José Raúl Capablanca y Graupera (La Habana, 19 de noviembre de 1888-Nueva York, 8 de marzo de 1942) fue un ajedrecista cubano, tercer campeón mundial de ajedrez de 1921 a 1927. Por su genio precoz, fue apodado «El Mozart del Ajedrez»; por el aura de invencibilidad, en su época dorada se le llamó «la máquina del ajedrez».

Capablanca, Ramón Fonst y Alfredo de Oro constituyen las tres figuras más importantes del mundo deportivo cubano de las primeras décadas del , cuando fueron llamados «la tríada de oro cubana», ya que cada uno era el máximo exponente en su deporte.La Triada de oro cubana. Ramón A. Sánchez. américatevé. Consultado el 6 de mayo de 2021.

Biografía Sus primeros años miniatura|izquierda|Capablanca con su padre José María Capablanca en 1892. Capablanca nació en el Castillo del Príncipe, instalación militar de La Habana, entonces parte de la provincia de Cuba del Reino de España, el 19 de noviembre de 1888. José Raúl fue el segundo hijo de José María Capablanca Fernández, oficial del ejército español, y la matancera de origen catalán Matilde María Graupera Marín. Su hermano Ramiro fue abogado, profesor universitario, secretario de la Presidencia (1933) del presidente Grau, miembro de la Convención Constituyente de 1940 y gobernador de la provincia cubana de Las Villas (1944); no asumió el cargo porque murió.

Según su propio relato, Capablanca aprendió a jugar al ajedrez a los cuatro años de edad, observando a su padre jugar con amigos. En el transcurso de una de las partidas, que este jugaba habitualmente por las tardes con El general Francisco de Paula Loño y Pérez, de quien era asistente, observó que José María movía el caballo de una manera no permitida; ante la sorpresa de todos, lo acusó de hacer trampas y pasó a demostrarle lo que había hecho. Acto seguido, Capablanca disputó una partida de ajedrez con su padre y lo venció.

Cuando el niño tenía casi 5 años, su padre lo llevó por primera vez al Club de Ajedrez de La Habana y a los 8 años asistía todos los fines de semana. A los mejores jugadores del club les fue imposible derrotarlo dándole ventaja de dama (es decir, Capablanca jugaba sin dama). En diciembre de 1901, a la edad de trece años, derrotó al campeón nacional cubano Juan Corzo con el resultado de 4 victorias, 3 derrotas y 6 tablas, en un torneo entre ellos (no un campeonato nacional) en La Habana; Capablanca dijo después que, al menos, él había sido campeón nacional en 1901 desde un punto de vista moral. En 1902 participó en el campeonato cubano (torneo con 6 ajedrecistas) y quedó en 4to lugar; Juan Corzo fue el campeón.

Hacia la cima Terminó sus estudios en el Instituto de Bachillerato de Matanzas. Su familia no disponía de recursos como para permitirle estudiar en el extranjero, pero en vista de sus buenos resultados académicos, su mecena Ramón Pelayo de la Torriente, marqués de Valdecilla, se dispuso a financiar su formación en los Estados Unidos con vistas a que en el futuro gestionase sus prósperos negocios azucareros en Cuba. Cursó la secundaria en la Escuela Woody Cliff de Nueva Jersey, aspirando a entrar en la Universidad de Columbia para seguir la carrera de Ingeniería química. Sin embargo, permanentemente distraído por su pasión en el juego, solo cursó los dos primeros años (1906-1908). En esa universidad jugó ajedrez y béisbol. Fue el mejor jugador de ajedrez de la universidad, miembro del equipo de ajedrez estudiantil.

En 1905 comenzó a frecuentar el Club de Ajedrez de Manhattan. En la noche del 6 de abril de 1906 participó en un torneo relámpago en el que, tras sucesivas partidas eliminatorias, venció al gran Emanuel Lasker, ante el asombro de todos, adjudicándose el torneo. Lasker estrechó la mano de su vencedor diciéndole: «Es notable joven, usted no ha cometido errores».

En su primer encuentro internacional, se enfrentó al maestro estadounidense Eugene Delmar, a quien ganó todas las partidas, a pesar de haberle otorgado ventaja de peón y salida.

