thumb|280px|Santa Eulalia, Luis Salvador Carmona (1760-1770). Museo Nacional de Escultura

Santa Eulalia de Mérida (Augusta Emerita, 292 - Augusta Emerita, 10 de diciembre de 304) fue una santa cristiana que padeció el martirio en la ciudad de Augusta Emerita, actual Mérida, bajo las persecuciones del emperador Diocleciano. La noticia de la vida y martirio de la santa emeritense se expandió rápidamente por el Imperio Romano, convirtiendo a la ciudad en una de las metas más importantes de peregrinación de Europa occidental durante la Alta Edad Media. De hecho, y hasta la proclamación de Santiago Apóstol, Eulalia fue invocada como protectora de las tropas cristianas durante la Reconquista, y como patrona de las Españas. Actualmente, ostenta el título de alcaldesa perpetua de Mérida y patrona de dicha ciudad. Asimismo, ejerce su patronazgo sobre la archidiócesis de Oviedo (en cuya catedral reposan sus restos), patrona del Principado de Asturias (desde 1630) y sobre numerosas localidades de España, Portugal, Italia, Hispanoamérica... Desde 2012 es también patrona de la juventud de la archidiócesis de Mérida-Badajoz.

Los datos acerca de la vida y muerte de Santa Eulalia los encontramos en un himno que en honor de ella escribe el poeta Prudencio en el ; así como del relato de su pasión recogido en el Pasionario Hispánico.RIESCO CHUECA, Pilar: Pasionario hispánico, Universidad de Sevilla, 1995.

Etimológicamente, el nombre Eulalia viene del griego (Ευλαλια), con el significado de 'la que habla bien' o 'de buen habla'; de - eu = 'bien', y lalia = 'habla', sustantivo del verbo lalein = 'hablar'.

Biografía Eulalia de Mérida nació en Augusta Emerita (Mérida) aproximadamente en el año 292. Su martirio está datado de forma unánime por las fuentes contemporáneas y la investigación histórico-crítica el 10 de diciembre del año 304 d. C., en el marco de la gran persecución decretada por los emperadores Diocleciano y Maximiano, bajo el mandato del gobernador provincial Calpurniano.El testimonio escrito más antiguo y cercano a los hechos (el Peristephanon de Prudencio, redactado hacia el año 380-400 d. C., apenas ochenta años después del martirio) sitúa los hechos de manera explícita bajo los edictos de Diocleciano y Maximiano, nombrando expresamente al gobernador Calpurniano. No existe ninguna fuente de los siglos III o IV que vincule a Santa Eulalia con el emperador Decio. Era hija del senador romano Liberio y tanto ella como toda su familia eran cristianos.

Cuando Eulalia andaba por los doce años de edad, apareció el decreto del emperador Diocleciano prohibiendo a los cristianos dar culto a Jesucristo, y ordenándoles que veneraran a los dioses del imperio. La niña sintió un gran disgusto por estas leyes, y se propuso protestar ante los magistrados imperiales de la ciudad.

Viendo su madre y su padre que la joven podía correr peligro de muerte si se atrevía a protestar contra el decreto imperial, la llevaron a vivir al campo, a una casa situada a una jornada de distancia de Emérita. Pero la muchacha escapó de allí y regresó a Emérita; según la tradición, llegó a la ciudad la mañana del 10 de diciembre del año 304, tras una noche vagando por atajos y caminos.

Eulalia se presentó osadamente ante el gobernador CalpurnianoEl testimonio escrito más antiguo y cercano a los hechos (el Peristephanon de Prudencio, redactado hacia el año 380-400 d. C., apenas ochenta años después del martirio) sitúa los hechos de manera explícita bajo los edictos de Diocleciano y Maximiano, nombrando expresamente al gobernador Calpurniano.

La fuente más antigua y fiable que se conserva —el Peristephanon (Himno III) del poeta Aurelio Prudencio (c. 380–400 d. C.)— no menciona ningún nombre propio para el juez, limitándose a hablar de los magistrados y los verdugos del imperio.

