miniaturadeimagen|446x446px|Secuencia cronológica del noroeste argentino La cultura de La Aguada fue reconocida a fines del a partir de objetos cerámicos en los que se destacaba la imagen del felino. Estos objetos fueron por primera vez publicados por Samuel Lafone Quevedo, a quien se debe la denominación de cerámica draconiana (1892,1908). Posteriormente, durante la década de 1920 las expediciones financiadas por Benjamín Muñiz Barreto exhumaron los materiales de contextos funerarios adscritos a dicha entidad cultural.
La denominada cultura de la Aguada (González 1961-64) debe su nombre a una pequeña localidad homónima de ese valle donde se halló un cementerio de unas 200 tumbas con el material más exclusivo de los estilos cerámicos propios del ese lugar y período, particularmente los conocidos como Aguada Gris Grabado y Aguada Pintado.
Características La Cultura de La Aguada se desarrolló en la región fronteriza entre las provincias argentinas de Catamarca y La Rioja, entre el 600 y 900 de nuestra era, ubicándose dentro de las culturas del período agroalfarero medio. Su influencia, sin embargo, alcanzó distintas partes del noroeste de la Argentina. Corresponde al período Medio o de Integración cultural en el noroeste argentino.
En los primeros trabajos se propuso que Aguada era una cultura de origen altiplánico, que correspondía al lago Titicaca en el periodo de Tiahuanaco. Sin embargo, también presenta elementos de otras culturas del noroeste argentino como Ciénaga, Condorhuasi y Candelaria. Alberto Rex González ubicó la cultura de La Aguada en el período Medio entre 500 a 900 DC, destacando a la cerámica por su excelente manufactura y el complejo simbolismo de sus representaciones, así como la metalurgia del bronce a través de la elaboración de objetos fabricados con la técnica de la cera perdida. Es considerada como el momento culminante del arte precolombino de la región.
Según José Pérez Gollán (1992) la Aguada es un momento histórico de las culturas del noroeste, en el que surge una nueva forma política: los llamados «jefaturas», o «señoríos», por estar dominadas por un «señor», que dominaba una determinada región por medio del control del excedente económico y los recursos simbólicos.
miniaturadeimagen|339x339px|derecha|Detalle de la vitrina dedicada a la cultura La Aguada. Museo de La Plata. miniaturadeimagen|Pieza de la cultura La Aguada en el Museo de La Plata. Aguada es reconocida a partir de las siguientes características: miniaturadeimagen|200px|Alfarería de la cultura La Aguada en el Museo de La Plata. Jerarquización de sitios: habitación y ceremonial (por ejemplo, sitio La Rinconada). El indicador del complejo ceremonial es la plaza-pirámide. Construcción de un complejo sistema de irrigación. Evidencia de la presencia de una clase de élite, riqueza y ajuar funerario. Especialización artesanal: cerámica, metalúrgica, tejidos, etc. Fenómeno religioso como elemento aglutinante: ideas felinas, parafernalia de discos, placas metálicas, hachas destinadas posiblemente al sacrificio. Mecanismo de redistribución de bienes: rutas de caravanas y de cebil, a corta y larga distancia. Las antiguas formas de producción orientadas a la autosuficiencia del grupo familiar, pasan a adoptar modalidades comunitarias.
El fenómeno Aguada Desde el comienzo de las investigaciones en el Noroeste Argentino los restos asociados a Aguada han sido objeto de diversas investigaciones y debates en torno a su complejidad.
Así, en un principio, Alberto Rex González (1961-64) definió y caracterizó a la “Cultura de La Aguada”, diferenciándola de otras más tempranas y tardías. Con base en similitudes en el repertorio iconográfico de ésta con el de Tiwanaku Clásico, planteó que estas recurrencias habrían sido el resultado de influencias provenientes del importante centro altiplánico mediatizadas en San Pedro de Atacama. Años más tarde, Rex González estudió los diferentes modos en que se expresa la cerámica Aguada, proponiendo tres sectores con características propias: sector occidental (Hyalfín), oriental (La Rinconada) y meridional (Schasquis). Si bien observó que existen marcadas diferencias estilísticas registradas entre cada uno de los sectores Aguada mencionados, todos ellos compartieron un repertorio iconográfico de un alto contenido simbólico.
Otros autores, consideran al Período Medio, y a la “Entidad socio-cultural Aguada” que lo representa, como a un momento de unificación social e ideológico que llevó a la integración de diferentes sociedades locales, que ya compartían una serie de elementos materiales y simbólicos. En consecuencia, propusieron la designación de “Período de Integración” en lugar de Período Medio, Formativo Medio, o Formativo Superior, por considerarlo más representativo del proceso de unificación ideológico-simbólico que tuvo lugar en el transcurso del mismo.
Con base en sus investigaciones, durante años, en los sitios arqueológicos Alamito en la zona de Campo del Pucará, Nuñez Regueiro y Tartusi sostienen que los orígenes de Aguada deben rastrearse en las sociedades Formativas Tempranas de Alamito. En este sentido, interpretan al “fenómeno Aguada” como la expansión y aceptación de una ideología religiosa materializada, fundamentalmente, en un determinado repertorio iconográfico, que se distribuyó entre grupos sociales cuyas raíces estarían en la interacción entre Alamito - Condorhuasi - Ciénaga, produciéndose luego procesos de reinterpretación diferenciados de acuerdo a las trayectorias históricas particulares, que tuvieron lugar en cada uno de los ámbitos donde se manifestó este fenómeno.
