miniatura|derecha|Viudas de año viejo en 2015 en Loja.
Las viudas de año viejo, también conocidas como locas viudas, son una figura tradicional de la celebración del fin de año en Ecuador. Las «viudas» son hombres que cada 31 de diciembre se visten de mujer y se ponen peluca para luego salir a las calles a llorar por la muerte del año que finaliza y a pedir limosnas para supuestamente pagar el velorio del fallecido, representado por el monigote del año viejo.
Es una tradición de carácter jocoso en que sus participantes se visten con trajes extravagantes, tradicionalmente negros, y coquetean con los transeúntes y conductores que encuentran en las calles con la intención de hacerlos reír y así convencerlos de darles dinero antes de que concluya el año. En algunas ocasiones, las viudas salen en compañía de personas adicionales que se disfrazan de diablos, payasos y brujas, y que representan a los «deudos» que las acompañan en el duelo por el muerto.
A diferencia de otras tradiciones relacionadas al año viejo, la de las viudas es única de Ecuador. Sobre este punto, el historiador Enrique Ayala Mora señaló que el país era el único donde «se celebra el velorio del año que termina y que incluye a las viudas que lloran por el difunto». En 2024, el diario mexicano El Informador la incluyó en su lista de las más extrañas tradiciones de fin de año del mundo.
Historia Las viudas de año viejo tienen su origen a finales del , con el inicio de la tradición de realizar cortejos fúnebres en honor al año que finalizaba, que era representado por un monigote de aserrín que encabezaba la caminata. Entre los personajes que acompañaban estos cortejos se encontraban mujeres que vestían de luto y que interpretaban el papel de las supuestas viudas del monigote, y que pedían dinero con el que luego preparaban una comida para los presentes. Esta tradición fue recogida en 1897 por el naturalista italiano Enrico Festa, quien señaló que durante la celebración en Ecuador por el fin de año «enmascarados llevan un fantoche que representa el año a punto de morir y les hacen un grotesco cortejo fúnebre».
Con el pasar de los años la tradición se modificó y el papel de las viudas pasó a ser interpretado por hombres, además de que adquirió un carácter más satírico y paródico. Para la década de 1950, la tradición se encontraba establecida. Registros fotográficos de la década siguiente muestran que las viudas ya contaban en aquella época con sus características actuales, a excepción de la vestimenta, que era más recatada; y que salían a las calles de ciudades como Quito y Guayaquil a pedir dinero a los conductores de automóviles. Posteriormente, su atuendo pasó de un vestido de luto y un velo a trajes más seductores, con la excusa de que estos eran mejores para conseguir el dinero para pagar las supuestas deudas dejadas por el «viejo».
En 1969, el diario guayaquileño El Universo realizó un concurso para elegir a las mejores viudas, aunque el mismo no volvió a repetirse. De acuerdo al historiador Ángel Hidalgo, la intención era intentar profesionalizar la tradición y así evitar que ladrones se disfrazaran de falsas viudas para delinquir.
En la actualidad, las viudas de año viejo suelen usar pelucas coloridas, zapatos de tacones, maquillaje exagerado, minifalda, pestañas postizas y otros accesorios comúnmente considerados femeninos. Para atraer la atención de los conductores, algunas viudas realizan además coreografías de baile y acrobacias características del porrismo. Hacia el año 2015, algunas viudas lograban generar entre 50 y 200 dólares en limosnas. Aunque la tradición se celebra en todo el país, hoy en día es más prevalente en las regiones de la Sierra y Amazonía en comparación con la Costa.
Críticas La tradición de las viudas de año viejo ha sido criticada a lo largo del tiempo por algunos sectores de la sociedad. Durante la dictadura militar del general Guillermo Rodríguez Lara (1972-1976), la tradición fue prohibida por considerarse que representaba una falta a la moral pública y que daba mal aspecto a las urbes. Debido a ello, la policía comenzó a organizar redadas en que las viudas eran perseguidas por las fuerzas públicas. Durante la década siguiente, las viudas continuaron siendo arrestadas en ocasiones por la policía, acusadas de «escándalo público».
A pesar de la longevidad de la tradición, las críticas de este tipo continuaron hasta entrado el , con algunos sectores calificando las actuaciones de las viudas como «inmorales» u «obscenas», y reprochando el lenguaje utilizado por ellas hacia conductores sin importar que vinieran acompañados por menores de edad. Debido a que en algunas localidades han existido reportes de ladrones que se disfrazan como viudas para poder delinquir, en algunas ocasiones la policía ha realizado operativos locales para impedir que las viudas interrumpan la circulación vehicular.
Análisis La figura de las viudas de año viejo ha sido abordada por distintos académicos a lo largo de los años. El investigador Xavier Andrade, en un artículo aparecido en 2007 en el libro Los años viejos, definió el fenómeno de las viudas como «una de las expresiones de travestismo sancionada positivamente en la fiesta popular mestiza urbana» e indicó que su figura era esencial en la celebración del año viejo, por ser quienes crean la conexión entre los transeúntes y las instalaciones de los monigotes y por generar interacciones lúdicas con el público, incluyendo cantos y bromas.
De acuerdo a la antropóloga Liset Coba, las viudas de año viejo son una tradición transformista contra-hegemónica que, aprovechando el momento festivo del final del año, degradan la «rigidez del ordenamiento sexual». Coba también indica que más que una inversión de los papeles de género, las viudas constituyen una especie de representación de un tercer sexo que incluye características tanto masculinas como femeninas.
Del otro lado, autores como el literato Edgar Vega han señalado que la tradición cumple más bien un papel de reforzamiento de la heteronormatividad, al mostrar al travestismo como algo exagerado y abyecto, además de su carácter como transgresión que es permitida durante una sola noche al año. La investigadora Margarita Camacho hace hincapié en el hecho de que, a pesar de que la tradición de las viudas es socialmente aceptada, esta aceptación desaparece en muchos sectores cuando se trata de personas de identidad de género diversa. De hecho, la participación de personas LGBT como viudas es mal vista por personas que alegan que ser heterosexual es un requerimiento para ello y que la participación de hombres homosexuales haría que las interacciones y los coqueteos con el personaje dejaran de ser graciosos.
Muchas mujeres transgénero rechazan además la idea de interpretar el rol de viudas debido a las connotaciones negativas de las que está cargado el personaje, entre ellas la prostitución, y a la suposición de que las viudas no son mujeres reales. No obstante, mujeres trans que interpretaron a viudas en su juventud han señalado que la tradición les permitió encontrar un espacio donde expresar su feminidad antes de iniciar su transición.
Sobre los atuendos que utilizan las viudas, el artista Juan Zabala señaló en una entrevista que las viudas son un personaje irónico dado que, mientras la imagen tradicional de una viuda es la de una mujer recatada, las viudas de año viejo se visten y comportan de forma hipersexualizada, poniendo como excusa la futura libertad debido a la muerte del viejo. De acuerdo a Zabala, esta caracterización se explica al tomar en cuenta que las viudas son interpretadas por hombres heterosexuales, por lo que su imagen está construida sobre la base de su concepción de lo que esperan de la feminidad.
Véase también
Año viejo Warmi tukushka
Referencias
Bibliografía
Categoría:Folclore de Ecuador Categoría:Travestismo Categoría:Cultura LGBT en Ecuador Categoría:Nochevieja