miniaturadeimagen|Bandera del Reino de Mallorca. La Nobleza mallorquina, era uno de los tres estamentos sociales del Antiguo Régimen presentes en los territorios que conformaban el Reino de Mallorca. Aunque, principalmente pertenecían únicamente los descendientes de los caballeros que participaron en la reconquista de Jaime I de Aragón, a lo largo de los siglos se fue ampliando a otros llinatges o apellidos que en su origen no pertenecían al Brazo Noble de la isla como los caballeros, donceles y ciudadanos militares.
A diferencia de la nobleza castellana, catalana y aragonesa, la nobleza de Mallorca se caracteriza por poseer pocos títulos nobiliarios, ya que, hasta la llegada de la casa real Borbón en la Guerra de Sucesión (1701-1715) no era común el ser otorgados. Gran parte de los nobles de la isla (caballeros, donceles y ciudadanos militares) se asemejan a los hidalgos castellanos, es decir, pertenecientes a una nobleza no titulada que en la actualidad no es reconocida por las instituciones oficiales del Estado español, aunque en Mallorca no se utilizó el término hidalgo hasta el reinado de Carlos III de España.
La nobleza de la isla es sencilla y huye de la de la ostentación ejemplificándose en como hacían referencia a sus grandes casales en Ciutat, rehuyendo del nombre de palacio por el de casa señorial, ya que, consideraban que en Mallorca únicamente había dos palacios: el Episcopal del Obispo y el de La Almudaina. Aun así, contaban, junto con la casa de Palma, con grandes possessions o fincas en la Parte Foránea. En cuanto al lenguaje, fue mucho más conservadora que la nobleza valenciana o la burguesía catalana, ya que, hasta el rechazó el uso del castellano, manteniendo el uso del catalán como signo de distinción y de clase frente a los burgueses y payeses.
Actualmente, los nobles de Mallorca se agrupan en la Unión de la Nobleza del Antiguo Reyno de Mallorca, institución que pretende ser una continuación de la antigua Cofradía de San Jorge (Confraria de Sant Jordi), disuelta por Carlos III en 1776.
Historia
Formación del Brazo Noble y fundación de la Confraria de Sant Jordi () Tras la reconquista de Mallorca (1229-1231), Jaime I de Aragón repartió la isla entre los principales apoyos que recibió en la campaña, quedando determinado en el Llibre del Repartiment. Esta se repartió principalmente en dos mitades: izquierda|miniaturadeimagen|Mapa del repartiment de la isla de Mallorca tras la reconquista de Jaime I. La primera para el poder real y el poder nobiliario aragonés y catalán, siendo los principales beneficiarios Nuño Sánchez, conde de Rosellón y de Cerdaña; Berenguer de Palou, obispo de Barcelona; Hugo IV de Ampurias, conde de Ampurias; Gastón IV de Bearne, vizconde de Bearne. La segunda mitad para el poder real, en la que, se le dieron beneficios y grandes propiedades principalmente a la Orden del Temple.
Estos fueron los primeros señores feudales de la isla, pero nunca se consideraron parte de la nobleza mallorquina, ya que, poco después del repartimiento de la isla volvieron a la península ibérica.
Además, tras el fallecimiento de Jaime I en 1276 y siguiendo lo indicado su testamento, el Reino de Mallorca fue declarado independiente de la Corona de Aragón, otorgando el primero a su hijo Jaime, quien reinaría con el nombre Jaime II de Mallorca, y el segundo para su hijo Pedro, quien reinaría con el nombre de Pedro III de Aragón.
