miniaturadeimagen| 202x202px |Aldeano salmantino. En España, un charro es el aldeano de la provincia de Salamanca, específicamente los habitantes del Campo Charro, que comprende las comarcas de Alba de Tormes, Vitigudino, Ciudad Rodrigo y Ledesma. No obstante, hoy se toma como gentilicio para todos los naturales de la provincia.
Los habitantes aldeanos de esta región eran percibidos antiguamente como gente ignorante, vulgar y ridícula por las élites urbanas, por su forma extraña, grotesca y arcaica de hablar, por sus costumbres y por su forma estrafalaria de vestir, lo que los hacia objeto de burlas y desprecio en las ciudades. Por esta razón la gente los insultaba llamándolos «charros» (del euskera txar, ‘defectuoso’, ‘débil’), un término despectivo sinónimo de paleto y rústico.
Etimología
miniaturadeimagen| 202x202px |left|Aldeano de Salamanca (1874).
La etimología más aceptada de la palabra «charro» es que proviene del euskera txar que significa malo, como sinónimo de basto, tosco, aldeano, de mal gusto. J Corominas, 2008, p. 172Diccionario de la Real Academia Española El jesuita vasco Manuel de Larramendi, argumentó que, en efecto, la palabra era de origen vascuence y que significaba “cosa ruin, y despreciable”, y afirmó que se les llamaba así a los aldeanos por desprecio. A su vez, el historiador y filósofo catalán Antonio de Capmany, afirmaba que la palabra charro era de origen árabe y que originalmente significaba “malo, de la malicia moral y de costumbres”, y que pasó al castellano a significar “la malicia artística y del adorno”, así, algo “charro” es lo mismo que algo de mal gusto. Por el contrario, el lingüista salmantino Antonio Llorente argumentó que la palabra era de origen prerromana y significaba cerdo pues Salamanca era conocida como la «Tierra de los Cerdos» por la abundancia de estos.
Los registros más antiguos de la palabra «charro» datan del , y aparece como voz de las lenguas portuguesa y gallega, con una connotación peyorativa, sinónimo de bobo, necio, tonto, vil y despreciable. El bachiller castellano Vicente de Olea recopiló la palabra en su «Vocablos Gallegos Escuros» (1536) donde la define como «loco». Mientras que el paremiólogo español Hernán Núñez de Toledo la definió como sinónimo de «bobo» y especifica que es palabra de origen gallego en su obra «Refranes, o Proverbios en romance» (1555). El «Thesaurus Hispano-Latinus» de Valeriano Requejo lo definió como sordidae conditionis homuncio o «hombre de condición sórdida».
El primer registro en castellano aparecería hasta 1627 en el «Vocabulario de refranes y frases proverbiales» de Gonzalo Correas, basándose en los textos de Hernán Núñez, igualmente con una connotación peyorativa, sinónimo de tonto, sandio, necio o bobo. https://www.cervantesvirtual.com/obra/vocabulario-de-refranes-y-frases-proverbiales-y-otras-formulas-comunes-de-la-lengua-castellana---van-anedidas-las-declaraciones-y-aplicacion-adonde-parecio-ser-necesaria-al-cabo-se-ponen-las-frases-mas-llenas-y-copiosas/ Más de cien años después, en 1729, la palabra sería incluida en el primer diccionario editado por la Real Academia Española, el Diccionario de Autoridades, donde sería definido como un adjetivo peyorativo usado para referirse a las personas provenientes del campo, aldeas o zonas rurales, como sinónimo de paleto, «palurdo», «cateto», «zafio» y rústico. Por otro lado, según el filólogo y lingüista José Luis Pensado, en 1729 se publicó en Salamanca una edición del Thesaurus Hispano-Latinus de Bartholomaeo Bravo, con adiciones de Pedro de Salas y la aprobación del P. Francisco de Miranda, de la Compañía de Jesús y catedrático universitario. En esta edición aparece la voz "charro" definida como sordidae conditionis homuncio, con un matiz semántico ligeramente distinto al del Diccionario de Autoridades: no tanto un "rústico o aldeano", sino un "hombrecillo de humilde condición". En la primera edición del diccionario de la RAE publicado en 1780, se mantuvo esa definición original, definiendo la palabra como: “la persona basta y rústica, como suelen ser los aldeanos”, pero en esta edición agregarían una segunda acepción: “adjetivo que se aplica á algunas cosas demasiadamente cargadas de adorno y de mal gusto”.
