La ermita de la Virgen de las Nieves en Irati (en vasco, Elurrako Ama Irati baseliza) está situada en la zona española de la selva de Irati, en el centro del Monte Irati, dominio concellar del Valle de Salazar, en el término municipal de Ochagavía. Su construcción comenzó en 1953 por iniciativa de los pueblos de los valles de Aézcoa y Salazar. La ermita, construida con piedra del lugar, con una cubierta de tablillas de haya y sostenida por una armadura de abeto blanco, utiliza los materiales y los sistemas constructivos propios de la zona.

Dispone de una única nave con dos tramos y ábside semicircular. El cuerpo que da acceso a la ermita tiene una mayor anchura y deja a los lados dos dependencias utilizables como almacén y sacristía. Un hueco abocinado, en el centro del presbiterio, cerrado por una vidriera, acoge a la imagen de la Virgen de las Nieves, titular de la ermita, tallada por Jenaro Lázaro Gumiel. Todo el interior queda decorado con unos murales realizados por el matrimonio de Pedro Lozano de Sotés y Francis Bartolozzi, de quienes también es el mural que aparece en el exterior.

Con el paso de los años la hermandad, constituida en 1954 para el mantenimiento de la ermita, había reducido su actividad y, aunque se seguía celebrando ininterrumpidamente la festividad de agosto, en 1984 la construcción estaba en mal estado; por ende, en 2018 fue necesario proteger su perímetro. En 2020 se reconstituyó la hermandad e iniciaron las gestiones para restaurar la ermita, tareas que concluyeron en 2022.

Origen y construcción de la ermita La construcción de la ermita de la Virgen de las Nieves responde a la iniciativa de los pueblos de los valles de Aézcoa y Salazar, y contó con la colaboración del obispado de Pamplona. El lugar elegido para su construcción fue el paraje de Larrainzar, situado entre los ríos Urzuri y Urbelza, cerca de la casa de Irati. El arquitecto pamplonés Tomás Arrarás, encargado del proyecto de la ermita, diseñó una edificación con rasgos propios del románico y de la arquitectura rural pirenaica. La construcción comenzó en 1953, utilizando piedras extraídas de la misma campa de la ermita y abetos blancos aserrados a mano junto a la regata Urtxuria y arrastrados con caballerías hasta el lugar destinado a la ermita. Para la cubierta los carpinteros de los valles del Irati aportaron más de 7500 tablillas de haya.

La ermita consta de una sola nave con dos tramos y un ábside semicircular; los dos tramos y el ábside quedan marcados por cerchas de madera labrada y puntualmente policromada; la cercha que da paso al presbiterio se apoya en ambos lados en pilastras compuestas por varios troncos de abeto. El acceso a la nave se realiza a través de un cuerpo más ancho que, a modo de pórtico, deja a cada lado un almacén que puede servir de sacristía o almacén. La fachada principal sitúa, en la cumbrera del hastial, una sencilla espadaña donde se aloja la campana; un amplio hueco con un arco de medio punto da paso a este pórtico y deja a cada lado unas ventanas geminadas. En las fachadas laterales un par de ventanas sencillas iluminan la nave. En el fondo del presbiterio destaca, a modo de hornacina, un hueco abocinado, con una de fondo; este es el lugar destinado a la imagen de la Virgen de las Nieves, titular de la ermita.

En el exterior, los huecos quedan enmarcados por un encadenado de piedra, que refuerza también las esquinas de la edificación; destaca así mismo la fuerte pendiente de la cubierta prolongada en los aleros. El interior de la ermita quedó decorada con un conjunto de murales realizados en 1955 por el matrimonio formado por Pedro Lozano de Sotés y Francis Bartolozzi: los del presbiterio representan a los vecinos de los valles cercanos mostrando las tradiciones y oficios del lugar; el situado a los pies de la nave al traslado de la imagen de la Virgen desde Pamplona a la ermita; en los laterales de la nave a las ermitas de las cuatro imágenes de la Virgen que acompañaron y recibieron a la Virgen de las Nieves en ese traslado: Arburúa, Argiolain, la Virgen Blanca de Jaurrieta y Muskilda.En el exterior, un mural muestra a un montañés llamando a la ermita a los que viven o trabajan en Irati, con el «huihui», el grito tradicional de esos montes.