En el libro “Cultura La Aguada; arqueología y diseño”, Alberto Rex González, plantea que la iconografía Aguada, sería el resultado de la influencia de una ideología religiosa vigente en el mundo andino desde muy temprano, específicamente en Pukara y que, con posterioridad, fue tomada y reelaborada por Tiwanaku-Wari. Por su parte, Stanish y colaboradores reconocen la coincidencia entre la iconografía de la cual hizo uso Aguada y la de los estilos emblemáticos de Tiwanaku, a pesar de advertir marcadas diferencias estilísticas entre ambos. Explican la adopción de rasgos iconográficos foráneos por parte de una élite emergente Aguada que se manifiesta en la cerámica decorada producida localmente, entre otras materialidades.
Callegari y colaboradoras plantean que, con el desarrollo del fenómeno Aguada durante el Período Medio (550-1100 DC), se dio en el Noroeste argentino un proceso complejización social en la región valliserrana que, de acuerdo a los procesos históricos particulares, se manifestó con características propias en cada zona. Este hecho favoreció la construcción de identidades locales que se materializaron, además de en los diferentes estilos cerámicos Aguada, en las diversas maneras de construir, significar y usar el espacio. Al respecto las autoras plantean que:
Por su parte, Laguens plantea que Aguada es un fenómeno con variaciones locales coetáneas: los procesos globales que afectan a un sinnúmero de personas, son reinterpretados y materializados de manera diferencial en su articulación con trayectorias particulares previas. Por lo tanto, no sería apropiado hablar de un solo proceso para toda Aguada en sentido genérico, y sería más acertado considerar entonces a Aguada en escalas de análisis subregionales como varias entidades compartiendo una ideología, cuya interrelación social, política, económica y cultural es un tema aún por dilucidar. miniaturadeimagen|571x571px|Mapa de la distribución geográfica de los sitios arqueológicos de la cultura de la Aguada
La ocupación Aguada en el Noroeste argentino A partir del estudio de diversos bienes y recursos empleados en diversos sitios del noroeste argentino se ha planteado la existencia de relaciones estrechas con los siguientes ámbitos geográficos:
– La zona de Yungas y los Altos Singuil, de donde provienen recursos madereros –entre otros– usados en las construcciones de los sitios del valle.
– Los pastizales de altura, hábitat natural de la vicuña, animal que ha sido identificado en el sitio en forma asociada con el consumo alimenticio y las prácticas rituales.
– La región de Andalgalá y el distrito Capillitas, donde se registra una de las variedades del estilo negro grabado más específicas a La Rinconada y probable fuentes de los minerales metalíferos empleados en los objetos de bronce arsenical del sitio.
– El valle de Catamarca, que además de una iconografía parcialmente compartida, presenta materiales cerámicos comunes al valle de Ambato.
– Los valles occidentales y meridionales de Catamarca y La Rioja, cuyas manifestaciones muebles exhiben símbolos iconográficos comunes también en Ambato.
Gordillo plantea que la existencia de movimientos transregionales con una logística posiblemente centralizada en la llama como animal de carga, orientados hacia el aprovisionamiento directo y/o el intercambio con los grupos o etnias que ejercían en control de las fuentes. Ya sea para cazar, extraer o comerciar, tales viajes brindarían información acerca de distintos lugares y su gente, permitiendo la creación y consolidación de lazos sociales intercomunitarios. En este esquema hay que considerar la posible participación en circuitos caravaneros que permitían la obtención de un conjunto de bienes y recursos de otros lugares. Ese flujo de materiales habría estado acompañado también de conocimientos e ideas, y hoy aparece testimoniado en la distribución a escala macro-espacial de materias primas, recursos animales y vegetales, objetos de metal, cerámica y símbolos iconográficos.
La Aguada en los valles de Catamarca Dentro de la provincia de Catamarca, los grupos sociales de esa época (Periodo Medio o de Integración Regional) dejaron testimonio de su vida en numerosos lugares. Entre ellos, los valles de Hualfín, de Ambato, de Catamarca y el sur de la sierra del Ancasti.
Valle de Hualfin Aquí, se encuentra el cementerio Aguada Orilla Norte, el cual contiene tumbas con restos óseos correspondientes a entierros individuales o múltiples (González 1998), asociadas con ofrendas fúnebres de una gran variedad de materiales. Además, contiene piezas de alfarería junto con otros objetos de metal, piedra y pigmentos. A partir de ellos se han realizado estudios sobre iconografía mobiliar, costumbres funerarias y otras prácticas sociales, diferenciación social, situaciones de contacto cultural, paleodemografía, entre otros (Balesta y Zagorodny 2002; Salceda y Sempé 2005).
La alfarería asociada a contextos mortuorios fue clasificada como:
Aguada Gris Grabado: consiste en una alfarería gris cocida en atmósfera reductora, de paredes muy delgadas, superficies pulidas y decoración grabada. Por lo general, los diseños aparecen enmarcados en paneles, dentro de los cuales se combinan motivos humanos, animales y, secundariamente, geométricos. Se destacan las representaciones de personajes centrales ataviados con elementos felínicos como máscaras, trajes y adornos cefálicos, que portan tiraderas, hachas, lanzas u otras armas. Los motivos zoomorfos son varios: aves, ofidios, saurios y, especialmente, jaguares. Con frecuencia se combinan con la figura humana formando composiciones que siguen un patrón recurrente de distribución espacial.
Aguada pintada: presenta motivos zoomorfos (aves, ofidios, saurios y, especialmente, jaguares) y con frecuencia se hallan combinados con la figura humana. También, se integran en un mismo motivo generando imágenes de carácter fantástico humano-felínico. Es una elaborada cerámica oxidante con diseños pintados en negro o más colores sobre superficies engobadas en tonos ocres o rojizos.