El retablo de la vida de la Virgen y de San Francisco es un retablo de doble advocación, compuesto por tres calles: la de la izquierda dedicada a San Francisco mientras que la central y la de la derecha están dedicadas a la vida de Cristo y de la Virgen.

Contexto histórico La estadía de Nicolás Francés en León se extendió, a saber, entre 1434 y su muerte en 1468, en un periodo de importantes crisis y tensiones en los planos político y eclesiástico. Éste queda inscrito entre los reinados de dos de los Trastámara: Juan II (1406 – 1454) y Enrique IV (1454 – 1474).

El reinado efectivo de Juan II había comenzado en 1419 después de un complicado periodo de minoría de edad y lucha por el trono. A la altura de 1434, fecha en la que consta la primera referencia de Nicolás Francés en sus territorios, había llegado la paz al reino después del enfrentamiento con Aragón. De la mano del monarca florecieron en el reino numerosos poetas y artistas que él mismo patrocinaba en calidad de mecenas. Sin embargo, poco tiempo después se iniciaría de nuevo una nueva guerra (guerra civil castellana de 1437-1445) de carácter nobiliario entre distintas facciones de las más altas élites. El conflicto terminaría en 1445 con una victoria pírrica: aunque el rey resultó laureado, no hubo verdaderos cambios en las estructuras de un poder que recaía cada vez más en las influencias de la nobleza que lo rodeaba. Ese mismo año contraería segundas nupcias con la madre de Isabel la Católica, Isabel de Portugal, quien tendría una gran influencia en el progresivo alejamiento entre el monarca y Álvaro de Luna. Éste acabaría ejecutado un año antes del fallecimiento del monarca. Fue sucedido por Enrique IV.

A nivel historiográfico el reinado de Enrique IV puede dividirse de manera bipartita. La primera de las etapas, que se entiende hasta 1464, queda protagonizada por las luchas internas y la importancia y paulatina caída del valido del rey, Juan Pacheco, tras lo que la coyuntura política alcanzaría el cénit de la tensión. En 1464 comenzaría una guerra civil que enfrentaría al nuevo valido, Beltrán de la Cueva (a quien se acusó de ser el verdadero padre de la princesa Juana, apodada por ello la Beltraneja), con los nobles que apoyaban al hermanastro del rey, Alfonso, buscando entronizarlo en detrimento de Enrique. En 1468, coincidiendo con la muerte de Nicolás Francés, se firmaría el Famoso Pacto de los Toros de Guisando, en el que Enrique reconocía a la futura Isabel I como heredera. No obstante, la paz no duraría mucho: cuando al año siguiente Isabel contrae matrimonio con Fernando de Aragón, el rey Enrique revocó los acuerdos.

Más allá de acontecimientos específicos, la realeza del queda caracterizada por el reforzamiento de la centralización monárquica. Para ello el Consejo Real se dotó de un papel fundamental y disfrutó de amplísimas competencias, en detrimento de las Cortes, cuya actividad mermó considerablemente. La centralización se manifestó en el desarrollo de la Hacienda y los impuestos. Todo ello al son de una nobleza que había adquirido enorme primacía, y cuyos conflictos internos eran ahora verdaderas guerras civiles que se extendían a todo el reino.

Mientras tanto, se vivían los últimos años de la que conocemos como Crisis de la Iglesia Hispana. La Iglesia experimentó grandes convulsiones que tuvieron directa incisión en los reinos hispánicos. Los monarcas tendieron durante la Baja Edad Media a arrogarse derechos de intervención en asuntos eclesiásticos, no sin debates ni reticencias. A esta tendencia la conocemos como regalismo.

A nivel internacional los siglos y habían sido conflictivos, dando paso en torno a la segunda mitad del – periodo que nos concierne – a una relativa tranquilidad, con un aumento del prestigio papal y la proliferación de relaciones exteriores en clave cristiana. Sin embargo, una crisis tan grave y extendida en el tiempo no podía no acarrear consecuencias, y la Iglesia hispana que conoció Nicolás Francés era muy distinta de la del siglo pasado, cuando habían empezado las contrariedades. Si bien había recuperado su unidad y prestigio, también había sido profundamente reformada. Las voluntades reformistas habían surgido con la misma fuerza que las crisis, mientras las predicaciones de masas iban haciéndose más numerosas que nunca.

En concreto, el retablo es un reflejo de la reforma observante franciscana. Gestada entre la segunda mitad del y la primera del XV, asumió la primacía ideológica desde 1450. Los franciscanos observantes eran los seguidores de la “Regular Observancia”, surgida en la Italia del siglo anterior y después exportada a los territorios hispánicos; caracterizada por una intencionalidad reformista que tenía por objetivo una vida conventual más rigurosa y austera. Dicha tendencia franciscana queda reflejada en el retablo, que asume una funcionalidad bipartita: la ideológica, afín a los observantes, y la didáctica, dirigida a conversos o nuevos integrantes de la comunidad. La infusión ideológica de la obra queda reflejada por ejemplo en la figura de San José, cuya ropa se representa remendada: austeridad. No obstante, el contenido iconográfico-ideológico de la composición no debe llevarnos a pensar en su autor como defensor de las tendencias que representaba.

Estilo Esta obra de Nicolás Francés pertenece al estilo gótico. Este movimiento surgió en la Edad Media, comparte con el románico el puesto del estilo más representativo de esta época y de la historia del arte. Surge una mejora en las técnicas constructivas, artísticas y también literarias, el apoyo fundamental de las otras dos. Aunque su mayor característica sean las grandes catedrales francesas, este movimiento se extendió por toda Europa creando sus propias formas y características.

