miniaturadeimagen|Esclavos descargando hielo en Cuba, ilustración publicada en una revista de Samuel Griswold Goodrich (1832).
La esclavitud en Cataluña designa la relación histórica entre la sociedad catalana y el fenómeno de la esclavitud. Comprende tanto la presencia del esclavismo como sistema económico y social en territorio catalán, como la participación de comerciantes, navieros e industriales catalanes en el comercio atlántico de esclavos y en la esclavitud colonial en Cuba y las Antillas españolas. Según el historiador Jordi Maluquer de Motes, las naciones hispánicas fueron, en su conjunto, de las primeras en iniciar el comercio de personas y también de las últimas en cesar esta actividad. Durante la Baja Edad Media, Barcelona constituyó el principal mercado esclavista de la Corona de Aragón, abastecido sobre todo por expediciones al Egeo y el Mar Negro. Entre finales del y mediados del , comerciantes e industriales catalanes participaron de manera destacada en el comercio atlántico de esclavos hacia Cuba y las Antillas españolas, y se organizaron en agrupaciones antiabolicionistas como el Círculo Hispano-Ultramarino de Barcelona (1871) y la Liga Nacional, antes de la abolición definitiva en Puerto Rico en 1873 y en Cuba en 1886.
Contexto histórico de la esclavitud en Cataluña
El auge del tráfico de esclavos y la proliferación de los mismos comienza en el Mediterráneo apenas finalizada la epidemia de peste negra hacia la segunda mitad de 1300. Antes de la peste negra la provisión de esclavos estaba vinculada a los conflictos bélicos con los reinos de Al-Ándalus. El incremento del número de esclavos recién finalizada la peste negra se puede explicar por un aumento de los salarios debido a la maltrecha demografía tras la epidemia. Este aumento de los salarios por falta de mano de obra «libre» hacía que el esclavo se convirtiera en mucho más rentable. Testimonios de la época afirman que la esclavitud era un fenómeno reciente después de la peste negra.
Durante los siglos y se sabe que había esclavos en Cataluña que trabajaban en los dominios de los condes, de la Iglesia y, en general, de la aristocracia. Estos esclavos eran descendientes de la población que servía a los visigodos y gente que había sido condenada por crímenes graves (adulterio u homicidio). La esclavitud era una institución anacrónica y se consideraba una infamia, existiendo una gran barrera social entre el esclavo y el hombre libre.Bonnassie, según
El crecimiento del número de esclavos en Cataluña durante la Baja Edad Media se explica por la expansión territorial de los reinos cristianos, la expansión catalana hacia el Mediterráneo y por las expediciones esclavistas portuguesas durante este período. La Barcelona bajomedieval fue uno de los principales mercados esclavistas del Mediterráneo. Algunas cifras muestran cómo las expediciones portuguesas a la costa oeste africana transportaban entre 100 y 200 esclavos por año. Aun así, los catalanes también iniciaron su proceso para convertirse en comerciantes; prueba de la participación catalana en el comercio de esclavos es la creación de la cofradía de Santiago de Barcelona el 20 de marzo de 1455, considerada la primera cofradía de negreros en Occidente. A principios del entre el 8,3 % y el 14,3 % de la población en Barcelona era esclava y los catalanes participaban tanto en el comercio como en la posesión de esclavos. Las zonas donde los catalanes realizaban sus expediciones eran el mar Egeo, Constantinopla, Creta y Rodas principalmente. Los establecimientos genoveses del mar Negro abastecían a toda la Europa mediterránea de esclavos tártaros. Debido a los conflictos bélicos y al hambre en la zona había casos de venta de niños a manos de sus padres por la imposibilidad de mantenerlos.
La posesión de esclavos estaba generalizada en todos los estratos de la población: nobles, artesanos, campesinos, y tanto el alto como el bajo clero. Los usos de la mano de obra esclava eran principalmente domésticos y, en menor proporción, agrícolas. Pese a ello, existían casos de uso de mano de obra esclava en trabajos auxiliares artesanales cuando los gremios no tenían capacidad de formar a ciudadanos libres. La mayoría de esclavos en la Europa mediterránea medieval eran mujeres, superando en porcentaje el número de hombres. Esto se debe principalmente a que se las consideraba más dóciles y se las podía emplear de manera más diversa: sus tareas iban del uso doméstico al de niñeras, hilanderas, cocineras o limpiadoras, llegando incluso a la explotación sexual por parte de sus propietarios. Se constata el uso de esclavos domésticos a mediados del por monjes y monjas del monasterio de Pedralbes, del monasterio de San Miguel de Fay y del Valle de Hebrón, así como por los rectores de San Gervasio, Esparraguera y San Adrián de Besós, entre otros muchos. La tenencia de esclavos constituía un mercado fuertemente regulado: las autoridades del momento, como la Diputación del General en Barcelona, crearon más de 200 disposiciones y leyes entre 1300 y 1521 sobre el comercio y la tenencia de esclavos que regulaban desde la obligación de pasar revisiones médicas cuando los mercaderes llegaban a las playas, hasta el pago de impuestos.