En la cuarta edición del diccionario en 1803, agregarían por primera vez la acepción: «el aldeano de tierra de Salamanca», pero como parte del suplemento. No sería sino hasta la quinta edición en 1817 que la incluirían como parte de una definición más ampliada del término: “El aldeano de tierra de Salamanca” o “La persona basta y rústica, como suelen ser los aldeanos” o «cosas recargadas de adornos y de mal gusto.»
Historia
miniaturadeimagen|202x202px|Aldeano salmantino (1777).
Los pobladores de esta región de la provincia de Salamanca eran antiguamente muy distintos de los demás habitantes de dicha provincia. Vivían retirados del resto de la población en casas aisladas y solitarias llamadas «montaracías» en las grandes dehesas que rentaban. Debido a que vivían alejados de la «civilización», también lo estaban de los cambios culturales y sociales que afectaban al resto del país y, por ende, hacia el , mantenían ciertas costumbres y tradiciones, como el lenguaje y moda, que eran consideradas en ese entonces como bárbaras, vulgares y de mal gusto, en el resto del país, especialmente entre las élites españolas. Esto los hacía objeto de burlas y desprecio en las ciudades lo que llevó a que se les llamara, despectivamente, «charros», un adjetivo peyorativo sinónimo de paleto, chabacano, costumbres de mal gusto, rústico.
En las ciudades eran conocidos por su necedad e ignorancia, algo que dio lugar a un gran número de anécdotas; por ejemplo, la historia de un aldeano salmantino que jamás había ido al teatro e ignoraba lo que era, y al presenciar una obra, no sabiendo distinguir entre la ficción y realidad, se levantó durante la función y le gritó al actor que hacía de «Rey», que no se dejara timar por el actor que hacía de «villano». También contaban de otro que había ido a una Universidad a presenciar una clase y al preguntarle sobre su experiencia, reclamó: «tendrán estos Señores pocas obligaciones en sus casas cuando pasan el tiempo en estas cosas.»
Se distinguían en los modos de hablar por el uso del voseo, el uso incorrecto de la gramática, y por el hablar un castellano muy influido por el leonés que se hablaba previamente en la comarca,Hernández Paniagua, Miguel (2023). La influencia de la trashumancia en el dialectalismo leonés de la provincia de Salamanca. Estudios Humanísticos: filología 45 (2023). Págs. 217-233 y que influyó en el conocido como "sayagués literario",["el sayagués literario de los siglos XV y XVI tomaba como base el dialecto leonés hablado en comarcas como Sayago y el Campo Charro." https://www.laopiniondezamora.es/redactor/2021/04/25/literatura-asturleones-zamora-iv-sayagues-49222653.html La Opinión de Zamora: Literatura en asturleonés en Zamora. El sayagués en el siglo XVII] utilizando locuciones consideradas por algunos autores como «bárbaras». En cuanto a su aspecto, resaltaba la costumbre de llevar la cabellera, o guedejas, largas, y de raparse todo el cogote; su traje era considerado «extraño» por ser ya muy antiguo y, por lo tanto, arcaico. Esta costumbre de llevar la cabellera larga, que causó que se les llamara «charros guedejeños», y de vestir dicho traje antiguo, trataba de imitar a los castellanos antiguos, pero terminaba siendo ridículo y sumamente despreciable por haber «degenerado de aquellos».
Una convocatoria para un certamen poético para celebrar la consagración de la nueva catedral de Salamanca en 1736, llamaba a estos aldeanos a participar con su lenguaje rústico y afirma que en dicha provincia predomina lo «charro» o gustos y lenguaje de mal gusto:
Respecto lenguaje vulgar de estos aldeanos, el sacerdote y lingüista salmantino, José de Lamano y Beneite, afirmó en su obra «El dialecto vulgar salmantino» (1915), que antiguamente, lo que hoy se conoce como «charro», se conocía con el mote «sayagués» incluyendo su dialecto vulgar:
miniaturadeimagen| 202x202px|Salmantinos vestidos con el atuendo típico de la región.
