Huallallo Carhuincho (conocido también como: Huallallo Carhuancho, Wallallo, Wallallu Karwinchu, Qalalu Karwancho) es el dios del fuego y divinidad tutelar de los wankas. Posteriormente, esta antigua deidad ígnea fue incorporada dentro del panteón incaico. Primordialmente, Huallallo Carhuincho personifica los volcanes, la aridez y el mundo interior; sin embargo, se le considera una entidad multifacética. En algunos mitos regionales, la divinidad en cuestión está asociada con otros conceptos antagónicos, entre los cuales se encuentran la luna, la agricultura y la fertilidad.

Etimología El significado del nombre de la divinidad ígnea no está perfectamente definido. A raíz de ello, diversos estudiosos e investigadores han realizado sus propias apreciaciones. Una de ellas afirma que el nombre de la deidad proviene de palabras quechuas (específicamente, del quechua huanca): Hualla (guerrero), Allu (perro), Qarwa o Carhua (dorado o de color amarillo) y Winchu (ave pequeña o colibrí). Esta apreciación etimológica corresponde a múltiples aspectos propios del dios flamígero: su naturaleza conflictiva y metamorfa.

Concepto

Las edades divinas del mundo En tiempos primigenios, el mundo estaba inmerso en una eterna oscuridad y en un caos informe. En este periodo gobernaban los dioses oscuros Yanañamca y Tutañamca; sin embargo, ambos fueron derrotados por el dios Huallallo Carhuincho, quien se consolidó como deidad suprema de la región. La victoria del flameante dios sobre los dioses de la noche representa un nuevo orden estructural en el cosmos (el desvanecimiento de la oscuridad eterna y la institución del fuego como fuerza creadora o animadora). También simboliza el inicio del culto en torno al fuego y la institucionalización de la agricultura (más concretamente, la agricultura de secano). Durante este régimen, Huallallo decretó sanguinarios sacrificios para ejercer un estricto control demográfico. Sin embargo, el ocaso de estas cruentas prácticas llegó con el advenimiento del dios Pariacaca. La supremacía de Pariacaca sobre Huallallo simbolizó un nuevo orden en el cosmos, sustituyendo los sacrificios humanos por sacrificios animales y ofrendas materiales como mullu y hojas de coca. De igual modo, el agua fue institucionalizada como la fuerza creadora y, simultáneamente, la agricultura primitiva se adaptó a una nueva forma: la agricultura de regadío.

Representación

Huallallo Carhuincho, deidad de imponente poder, es representado bajo una configuración antropomorfa con rasgos caninos, ya sea mediante una testa de perro o el uso de sus pieles como atavío. En consecuencia, dicho cánido se constituye como su principal símbolo zoomorfo y entidad sagrada.

El dios Huallallo, al igual que cualquier dios andino, tenía la capacidad de manifestarse de cualquier forma; pero siempre hay elementos que le eran más usuales para hacerlo. En Huarochirí, Huallallo se transformó en llamas de fuego tan ardientes que llegaban hasta el cielo. Posteriormente, Huallallo se convirtió en un pájaro (posiblemente un colibrí) para huir del combate contra el dios Pariacaca; ya que Huallallo se había quedado sin fuerzas. En la versión wanka, cuando Huallallo montaba en cólera, este se transformaba en poderosos vientos huracanados y estos no tenían respeto por nada, aun si se tratase de hogares, niños, animales, etc. Mitología La historia de Huallallo Carhuincho se entiende como una sucesión de acontecimientos que definieron el orden y estructura del cosmos. Su historia se explica de manera pormenorizada en el Manuscrito de Huarochirí. En dicha fuente, se destaca a Huallallo como una fuerza creadora y animadora del mundo. Después del ocaso de la primera edad del mundo, los textos expresan la consolidación de Huallallo Carhuincho como deidad máxima de la región. Acto seguido, el dios incandescente gobierna con rectitud la segunda edad del mundo (este periodo de tiempo se encontraba inmerso de animales majestuosos y de hechos sobrenaturales). Posteriormente, el régimen de Huallallo Carhuincho llegó a su fin tras ser vencido y exiliado por el dios Pariacaca. Tras la derrota del dios ígneo, Pariacaca establece una reforma que cambia el orden social y las reglas naturales del mundo.

