Euclides de Oliveira Figueiredo (Río de Janeiro, 12 de noviembre de 1883 — Campinas, 20 de diciembre de 1963) fue un militar y político brasileño. Tras alcanzar el grado de general de división fue comandante de la Revolución Constitucionalista de 1932. Fue diputado federal por Río de Janeiro. Uno de sus hijos, João Baptista de Oliveira Figueiredo, fue el 30.º Presidente del Brasil. Biografía Nació en Río de Janeiro, el 12 de noviembre de 1883, último hijo de João Batista de Oliveira Figueiredo y Leopoldina de Oliveira Figueiredo. Su padre fue funcionario del Tesoro Nacional y participó en la Guerra de la Triple Alianza al contribuir en la organización del primer servicio de intendencia del Ejército Imperial. Su padre falleció en 1889, quedando bajo la tutela de su hermana mayor Emerenciana. En 1892 ingresó al Colegio Militar de Río de Janeiro y, en 1901, en la Escuela Militar de Brasil que luego sería llamada Escuela Militar de Praia Vermelha. En 1904 participó en la revuelta de la vacuna y por ello fue apresado pero readmitido en el ejército al año siguiente.

En 1913 participó en la represión de la revuelta del Contestado. En esa campaña fue condecorado con la Medalla al Mérito Militar por haber salvado la vida de un soldado. En los años siguientes desempeñó funciones administrativas en el Estado Mayor. En 1919 fue ascendido a capitán. En 1922 participó en el control pacífico de la revuelta del fuerte de Copacabana mientras comandaba un escuadrón de caballería de la Escuela Militar de Realengo. Fue ascendido a mayor y oficial de gabinete del ministro de guerra Fernando Setembrino de Carvalho durante el gobierno de Artur Bernardes y representó al ministro en el Pacto de Pedras Altas que puso fin al conflicto civil en Río Grande del Sur. En 1924 fue ascendido a teniente coronel y en 1926 fue transferido al 1° Regimiento de Caballería en Río de Janeiro. En 1927 fue ascendido a coronel.

Luego del triunfo de Júlio Prestes en las elecciones presidenciales de 1930 se intensificaron las conspiraciones para un golpe de Estado. El nombre de Figueiredo fue barajado como posibilidad para jefaturar el levantamiento pero, a pesar de los llamados que hicieron los conspiradores gaúchos Borges de Medeiros y Oswaldo Aranha, Figueiredo se mantuvo fiel al gobierno y contrario a cualquier golpe de Estado. El 3 de octubre de 1930, luego de iniciado el levantamiento, Figueiredo fue apresado en Santana de Libramento.

Tras el triunfo de la revolución y el golpe de Estado que derrocó a Washington Luís, Figueiredo regresó al Distrito Federal decidido a no colaborar con la dictadura de Getúlio Vargas. En 1931 solicitó su retiro del servicio activo pero el ministro de guerra José Fernandes Leite de Castro la rechazó. Ese año, tras una visita de su hermano Leopoldo que vivía en Santos y era miembro del Partido Democrático, se comunicó con los líderes paulistas que conspiraban contra Vargas y empezó a formar parte de ellos. En 1932 comenzó a planear efectivamente el levantamiento obteniendo el apoyo del expresidente Artur Bernardes y del general João Gomes Ribeiro Filho y otros importantes mandos del ejército. Revolución Constitucionalista

La revuelta en São Paulo se inició con las manifestaciones populares de los días 22 y 23 de mayo de 1932, exigiendo la reconstitucionalización del país y protestando contra la presencia del ministro de hacienda, Osvaldo Aranha que buscaba disolver el nuevo gabinete del gobierno estadual paulista. Esto hizo que los ánimos se caldearan, ya que tanto las autoridades como la población rechazaban cualquier injerencia. Las masivas manifestaciones populares de mayo de 1932 detuvieron temporalmente cualquier intento de deponer o interferir en el gobierno del estado de São Paulo y el ministro regresó a la capital federal sin cumplir su misión. .

