Durante el periodo de la ley marcial en Taiwán, el Kuomintang (KTM) implementó una política monolingüe de mandarín. Esta se formuló como un objetivo político para unificar la isla. Sin embargo, la degradación de las lenguas indígenas preexistentes al título de «dialectos» en los ámbitos cultural y educativo provocó un rechazo a la política, que finalmente fue revocada con la democratización de Taiwán.

Antecedentes Antes de la ley marcial, Taiwán estuvo bajo el dominio colonial japonés desde 1895 hasta 1945. Durante este periodo, los colonizadores japoneses impusieron una política de japonización, que incluía el monolingüismo en lengua japonesa. Inicialmente, esta política no era obligatoria, pero se intensificó rápidamente hacia el final de la Segunda Guerra Mundial con el fin de convertir Taiwán en una base militar. No obstante, la prohibición de las lenguas nativas, impuesta por la política monolingüe japonesa solo duró unos pocos años durante la guerra. La mayor parte de la población nativa no se vio afectada significativamente y seguía siendo bilingüe.

La población nativa durante la ocupación japonesa estaba compuesta por pueblos indígenas, los Hoklo y los Hakka.

Los taiwaneses indígenas austronesios han vivido en Taiwán durante casi 5000 años. En las 14 tribus reconocidas, se hablan alrededor de 12 idiomas en tres grupos lingüísticos principales: el atayálico en el norte, el tsouico en la zona central y el paiwan en el sureste. Los taiwaneses hoklo (también conocidos como minnan) llegaron a Taiwán desde el sur de Fujian alrededor del y se les considera los primeros inmigrantes de Taiwán. Su lengua étnica es el hokkien. La variante hablada en Taiwán se conoce comúnmente como taigi o taioan-oe. Con el tiempo, el hoklo pasó a formar parte de la población local y se convirtió en la lengua más hablada tras más de 200 años de coexistencia con las lenguas austronesias. Los hakkas a Taiwán durante el , después de los hoklo. El nombre «hakka» significa «huésped» en chino, lo que alude a la continua migración a lo largo de la historia que condujo a la formación del pueblo hakka. En Taiwán se hablan dos variantes dialectales principales del hakka: el sixian y el hoiliuk. Debido a que estos dos grupos se asentaron en distintas zonas de Taiwán, sus lenguas no se mezclaron tanto como las de los hoklo.

Tras la derrota de Japón en la Segunda Guerra Mundial, Taiwán fue entregada al gobierno chino, específicamente al régimen administrado por el Kuomintang (KMT). Sin embargo, cuatro años después, el KMT perdió la guerra civil china y huyó a Taiwán en busca de refugio. Un gran número de inmigrantes chinos que hablaban mandarín se convirtieron en administradores y legisladores de la isla. No obstante, la mayoría de los taiwaneses que residían en Taiwán antes del gobierno del KMT no entendían el mandarín estándar. Existía una clara diferencia lingüística entre las élites políticas y la población en general. Además, debido a la falta de experiencias históricas compartidas, las tensiones entre los taiwaneses nativos y los hablantes de mandarín eran muy altas.

Política lingüística nacional El objetivo de la política monolingüe del Kuomintang era la desjaponización y la unidad nacional. Para el KMT, cualquier élite local anterior estaba excluida del poder debido a su desconfianza hacia las élites japonizadas. Especialmente tras cincuenta años de colonización japonesa y la experiencia de la guerra, los taiwaneses nativos, sobre todo la generación más joven, habían sido culturalmente japonizados. Sin embargo, el Kuomintang y los habitantes de China continental habían sufrido la guerra contra los japoneses, lo que los hacía hostiles a cualquier influencia japonesa. Bajo esta política, el japonés, los idiomas locales e indígenas fueron ilegalizados en el sector público. En su lugar, se promovió el mandarín como la nueva lengua nacional. Se crearon grupos de promoción del mandarín para enseñarlo a la población indígena, a la que se tachaba de "primitiva". Se organizaron talleres de idiomas, reformas educativas y la estandarización de los caracteres chinos tradicionales para apoyar la política monolingüe. En las escuelas, los alumnos eran multados, golpeados o obligados a llevar carteles humillantes si los sorprendían hablando un dialecto o idioma local. Cuando se introdujo la televisión, cualquier emisión que utilizara la lengua nativa estaba estrictamente prohibida o se presentaba únicamente para ser ridiculizada.