Entre fines de 1908 y 1909 participó en una prolongada gira estadounidense; de un total de 734 partidas, ganó 703, entabló 19 y solo sufrió 12 derrotas.

En 1909, a la edad de 20 años, Capablanca ganó un encuentro al campeón estadounidense Frank Marshall (+8 -1 =14). Fue la insistencia de Marshall lo que permitió que se le dejara participar al joven Capablanca en el torneo de San Sebastián, España, en 1911. Esta era una de las competiciones más importantes de la época; todos los grandes jugadores del planeta estarían presentes excepto el entonces campeón mundial Emanuel Lasker. Al inicio del torneo Osip Bernstein y Aron Nimzowitsch objetaron la presencia del invitado pues este no había ganado todavía ninguno de los grandes torneos. Sin embargo, después de que Capablanca ganara su primer juego contra Bernstein (en una partida que le otorgaría el premio a la brillantez), éste reconoció su talento y dijo que no se sorprendería si su vencedor terminaba ganando la presea mayor.

izquierda|miniatura|Capablanca en Berlín dando una gran presentación simultánea de 30 tableros.

Tras una movida durante un juego en la variedad de ajedrez rápido, Nimzowitsch se ofendió a raíz de un comentario de Capablanca, a quien respondió: «Los jugadores sin trayectoria deberían mantener la boca cerrada en presencia de sus superiores». En el acto, Capablanca retó a Nimzowitsch a enfrentarlo en una serie de juegos rápidos, los cuales ganó fácilmente. Los maestros presentes en el lugar concluyeron que el joven cubano era insuperable en la variante rápida, distinción que le correspondería hasta el final de su vida. Capablanca efectivamente terminó ganando el campeonato (nuevamente frente a Nimzowitsch), usando una apertura muy admirada por Mijaíl Botvínnik, y asombrando el mundo del ajedrez al ganar con balance de +6 -1 =7, por delante de Akiba Rubinstein, Carl Schlechter y Siegbert Tarrasch.

En 1911 retó a Lasker por el campeonato del mundo. El alemán aceptó el desafío, pero propuso 17 condiciones para el cruce. Capablanca no estuvo de acuerdo con algunas y no llegaron a un acuerdo.

En 1913 jugó en La Habana y terminó segundo detrás de Frank Marshall, habiendo perdido una de las partidas contra el estadounidense después de tener una posición ventajosa. Reuben Fine afirmó que Capablanca había exigido al alcalde el desalojar a todos los espectadores para que no lo vieran en el mal estado de ánimo mientras perdía. Esta historia ha circulado en libros y en la red; sin embargo, el libro de Edward G. Winter (véase aquí) documenta que la historia de Fine no tiene ningún fundamento. Demuestra en cambio que los 600 espectadores presentes, que naturalmente apoyaban a su compatriota, le dieron a Marshall una fuerte ovación. Las notas del mismo Marshall corroboran esta versión: cuando oyó el griterío de la multitud creyó que lo iban a linchar, por lo que pidió una escolta de seguridad para que lo llevara rápidamente a su hotel. Después le contaron lo que había sucedido en realidad.

Inmediatamente después de esto Capablanca obtuvo un resultado de +13 -0 =0 en un torneo en Nueva York, aunque Oldrich Duras era el único Gran Maestro Internacional entre todos sus rivales, título otorgado a él en 1950.

En junio de 1913 consiguió un trabajo en el Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba, como canciller de primera clase en el Consulado cubano en San Petersburgo, Imperio ruso. El sueldo mediano que le proporcionaba este empleo le permitió seguir disfrutando de su pasión ajedrecística y realizar algunos viajes al exterior en busca de nuevos desafíos. En 1927 el presidente Gerardo Machado lo nombró jefe de Información y Propaganda de Cuba en el exterior. En 1940 el presidente Fulgencio Batista lo nombró agregado comercial de la embajada cubana en EE. UU., puesto que tenía al morir. Durante muchos años fue el cubano más famoso.