Varias han sido las hipótesis etimológicas del término «charro». La más aceptada en la actualidad es que proviene del vascuence txar que significa malo. Por el contrario, Antonio Llorente afirmó que la palabra es de origen prerromano y que significa «cerdo», ya que estos abundan en la provincia y desde hace mucho tiempo, desde la época de los vetones, forman la base alimenticia de la población, lo que llevó a que la provincia fuera conocida como «Tierra de Cerdos». En las lenguas prerromanas, al cerdo se le llamaba «charro», al igual que en vasco se dice tsarri o tserri. Igualmente se conserva en murciano, ya que al cerdo también se le llama «charro». Por esta importancia del cerdo para Salamanca, se le llamó «Tierra de Cerdos» y a sus habitantes «charros», lo mismo que a Galicia es conocida como «Tierra de Mariscos» y a sus habitantes “mariscos” o a Malaga la «Tierra de los boquerones» y a los malagueños «boquerones».
Aunque hoy en día se denomina «charro» a todo natural de la provincia de Salamanca, esto es un error. El mismo Lamano tachó de erróneo llamar «charro» a todo aldeano o habitante de Salamanca, puesto que son solo los «habitantes de la comarca o región salamanquina, conocida con el nombre de charrería» o lo que hoy se conoce como «campo charro». Según Antonio Llorente, la denominación gentilicia «charro» para los aldeanos salmantinos y la denominación «campo charro» es muy reciente, no anterior al . A esto, el filólogo gallego José Luis Pensado, agrega:
Acerca de este cambio en el uso de dicha palabra para designar a todo el salmantino, el profesor Héctor Medina Miranda, explica que se debe principalmente a que los «charros» de hoy en día ya no son esos antiguos aldeanos, pues, ellos y sus antiguos modos de vida han desaparecido, rechazados por ser considerados un «obstáculo para el progreso». Al desaparecer aquellos, se convirtieron en un símbolo regional colectivo y por esto, en la actualidad, la gran mayoría de los salmantinos sin importar si viven en el campo o la ciudad se autodenominan «charros».
Cultura Traje de charro salmantino
Traje de hombre Gorrilla de embudo. Camisa con deshilado o chorrera blanquísima de finísimo hilo. Cuello muy labrado, festoneado de puntas o trencillas de redaño abrochado con grueso botón de oro. Chaqueta ajustada y corta con ribetes y bocamangas de géneros diferentes, con dobles botones de cartera. Chaleco abierto en forma de escuadra para mejor lucir el camisón. 2 filas de botones planos y anchos de plata. Cinto ancho charolado o de cuero, llamado media vaca en la zona del Campo Charro. Y faja muy bordada en el resto. Calzón muy ceñido al muslo, hasta tocar en las ligas pañeras. Media negra y bota alta de montar en la zona del Campo Charro y polaina ajustada a la pierna en el resto.
Traje de mujer Jubona de terciopelo calado bordado en seda de color, manga estrecha de campana o sin ella con botones de filigrana. Pañuelo de hombros de tela bordada en lentejuelas o mostacilla. Dengue o rebocillo, el más antiguo de paño encarnado, con muchos bordados de felpilla o mostacilla o sobrepuestos. Manteo encarnado de debajo con vuelta. Manteo más rico sobre el anterior con festón de bordados y tirana. Esta tirana es de terciopelo labrado terminado con un festón calado cuyo motivo decorativo es ojivo. Medias caladas y zapatos de terciopelo bordados con lentejuelas. Mandil o picote muy bordado y rematado por un faralar de seda. Faltriquera bordada poco visible y colgando de la cintura. Por detrás sobre el manteo y también atadas a la cintura dos cintas muy bordadas rematadas de fleco de oro.
Botón charro
miniatura|Botón charro tradicional de una joyería de Salamanca. Encima de la tela blanca.