En España la diversidad sexual es ampliamente aceptada y respetada en la actualidad, siendo uno de los países del mundo con mayor apoyo social y reconocimiento legal de derechos a las personas homosexuales, bisexuales, transgénero e intersexuales.

Existen manifestaciones culturales de personas LGBTQIA+ en España al menos desde principios del , pero es en las últimas décadas del XX e inicios del XXI cuando esta alcanza una mayor proyección dentro y fuera del país. A nivel internacional ha destacado la obra y figura de Federico García Lorca, las películas de directores como Pedro Almodóvar,y celebraciones internacionales del Orgullo.

La visibilidad del colectivo LGBTQIA+, y en particular de las personas homosexuales y en menor medida transgénero, ha llegado hasta partes de la sociedad que anteriormente se encontraban vedadas, como la política institucional, la judicatura, la docencia o las fuerzas de seguridad del Estado, entre otros sectores.

Las ideas acerca de la diversidad sexual en el territorio que hoy se conoce como España han sufrido numerosas variaciones a lo largo de los siglos, desde las concepciones romanas, en las que tenía más importancia el acto sexual y las relaciones de poder, hasta la concepción moderna de la homosexualidad o bisexualidad como trazos de una identidad social o política.

Por lo extenso de su impacto, destaca la concepción cristiana que, a lo largo de la Edad Media cristiana y la mayor parte de la Edad Moderna, consideró los actos sexuales no orientados a la procreación como pecado, y castigó duramente las relaciones entre personas del mismo género.

El punto de inflexión de esta tendencia lo representa la Ilustración, en la que las libertades individuales comienzan a cobrar importancia, y en 1822 se eliminó la sodomía del Código Penal.

Los progresivos avances en la aceptación de la diversidad sexual se vieron interrumpidos por la guerra civil española y la dictadura franquista, que introdujo una feroz represión contra la diversidad sexual. En los años finales de la dictadura se crearon los primeros movimientos organizados de liberación homosexual, que lograron la abolición de leyes represivas a lo largo de la Transición y una mayor aceptación de la diversidad sexual.

En las primeras décadas del , España se convirtió en el tercer país del mundo en aprobar el matrimonio y la adopción entre personas del mismo género,https://www.rtve.es/noticias/20200628/matrimonio-igualitario-15-anos-conquista-social-se-recuerda-orgullo/2023400.shtmlhttps://cadenaser.com/ser/2020/06/30/sociedad/1593492558_382017.htmlhttps://www.diariodesevilla.es/sociedad/15-anos-matrimonio-gay-Espana_0_1478552464.htmlaprobó leyes de reconocimiento y despatologización de las personas transgénero,prohibió las terapias de conversión y las mutilaciones de personas intersexuales y reconoció legalmente los derechos reproductivos de las parejas de mujeres y otras personas con capacidad de gestar.En paralelo, continuó registrando diferentes agresiones LGTBIfóbicas, incluidos homicidios, así como movilizaciones de la sociedad civil y los movimientos organizados en defensa de los derechos de las personas LGTB.

Los romanos thumb|200px|Busto de mármol de Adriano, del , quien tuvo como amante a Antínoo. Palazzo dei Conservatori (Museos Capitolinos, Roma).

Los romanos trajeron, junto a los demás elementos de su cultura, su moralidad sexual. En la sexualidad romana era más importante el estatus que la persona. Así, los hombres podían penetrar a esclavos, eunucos, prostitutos de la misma forma que a esclavas, concubinas o prostitutas. En cambio, ningún ciudadano de reputación dejaría que otro hombre lo penetrara, independientemente de la edad o el estatus. La distinción era estricta entre el homosexual activo (que a veces se acostaba con mujeres y a veces con hombres) y el pasivo, que era visto como servil y afeminado. Esta moralidad fue usada por ejemplo contra César, cuyos supuestos escarceos con el rey de Bitinia estaban en boca de toda Roma. En general, en Roma dominaba una forma de homosexualidad muy similar a la practicada por los griegos.

El lesbianismo también era conocido, tanto entre mujeres femeninas que compartían el sexo con otras mujeres sin más, como el tribadismo, en el que mujeres de aspecto varonil desempeñaban actividades masculinas, incluyendo la lucha, la caza y la relación con mujeres.

Marco Valerio Marcial, un poeta y letrado hispanorromano, creció y se educó en Bílbilis (próxima a Calatayud), pero pasó gran parte de su vida en Roma. Allí caracterizó la vida romana en epigramas y poemas. En una primera persona ficticia habla de las costumbres sexuales y de recibir felaciones tanto de hombres como de mujeres.

Otro ejemplo es Adriano, uno de los emperadores romanos nacidos en Hispania, concretamente en Itálica (actual Santiponce). Fue emperador del 117 al 138. Tuvo a un famoso amante, Antínoo o Antonius, al que deificó y en cuyo honor, tras su muerte accidental en el Nilo, construyó la ciudad de Antinópolis o Antínoe en Egipto.

La llegada del cristianismo La moralidad romana ya había cambiado hacia el , en el que Amiano Marcelino critica amargamente las costumbres sexuales de los taifalos, una tribu situada entre los Cárpatos y el Mar Negro, que practicaba la homosexualidad como los griegos. En 342 los emperadores Constantino y Constancio introdujeron una ley para castigar la homosexualidad pasiva, posiblemente con la castración, ley que fue ampliada en el 390 por Teodosio, que deja quemar en la hoguera a todos los homosexuales pasivos que trabajaban en burdeles. En 438 la ley fue ampliada a todos los homosexuales pasivos y en el 533 Justiniano castigaba cualquier acto homosexual con la castración y la hoguera, ley que se hizo más estricta en el 559.