Mitos fuera de Huarochirí Aunque el Manuscrito de Huarochirí constituye la fuente primaria que proporciona información sobre esta deidad, existen otros relatos mitológicos que se distancian de dicha fuente y ponen énfasis en diferentes aspectos de Huallallo Carhuincho. Estos mitos alternativos ofrecen perspectivas complementarias que enriquecen la comprensión de la figura y su significado dentro del corpus mitológico regional.

El exilio de Huallallo miniaturadeimagen|En algunos mitos, Huallallo Carhuincho se transforma en el majestuoso nevado Huaytapallana.|270x270px Este mito se inicia con la figura de la deidad primordial Viracocha, a quien se le atribuye la creación y configuración del universo. Una vez edificado el cosmos, el dios supremo crea a los seres humanos para poblar el mundo. En el caso del pueblo huanca, Viracocha hizo brotar un manantial en Huari, lugar de donde emergió la primera pareja huanca: Atay Imapurancapia (varón) y Uchurumpi (mujer). En dicho lugar, los progenitores legendarios fundaron el primer pueblo; más adelante, sus hijos comenzaron a poblar otras comarcas. No obstante, sus descendientes afirman que, con el transcurso del tiempo, se olvidaron de su creador y veneraron a la deidad Huallallo Carhuincho.

El supremo Viracocha contempló con una profunda decepción la ingratitud de aquellos descendientes. En respuesta a su deslealtad, decretó un destino inexorable: serían sometidos y conquistados por los poderosos invasores Huari, que avanzaban desde las tierras del sur, trayendo consigo un cambio irreversible para su mundo. En virtud de esta condición, el dios Huallallo Carhuincho huyó hacia el este, pero fue transformado en el nevado Huaytapallana, una majestuosa montaña que se alza en el horizonte y puede contemplarse desde el momento en que el Sol comienza a despuntar.

La hija de Huallallo Carhuincho El siguiente relato es una leyenda oral que narra acerca del imposible amor entre Huaytapallana (hija del dios Huallallo Carhuincho) y Amaru (hijo del dios Pariacaca). Fruto de este amorío, los padres de ambos, quienes ya estaban enemistados antes de dicho evento, desencadenan una batalla que ocasiona calamidades en la Tierra.

El mito narra lo siguiente:

Se dice que la primogénita de Huallallo, llamada Huaytapallana, era la más hermosa entre todas las mujeres de la región. Con el propósito de poder ocultarla de los hombres, su orgulloso padre sembró para ella un hermoso jardín lleno de las más bellas flores dentro del abrigo de las montañas.

Por su parte, Pariacaca tuvo un hijo varón a quien llamaría Amaru. Por ser hijo de un Apu (dios), este joven tenía el poder de tomar la forma de cualquier animal, además a este joven le encantaba realizar extensos viajes bajo la forma de diversos animales. Y es así que un día, mientras se trasladaba por los valles de su padre, encontró a su pareja con quien se casó y tuvo una hija.

Sin embargo, uno de los días en los que Amaru sobrevolaba unas montañas bajo la forma de un águila y, sin darse cuenta, salió de los dominios de su padre. En eso, el joven vislumbró un jardín de flores como nunca antes había visto y, dominado por la curiosidad, se transformó en hombre para adentrarse en aquel paraje escondido. Al pie de la laguna Carhuacocha se encontraba Huaytapallana, la hija de Huallallo, cuya belleza era tal que logró hacer de que el joven Amaru olvidase todo al instante para posteriormente quedar perdidamente enamorado de ella; del mismo modo, la hermosa doncella también se enamoraría de él y tal fue la mutua atracción que fruto de este romance nacieron cinco hijos.