Cualquier idioma distinto del mandarín fue relegado a la categoría de «dialectos» y socialmente tachado de antipatriótico ante el público general. Los minnan, los hakka y los taiwaneses continentales eran todos de etnia han, pero el idioma, la identidad propia y las interpretaciones de la historia de estos grupos han creado divisiones étnicas imposibles de percibir a simple vista. Inicialmente, los taiwaneses continentales fueron discriminados por los taiwaneses nativos por temor a que las élites políticas se apoderaran de las empresas y se mostraban reacias a contratar a chinos continentales. Esta discriminación se perpetuó principalmente al exigir a los solicitantes de empleo un dominio fluido del minnan. La separación lingüística se agudizó debido a la falta de disposición de los continentales a aprender los idiomas locales debido a la segregación residencial y la falta de oportunidades prácticas para usarlos. Al hablar mandarín, el gobierno del KMT intentaba unificar las divisiones bajo un idioma común. La política consistía en un plan para fomentar y promover el entendimiento mutuo entre los habitantes de China continental y la población taiwanesa local. Además, el KMT tenía una mayor ambición de demostrar patriotismo mediante la estandarización del mandarín como medio para demostrar que la recién establecida República de China era superior y más unida que la República Popular China.

Erosión de la política lingüística La categorización de las lenguas locales como dialectos inferiores exacerbó el sentimiento anti-KMT entre la población local. Mediante el ejercicio del poder militar, la dominación política y la hegemonía cultural, el KMT causó la consolidación de la identidad indígena, hokkien y minnan, lo que derivó en un nacionalismo étnico isleño opuesto al nacionalismo chino continental favorable a la reunificación del KMT. Sin cursos formales ni oportunidades para hablar las lenguas locales, muchos hablantes de estas comenzaron a perderlas entre las generaciones más jóvenes. No obstante, puesto que la desigualdad de ingresos obligó a gran parte de la población nativa a trabajar en empleos precarios con escasa movilidad laboral, muchos hablantes de minnan y hokkien aún podían comunicarse en su lengua materna. Surgieron grupos entre los hakka, minna e indígenas donde celebraban reuniones secretas para practicar y aprender sus propias lenguas clandestinamente. Por lo tanto, en lugar de fomentar la confianza mutua, la desaparición de las lenguas maternas de los distintos grupos incrementó las tensiones entre los chinos continentales y los grupos étnicos locales. Mediante movimientos tanto políticos como culturales, el KMT comenzó entonces a acabar con las prohibiciones lingüísticas.

Influencia política Después de 1987, el KMT comenzó a transformar el panorama político taiwanés, transitando de la ley marcial a la democracia. Como institución democrática, los políticos se vieron obligados e incentivados a conectar con la población local para obtener votos. Durante las primeras elecciones presidenciales democráticas de Taiwán en 1996, Lee Teng-hui habló en minnan en su campaña presidencial. Lee no solo era taiwanés de nacimiento, sino que, como sucesor del KMT, también impulsó a más tecnócratas taiwaneses a ocupar altos cargos en el gobierno, tradicionalmente reservados para los chinos continentales. Puesto que los minnan y los hokkien constituían una amplia mayoría de la población de la isla, el uso de las lenguas locales se convirtió en una estrategia política en las campañas electorales para atraer votos. Las leyes y regulaciones comenzaron a desmantelar gradualmente la política monolingüe del mandarín a medida que la isla avanzaba hacia la democracia. Por ejemplo, en noviembre de 1987, tres canales de televisión estatales comenzaron a transmitir noticias en minnan.

Influencia cultural A medida que los políticos comenzaron a usar idiomas aparte del mandarín en sus discursos de campaña y a flexibilizar las políticas lingüísticas, la perspectiva cultural lingüística también empezó a cambiar. Ser multilingüe empezó a percibirse como una celebración de la diversidad y como un recurso que refleja la identidad cultural taiwanesa. Este cambio de actitud se ha denominado un periodo de «taiwanización», en un intento por rectificar los errores del pasado. Además, en 1993, el Ministerio del Interior se disculpó por la represiva política lingüística del pasado y declaró como un error. Se promulgó una ley de equidad lingüística para establecer un marco legal de igualdad de trato para los idiomas, y las lenguas nativas se están incorporando al sistema educativo. Los esfuerzos por validar la identidad minnan, hakka e indígena en la esfera pública siguen en marcha a través de programas educativos.

En Taiwán, la tendencia a adoptar el mandarín como lengua franca sigue estando vigente. El conflicto entre el nacionalismo chino del Kuomintang y el nacionalismo taiwanés persiste como consecuencia de la irreversibilidad de la política de asimilación lingüística. Actualmente, la población taiwanesa entiende los resultados de la política lingüística durante la ley marcial como vestigios de una lengua colonial. Especialmente ante la actual ambigüedad del estatus nacional de Taiwán, existe incertidumbre sobre cómo revertir los 50 años de adopción del chino moderno escrito y los caracteres han.

Referencias

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