Se han dado tres razones para este cambio de actitud. Procopio de Cesarea, historiador de la corte de Justiniano, consideró que tras las leyes había motivos políticos, ya que permitieron a Justiniano eliminar a enemigos políticos, quedarse con sus propiedades y no tuvieron mucha eficacia eliminando la homosexualidad entre la gente corriente. La segunda razón y quizás la de más peso, sería la extensión del cristianismo dentro de la sociedad romana, que fue asumiendo el paradigma cristiano de que el sexo debe servir exclusivamente para la reproducción. Colin Spencer, en su libro Homosexuality. A history, señala otra posible razón: el intento de aumentar la presión reproductiva sobre los individuos. Este fenómeno estaría combinado con la extensión del estoicismo en el Imperio.

Hasta el año 313 no hubo una doctrina común en el cristianismo sobre la homosexualidad, pero anteriormente San Pablo ya había criticado la homosexualidad como contra natura: Poco a poco los clérigos fueron creando una serie de textos en los que se condenaba la homosexualidad y el sexo en general en los términos más enérgicos, luchando contra lo que hasta ese momento no se había considerado un problema. En algunas ocasiones se han visto prácticas homosexuales dentro de la iglesia a pesar de que la doctrina cristiana está en contra de esta sexualidad. Estas relaciones también afectaron a prominentes miembros de la iglesia primitiva. El poeta Ausonio (310-395) tuvo una apasionada relación con San Paulino, obispo de Nola. No se sabe si ese amor llegó a verse hecho realidad, pero la pasión ha quedado plasmada en las cartas que se escribían. Las cartas de Ausonio, 43 años a Paulino, también señalan su tristeza por el alejamiento de éste cuando intensifica su vida cristiana. Incluso San Agustín confesó amores homosexuales en su juventud, aunque más tarde rechazaría esta sexualidad calificándola como pecaminosa (Homosexuality. A history de Colin Spencer ISBN 1-85702-447-8). Por otra parte se identificó a la homosexualidad con la herejía desde muy pronto, no sólo a causa de motivos políticos, sino también debido a los rituales de algunas sectas gnósticas o del maniqueísmo, que, según san Agustín, practicaban ritos homosexuales.

Los visigodos thumb|200px|Bautizo de Clodoveo I. Los pueblos germánicos denigraban la homosexualidad pasiva y las mujeres, que se encontraban en el mismo nivel que los «imbéciles» y los esclavos, y glorificaban la camaradería guerrera entre hombres. Sin embargo, en los países escandinavos hay noticias de sacerdotes travestidos y afeminados y los dioses nórdicos, los Æsir, incluyendo a Thor y Odín, que conseguían conocimientos arcanos bebiendo semen.

Durante la Alta Edad Media, las actitudes frente a la homosexualidad que habían existido en el Imperio romano básicamente se mantuvieron. Se conocen casos claros de homosexualidad, que si bien no era aceptada, tampoco sufría consecuencias. Es el caso del rey de los francos salios, Clodoveo I, que en el , el día de su bautizo, confesó relaciones con hombres o Alcuino de York, el poeta anglosajón del cuyos versos y cartas destilan homoerotismo. Pero poco a poco la moralidad cristiana, muy ligada a la sexualidad y basada en la idea judía de que el sexo era exclusivamente para la reproducción,¿Quién lo dijo? se fue convirtiendo en un complejo entramado de disposiciones canónicas que influyó fuertemente en la legalidad vigente.

Uno de los primeros cuerpos legales que consideraba un crimen la homosexualidad masculina en Europa fue el Liber Iudiciorum (o Lex Visigothorum), que se promulgó en el . La ley visigoda contenida en dicho código (L. 3,5,6) castigaba la llamada sodomía con el destierro y la castración. Dentro de la sodomía se incluían todos los crímenes sexuales considerados no naturales, entre los que se contaban la homosexualidad masculina, el sexo anal (heterosexual y homosexual) y la zoofilia. El lesbianismo sólo era considerado sodomía si incluía instrumentos fálicos.

Fue el rey Chindasvinto (642-653) el que impuso para la homosexualidad la pena de castración. Esta pena era desconocida en las leyes visigodas, excepto para los judíos que practicaban la circuncisión. Además de sufrir la castración, el reo era entregado al obispo local para que lo desterrara. Si era casado, el matrimonio quedaba anulado, la dote era devuelta a la mujer y los bienes repartidos entre los herederos.

En 693 Égica ordenó a los obispos reconsiderar la cuestión de la homosexualidad. Reunido el XVI Concilio de Toledo ese mismo año, los prelados ardiendo en el celo del Señor afirmaron que es bien conocido que muchos hombres están infectados por el mal de la sodomía.

La insistencia de la Iglesia visigoda en tratar del tema y el hecho de abordarlo, con severas penas, en el máximo foro legislativo de entonces, el Concilio, denotan que la práctica carnal entre individuos del mismo sexo era muy común. En vista de la extensión de las prácticas homoeróticas, los obispos acordaron confirmar el severo castigo ordenado por Chindasvinto, añadiendo cien latigazos y la decalvación. Además el destierro debía ser a perpetuidad. El concilio reconoció que la homosexualidad también se daba entre los obispos, sacerdotes y diáconos, pero decretó penas mucho más suaves para estos casos: los culpables debían ser simplemente secularizados y desterrados. Posteriormente Égica extendió a los clérigos la pena de castración y las demás impuestas por el concilio a los laicos, sin embargo, en un periodo ya decadente y de debilidad de las autoridades, la ley no solía cumplirse.

La Edad Media musulmana