Poco después jugó una serie de partidas en Europa contra los mejores jugadores de la época: en Berlín derrotó a Jacques Mieses y a Richard Teichmann; en San Petersburgo jugó una serie de seis partidas, dos contra Alexander Alekhine, dos contra Yevgueni Znosko-Borovski y dos contra Fiódor Duz-Jotimirski, perdiendo una vez contra Znosko-Borovski y ganando el resto. Estos fueron sus primeros encuentros con Alekhine, quien fue superado ampliamente. Luego, en Riga, batió a Nimzowitsch en un elegante final de alfiles de color opuesto. En Moscú venció a Bernstein en una partida que aparece en muchas antologías como una joya por la jugada ganadora 29...Db2!!, y por la nueva estrategia de peones colgantes. En Kiev superó a Bogatyrchuk, entre otros. Ya en Viena, derrotó a Richard Réti en una partida y a Savielly Tartakower 1,5-0,5. Capablanca dio también un gran número de partidas simultáneas destacadas por su rapidez y gran cantidad de victorias.

En el gran torneo de 1914 en San Petersburgo, con la participación de la mayoría de los mejores jugadores del mundo (con la excepción de los del Imperio austrohúngaro), Capablanca se encontró con el gran Lasker por primera vez en un torneo normal (el cubano había ya ganado la final del mencionado torneo de ajedrez relámpago de 1906, en el que innovó con una ahora famosa composición final). Capablanca tomó ventaja de un punto y medio en las rondas preliminares, y obligó a Lasker a luchar por el empate. Ganó nuevamente el premio por brillantez contra Bernstein y tuvo algunas victorias importantes contra David Janowsky, Nimzowitsch y Alekhine.

Sin embargo, fue víctima de una notoria mejoría de Lasker en la segunda parte del torneo, que incluyó una famosa victoria del alemán. Terminó segundo, detrás de Lasker con 13 puntos contra 13,5 del alemán, pero delante de Alekhine, quien finalizó en tercer puesto. Al concluir el torneo, se dice que el Zar Nicolás II proclamó a los cinco ganadores de premios (Lasker, Capablanca, Alekhine, Tarrasch y Marshall) como «Grandes Maestros del Ajedrez».

Campeón Mundial miniatura|Capablanca (izquierda) y Lasker (derecha) en Moscú en 1925.

En 1920, Lasker consideraba que Capablanca era mejor jugador que él y decidió renunciar al título en favor de este, añadiendo: «Usted ha ganado el título no por la formalidad de un desafío, sino por su brillante maestría». El cubano prefería ganarlo en un match, pero Lasker insistió en que era él ahora el retador. En 1921 jugaron el campeonato en La Habana donde Capablanca venció al alemán sin perder una sola partida: +4 -0 =10. No sería sino hasta ocho décadas más tarde cuando esto se repetiría, cuando en 2000 Vladímir Krámnik le ganó a Garri Kaspárov +2 -0 =13.

El nuevo campeón del mundo, Capablanca, dominó en Londres en 1922. Hubo un número interesante de jugadores fuertes y se creía que el campeón no debería poder evadir retos a su título como había sucedido en el pasado. En este torneo, algunos de los mejores jugadores de la época (Alexander Alekhine, Yefim Bogoliúbov, Géza Maróczy, Richard Réti, Akiba Rubinstein, Tartakower y Milan Vidmar) se reunieron para discutir reglas para los campeonatos mundiales por venir (Reglas de Londres). Entre otras cosas, una de las condiciones propuestas por el campeón fue que el aspirante al título tendría que reunir un fondo de premio de al menos 10 000 dólares (185 000 dólares en 2025) para poder retar al campeón mundial.

En los años siguientes, Rubinstein y Nimzowitsch desafiaron a Capablanca pero no lograron reunir el dinero.

Resultó segundo en Nueva York en 1924, otra vez por delante de Alekhine. En 1925 fue tercero en Moscú detrás de Yefim Bogoliúbov y Lasker. Pero en 1927 dominó el torneo en Nueva York contra 5 jugadores sin perder una partida y con 2,5 puntos más que Alekhine.

En este periodo también hubo varios cambios en la vida personal del maestro. En diciembre de 1921 se casó con Gloria Simoni Betancourt. Tuvieron un hijo, José Raúl, en 1923 y una hija, Gloria, en 1925, pero el matrimonio terminó en divorcio. También por ese tiempo perdió a su padre y a su madre.

Pérdida del título