resolución de 21 de febrero de 2002. El bien cuenta con ficha propia en la Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía del Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico.

Pese a esta protección, el edificio ha continuado degradándose: ha perdido las cubiertas y solo se mantienen en pie los muros y la arquería sobre el agua, apuntalada con una estructura metálica instalada hacia 2007 sin actuaciones posteriores. La prensa local ha documentado el prolongado desacuerdo entre administraciones en torno a su recuperación y su estado próximo a la ruina. El 18 de octubre de 2021, Hispania Nostra incluyó el molino en su Lista Roja del patrimonio por riesgo de pérdida irreversible. En 2026, el Colegio de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos reclamó su rehabilitación y señaló que la falta de consenso entre el Ayuntamiento de Cádiz, la Junta de Andalucía y la Dirección General de la Costa y el Mar mantenía paralizado el proyecto de restauración.

Referencias

Bibliografía

Enlaces externos Ficha del molino en la Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía (IAPH) Ficha del molino en la Lista Roja del Patrimonio de Hispania Nostra

Categoría:Molinos de Andalucía Categoría:Arquitectura de la provincia de Cádiz Categoría:Arquitectura de España del siglo XVIII Categoría:Patrimonio Histórico Andaluz en la provincia de Cádiz Categoría:Lista Roja de Patrimonio en Peligro (Cádiz)