thumb|300px|Evolución territorial de Roma desde el año 264 a. C. hasta el reinado de Diocleciano Las guerras romano-sasánidas o guerras bizantino-sasánidas fueron una serie de conflictos militares que enfrentaron al Imperio romano y a su continuador, el Imperio bizantino, con el Imperio sasánida entre los siglos y . Las dos potencias más importantes de la Antigüedad tardía en el Mediterráneo y el Próximo Oriente combatieron casi continuamente durante este período, aunque hubo también largos períodos de coexistencia pacífica (sobre todo durante el ).
Los conflictos se iniciaron en el , con la fundación del Imperio sasánida, y concluyeron con la victoriosa campaña del emperador Heraclio, en . Las operaciones militares fueron especialmente intensas en tiempos de Sapor I (240/242-272), Sapor II (309-379), Cosroes I (531-579) y Cosroes II (590-628). Las agresiones provinieron tanto del lado romano como del persa. Después de la última y mayor de las guerras entre Bizancio y Persia (603-628), ambas potencias, agotadas, fueron víctimas de la expansión del islam, que destruyó por completo al Imperio sasánida y se apoderó de las provincias orientales del Imperio bizantino. Este acontecimiento marca el final definitivo de la Edad Antigua.
Antecedentes: Roma y Persia antes del
thumb|150px|Busto de Marco Aurelio. La muerte del emperador Marco Aurelio, en 180, fue un momento crítico para el Imperio romano. El reinado del "emperador filósofo" había estado marcado por permanentes guerras defensivas en las zonas fronterizas del Imperio: en el Danubio, con las guerras marcomanas, Roma había agotado sus últimas reservas; en el Este, se había visto obligada a combatir en varias ocasiones contra los partos. A pesar de estas guerras, Marco Aurelio no había logrado estabilizar las fronteras del Imperio. Su hijo Cómodo, poco afortunado como emperador, fue asesinado en 192. Tras una breve guerra civil, Septimio Severo, originario de África, fundó la dinastía de los Severos, que gobernaría el Imperio hasta el año 235. Los contemporáneos, como el historiador Dión Casio, nativo de la parte oriental del Imperio, advirtieron que con la muerte de Marco Aurelio concluía la "Edad de Oro" y se iniciaba una época de "hierro y herrumbre". Este punto de vista es compartido por los historiadores actuales.
El gobierno de los Severos se basó esencialmente en su control de las legiones. Las recompensas ("donativium") a los soldados aumentaron de forma constante, lo cual acrecentó también su codicia. Por otro lado, se produjeron frecuentes intrigas palaciegas, por ejemplo contra Caracalla, que era muy querido por el pueblo y por las tropas, pero que actuó sin escrúpulos e incluso hizo matar a su propio hermano, Publio Septimio Geta; o contra Heliogábalo, cuya política religiosa había irritado a muchos romanos. El último emperador de la dinastía Severa, Alejandro Severo, fue asesinado por soldados encolerizados, que desconfiaban de su capacidad militar. Los siguientes emperadores se mantuvieron durante poco tiempo en el trono, y el Imperio entró en una profunda crisis, que los historiadores modernos denominan Crisis del . Solo algunos emperadores, como Aureliano y, sobre todo, Diocleciano, lograrían en los años que siguieron dar una estabilidad duradera al Imperio.
Una parte importante de los problemas romanos durante la crisis del tuvieron su causa en Oriente. Allí, en 224, el rey parto Artabanes IV había sido vencido y muerto por un príncipe sublevado llamado Ardashir. Ardashir provenía de una dinastía de señores locales que gobernaba la región de Pérsida y que descendía de un personaje semilegendario llamado Sasán, de quien no se sabe prácticamente nada. En la moderna historiografía, la dinastía fundada por Ardashir se denomina sasánida. Los sasánidas gobernarían Persia durante unos 400 años, y su imperio sería el último gran estado preislámico del antiguo Oriente.