Sin embargo, Vargas nombró al coronel Manuel Rabelo al mando de la 2.ª Región Militar quien partió para São Paulo junto a un grupo de oficiales de confianza con instrucciones de ejecutar diversas medidas previstas en un "plan estratégico" elaborado por el general Pedro Aurélio de Góis Monteiro, su antecesor en el mando de la región. Con el objetivo de mantener el orden, evitar sublevaciones y garantizar el control militar, el plan preveía el traslado de los cuarteles de diversas unidades, la reubicación del cuartel general lejos de la capital y la unificación del mando de la Policía y del Ejército. De camino a São Paulo, el coronel Rabelo comenzó a ejecutar el plan: consultó a los jefes de varias guarniciones del interior, midiendo su disposición y transfiriendo a algunos a São Paulo. Cuando llegó a la capital, se reunió con los comandantes militares y se dirigió a la sede del gobierno del Estado, diciendo al interventor Pedro de Toledo que pensaba honrarle "siempre que se mantuviera dentro de la legalidad".. thumb|215px|right|Euclides Figueiredo en la Revolución Constitucionalista de 1932. Centro: el general Euclides Figueiredo, el coronel Palimércio de Rezende y el entonces capitán Aristóteles Ribeiro Con esta nueva situación, el Movimiento Constitucionalista ganó fuerza, ya que ahora contaba con el apoyo del gobierno estadual y de casi todas las fuerzas policiales del estado. Sin embargo, al mismo tiempo, Getúlio Vargas, consciente de la conspiración, ganaba tiempo y seducía a líderes políticos y militares de todos los estados. Indignado por el nombramiento del general Augusto Inácio do Espírito Santo Cardoso como ministro de Guerra, el general Bertoldo Klinger envió una carta deliberadamente hostil al nuevo ministro. El coronel Euclydes Figueiredo y el coronel Palimércio de Rezende intentaron infructuosamente disuadir al general de esa actitud, pues la carta acarrearía su destitución automática del mando de las tropas en Mato Grosso, lo que tendría graves consecuencias para el plan de sublevación. La carta llegó a su destinatario el 6 de julio y tuvo el efecto esperado: el retiro administrativo de su autor y la destitución de su cargo, que abandonó el 8 de julio. Los dirigentes civiles y militares de São Paulo comprendieron entonces que se había consumado uno de los casus belli''', por lo que correspondería a São Paulo iniciar el levantamiento, antes de que la dictadura actuase preventivamente en el Estado, ya que Vargas estaba al corriente de la conspiración y de sus planes de insurrección armada. Convocado apresuradamente a São Paulo, el coronel Figueiredo viajó en la madrugada del 8 al 9 de julio. Antes del viaje, se reunió con João Neves da Fontoura, que había recibido un telegrama de Lindolfo Collor garantizando la participación de Rio Grande do Sul en el levantamiento porque, según él, las últimas dificultades que aún planteaba el interventor de Rio Grande del Sur, el general José Antônio Flores da Cunha, serían superadas por el contacto de éste con Borges de Medeiros. En el plan original, los líderes del movimiento planeaban lanzar el levantamiento el 14 de julio, pues creían que para esa fecha los gaúchos tendrían tiempo de superar las dificultades para la cohesión del Movimiento. También supusieron que el apoyo prometido de otros estados, como Minas Gerais, se uniría automáticamente. Sin embargo, el temprano estallido de la insurrección armada, y la consiguiente pérdida de vínculos con los contactos en curso, puso en peligro las adhesiones.

Las primeras acciones militares se pusieron en práctica a las 20.30 horas de ese mismo día en la capital paulista. Entre otras, la detención de opositores y sospechosos; la ocupación de la Compañía Telefónica, Correos y Telégrafos; las radios Record y Educadora, entre otras; estaciones ferroviarias; el aeródromo Campo de Marte; y la conquista de nuevos adherentes al Movimiento Cívico y Militar.