Cuando Huallallo se enteró de esto, quiso averiguar acerca del misterioso joven que había tomado el corazón de su hija. Al consultar a los vientos, Huallallo se enteró de que aquel hombre era el hijo de su rival Pariacaca, y que además de Amaru ya estaba casado y tenía una hija. Herido en lo más profundo por el adulterio cometido, Huallallo ordenó a los vientos que llevasen a los oídos de Amaru noticias de su esposa y de su hija. Al recordarlas, Amaru tomó conciencia de todo lo que había hecho y salió en busca de su familia. Al pasar por una quebrada, Huallallo se le acercó sigilosamente y le dio un golpe mortal que terminó con su vida. Al enterarse de la tragedia, Pariacaca quedó abatido por la pérdida de su hijo. A raíz de su aflicción, el apesadumbrado Pariacaca ahogó a Huaytapallana en la laguna Carhuacocha y a los cinco hijos en las lagunas aledañas.

Esto marcó el inicio de una terrible batalla entre ambos dioses. Conforme duraba la batalla, ambos dioses iban arrasando con todo a su paso. La sangrienta conflagración tuvo como desenlace la victoria de Pariacaca contra Huallallo Carhuincho. Al darse cuenta de que su suerte estaba echada, Huallallo decidió huir a la selva que se extendía hacia el oriente, donde sediento de venganza por la muerte de su hija, se convirtió en un devorador de hombres. Según él, estos fueron los culpables de su desgracia.

Al enterarse de todo, el gran Viracocha, juzgó que estas crueldades no podían quedar sin castigo y condenó a los responsables. A manera de escarmiento, Viracocha convirtió a Pariacaca en una montaña nevada que hoy lleva su nombre, mientras que Huallallo corrió igual suerte, solo que la montaña en la que se convertiría llevaría el nombre de su hija.

El hambriento Huallallo En leyendas orales, se menciona que un hambriento Huallallo avistó a un joven al cual pensó devorar. Sin embargo, grande fue su sorpresa cuando se entera de que aquel joven era una simple manifestación de Inti, el dios Sol. A raíz de esto, Huallallo fue castigado por Viracocha, quien ordenó que fuera amarrado completamente y enviado a una isla. En dicho lugar, Huallallo estará a merced de animales que le morderán y le picarán. Al tratarse de un dios andino, este es inmortal, por lo que su sufrimiento será eterno.

Huallallo como dios lunar En ciertas regiones de Ayacucho, persiste una leyenda que vincula a Huallallo con la Luna, una asociación que, desde una perspectiva antropológica y cultural, no resulta sorprendente. Diversas culturas preincaicas han concebido a la Luna no únicamente como un astro femenino, sino también como una entidad masculina o incluso andrógina, reflejando una cosmovisión compleja y plural en torno a los cuerpos celestes.

La leyenda nos dice lo siguiente:

En tiempos muy antiguos, la Tierra se encontraba penosamente iluminada bajo una claridad agónica. En aquel entonces, la humanidad consagraba cuantiosas ofrendas a los dioses de la región para obtener más lumbre y calor. Haciendo caso del clamor humano, el dios Qalalu consintió en otorgarles un resplandor plateado más generoso, evitando así lacerar los ojos de aquellos hombres habituados a la penumbra. Esta deidad se caracterizaba por su comportamiento salaz y lujurioso; además de ello, era muy afecta a los sacrificios humanos (en especial, de varones y mujeres jóvenes). Asimismo, en aquel tiempo, los hombres experimentaban constantemente un frío asolador; sin embargo, vivían reconfortados porque poseían grandes reservas de alimento. En ese momento, ellos se multiplicaron gracias a la voluntad del dios viril, quien ordenó el nacimiento de mellizos. El dios Qalalu era descrito como un primoroso efebo y su vestimenta consistía únicamente de un manto de piel blanca de perro. Esta divinidad no iba sola, sino que la acompañaba su leal perro llamado Karwancho, una criatura sobrenatural.