Máscaras es una novela policíaca del escritor cubano Leonardo Padura, publicada en 1997 por Tusquets Editores. La trama sigue al policía Mario Conde durante la investigación del asesinato de un hombre homosexual cuyo crimen lo lleva a descubrir la doble moral de la sociedad cubana. Entre los temas principales explorados en la obra se cuentan el «travestismo moral», las contradicciones del régimen revolucionario cubano y la represión contra las personas de identidades LGBT.
Es la tercera entrega en la tetralogía policíaca Las cuatro estaciones, que aborda las aventuras del investigador Mario Conde durante una serie de cuatro casos que ocurren cada uno en una estación del año diferente y que además incluye las novelas Pasado perfecto (1991), Vientos de cuaresma (1994) y Paisaje de otoño (1998). La tetralogía en su totalidad fue adaptada a la televisión en 2016 por la plataforma de streaming Netflix en la miniserie Cuatro estaciones en La Habana.
La novela ganó la edición de 1995 del Premio Café Gijón, de entre 130 obras participantes. El certamen, organizado por el Ayuntamiento de Gijón, le otorgó a Padura una recompensa económica de dos millones de pesetas. En su decisión, el jurado destacó el carácter de la novela como un «retrato de la vida de la Cuba actual, la trabajada arquitectura literaria y la soltura de estilo».
Argumento El agente de policía Mario Conde es asignado durante el verano de 1989 a investigar el asesinato de un muchacho homosexual llamado Alexis Arayán, cuyo cuerpo es hallado en el bosque de La Habana. Al momento de su muerte, Alexis vestía ropa femenina y en el interior de su ano la policía encuentra dos monedas de oro. La investigación comienza y entre los primeros sospechosos se encuentran dos artistas homosexuales: Alberto Marqués, dramaturgo de edad avanzada en cuya casa vivía Alexis, y Salvador K., pintor señalado como la última pareja sentimental de Alexis.
Conde conversa en varias ocasiones con Marqués, quien le cuenta la historia de su caída en desgracia debido a la homofobia del régimen cubano y la persecución contra las personas LGBT que había ocurrido durante los años anteriores. También acepta darle un recorrido a Conde por la escena de la cultura gay actual en La Habana. Conde finalmente analiza las pistas del caso, incluyendo la falta de resistencia de Alexis, la identidad del asesino como un hombre de mediana edad, y la presencia de una marca específica de cigarros, para descubrir que el asesino era el propio padre de Alexis, quien había decidido asesinarlo luego de que su hijo descubriera una trama de corrupción que lo involucraba y amenazara con desenmascararlo.
Personajes principales Mario Conde: es el protagonista de la historia, un teniente de policía de 35 años que investiga el asesinato de Alexis Arayán. Su jefe lo considera uno de los mejores elementos de la Policía de La Habana, institución donde llevaba una década trabajando. Al principio de la novela se define como un «macho-estalinista» que sentía aversión por los «maricones», pero a lo largo de la historia empieza a cuestionar estas posiciones gracias a sus conversaciones con Alberto Marqués, por quien termina sintiendo un sincero respeto. El escritor José Antonio Michelena calificó a Conde como el «primer gran personaje creado por la literatura policial cubana» y lo comparó con figuras como Philip Marlowe y Pepe Carvalho.
Alberto Marqués: es un director teatral homosexual y uno de los sospechosos del asesinato de Arayán. Conde mantiene varias conversaciones con él que ayudan a cambiar paulatinamente su mentalidad con respecto a la diversidad sexual. Hasta el año 1971 se desempeñaba como un exitoso dramaturgo, pero fue perseguido por las autoridades culturales durante el Quinquenio gris debido a su orientación sexual y subsecuentemente fue echado de la asociación de teatristas y obligado a trabajar en una biblioteca. Entre las figuras que inspiraron a Padura para crear al personaje se encuentra el escritor Virgilio Piñera, para quien Padura escribió la novela en forma de homenaje.
Alexis Arayán: es un joven homosexual hijo de un diplomático del régimen cubano y la víctima del asesinato alrededor del cual gira la trama del libro. Al momento de su muerte, se encontraba vistiendo el atuendo femenino de la protagonista de la obra teatral Electra Garrigó, del dramaturgo Virgilio Piñera. A pesar de ello, la novela deja claro que no se identificaba como travesti, sino como hombre gay. Arayán posee además convicciones religiosas marcadas, lo que luego se convierte en una pista de su muerte, al haber ocurrido durante la Fiesta de la Transfiguración.
Escritura y publicación miniatura|derecha|Leonardo Padura en 2017. Padura escribió la novela entre 1994 y 1995 y al poco tiempo decidió abandonar su trabajo a cargo de la redacción de una revista cultural para dedicarse a tiempo completo a la escritura. Luego de terminarla, envió el manuscrito a participar en la edición de 1995 del Premio Café Gijón, que se efectuaba en septiembre de ese año. Al no obtener noticias del premio durante meses, Padura asumió que había perdido. No obstante, en enero de 1996 recibió la noticia de que había ganado el premio, que tuvo entre su jurado a las escritoras Cristina Fernández Cubas y Rosa Regàs. Dos meses después, recibió una llamada de la editora hispano-brasileña Beatriz de Moura, quien le comunicó que había leído la novela por recomendación de Fernández Cubas y que deseaba publicarla con Tusquets Editores.