La imagen de la Virgen y su traslado a la ermita Jenaro Lázaro Gumiel recibió el encargo de esculpir la imagen que debía presidir la ermita: una talla de María en pie, con el Niño envuelto en pañales y mantillas. En julio de 1954 el artista entregó la obra en Pamplona y el 30 de ese mismo mes, tras el rosario de los Esclavos en la catedral, el obispo Enrique Delgado Gómez la bendijo. Al día siguiente comenzó la romería hacia Irati, con los miembros del Club Deportivo Navarra portando la imagen hasta Monreal donde —tras una hora santa mariana— los revelaron los mozos del Muthiko Alaiak para llevarla hasta Lumbier. Allí, tras la misa, el club Oberena la condujo hasta la entrada del valle de Salazar. Ya en ese lugar fueron los mozos salacencos los encargados de portarla hasta la ermita; un trayecto al que se unieron las procesiones de la Virgen de Arburúa, en Gallués; Argiloa, en Güesa; y la Virgen Blanca de Jaurrieta, en Ezcároz.

El 1 de agosto, en Ochagavía, la imagen de la Virgen de Muskilda — trasladada desde su santuario por su cofradía— esperaba a la de las Nieves. Ese mismo día, con la presencia del obispo tuvo lugar un acto mariano, con rezo del rosario, sermón y consagración del Valle a la Virgen mediante la fórmula leída por el alcalde. Tras una procesión por las calles de la villa, las imágenes de Muskilda y de las Nieves quedaron en el templo parroquial, mientras el resto de las comitivas fueron acompañadas hasta su despedida en el puente de San Martín. Finalmente, en la madrugada del 5 de agosto comenzó el traslado de la imagen de la Virgen de las Nieves hasta su ermita. Según las crónicas, la esperaban más de mil quinientas personas, que la recibieron rezando la salve. Tras su entronización varios sacerdotes salacencos oficiaron misas y, a las doce del mediodía, Santos Beguiristáin, canónigo de la catedral de Pamplona, celebró la misa solemne. El recorrido procesional por los alrededores de la ermita puso fin a los actos.

La fiesta de la Virgen Cada 5 de agosto se celebra la fiesta de la Virgen, contando con la presencia de cientos de personas; en los primeros años estas festividades fueron especialmente concurridas En 1955 acudieron a la ermita, con sus párrocos, gentes de los contornos del Irati —de Ochagavía, Izalzu, Ezcároz, Jaurrieta, Orbaiceta—, pero también vecinos de Monreal, con su alcalde y con el párroco, pues quisieron ofrendar a Nuestra Señora de las Nieves una corona de plata. Después de la misa y procesión, tuvo lugar el batzarre, en que fueron reelegidos los cargos de la hermandad, terminando con la «mesa de la Virgen» —ensalada, cocido honrado, pan vino y queso— que ofrece a todos los asistentes la hermandad, tal como establece el artículo 14 de sus estatutos.

En 1957, la fiesta de la Virgen contó con la presencia del nuncio de su santidad, Ildebrando Antoniutti quien, con motivo de la elevación a archidiócesis de la diócesis de Pamplona, estaba en Navarra y visitó Ochagavía. El 4 de agosto, acompañado por las autoridades locales, el nuncio ascendió en peregrinación hasta la casa de Irati donde, tras el rezo del rosario, pernoctó. Al día siguiente, desde primera hora de la mañana fueron llegando al lugar cientos de personas. no solo de los pueblos cercanos, sino también desde Pamplona y otros lugares; hacia las 11 de la mañana subió el nuncio a la ermita y celebró la misa, a la que solo pudieron asistir los que cabían en ella. Por esto, cerca de las dos de la tarde, hubo otra misa al aire libre; los dantzariPersona que baila danzas tradicionales vascas: cfr. de Orbaiceta y de Muthiko Alaiak, animaron la fiesta.

