La izquierda antiestalinista, que también se puede llamar antiestalinismo de izquierda, abarca varios tipos de movimientos políticos de izquierda que se oponen a Iósif Stalin, al estalinismo, al neoestalinismo y al sistema de gobierno que Stalin implementó como líder de la Unión Soviética entre 1924 y 1953. En un primer momento el término se refería a quienes se oponían a Iósif Stalin y a su liderazgo desde dentro del movimiento comunista, como León Trotski y la Oposición de Izquierda del PCUS.
Posteriormente, también puede referirse a la oposición de izquierda y centroizquierda al estalinismo y muchos de sus rasgos característicos: ser una dictadura, el culto a la personalidad, el totalitarismo que intenta controlar todo sin dejar libertad de acción a personas u organizaciones independientes del Estado, la centralización extrema del poder, el partido único, la burocratización, un estado policial con servicios secretos de seguridad e inteligencia que llevan a cabo la represión interna y vigilancia de la población, rígida economía planificada por el Estado, todas ellas características comúnmente atribuidas a regímenes marxistas-leninistas que se inspiraron en el estalinismo, como los regímenes de Kim Il Sung en Corea del Norte, Enver Hoxha en Albania, incluidos los del antiguo Bloque del Este. Algunos de los movimientos más destacados dentro de la izquierda antiestalinista han sido el trotskismo, el titoísmo, el anarquismo, Comunismo de consejos y el socialismo libertario, el comunismo de izquierda y el marxismo libertario, la Oposición de Derechas dentro del movimiento comunista, el eurocomunismo, el ultraizquierdismo, el socialismo democrático y la socialdemocracia.
Más o menos suelen coincidir en una crítica a la represión política y al culto al líder, un rechazo de la burocracia como clase dominante y propugnar un mayor protagonismo de trabajadores y movimientos de base.
Movimientos de izquierda opositores al estalinismo
Oposición de izquierda Los allegados y seguidores de León Trotski se organizaron en la oposición de izquierda dentro de los partidos comunistas, antes de ser exterminados durante los juicios de Moscú en la década de 1930.
El trotskismo defiende la revolución permanente y por ello prioriza la revolución internacional y la coordinación entre partidos revolucionarios; considera que la URSS degeneró tras la revolución por la burocratización del Partido Comunista soviético, del que critica que adolece de democracia interna; acepta la planificación económica socialista pero también propone un mayor control obrero.
El estalinismo insiste en la idea de la implantación del “socialismo en un solo país”, legitima un partido único fuertemente disciplinado y una burocracia estatal centralizada como núcleo del poder, prioriza la defensa y consolidación del Estado soviético, aplica la planificación centralizada por el Estado y considera a la URSS como la construcción legítima del socialismo.
Posteriormente, los discípulos de Trotski formaron la Cuarta Internacional, en oposición a la Tercera Internacional (Komintern) dirigida por la URSS. Trotski consideraba que los Estados controlados por Stalin eran Estados obreros deformados, estructuras políticas controladas por los funcionarios.
Trotski y sus seguidores se mostraron muy críticos con la falta de debate interno en las organizaciones estalinistas y con la represión política y social del Gobierno de la URSS; los elementos nacionalistas de las teorías marxistas-leninistas (la tesis del socialismo en un solo país, por ejemplo), que conducían a desastres en el plano internacional (y rompían con las tradiciones internacionalistas del marxismo); y su dictadura burocrática, oscurantista y personal, con el empleo de métodos de represión brutales (calificados de «inquisitoriales» por Trotski). Los trotskistas no ortodoxos veían el régimen soviético como una nueva forma de Estado de clase, denominada colectivismo burocrático (James Burnham, Max Shachtman) o capitalismo de Estado (Tony Cliff y C. L. R. James).
Oposición de derecha Otra gran escisión en el movimiento comunista internacional se produjo entre Stalin y la Oposición de derecha, cuyas figuras más importantes fueron Nikolái Bujarin, Alekséi Rýkov y Mijaíl Tomski.
La Oposición de derecha favorecía la continuación de la Nueva Política Económica (NEP) propuesta en tiempos de Lenin, abogaba por cambios graduales y medidas económicas menos coercitivas; defendía incentivos a los campesinos independientes para aumentar la producción.
El estalinismo, en cambio, apoyó la rápida industrialización estatal, la colectivización forzada de la agricultura y la eliminación del campesinado próspero (kulaks) como vía para construir el socialismo desde el Estado. Subordinó otras prioridades internas a una mayor seguridad del Estado soviético y la aceleración del desarrollo industrial, incluso con costes humanos elevados.
En varios países se formaron partidos comunistas paralelos, independientes o rechazados por el Komintern. Sus críticas coincidían en ocasiones con las de la Oposición de izquierda, pero eran mucho menos coherentes. La Oposición de Derecha estableció contactos con otros grupos que no se identificaban con la socialdemocracia ni con el Komintern, como el Partido Laborista Independiente en Gran Bretaña. Esta tendencia desapareció en gran parte al inicio de la Segunda Guerra Mundial. Algunas corrientes marxistas disidentes que se desarrollaron al margen del movimiento comunista pudieron acercarse a la Oposición de Derecha, como los marxistas Anushilan en la India.
Comunismo de izquierda En el comunismo de izquierda hay un rechazo del Estado como instrumento emancipador; apuesta por consejos obreros o soviets, por la autogestión obrera. También hay un énfasis en la democracia directa, el control obrero, mandatarios revocables y federaciones horizontales. Suele ver la URSS como burocratizada y degenerada en su carácter revolucionario.