Ardashir y sus sucesores reforzaron las tradiciones partas en todos los sentidos, buscando legitimar la nueva dinastía. Para ello, el nuevo monarca necesitaba éxitos visibles. Esta necesidad sería pronto descubierta por los romanos: en cuanto Ardashir hubo consolidado su poder en el interior, inició una guerra contra Roma. La caballería pesada persa, los catafractos, demostraron ser dignos adversarios de los romanos. Pronto Roma se encontró implicada en una costosa guerra defensiva. Aun cuando al mismo tiempo varias tribus amenazaban continuamente las fronteras del Rin y del Danubio, no eran comparables con el bien organizado estado sasánida, que se manifestó como un enemigo mucho más formidable de lo que los partos lo habían sido jamás.
Persia, con un gran desarrollo cultural y militar, se convirtió en la némesis de Roma y continuó siéndolo durante los siglos siguientes. Roma encontró en el Imperio sasánida una potencia similar a la suya, y los grandes reyes de Ctesifonte vieron a Roma de forma parecida. Esto solo significó, ya que las dos potencias estaban sólidamente establecidas, que cada una de ellas buscó sobre todo debilitar a la otra tanto como fuera posible, objetivo en el cual los intereses económicos desempeñaron un importante papel. Fue el principio de un forcejeo continuo que duró siglos: solo con el final de la Antigüedad tardía y la caída del Imperio sasánida concluyó la secular rivalidad entre los dos imperios.
A continuación, además de describir las operaciones militares, se ofrece también una visión general de las situaciones políticas en los conflictos respectivos y de sus resultados. A este respecto, será necesario hacer algunas breves referencias a las respectivas circunstancias políticas de Persia y Roma.
Ardashir I: El comienzo de los enfrentamientos militares
thumb|100px|Alejandro Severo. Después de que Ardashir I, hacia 230, hubiese reducido a sus enemigos internos, inició maniobras para ampliar sus dominios, lo que le llevó a entrar en conflicto con Roma. Su primer ataque fue contra la Armenia romana. La posesión de este territorio había sido siempre, a causa de su situación geográfica y sus recursos, motivo de disputa entre los romanos y los partos. También los sasánidas tendrían, en los años futuros, un gran interés por Armenia, sobre todo hasta el año 428, período durante el cual fue regido por una rama secundaria de la dinastía real parta de los arsácidas, quienes veían a los sasánidas como usurpadores. Muchos arsácidas estaban refugiados en Armenia y recibían ayuda romana. Por otra parte, Ardashir deseaba legitimar su mandato reconstruyendo el Imperio aqueménida a expensas de Roma y para ello debía hacerse con Armenia, poner fin a la amenaza romana sobre Mesopotamia (que aprovechaban el caos producido por el cambio dinástico para extender su influencia hacia el este) e invadir Siria y Asia Menor.Edwell, Peter (2007). Between Rome and Persia: The Middle Euphrates, Mesopotamia and Palmyra Under Roman Control. Routledge, pp. 160. ISBN 9781134095735.
La ofensiva de Ardashir contra Armenia no tuvo, sin embargo, el éxito esperado, ni tampoco el ataque contra el reino de Hatra, en Mesopotamia, aliado de Roma. El emperador romano Alejandro Severo se preparó para la guerra y emprendió en 232 una contraofensiva contra la capital persa, Seleucia-Ctesifonte, que apenas logró resultados: una de las tres columnas del ejército romano fue aniquilada por los persas, y las otras dos regresaron sin haber alcanzado apenas éxitos. Tampoco las luchas siguientes, que se desarrollaron sobre todo en Mesopotamia, tuvieron resultados decisivos, por lo que Alejandro Severo anuló las operaciones para poder enfrentarse a los germanos en el Rhin. Tras la muerte del emperador, en 235, Ardashir emprendió una nueva ofensiva. Esta vez el Gran Rey tuvo más éxito: posiblemente en 236 las ciudades de importancia estratégica de Carras y Nísibis cayeron en manos de los persas, y en 240 también la duramente disputada Hatra.