Por lo que, a partir de ese momento, caballeros que habían participado en la conquista bajo el mando de alguno de los nobles aragoneses o catalanes, como los Oleza, los Villalonga, los Montaner, los Sureda o los Togores, fueron formando una nobleza en la isla independiente, aunque con un peso y poder inferior a la de la Península. También se unieron familias que consiguieron rápidamente hacer fortuna siendo unos grandes mercaderes, como los Zaforteza, y otras familias pertenecientes a la nobleza de la Península que no eran miembros herederos: de Cataluña vinieron los Puigdorfila, Torrella o Dezcallar, de Castilla los Nunis -o Unís [de Núñez] y, incluso de Europa, principalmente de la actual Italia como fue el caso de los Dameto, Orlandis y Cotoner. Por lo que, hacia finales de la Edad Media y principios de la Edad Moderna, ya estaba establecida una estructura de jerarquía en la sociedad mallorquina.
Otras familias como la Morell, se incorporaron a la nobleza mallorquina a partir de 1343 con la derrota en Sant Ponsa de Jaime III de Mallorca y su muerte en la batalla de Llucmajor en 1349, ya que, estas familias participaron junto a Pedro IV de Aragón, también llamado Pedro el Ceremonioso, en la reincorporación del Reino de Mallorca en la Corona de Aragón, en cumplimiento del Tratado de Perpiñán de 1279 firmado entre Pedro III de Aragón y Jaime II de Mallorca. miniaturadeimagen|Ilustración realizada en 1887 de la casa señorial Can Morell, adquirida por el Ayuntamiento de Palma en 1975 para convertirlo en el centro de exposiciones Casal Solleric. Todas estas familias nobles mencionadas anteriormente, comienzan a hacerse más poderosas y adquirir más patrimonio, gracias a políticas matrimoniales para unir fideicomisados. Con el objetivo de defender los intereses y privilegios de estas familias nobles, en 1460 el Síndico del Reino de Mallorca, Bartomeu de Verí, solicitó al rey de la Corona de Aragón (estando nuevamente Mallorca integrada) la autorización para fundar la Confraria de Sant Jordi, agrupación nobiliaria ya presente en Aragón, Cataluña y Valencia. El 20 de septiembre de 1460, Juan II de Aragón acepta la solicitud a través de un Real Privilegio.
Hacia el 1500, otras familias como la Truyols o la Ramis de Ayreflor adquirieron grandes possessions o posesiones en la Parte Foránea, los primeros en la villa de Manacor y los segundos en villa de Sancellas perteneciendo a la mano mayor del estamento de mercaderes del Brazo Real de la isla. Estos senyors pagesos controlaban cargos de gobierno en el Gran i General Consell, en los síndicos clavarios y en las alcaldías reales, los cuales, hasta ese momento estaban prohibidos para la nobleza. Usaban blasones heráldicos en las fachadas de los edificios y en sus sepulturas, mantenían estrictas normas de comportamiento social y se vestían de calza diferente a los trabajadores del campo, por lo que, pertenecían a unas élites locales paralelas y al margen de la aristocracia de Palma.
Como se aprecia en los catastros de 1576 y de 1685, la nobleza mallorquina y los payeses de mano mayor controlaban las principales posesiones de la isla, aunque destaca que la aristocracia pasa de controlar el 37% en el primero, a controlar el 57% en el segundo. Una de las principales causas que explican este cambio, es que durante ese periodo aumentaron significativamente las familias de mano mayor, como las mencionadas anteriormente, que se incorporaron como ciudadanos militares al Brazo Noble de Mallorca. A continuación, contrajeron matrimonios y vendieron algunas tierras a la antigua nobleza, haciéndose un hueco en esta.