El retablo, originalmente, muestra una serie de factores indicados para moralizar y enseñar a los nuevos adeptos a la religión, según Alejandro Valderás Alonso. Por lo tanto, como pasa con las obras de este tiempo, están indicadas para la educación de los analfabetos, que eran la mayoría de la población. También hay destrucción en algunas imágenes, ya que se eliminaron ciertas representaciones religiosas en ese siglo.

Se organiza en bandas de tres, con una superior coronando el retablo con la imagen de la crucifixión en ella. Tiene una gran composición central mucho más grande que las demás con la virgen y el niño y remata con una banda inferior más delgada.

Las representaciones cuentan con una influencia de las composiciones italianas y se evidencia, sobre todo en la elección de los colores: dorados, rojos, azules, verdes y marrones en su mayoría. Cuenta con una gran policromía que irá en aumento hasta llegar a las composiciones renacentistas.

En las figuras humanas se puede examinar el aumento del naturalismo, en la composición se buscan movimientos más naturales al igual que en las expresiones faciales se aprecia una búsqueda más cercana a la realidad. Descripción de la obra Retablo de la Vida de la Virgen y San Francisco El retablo de la vida de la Virgen y de San Francisco es un retablo de doble advocación, compuesto por tres calles: la de la izquierda dedicada a San Francisco mientras que la central y la de la derecha están dedicadas a la vida de Cristo y de la Virgen. Cada calle tiene tres registros superpuestos, aunque la central supera la altura y ocupa los dos registros inferiores. A ambos lados de la tabla central con ángeles músicos se representa el doble Credo.

Se sabe que en algún momento después de su realización fue trasladada a la capilla de una granja próxima a La Bañeza. Esta granja es la conocida como «Dehesa de Hinojo», una finca que fue propiedad del marqués de Esteva de las Delicias, situada a unos 5 km de La Bañeza. En la actualidad la pieza se conserva en el Museo del Prado.

Calle central: Vida de Cristo y la Virgen miniaturadeimagen|100x100px|tabla registro inferior de la calle central: “La Virgen en Majestad”

Registro inferior de la calle central En el registro inferior de la calle central encontramos, “La Virgen en Majestad”, una iconografía muy extendida desde el S.XIV italiano.

Pieza de mayor tamaño, ocupa el espacio de dos registros, lo que obliga a que el registro superior sobresalga de la composición. En esta tabla aparece representada la Virgen identificada con «Nuestra Señora de los Ángeles o Porciúncula», como reina, entronizada y con el Niño Jesús en brazos. Esta iconografía suele aparecer coronada, sin embargo, aquí vemos que la Virgen no porta una corona, por lo tanto no representa el momento de la coronación.

En segundo término vemos a cuatro ángeles músicos, uno de ellos con el cordón franciscano, el trono y el niño con nimbo crucífero adelanta el final de Cristo, que será crucificado. Además, es reseñable el diálogo visual entre la Virgen, que mira hacia las tablas de San Francisco. Registro intermedio de la calle central miniaturadeimagen|186x186px|tabla registro intermedio de la calle central: “ Asunción de la Virgen” En el registro intermedio de la calle central vemos la “Asunción de la Virgen”, en mal estado de conservación y con bastantes irregularidades, debidas a que:el altar se conservó en Hinojo (Valdesandinas) varios siglos, y se desmontó para su venta hacia 1929, tendría explicación la pérdida de la decoración de madera dorada que falta sobre las tablas altas; la ausencia de la última figura de la izquierda en la predela, o las portezuelas del sagrario. Incluso el posible error de colocación de la tabla de San Francisco ante el sultán que propuso Sánchez Cantón, que se salta la cronología de la vida del santo. Pero no explica la pérdida de pigmentos de esta tabla centrada.En lo referente a esta tabla, han desaparecido las nubes grises sobre las que vuelan los ángeles; uno de los ángeles del lado izquierdo, de alas verdes y rojas, tiene los pies cubiertos con un paño con detalles dorados.

Se cree que esta singularidad podría corresponderse o bien con un arrepentimiento del autor o con unas telas rituales hebreas, simbolizando la Sinagoga, en oposición a la imagen de la Iglesia.

Lo cierto es que por el mal estado en que se encuentra se podría pensar que esta pérdida de la capa pictórica sería resultado de un atentado o una censura motivada por el debate ideológico que planteaba la representación de la Asunción en el s. XV. Además encontramos varios elementos del retablo dirigidos a catequizar conversos.

En el centro de la composición vemos como la Asunción se encuentra en el centro de una mandorla roja, coronada y orando. Esta representación deriva de las imágenes del Génesis y del Apocalipsis: una mujer victoriosa sobre la serpiente, vestida de sol, coronada de estrellas. En el extremo derecho de la composición se localizan cuatro ángeles divididos en grupos de dos: el primer grupo se corresponde con ángeles músicos mientras que el segundo presenta a los ángeles cantando y llevando una filacteria con una partitura musical.

En el extremo izquierdo repiten el mismo motivo con la diferencia de que los ángeles el segundo grupo miran hacia lados contrarios: uno hacia la Asunción y otro fuera del retablo mirando hacia la tabla del registro inferior, este último es el que lleva los pies cubiertos con un paño. Registro superior de la calle central miniaturadeimagen|206x206px|tabla registro superior de la calle central: “ Cristo crucificado” En el registro superior de la calle central vemos a “Cristo crucificado” en el momento de recibir la lanzada de Longinos. Esta escena es reconocible no solo por los atributos sino porque en la cruz encontramos el titulus.