La obra fue publicada en enero de 1997 en la colección Andanzas de Tusquets. La presentación se desarrolló en un centro cultural en España y estuvo a cargo del escritor de novelas policiacas Manuel Vázquez Montalbán. Debido a que Padura aún no era muy conocido a nivel internacional, el evento contó con una veintena de asistentes, que en su mayoría habían asistido para ver a Vázquez Montalbán. En inglés recibió el título Havana Red, alineándose con las demás traducciones de la tetralogía Las cuatro estaciones, que también llevan «Havana» acompañada por un color.
Estilo La obra está escrita en distintos registros narrativos. Algunos fragmentos del inicio de la novela adoptan el lenguaje sensacionalista que la prensa amarilla suele emplear para narrar crímenes controvertidos, como cuando la novela habla de «los misterios más escabrosos de la doble vida de Alexis Arayán». Según señala la investigadora Alexandra Arana, este estilo sensacionalista desaparece en las secciones posteriores del libro, como reflejo de que el propio narrador deja atrás los prejuicios comunes contra la homosexualidad que poseían este tipo de periódicos. La obra también posee diversos pasajes metatextuales, como el señalado a continuación, donde Padura se refiere a sí mismo sin revelar su nombre:
Académicos como Rubén Pujante Corbalán también han hecho énfasis en el aspecto posmoderno del estilo de Máscaras. A diferencia de anteriores obras cubanas del género policial, la novela de Padura aborda temáticas hasta entonces consideradas subversivas, emplea de forma reiterada la intertextualidad y da gran importancia a la técnica narrativa, que posee rasgos poéticos a veces manifestados por medio de expresiones de origen coloquial o «chabacano». Adicionalmente, Máscaras posee un tono marcado por el desencanto y la incertidumbre.
Sobre la intertextualidad, otra característica de la novela es el uso de citas de diversos autores que son integradas al texto sin hacer uso de comillas u otra indicación alguna de su presencia. En la «Nota del autor» del libro, el propio Padura indica: «En esta novela he citado, con mayor o menor extensión, textos [...], además de varios documentos oficiosos y algunos pasajes de los Evangelios. En más de una ocasión los transformé y en otras hasta los mejoré, y casi siempre les suprimí las comillas que se usaban en tales casos». De acuerdo a la académica Ángela Dorado-Otero, esto hace que Máscaras tome la forma de un «tejido» que entremezcla distintos registros y géneros literarios y que desafía la idea de la autoría de una obra.
Temas centrales Máscaras y mimetismo ideológico Durante una entrevista, Padura señaló que la temática principal de Máscaras se centraba en el «fenómeno del travestismo moral [...] en que las personas dicen algo y piensan otra cosa, obligadas por las circunstancias». En la novela, distintos personajes son obligados a ocultar sus aficiones, pensamientos o accionares pasados para escapar a la censura y persecución o para obtener réditos por parte del régimen revolucionario cubano. El ejemplo más claro es Alberto Marqués, quien es condenado al ostracismo y califica como «tribunal inquisidor» a los sectores que buscaban purgar la sociedad de cualquier falta a la pureza ideológica. En un momento de la novela, el propio Conde recuerda con nostalgia sus sueños frustrados de ser escritor y cómo las autoridades cerraron la revista donde había publicado su primer cuento durante su juventud por estar poblada de «relatos idealistas, poemas evasivos, críticas inadmisibles, historias ajenas a las necesidades actuales del país»; hecho que tuvo un paralelo en la vida del mismo autor, cuando en 1983 fue transferido de la revista El caimán barbudo al periódico Juventud rebelde como «castigo» por su estilo periodístico.
Según indica Padura en la obra, el acto de usar máscaras y mimetizarse para evitar represalias terminó por convertirse en una práctica generalizada en la Cuba de la época, un país que el autor afirma estar lleno de «homosexuales que aparentan no serlo, resentidos que sonríen al mal tiempo, brujeros con manuales de marxismo bajo el brazo, oportunistas feroces vestidos de mansos corderos, apáticos ideológicos con un utilísimo carnet en el bolsillo». La revelación final sobre la identidad del asesino muestra con claridad la caída de una de estas máscaras. Faustino Arayán, alto funcionario gubernamental y asesino de su hijo, resulta ser un farsante que falsificó documentos para hacer creer a las autoridades que había sido un ferviente creyente en la revolución desde sus inicios aunque no lo era, todo con el objetivo de mantener los privilegios de clase alta a los que tenía acceso.
De acuerdo a la socióloga Coromoto Renaud, esta doble moral generalizada emanaba del propio régimen cubano, que tras la apariencia proyectada de solidaridad y paraíso revolucionario para el «hombre nuevo», ocultaba una serie de contradicciones como la corrupción, el abuso de poder y la represión a determinados sectores. Conde empieza a reconocer este fenómeno durante la trama y finalmente acepta que la imagen de homogeneidad difundida por el régimen era en realidad una máscara que ocultaba los matices de una sociedad con muchos más problemas de los que aparentaba.
Diversidad sexual en la Cuba revolucionaria A través de su trama policiaca, Máscaras explora la diversidad sexual en Cuba y la discriminación histórica a las personas LGBT. Desde el descubrimiento del cadáver de Alexis, el libro muestra que las primeras elucubraciones al respecto están relacionadas a prejuicios sobre su orientación sexual: se baraja la posibilidad que hubiera relación con la prostitución, o con peleas de pareja o con el miedo de algún hombre de que se revelara su homosexualidad. El propio Conde se describe a sí mismo como un «macho-estalinista» que despreciaba a los «maricones» y esto se ve reflejado en sus primeras interacciones con Marqués, cuyo expediente en la obra confirma que esta visión era generalizada en las fuerzas del orden:
miniatura|derecha|Homosexuales y opositores en la Unidad Militar de Ayuda a la Producción, 1967.