La hermandad de la Virgen de las Nieves Tras la inauguración de la ermita, el 16 de octubre de 1954 nace la Hermandad de la Virgen de las Nieves de Irati (en vasco, Elukarro Ama Irati), con el fin dar continuidad a la devoción a esta Virgen y asumir el cuidado de la ermita, erigida como oratorio público. Los estatutos de la hermandad comienzan con esta frase.

La hermandad tiene su sede en la misma ermita, y ante su pórtico y en la campa, bajo la presidencia de la imagen de la virgen, tiene lugar la reunión de la Junta, que preside el mayordomo, elegido por el batzarre, asamblea de todos los hermanos, celebrada anualmente tras la misa celebrada en fiesta del 5 de agosto. A él le corresponde el gobierno de la hermanad, solemnizar la fiesta de la Virgen y atender al cuidado de la ermita y de los ornamentos. Durante 31 años, hasta 1984 no faltaron mayordomos, algunos reelegidos para esta función, y la hermanad se mantuvo viva y activa. Pero ese año se interrumpió el nombramiento de mayordomos y, aunque se siguió celebrando la fiesta de agosto, la hermandad se mantuvo inactiva, hasta que en 2020 se reconstituyó la hermandad.

Restauración de la ermita

La inactividad de la hermandad repercutió en el estado de la ermita, de modo que en 2018 estuvo a punto de colapsar, y fue necesario proteger el perímetro. Uno de los elementos que más había sufrido el paso del tiempo era la cubierta de tablillas de haya; la vida útil de este tipo de tejado suele ser de unos cincuenta años, además habitualmente a los treinta y cinco se da la vuelta a las tablillas, para mejorar su duración. De hecho, esa operación, incluyendo la renovación de algunas tablillas, se llevó a cabo en la ermita en 1972, pero no fue suficiente para mantenerla en buen estado, de modo que en 2019 hubo que desmontar la espadaña para evitar su caída.

Reconstituida la hermandad en 2020, comenzaron las gestiones para la restauración de la ermita, incluyendo la obtención de fondos y la identificación de las personas que podrían realizar la parte más difícil, la cubierta de tablillas de haya. Se formó así un grupo de salancencos y aezcoanos, reunidos por Josetxo Telechea, y liderados por el maestro artesano Javier Goicoa. A ellos les tocaba recuperar una tarea artesanal, casi perdida, preparar las tablillas de haya y colocarlas en la cubierta; contaron con un buen grupo de voluntarios a los que hubo que adiestrar en este oficio.

La primera tarea consistió en elegir las hayas más adecuadas, las situadas en las laderas orientadas al norte donde nacen los ejemplares más lisos y altos,que fueron ofrecidos por la Junta del Valle de Salazar. Todo el proceso siguió el procedimiento tradicional: talados los árboles se deja reposar la madera algo más de tres meses, para que los vasos del tronco queden vacíos de savia, lo que da mayor durabilidad a las futuras tablillas; después se cortan los troncos en trozos de unos 65 cm de longitud; posteriormente esos trozos se dividen en las cuñas que proporcionarán las tablillas, con un ancho de entre 9 y 14 cm y el largo de esas cuñas.Las tablillas se apilan convenientemente de modo que el aire atraviese esas pilas y las tablillas queden bien secas dispuestas para ser utilizadas en la cubierta. Finalmente, las tablillas así preparadas se colocan en la cubierta apoyadas, no clavadas, sobre los rastreles en capas sucesivas solapadas unas con otras de modo que en cada punto se superpongan tres tablillas.

La restauración de la ermita quedó prácticamente terminada el año 2026, incluyendo el repintando, realizado por Iker Uribe, de los murales que decoran la ermita, tanto en el interior como en el exterior, y la sustitución del suelo primitivo de madera por losas de cerámica, manteniendo, sin embargo, la madera del suelo del presbiterio, convenientemente restaurado. Aprovechando estas tareas Rebeca Navascués restauró la imagen de la Virgen, reparando su soporte y consolidando algunos elementos móviles como las coronas de la Virgen y del Niño. El último sábado de mayo de 2026, tuvo lugar una romería que acompañó la imagen de la Virgen, ya restaurada, a su ermita.

Notas