En el estalinismo hay una defensa del Estado centralizado y del partido como núcleo del poder; un partido único con disciplina vertical, planificación económica centralizada y un dirigismo económico a través de planes quinquenales.
La izquierda comunista se mostró inicialmente entusiasmada con la revolución bolchevique, pero pronto surgieron divisiones entre la izquierda comunista y la dirección de la Internacional Comunista. Comunistas como Sylvia Pankhurst y Rosa Luxemburgo fueron de las primeras críticas de izquierda a la política bolchevique. Más tarde, Amadeo Bordiga, en sus Diálogos con Stalin, criticó duramente la política económica de Stalin.
Los comunistas antiestalinistas no rechazan el comunismo, sino una forma concreta de aplicarlo; para ellos, el estalinismo no fue la realización del comunismo, sino una desviación autoritaria. Aunque difieren en algunos aspectos, comparten críticas clave: el sistema soviético no era verdaderamente socialista, sino burocrático. El poder no estaba en manos de los trabajadores, sino de una élite del partido único. La represión destruía la democracia obrera. Para el estalinismo, el Estado (dirigido por el partido) construye el socialismo. Los antiestalinistas responden: sin democracia obrera real, eso no es socialismo. Anarquismo El anarquismo tiene como rasgos característicos la abolición del Estado y de las jerarquías coercitivas, la organización horizontal en asambleas, con la implantación de colectividades y la autogestión económica y social a través de formas federadas de comunalismo sin planificación estatal central. Valora ampliamente las libertades individuales. No solo rechaza el estalinismo, sino cualquier forma de Estado: el Estado en sí es el problema, incluso si se llama socialista.
En el estalinismo, el partido comunista se considera la vanguardia de la clase obrera que controla el Estado, la economía y la sociedad; el liderazgo es vertical y se rige por una disciplina rígida que incluye la represión política, las purgas, la censura y el control de la sociedad.
Algunos anarquistas, como Emma Goldman, se mostraron inicialmente entusiastas con los bolcheviques, sobre todo tras la publicación del folleto de Lenin El Estado y la revolución, que ofrecía una visión libertaria del bolchevismo. Sin embargo, las relaciones entre los anarquistas y los bolcheviques se deterioraron en la Rusia soviética por la represión de la Rebelión de Kronstadt y del movimiento majnovista. Los anarquistas y los comunistas del Komintern también entraron en conflicto durante la Guerra Civil Española. Los anarquistas critican la naturaleza estatista y totalitaria del estalinismo (y del marxismo-leninismo en general), así como el culto a la personalidad en torno a Stalin (y a los líderes que los anarquistas consideran estalinistas, como Kim Il-sung o Mao Zedong).
Socialismo democrático El socialismo democrático y la socialdemocracia defienden que se puede llegar al socialismo mediante instituciones democráticas, elecciones libres y el respeto a los derechos civiles (libertad de prensa, asociación y expresión). Rechaza el modelo de partido único y la represión asociada a Iósif Stalin. Sus rasgos básicos son: el pluralismo político (varios partidos, no uno solo), economía mixta o socializada parcialmente, Estado de bienestar fuerte y transición gradual hacia el socialismo, no una revolución violenta. Critica el estalinismo por autoritario, por la censura y control de la información y por la represión política contra cualquier tendencia opositora.
También suele distanciarse de las posiciones revolucionarias más radicales.
Una parte importante de la ideología del socialismo democrático se definió en oposición al estalinismo. Surgieron críticos de izquierda extranjeros en Europa y América. Entre ellos se encuentran George Orwell, H. N. Brailsford, Fenner Brockway,"Brockway ... sought to articulate a socialism distinct from the pragmatism of Labour and the Stalinism of the "Communist Party". David Howell, "Brockway, (Archibald) Fenner, Baron Brockway", in H.C.G. Matthew and Brian Harrison (eds.), Oxford Dictionary of National Biography: From the Earliest Times to the Year 2000. (Volume 7, pp. 765–66)Paul Corthorn, In the shadow of the dictators: the British Left in the 1930s. Tauris Academic Studies, 2006, , p. 125. la Liga Socialista de la Juventud y, más tarde, Michael Harrington,Isserman, M. (1996), "Michael Harrington and the Vietnam War: The Failure of Anti-Stalinism in the 1960s". Peace & Change 21: 383–408. así como el Partido Laborista Independiente en Gran Bretaña. En Francia también hubo varios socialistas antistalinistas, entre los que se contaban escritores como Simone Weil y Albert Camus,"From well before the Algerian war the Communists in particular held against Camus not so much his anti-Stalinism as his growing refusal to share political 'positions' or get into public arguments". Quoted in Tony Judt, The Burden of Responsibility: Blum, Camus, Aron, and the French Twentieth Century. University of Chicago Press, 2007 . p. 92. así como el grupo en torno a Marceau Pivert.
En Estados Unidos, los «intelectuales de Nueva York», agrupados en torno a las revistas New Leader, Partisan Review y Dissent, se contaban entre los críticos. En general, estas figuras criticaban el comunismo soviético como una forma de «totalitarismo que, en algunos aspectos, se asemejaba al fascismo». Un texto clave para este movimiento fue El Dios que fracasó, editado por el socialista británico Richard Crossman en 1949, que incluía contribuciones de Louis Fischer, André Gide, Arthur Koestler, Ignazio Silone, Stephen Spender y Richard Wright, sobre sus trayectorias hacia el antistalinismo.
Titoísmo