Sin embargo, la segunda gran fuente en importancia, la Passio Sanctae Eulaliae Emeritensis (un texto hagiográfico redactado entre finales del siglo VII y principios del VIII), nombra de forma explícita al magistrado que juzga a la joven:«Passio sanctae ac beatissimae Eulaliae virginis et martyris Christi, quae passa est Emerita in civitate sub Calpurniano praeside...»Es decir, el gobernador histórico responsable del juicio y la aplicación de los edictos de Diocleciano en Mérida era Calpurniano (praeses o gobernador de la provincia de Lusitania), no Daciano., y le protestó, declarando que esas leyes que "mandaban adorar ídolos y prohibían a Dios" eran totalmente injustas, y no podían ser obedecidas por los cristianos.

Siguiendo el relato de la tradición, Calpurniano habría intentado al principio ofrecerle a la niña regalos y promesas de ayudas, para que cambiara de opinión Pero, al ver que permanecía firme en sus creencias cristianas, cambió de táctica y decidió asustarla mostrándole todos los instrumentos de tortura con los que le podía hacer padecer horriblemente si no obedecía la ley del emperador que mandaba prestar culto a los dioses. Y añadió: "De todos estos sufrimientos te vas a librar si le ofreces este pan a los dioses, y les quemas este poquito de incienso en los altares de ellos". La jovencita lanzó lejos el pan, echó por el suelo el incienso, y le dijo valientemente: "Al solo Dios del Cielo adoro; a Él únicamente le ofreceré sacrificios y le quemaré incienso. Y a nadie más".

Entonces el magistrado mandó que la destrozaran golpeándola con varillas de hierro, y que sobre sus heridas pusieran antorchas encendidas. La hermosa cabellera perfumada de Eulalia se incendió y la jovencita murió quemada y asfixiada por el humo.

Dice el poeta Prudencio que, al morir la santa, la gente vio una blanquísima paloma que volaba hacia el cielo; y que los verdugos salieron huyendo, llenos de pavor y de remordimiento por haber matado a una criatura inocente. Después la nieve cubrió el cadáver y el suelo de los alrededores, hasta que varios días después llegaron unos cristianos y dieron sepultura al cuerpo de la joven mártir. Allí, en el lugar de su sepultura, se levantó un templo en honor de Santa Eulalia; y continúa el poeta diciendo que él mismo vio que a ese templo llegaban muchos peregrinos para orar ante los restos de tan valiente joven, y para conseguir favores de Dios por medio de su intercesión.

El culto a Santa Eulalia se volvió tan popular, que hasta el propio san Agustín predicó sermones en honor de esta joven santa mártir. Y en la lista oficial de mártires de la Iglesia Católica, el llamado Martirologio romano, podemos leer esta frase: "El 10 de diciembre se conmemora a Santa Eulalia, mártir de España, muerta por proclamar su fe en Jesucristo".

Martirios Así narra los martirios de Eulalia de Mérida, el poeta Prudencio (s. IV): thumb|Santa Eulalia, por John William Waterhouse, 1885.

Tal es la primorosa descripción que nos dejó Prudencio del martirio de Eulalia de Mérida, en admirable coincidencia con las actas que sobre estas mismas hazañas escribiera un testimonio ocular.

Sigilosamente se aprestarían los cristianos de Mérida a rescatar las preciosas reliquias de aquella intrépida niña que con su muerte acababa de dar tan espléndido testimonio de la fe. Embalsamarían delicadamente su cuerpo y le darían sepultura precisamente en aquel mismo lugar donde pasada la tremenda borrasca de la persecución, se levantó una espléndida basílica, cuyo mármol bruñido -según testimonio de Prudencio, que la vio- iluminaba con cegadores resplandores sus atrios, donde los resplandecientes techos brillaban, con áureos artesonados y los pavimentos de mármol jaspeados daban al peregrino la sensación de pasear en un prado en que se entremezclaban y combinaban las rosas con las demás flores. Y con un lirismo exultante termina el poeta su descripción:

Las dos Eulalias Existen serias dudas sobre la historicidad de la vida y martirio de Eulalia de Barcelona, pudiendo tratarse de una versión de Santa Eulalia de Mérida. Cabe destacar que las referencias más antiguas de la santa emeritense se remontan al , mientras que el primer testimonio escrito que se conoce del martirio de Eulalia de Barcelona es el himno Fulget hic honor sepulcri del Obispo Quirico de Barcelona fechado, aproximadamente, en 660, tres siglos después del tormento. En este sentido, la leyenda de Barcelona reproduce, además del nombre, múltiples hechos y tormentos de la santa de Mérida, pudiendo tratarse de una duplicación de personalidad hagiográfica. Esta duplicidad fue estudiada por Ángel Fábrega Grau, quien en 1958 publicó Santa Eulalia de Barcelona, revisión de un problema histórico, y por los Bolandistas en su Analecta Bollandiana.

El Martirologio Romano optó por retirar la inscripción de santa Eulalia de Barcelona,http://evangeliodeldia.org/main.php?language=SP&module=saintfeast&localdate=20151210&id=11798&fd=0 al considerarla una duplicación de la Eulalia emeritense; y ello se puede comprobar en la última edición del año 2004, en sus versiones latina y española. No obstante, en el Martirologio de la página oficial del Vaticano, Santa Eulalia de Barcelona continúa apareciendo bajo su fecha de advocación tradicional, el 12 de febrero: A Barcellona, in Spagna, ricordo di S[anta] Eulalia, vergine e martire.http://www.vatican.va/roman_curia/pontifical_academies/cult-martyrum/martiri/009.html Y su culto es permitido en la ciudad de Barcelona, puesto que es considerada su patrona.

Lugares eulalienses

Bajo el nombre de lugares eulalienses, se conocen a los monumentos y edificios de la ciudad de Mérida asociados a la vida y culto de la joven mártir miniaturadeimagen|243x243px|Capilla de San Martín, donde, según la tradición, se situó la cárcel de Santa Eulalia. La basílica martirial o iglesia matriz. La Iglesia madre se construyó a mediados del , cuando las reliquias de la mártir fueron enterrados ex novo sobre un lugar en el que no había habido tumbas romanas ni cristianas; previamente sobre este lugar se había construido una pequeña iglesia; y bajo su altar, tal y como estaba establecido por la Iglesia Occidental, se situó la tumba o túmulo sobre el que se había grabado el título martirial de Eulalia. A este tipo de iglesias, tanto en el Oriente como en Occidente cristianos, se las denominaba martyrium. A partir del enterramiento de la mártir, a su alrededor se formó una gran necrópolis, debido la querencia de los cristianos de ser enterrados ad sanctos o junto a reliquias de santos mártires. Pero tan solo los obispos y algunos privilegiados conseguían ser sepultados inmediatamente al lado de los huesos de Eulalia. Prácticamente destruida cuando sobrevino la invasión musulmana, la Basílica de Santa Eulalia fue reconstruida hacia 1235 por la Orden de Santiago, institución que hacia 1270 levantó el actual templo siendo maestre Don Pelayo Pérez Correa

El Hornito de Santa Eulalia. Según la leyenda, el edificio fue levantado en el lugar en el que fue inmolada la mártir. Realmente se trata de una capilla mandada construir en 1495 por dos Visitadores de la Orden de Santiago de la Espada; por aquel entonces era una simple habitación realizada en mampostería, con un arco labrado en piedra en la que había una figurita en madera pintada representando a santa Eulalia; una bóveda servía de techo, mientras una reja protegía su interior. Este singular oratorio fue construido como ermita, con el fin de que los emeritenses pudiesen prestar culto a la santa sin tener que esperar a que estuviese abierta la basílica. En él se oficiaban misas, y también en él se celebraban actos populares de piedad. En 1610, y queriendo aprovechar la aparición de restos romanos de gran valor, se aprueba la remodelación del templo; y en 1612 ya se habían instalado los mármoles del Templo de Marte, formando un atrio de gran belleza. En 1662 se colocaron los escudos de Felipe IV, de la Ciudad, y del Gobernador santiaguista del momento.