miniaturadeimagen|Nodriza pasiega (1856), de Valeriano Domínguez Bécquer (Museo del Romanticismo de Madrid).|380x380px Las Nodrizas pasiegas fueron mujeres provenientes de Cantabria, muy concretamente de los Valles Pasiegos, consideradas desde antiguo como excelentes amas de crianza. Hasta finales del y principios del , cuando aparecieron primero los preparados de leche de vaca modificada y harinas y, más adelante, las leches en polvo, si una familia o institución quería sacar adelante a lactantes que no pudieran disponer de la leche de su madre tenían que hacer uso de los servicios de nodrizas. A cambio de un salario, estas mujeres desempeñaron un papel fundamental en la crianza de la infancia española, especialmente de las familias burguesas, nobles y de la Casa Real. Además, su remuneración favoreció la economía de la comarca pasiega.

Nodrizas y amas de cría

Durante el , la mortalidad infantil era muy elevada y a menudo no se superaban los dos o tres años de vida. De esta realidad no escapaban tampoco las clases acomodadas. Ante esa situación, y dada la importancia de la descendencia para la pervivencia de la monarquía, se intentó garantizar el suficiente alimento para las criaturas lactantes que no podían ser amamantadas por sus madres. Por ello, la búsqueda y selección de nodrizas se empezó a hacer con el máximo esmero y se procuraba que hubiera un gran número de ellas disponibles en todo momento.

Mientras prestaban sus servicios, estas mujeres gozaban de una protección legal específica. En el caso de las que trabajaban para la monarquía, además de recibir un buen salario, una vez acabada su función y si su trabajo había sido satisfactorio, solían verse recompensadas con pensiones de por vida, el título de doña precediendo a su nombre e incluso la concesión de la hidalguía para sus maridos e hijos varones. La mayoría de estas mujeres no mantenían una relación permanente con sus hijos de leche, y lo habitual era que abandonaran el servicio una vez terminada su labor. Sin embargo, en algunos casos permanecieron en la Corte y ejercieron su influencia sobre los miembros de la familia real que habían criado; fue, por ejemplo, el caso de doña Ana de Guevara, nodriza de Felipe IV. Las nodrizas realizaban otras funciones como la educación, entretenimiento, vigilancia, disciplina y cuidados de las criaturas. No era raro que las amas de cría acompañaran a las familias a espectáculos públicos como el teatro, con el fin de presumir de ellas.

La figura de las nodrizas supuso un aumento de la natalidad, ya que permitió a las madres biológicas dar a luz más a menudo. En España, la época de mayor esplendor de las amas de cría fue desde el primer tercio del hasta el estallido de la Guerra Civil.

En la segunda mitad del la medicina comenzó a señalar la importancia de la lactancia materna. El pensamiento sociosanitario de la época remarcaba la labor de la mujer en la crianza de su descendencia, lo que condujo a una menor demanda de nodrizas. Hacia la mitad del , el oficio de la nodriza fue desapareciendo a medida que se fue implantando el biberón y la leche artificial.

Las amas de cría del norte de España miniaturadeimagen|Alfonso XII en brazos de su nodriza pasiega, María Gómez Martínez.

Desde muy pronto, las nodrizas de los pueblos vascos y navarros (conocidas en euskera como inudes), las de algunos lugares de la actual Castilla y León y las de tierras cántabras, fueron especialmente valoradas. La gran mayoría de las nodrizas norteñas podían aspirar a servir en casas de familias pudientes, sin tener que recurrir como hacían las de otros orígenes, a prestar sus servicios en las inclusas u hospicios, con peores condiciones laborales.