Alrededor de las 23 horas del 9 de julio, tomaron pacíficamente la sede de la 2.ª Región Militar del Ejército, entonces ubicada en Chácara do Carvalho, asumiendo el mando el entonces coronel interino Castro Pinto. Del mismo modo, fue asumido el 4.º Regimiento de Infantería de Quitauna, en Osasco. Al mismo tiempo, la movilización civil creció sustancialmente, a medida que se difundían las primeras noticias del inicio de la Revolución. Al día siguiente, Euclydes Figueiredo y el General Isidoro Dias Lopes emitieron una declaración conjunta en la prensa y en la radio al pueblo de São Paulo, informando de los acontecimientos de la noche anterior, destacando "la plena responsabilidad del comando de las fuerzas revolucionarias empeñadas en la lucha por la inmediata constitucionalización del país. Ese mismo día, en medio de grandes manifestaciones populares y en un acto de gran simbolismo, el entonces interventor Pedro Manuel de Toledo renunció al cargo para el que había sido nombrado por la dictadura de Getúlio Vargas y fue aclamado Gobernador del Estado de São Paulo por el pueblo.

El 12 de julio, cuando los revolucionarios ya tenían el control total del territorio paulista, el general Klinger llegó a la capital paulista y recibió el mando de la 2.ª Región Militar de manos del coronel Figueiredo, en una ceremonia presidida por el general Isidoro Dias Lopes, en la sede original del Cuartel General, en la Rua Conselheiro Crispiniano n.º 9, que pasó a ser la sede del Cuartel General del Ejército Constitucionalista. El general se convirtió en Comandante Supremo. Ese día, el general Klinger había sido recibido con amplia celebración por los aliados y el pueblo, pero frustró a los comandantes de São Paulo al no traer consigo la prometida columna militar con valiosas armas y municiones. Aunque no alcanzó las expectativas de los líderes paulistas, en los días siguientes algunas unidades del sur de Mato Grosso llegarían a São Paulo, como el Regimiento Independiente de Caballería de Ponta Porã y el Regimiento Mixto de Artillería de Campo Grande, así como unidades de voluntarios de aquel estado.

Tras la ceremonia de entrega en la capital, el Coronel Figueiredo asumió el mando de la 2.ª División de Infantería en Operaciones (2.ª D.I.O.), encargada de dirigir el avance hacia Río de Janeiro a través del Valle del Paraíba. En la madrugada del 13 de julio, Euclydes instaló su cuartel general en Lorena y decidió esperar los refuerzos prometidos por Rio Grande del Sur y Minas Gerais. A través de João Neves da Fontoura, los gaúchos pidieron diez días para movilizar sus fuerzas, que el coronel decidió utilizar para consolidar las posiciones del 2.º D.I.O. en el Valle del Paraíba. Para ello, ordenó la ocupación de posiciones a lo largo de la frontera entre São Paulo y los estados de Río de Janeiro y Minas Gerais. Sin embargo, al final de este período, los refuerzos de otros estados no habían llegado, con la excepción de Mato Grosso.

En Rio Grande do Sul, el general José Antônio Flores da Cunha frustró a sus aliados al retractarse de su prometido apoyo a la Revolución Constitucionalista, decidiendo permanecer leal al Gobierno Federal y organizando tropas para combatir a los rebeldes en São Paulo. En Minas Gerais, el 8.º Regimiento de Artillería Montada de Pouso Alegre y el 4.º Batallón de Ingenieros de Itajubá, que estaban comprometidos con los constitucionalistas, fueron rápidamente tomados por comandantes leales al Gobierno Federal. Del mismo modo, el Regimiento de Caballería de la 4.ª División de Três Corações, comandado por el entonces coronel Eurico Gaspar Dutra, decidió finalmente permanecer leal a Vargas. Además, tampoco se cumplieron las promesas de los líderes políticos de Minas Gerais de permanecer neutrales en caso de guerra.