En 1521 y tras la resonancia que tuvieron las Germanías de Valencia, los pequeños comerciantes, artesanos y payeses de la Parte Foránea de la isla, bajo el liderazgo de Joan Crespí, se alzaron contra la nobleza, la Rebelión de las Germanías (1521-1523), ya que, consideraban que estos, a través del Gran i General Consell, les hacían pagar una gran cantidad de impuestos. Los agermanados demandaban democratizar la institución y realizar una serie de reformas para aliviar el pago de la deuda censataria, reivindicando protección real frente a los señores feudales. Rápidamente, con Joanot Colom como cabecilla, el movimiento se radicalizó persiguiendo y matando a una gran cantidad de nobles, quienes tuvieron que huir a Alcudia, única población que permanece fiel a las instituciones y leyes del reino. En agosto de 1522, el rey Carlos I de España envía 800 hombres a la isla para parar la insurrección. Mediante la mediación del obispo de Mallorca, los agermanados se rinden en 1523. Pese a la mediación, durante los años posteriores el virrey Miguel de Gurrea ordenó que se ejecutaran centenares de insurrectos. izquierda|miniaturadeimagen|Patio de Can Vivot, conocida popularmente como Can Sureda, heredada por Juan Sureda y Villalonga, primer Marqués de Vivot (1699-1752), tras la muerte de su madre en 1664. Su último propietario es Pedro de Montaner Sureda, Conde de Zavellá. Tras la represión, la nobleza salió fortalecida y, entre 1690 y 1743, la Cofradía de San Jorge vive su máximo esplendor, aumentando considerablemente el número de participantes y organizando anualmente diversas justas, torneos y actos. Entre ellos, destacaba la procesión de l'Estandard, conocido popularmente como Sa Colcada, que se realizaba para conmemorar la conquista de Jaime I y los solemnes actos religiosos en honor al patrón san Jorge realizados en el Convento de San Francisco.
Tras la muerte de Carlos II de España en 1700, se produjo la Guerra de Sucesión (1701-1715), provocando algunas tensiones entre las casas nobles, ya que, algunas se inclinaron por Felipe de Borbón, conocidos como los botifarras, y otras por el archiduque Carlos de Austria, llamados popularmente como los maulets. Habiendo sido derrotado el candidato austríaco, el capitán general de Baleares, el marqués de Casafuerte, conociendo el problema histórico de luchas internas en la alta aristocracia mallorquina, para evitar nuevos enfrentamientos la intenta cohesionar uniendo a algunas casas de la antigua nobleza bajo la alianza de Les Nou Cases: Zaforteza, Verí, Sureda, Sureda de Sant Martí, Berga, Cotoner, Salas, Dameto y Togores.
Como consecuencia, monopolizaron los principales cargos públicos y políticos para reducir de forma considerable un rebrote carolino, accentuaron las relaciones endogámicas y reforzaron su capital económico. Además, provocaron que el resto de los nobles de Mallorca, muchos de ellos perteneciendo a la Cofradía de San Jorge, quedaran relegados a una segunda posición en la escala nobiliaria.
En 1724, el rey Luis I de España publica una pragmática sanción con el objetivo de unificar con unos mismos criterios las diferentes situaciones nobiliarias de la Monarquía Hispánica, introduciendo el término del hidalgo castellano para referirse a la baja aristocracia no titulada. No obstante, a diferencia de Valencia donde tuvo un efecto muy pragmático, en Mallorca no se produjo esa identificación, manteniendo las denominaciones de caballeros, donceles y ciudadanos militares hasta el reinado de Carlos III de España, por lo menos. miniaturadeimagen|Patio del casal de Ciutat Can Berga, propiedad de los Berga, una de las families de las Nou Cases. En 1942 fue vendido al Gobierno de España para albergar, actualmente, el Tribunal Superior de Justicia de las Islas Baleares y la Audiencia Provincial de Baleares. Durante el reinado de Carlos III, en parte por la falta de nobles para dirigir las Fuerzas Armadas contra una guerra contra Inglaterra, se mostró un gran interés por "ampliar" la concepción tradicional de la nobleza formada por el grupo de los nobles (que recibían el tratamiento de Don), el de los caballeros y donceles y el de los ciudadanos militares (estos dos últimos con el tratamiento de Magnífics). En documentos como el Alistamiento noble de Mallorca del año 1762Documento creado durante el reinado de Carlos III para nombrar a oficiales cadetes ante la inminente probabilidad de una guerra entre España y Inglaterra. Aunque solo figuran en él familias con hijos en edad militar y que en ese momento residían en la isla, es cierto que las omisiones detectadas son mínimas. Solo merecen destacar la falta de los Font dels Olors, los Montis y los Zanglada.