alt=Dante y Virgilio encontrándose con Catón el joven (Canto I). Ilustración de Paul Gustave Doré.|miniaturadeimagen|Dante y Virgilio encontrándose con Catón el joven (Canto I). Ilustración de Paul Gustave Doré. El primer canto del Purgatorio de la Divina Comedia del poeta florentino Dante Alighieri constituye la introducción de la segunda y penúltima cántica de la obra. Se sitúa a la salida del Infierno en la isleta del Purgatorio en el que camino que lleva al Paraíso Terrestre. Transcurre al amanecer del 10 de abril de 1300 (Domingo de Pascua), o según otros comentadores del 27 de marzo de 1300.
Temas y contenidos
Preludio e invocación a las Musas, ahora santas (vv. 1 al 12) Descripción atmosférica. Las cuatro estrellas de la Cruz del Sur (vv. 13 al 27) El guardián del Purgatorio: Catón (vv. 28 al 108) Purificación de Dante y el junco (vv. 109 al 136)
Síntesis
Preludio e invocación a las Musas, ahora santas (vv. 1 al 12) El canto comienza con Dante contándonos como, tras haber abandonado un mar proceloso —el Infierno— gracias al barquichuelo de su ingenio, se encuentra ahora en el segundo reino, el Purgatorio, donde las almas se expían para hacerse dignas de subir al Paraíso, tras lo cual el poeta invocaría a las Musas, con el adjetivo de santas, especialmente a la musa Calíope, de la poesía épica, para que pueda renacer su poesía, muerta en el Infierno, y recordando la vez en la que sus cantos hicieron que Apolo transformase en urracas a las Piérides por desafiarlas a un certamen de canto en el cual perdieron. miniaturadeimagen|Calíope, musa de la poesía épica. Pintura de Giovanni Baglione.
Descripción atmosférica. Las cuatro estrellas de la Cruz del Sur (vv. 13 al 27) Dante alza su mirada al cielo, de un color dulce de oriental zafiro, que lo inunda de gozo tras haber salido del aura muerta del anterior reino. El planeta venus era observable junto a la constelación de Piscis, y en el Antártico se veía la Cruz del Sur, asociado con la constelación de Crux y que representa las cuatro virtudes cardinales —prudencia, justicia, fortaleza y templanza— mencionadas también en Purg. VIII. 91-93, que el poeta advierte que solo han sido vistas por Adán y Eva cuando vivían en el Jardín del Edén, en la obra ubicado en la cima del Purgatorio, escaladas todas las cornisas, y se lamenta por la ausencia de estas en el hemisferio septentrional, norte o también llamado boreal en el que se encontraba antes de iniciar su recorrido de ultratumba, llamándolo viudo. Las referencias astronómicas nos indica que faltaban dos horas para la salida del sol cuando Dante y Virgilio terminaron de trepar por las piernas de Lucifer.
El guardián del Purgatorio: Catón (vv. 28 al 108) Dante gira nuevamente a donde estaba oculta la Osa Mayor y vio cerca a Catón el joven, quien era el sentinela del Purgatorio, encargado de guiar las almas hasta la entrada de este; su apariencia era de un anciano venerable, de larga barba con canas, con un rostro que recordaba a las cuatro virtudes cardinales, y que verlo era como tener al sol delante.
Catón, sabiendo que los dos huéspedes son procedentes del Infierno, les pregunta el porqué están ahí, a lo que Virgilio con cortesía explica la intercesión de Lucía para que este pueda ayudar a Dante en su recorrido por el Inferno y Purgatorio, sacándole del primer círculo, y como Dante no está muerto como Catón, mencionando la vez que este en vida se suicidó en Utica por defender las libertades romanas contra el imperialismo de César, dejando con ello su cuerpo terrestre. Le habla de como en el Limbo pudo conocer a Marcia, esposa de este y que pareciera, por amor de ella allí abajo, que aún son marido y mujer, lo que Catón niega por su labor impuesta tras la bajada de Jesús al Limbo, donde vivía con ella tras los primeros años de sus muertes. Tras esto le pide a Dante que se limpie la cara en la orilla donde crecen unos juncos, con los que le hará una corona, purificándose de la suciedad del descenso por los círculos del Infierno y pudiendo iniciar así el ascenso por la montaña del Purgatorio. Tras esto se aleja. miniaturadeimagen|Escultura que representa a Catón el Joven (de Útica), leyendo el Fedón de Platón antes de quitarse la vida. Iniciada por Jean-Baptiste Roman y terminada por François Rude. Ubicada en el Museo del Louvre.
Purificación de Dante y el junco (vv. 109 al 136) Estaba amaneciendo y Dante y Virgilio cruzaron el yermo llano durante un rato, y cuando llegaron a la orilla indicada, el rostro de Dante, bañado de amargas lagrimas, es lavado por su maestro y ceñido por una corona de juncos siguiendo la petición de Catón, los cuales, tras ser arrancados, son remplazados por otros ante la sorpresa de ambos.
Análisis Desde los primeros versos es notorio el cambio de lenguaje y de escenario en comparación con el Infierno, remplazando la antigua angustia y horror por la esperanza del ascenso y la melancolía de la esperanza. Abundarán las referencias astronómicas de las que carecía las profundidades de la primera parte y el nombre de Dios empezará a aparecer mencionado explícitamente. Así mismo, como en los primeros cantos del Infierno, son una introducción y presentan cosas en común, como la aparición de Catón, semejante a la de Virgilio, o la invocación a las musas, que en el Paraíso será al dios Apolo.
La aparición de Catón como guardián del Purgatorio, habiéndose suicidado en vida (recordemos que Dante coloca a los suicidas en el segundo recinto del séptimo círculo del Infierno, junto a los pródigos, narrado en el canto decimotercero) representa un importante problema interpretativo. En la literatura latina, en San Agustín o Séneca, por ejemplo, la figura de Catón era presentada como un ejemplo de virtud, pero su suicidio era visto de manera negativa por los pensadores cristianos. Catón se había quitado la vida como protesta ante la dictadura de Julio Cesar tras haber cenado con sus amigos y leído el Fedón de Platón, donde se discute sobre la inmortalidad del alma en los últimos momentos de vida de Sócrates tras ser condenado a muerte, rehusándose a vivir bajo su tiranía que había desplazado a la república y conservar su libertad, demostrando su virtud estoica. Su sacrificio recuerda al de Jesús y la posibilidad de resurrección que se dará tras haber logrado la escalada por el Purgatorio. Presagia, así, al hombre redimido tras haber pagado su castigo. Su función de guardián lo mantiene exiliado, pero de esa manera sirve de ejemplo y de guía, como un Virgilio, a todas las almas, que habrán escuchado de él alguna vez, para la resurrección, que él tendrá el último día. No es un héroe ni un santo, pero posee la sabiduría y las virtudes necesarias para evitar las tentaciones terrenales y buscar algo más allá de lo terrenal, lo necesario para que el iniciado pueda iniciar su viaje espiritual y así, buscar alcanzar el Paraíso.
La purificación de Dante al final del canto, tras seguir las instrucciones de Catón, evoca a ciertos ritos y ceremonias litúrgicas. Con esto, el poeta se reintegra a su antigua naturaleza pura, lo que lo prepara para completar su viaje espiritual.
Bibliografía Alighieri, D. (2013). Divina comedia (A. Echeverría, Trad.). Alianza Editorial.
Enlaces externos
Texto original del Canto I del Purgatorio en Wikisource (en italiano).
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