Desde finales del , las nodrizas al servicio de la Casa Real habían empezado a ser buscadas entre las señoras nobles de la misma capital del reino; posteriormente, en localidades de los alrededores de Madrid, en la Mancha y en Navarra. Esto cambió a partir de 1706, cuando la reina María Luisa Gabriela de Saboya, próximo el nacimiento de su primer hijo, pasó una estancia en Burgos y conoció a las amas de cría de la zona. A partir de aquel momento, las castellanas fueron las preferidas en la Corte. En 1830 Fernando VII, con el nacimiento de su hija Isabel, rompe la tradición e instala la moda de contratar nodrizas pasiegas para la lactancia real. Desde entonces, las nodrizas pasiegas fueron las más cotizadas para la crianza de príncipes y grandes de España.

Nodrizas de los Valles Pasiegos El Diccionario de la Lengua Española recoge en su tercera acepción respecto a la voz pasiego/ga lo siguiente: f. Nodriza, especialmente de familias de alcurnia. Las cántabras de los valles más aislados representaban a la mujer fuerte y sana (física y moralmente), trabajadora, de sanas costumbres y sangre pura. El médico de la Casa Real, Dionisio Villanueva Solís lo hizo constar en su informe de 1858 cuando partió hacia Vega de Pas en busca de ama para el futuro rey Alfonso XII:  “... es un espacioso valle sin aguas retenidas ni enfermedad endémica alguna cuyos habitantes, con alimentación sana, gozan de robustez y buena constitución...”. Las nodrizas pasiegas ocuparon el 12% del total de nodrizas salidas de Cantabria entre 1862 y 1874. Entre el siglo y la primera mitad del siglo miles de mujeres salieron de las Villas Pasiegas y la cuenca del Pisueña y constituyeron el sustento económico de aquellas comarcas.

Es de destacar el uso fraudulento de la etiqueta de nodriza pasiega por mujeres que carecían de esos orígenes, como se ha detectado que ocurrió en la Barcelona de finales del y principios del .

Contexto económico-social La población pasiega siempre tuvo una identidad cultural característica. Estaba establecida en los Valles Pasiegos, una zona montañosa de Cantabria, en el norte de España, en la que actualmente se localizan los municipios de Vega de Pas, San Pedro del Romeral y San Roque de Riomiera. Se trataba de un área geográfica aislada y con poco desarrollo económico, pero muy valorada por pensarse que era lugar propicio para un desarrollo sano de su población, debido a su vida sencilla y siempre en contacto con el mundo natural. En el , su economía y forma de vida giraba en torno a la ganadería vacuna de subsistencia, la trashumancia y una fuerte cohesión comunitaria. miniaturadeimagen|Valle del Pas (Cantabria)|330x330px La invasión napoleónica, las guerras carlistas y las sucesivas crisis socioeconómicas provocaron un ambiente generalizado de pobreza y analfabetismo por lo que la emigración constituyó un recurso frecuente en la región. Muchos pasiegos y pasiegas marcharon a América, sobre todo a Cuba, México, Argentina o Venezuela, buscando mejores oportunidades, pero también a ciudades españolas como Madrid, Bilbao, Valladolid y Santander, en donde trabajaron en lecherías o en el servicio doméstico. A partir mediados del , cientos de mujeres salieron también desde sus aldeas de origen para trabajar como amas de cría. Su actividad generó un mercado de trabajo significativo y supuso una importante transferencia económica desde las ciudades hacia un entorno rural con recursos limitados y muy variables.

La ocupación de amas de crianza muchas veces se repetía a lo largo de diferentes generaciones de un mismo grupo familiar pasiego: abuelas, hijas y nietas.

La selección En 1541 se edita el Libro del arte de las comadres o madrinas y del regimiento de las preñadas y paridas y de los niños, del médico Damià Carbó. Se considera el primer tratado de obstetricia y ginecología que se publicó en España y en él se incluyen las recomendaciones pertinentes para elegir una buena ama de cría.