Durante esa época las fugas de esclavos eran muy habituales y generalizadas; tanto fue así que en 1421 la Diputación del General creó la Guardia de esclavos, encargada de garantizar el retorno del esclavo fugado a su propietario. Esta Guardia se financiaba con un seguro obligatorio que debían pagar los propietarios de todos aquellos esclavos varones mayores de once años. El pago equivalía aproximadamente al 1,1 % del valor del esclavo en cuotas anuales. La propia creación de la Guardia llevó a los propietarios a descuidar la vigilancia, lo que hizo aumentar las fugas. Si la Guardia no conseguía devolver al esclavo fugado, debía pagar al propietario el valor del mismo. En 1431 la aseguradora quebró a causa del aumento de las fugas, dejando registro de 1.759 esclavos asegurados en Cataluña. El número de esclavos en Cataluña se concentraba básicamente en Barcelona; en el resto del territorio se contaban por decenas y estaban en manos de unos pocos propietarios privilegiados. Hay estimaciones que afirman que hacia 1431 un 70 % de los esclavos en la Corona de Aragón se encontraban en la ciudad y distrito de Barcelona, mientras que en el resto del territorio había unos 534, repartidos del siguiente modo: 25 % en Gerona y su obispado, y un 5 % en Perpiñán y el obispado de Elna. Puede considerarse que Cataluña no era una sociedad esclavista, sino una sociedad con esclavos. Esto se debe principalmente a que el esclavo era, para los estratos acomodados, un artículo de lujo, y para los estratos trabajadores y artesanos, una inversión costosa: en Cataluña, el precio de un esclavo era equivalente al salario de entre 5 y 8 años de un trabajador. Hacia la segunda mitad del el comercio y la tenencia de esclavos entran en decadencia.
Durante la Edad Media y hasta el , las razias musulmanas sobre el litoral catalanoaragonés condujeron también a la captura de habitantes cristianos —en particular en pequeños asentamientos costeros— que eran trasladados a los mercados de esclavos del norte de África. Como respuesta a este fenómeno, en 1218 el mercader Pere Nolasc, con el apoyo del rey Jaime I de Aragón, el obispo de Barcelona Berenguer de Palou y el dominico Ramon de Penyafort, fundó en la catedral de Barcelona la Orden de la Merced, cuyos religiosos asumían por un cuarto voto el compromiso de redimir a los cautivos cristianos en tierras musulmanas, ofreciéndose ellos mismos como rehenes cuando el rescate resultaba insuficiente.
La esclavitud colonial catalana en Cuba y las Antillas españolas
miniaturadeimagen|Patio del ingenio azucarero en Cuba (1853): viviendas de los esclavos a la izquierda, mansión del propietario en el centro y trapiche a vapor a la derecha, con esclavos transportando caña.
La participación catalana en la esclavitud está estrechamente ligada a las Antillas españolas y, en especial, a Cuba. Durante el la riqueza de la isla radicaba en la minería de cobre y algunos yacimientos de oro, dejando en segundo término la agricultura y la ganadería. La actividad económica de la isla, desde el primer momento de la conquista y destrucción de la sociedad indígena, fue llevada a cabo por esclavos negros. A principios del se experimenta un fuerte crecimiento de la economía de la isla que la lleva a ser una de las exportadoras de azúcar más importantes del mundo. Estas explotaciones azucareras eran trabajadas por esclavos y así fue hasta finales del . La presencia catalana en la isla ya empezaba a ser efectiva desde el primer tercio del , cuando se encuentran indicios de los primeros catalanes propietarios de explotaciones azucareras. La supervivencia de la esclavitud hasta finales del se explica por la gran rentabilidad tanto del comercio como del uso de esclavos como fuerza de trabajo. Prueba de ello es el fracaso del experimento de Miguel Estorch al intentar introducir asalariados catalanes en la producción de azúcar.
miniaturadeimagen|izquierda|220px|Juan Güell y Ferrer (1800-1872), industrial catalán enriquecido en La Habana y primer presidente del Círculo Hispano-Ultramarino de Barcelona.
Pese a que la esclavitud se prohibió en el territorio peninsular español en 1837, no fue hasta 1873 cuando se abolió la esclavitud en Puerto Rico ni hasta 1886 en Cuba. Las presiones en contra de la abolición de la esclavitud en las colonias provenían tanto de los territorios de ultramar como de la propia península. Los empresarios catalanes con intereses en las Antillas no fueron una excepción a la resistencia al abolicionismo. En 1841 la Junta de Comercio de Barcelona inició una serie de acciones contra el creciente movimiento abolicionista internacional encabezado por el cónsul inglés en Cuba David Turnbull. Dentro de estas acciones se encuentran la creación de diversas reuniones a favor de la continuidad de la esclavitud, en las que participa el empresario Miquel Biada. Buena parte del empresariado catalán con intereses en Cuba estuvo totalmente en contra de los principios del levantamiento independentista de la isla hacia 1844 y, posteriormente, de la guerra de 1869. La primera fuerza militar que llegó a la isla en la conocida como Guerra de los Diez Años fue un batallón de voluntarios catalanes que iban marcados con el distintivo de la barretina. Inicialmente financiados con aportaciones privadas, el gobierno del general Prim aceptó la demanda de la Diputación de Barcelona de enviar el batallón a la isla.
Entre los catalanes con intereses en la isla —no todos comerciantes de esclavos, pero sí compradores— figuran Bernadí Rencurrell, Jaume Partagàs y Ravell, Ventura Almirall, Joan Jover y Batlle, Salvador Samà y Martí, Josep Baró y Blanxart, Antoni Font, Josep Gener y Guasch, Maria Flaquer, Joan Roig y Jaques, Miquel Estorch, Joan Güell y Ferrer y Miquel Biada. En cuanto a familias y dinastías, otros ejemplos son los Xifré y Casas, Biada y Buñol, Güell y Ferrer, Gumá, Vidal-Quadras, Bosch y Alsina, Torrent y Carbonell, Espriu, Canela y Raventós y Milá de la Roca.
La participación catalana en el comercio atlántico de esclavos