thumb|left|Ruinas en Hatra. Los motivos de Ardashir para atacar al Imperio romano siguen siendo discutidos por los historiadores. Las fuentes occidentales atribuyen al Gran Rey la intención de restaurar el antiguo Imperio aqueménida,Herodiano 6,2 y Dión Casio 80,4,1. pero debe tenerse en cuenta que las fuentes occidentales son por norma contrarias a los persas. Sobre esto los testimonios que conocemos del propio Ardashir no arrojan ninguna luz, ya que él solo se autodenominó "Rey de Reyes de Eran (Irán)", lo que no es en absoluto una expresión exagerada del concepto que tenía de sí mismo. Ardashir podría haber ido a la guerra para afirmar su posición, probar su aptitud como nuevo rey y legitimar su usurpación de facto del trono. En el fondo, la cuestión depende en gran medida de la interpretación que se haga de las fuentes existentes.Erich Kettenhofen, "Die Einforderung des Achämenidenerbes durch Ardašir: eine interpretatio romana", en: Orientalia Lovaniensia Periodica 15 (1984), pp. 177-190. Véase también Philip Huyse, La revendication de territoires achéménides par les Sassanides: une réalité historique?, en: Philip Huyse (ed.), Iran: Questions et connaissances I: Études sur l'Iran ancien, París, 2002, pp. 294-308.
La caída de Hatra hizo que Roma renovase su decisión de atacar a los persas. Ardashir murió en 241.La cronología de muchos de los reyes sasánidas es problemática a causa de las dificultades para datar las referencias de las fuentes. Las siguientes fechas de reinado se basan en la obra clásica de Josef Wiesehöfer, Das antike Persien. Su hijo y heredero, Sapor, continuaría la guerra, en la que infligiría a Roma una de sus más ignominiosas derrotas.
Sapor I: Victoria sobre los tres emperadores
Sapor I es considerado generalmente como uno de los reyes sasánidas más destacados, y en Irán el recuerdo de sus hazañas permanece todavía. En el interior del país destacó por su tolerante política religiosa y sus reformas en la administración del estado, cuya centralización aumentó durante su gobierno.
Desde el punto de vista militar, sus éxitos no fueron en absoluto menores. Dirigió un total de tres campañas contra Roma, cuya cronología precisa se desconoce porque las fuentes, bastante problemáticas, han causado dificultades a los modernos historiadores. Además, a veces las fuentes occidentales (grecorromanas), que no son precisamente muy caudalosas, contradicen los relatos de los propios sasánidas. Una fuente de interés es la conocida inscripción trilingüe (en persa medio, parto y griego) de Naqsh-e Rustam, denominada res gestae divi Saporis, una crónica de Sapor sobre su victoria.Un libro básico para el estudio de los anales de Sapor es Philip Huyse, Die dreisprachige Inschrift Šabuhrs I. an der Ka’ba-i Zardušt (ŠKZ), 2 volúmenes, Londres, 1999. Sobre el desarrollo de las operaciones militares, debe señalarse sobre todo: Kettenhofen, Die römisch-persischen Kriege. Aun cuando debe ponerse cierto cuidado a la hora de evaluar estas fuentes, en la investigación actual su contenido se considera generalmente fiable. De modo diferente se considera, en cambio, a las fuentes occidentales, como la muy poco digna de confianza Historia Augusta, que apenas ofrece información fidedigna sobre el desarrollo de las campañas.Una visión de conjunto del estado de las fuentes para el , época de la "Crisis del ", la ofrecen, entre otros, Bruno Bleckmann: Die Reichskrise des III. Jahrhunderts in der spätantiken und byzantinischen Geschichtsschreibung. Untersuchungen zu den nachdionischen Quellen der Chronik des Johannes Zonaras, Múnich, 1992, y David S. Potter, Prophecy and History in the Crisis of the Roman Empire. A Historical Commentary on the Thirteenth Sibylline Oracle, Oxford, 1990.