En el y principios del se seguía practicando una selección similar según unos estrictos criterios de idoneidad, muy definidos y reglamentados, que debían garantizar una buena salud física y moral de las futuras amas de cría:

Tener entre diecinueve y veintiséis años, complexión robusta y buena conducta moral. Estar criando el segundo o tercer hijo (es decir haber tenido al menos dos partos) y tener leche de no más de noventa días. No haber criado hijos ajenos. Estar vacunada y no haber padecido enfermedades. miniaturadeimagen|300x300px|Retrato de Francisca Ramón, nodriza de Isabel II, por Vicente López Portaña. La nodriza más buscada debía aunar la producción generosa de leche de buena calidad con un arquetipo de salud física y otro de conducta moral.

La selección se estructuraba en dos exámenes, uno físico y otro moral. El físico era realizado por médicos que realizaban un riguroso reconocimiento a las aspirantes un mes antes de la fecha estipulada para el parto de la mujer a la que sustituirían en la crianza. Se valoraba positivamente una estatura mediana, carnes consistentes, un tórax vigoroso pero no en exceso para evitar problemas en la lactancia. Tanto la forma de los pechos como la calidad de la leche eran examinados con detenimiento. Por otro lado, se apreciaban rasgos estéticos como tener un rostro simpático y color de pelo castaño oscuro. Era excluyente el color pelirrojo, puesto que estaba asociado con la brujería. Era imprescindible la demostración de pureza de sangre (sin mezcla de judíos o musulmanes).

El examen de moralidad era llevado a cabo por un sacerdote, que debía certificar la buena conducta de la nodriza. El ama de cría debía ser cristiana y de buenas costumbres, ya que la creencia era que los valores pasaban a través de la leche a la criatura recién nacida. Además, debían mostrarse dulces y apacibles y se valoraba que tuvieran ingenio, sentido común, inteligencia y buenas aptitudes en las tareas domésticas. El marido también era partícipe en este proceso, ya que se valoraba su estado de salud, edad, profesión (debían ser labradores o ganaderos), moralidad, etc. Además se contaba con que diera su permiso para que la esposa se dedicara a las funciones de nodriza.

La partida Normalmente, las mujeres dejaban a su propia descendencia, de entre unas semanas hasta de dos años, en Cantabria. En la mayoría de los casos en las que las madres marchaban para criar, no se producía variación alguna en la estructura del grupo doméstico. Es muy probable que las solidaridades familiares contribuyeran al cuidado de las criaturas recién nacidas y a su supervivencia. En ocasiones las mujeres acudían con su propio hijo o hija a su destino.

Algunas pasiegas, antes de dejar sus tierras, acostumbraban a ir a peregrinar a la iglesia de Nuestra Señora de Vega de Pas o al Santuario de Nuestra Señora de Valvanuz en Selaya para hacer rogativas: Adiós, cabañuca de mi vida, las espaldas le voy dando; no sé qué llevo por dentro que van mis ojos llorando. Espérame, cabaña guapa que a criar me voy ahora; que nos volvamos a ver le pido a Nuestra Señora.

El destino miniaturadeimagen|Nodriza con niños y niñas en el Palacio de la Magdalena de Santander.|330x330px Las nodrizas pasiegas se veían obligadas a un temporal desarraigo de su pueblo de origen, a alejarse de su familia y de su entorno social y, en la mayoría de los casos, a dejar a sus hijos con muy poco tiempo de vida a cargo de su familia o de otras amas con más bajas pretensiones económicas. Pasaban a ejercer una profesión que las convertía en una manifestación más de la opulencia de la familia para la que trabajaban. La familia real, la nobleza y los enriquecidos burgueses fueron los grupos sociales más relevantes a la hora de contratarlas.

Las amas de cría no eran solo empleadas, sino que pasaban a ser un miembro más de la familia y acudían a eventos de ocio o acompañaban en las vacaciones. Solían estar un promedio de dos a tres años amamantando a las criaturas que les encomendaban. Después de este tiempo, la nodriza podía volver a su terruño como una mujer rica y respetada, con dinero suficiente para sacar adelante a su familia durante años, o incluso emprender un negocio.

Salario