El asedio del alcázar de Toledo fue una batalla de gran valor simbólico que ocurrió en los comienzos de la guerra civil española. En ella se enfrentaron fuerzas gubernamentales compuestas fundamentalmente por milicianos del Frente Popular y guardias de asalto contra las fuerzas sublevadas de la guarnición de Toledo, reforzadas por la Guardia Civil de la provincia y un centenar de civiles militarizados sublevados contra el Gobierno de la República. Los sublevados se refugiaron en el alcázar de Toledo, entonces Academia de Infantería, Caballería e Intendencia, acompañados de sus familias. Las fuerzas republicanas empezaron el asedio sobre el fortín de los sublevados el 21 de julio de 1936 y no lo levantarían hasta el 27 de septiembre, tras la llegada del Ejército de África al mando del general José Enrique Varela, haciendo el general Francisco Franco su entrada en la ciudad al día siguiente. El día 30 se hacía público el nombramiento del general Franco como Generalísimo y Jefe del Gobierno del Estado.

Precedentes La conspiración militar para desencadenar un «golpe de fuerza» que derribara al gobierno republicano se puso en marcha días después de formarse el gobierno de Azaña el 19 de febrero de 1936, en efecto, ya el 8 de marzo tuvo lugar en la casa de Madrid de un agente de bolsa militante de la CEDA una reunión de varios generales, el principal de ellos Emilio Mola, en la que acordaron organizar un «alzamiento militar» que derribara al gobierno del Frente Popular recién constituido.

El general Gonzalo Queipo de Llano (jefe de los carabineros), que estaba organizando otra conspiración golpista por su cuenta, visitó al general Mola y ambos decidieron colaborar. La coordinación de la conspiración pasó entonces al general Mola quien adoptó el nombre clave de «el Director». El complot se apoyaba fundamentalmente en los militares "africanistas" y en los miembros de la clandestina Unión Militar Española, y consistía en un levantamiento escalonado de todas las guarniciones comprometidas, que implantarían el estado de guerra en sus demarcaciones, comenzando por el Ejército de África.

A principios de julio de 1936 la preparación del golpe militar estaba casi terminada, aunque el general Mola con la fecha del pronunciamiento fijada entre los días 10 al 20 de julio. El asesinato del teniente y miembro de la UMRA, José del Castillo Sáenz de Tejada, el 12 julio, y el posterior de José Calvo Sotelo, jefe parlamentario de los monárquicos, aceleró el estallido ya que Mola decidió aprovechar y adelantó la fecha de la sublevación que quedó fijada para los días 18 y 19 de julio de 1936.

Sin embargo, ya el 17 de julio, los oficiales de la guarnición de Melilla, al saber que la conspiración estaba por ser descubierta, se adelantaron y declararon el estado de guerra en Melilla. Ocuparon todos los edificios públicos e impusieron la ley marcial. Una vez que Melilla estuvo asegurada por los golpistas, el coronel Juan Seguí Almuzara, uno de los sublevados, se puso en contacto con los encargados de la conspiración militar en Tetuán (entonces capital del protectorado español de Marruecos) y Ceuta. Los sublevados se hicieron con el control de ambas ciudades y al atardecer del 18 de julio terminó la última resistencia republicana en el Protectorado.

Los militares sublevados no consiguieron alcanzar su objetivo principal de apoderarse del punto neurálgico del poder, Madrid, ni de las grandes ciudades, pero dominaban cerca de la mitad del territorio español, ya que controlaban prácticamente el tercio norte peninsular y las ciudades de Andalucía.

Las fuerzas republicanas, por su parte, consiguen sofocar el alzamiento en más de la mitad de España, incluyendo todas las zonas industrializadas, gracias en parte a la participación de las milicias recién armadas de socialistas, comunistas y anarquistas, así como a la lealtad de la mayor parte de la Guardia de Asalto y, en el caso de Barcelona, de la Guardia Civil. El gobernador militar de Cartagena, Toribio Martínez Cabrera, era simpatizante del Frente Popular y la marinería también era contraria al golpe militar, lo que unido a los tumultos populares de los días 19 y 20 hicieron fracasar el movimiento golpista en la base naval de Cartagena y el resto de la provincia de Murcia.

La zona fiel a la República ocupó la mitad este de la Península: la parte oriental de Aragón (menos las tres capitales), Cataluña, Valencia, Murcia, Andalucía oriental (menos la ciudad de Granada), Madrid, Castilla la Nueva y La Mancha. En el oeste los leales controlaban las provincias de Badajoz y de Huelva.

Así pues, el levantamiento tuvo éxito en unos sitios y fracasó en otros, por lo que España quedó dividida en dos zonas: una controlada por los militares que se habían alzado contra la República y otra que permaneció fiel al gobierno.

Con el fracaso del golpe militar, da comienzo la guerra civil española.

Toledo Durante el 19 y el 20 de julio, el Ministerio de Guerra del Gobierno republicano hizo varios intentos para obtener munición en la Fábrica de Armas de Toledo; ante cada requerimiento el coronel José Moscardó Ituarte, Director de la Escuela Central de Gimnasia, gobernador militar eventual por ausencia del titular, coronel José Abeilhe Rodríguez-Fito, y oficial más caracterizado de la plaza, rehusaba la entrega. Finalmente se sublevó el martes 21 de julio y proclamó el estado de guerra controlando rápidamente la ciudad. Al día siguiente una columna leal procedente de Madrid al mando del general Riquelme llegó a Toledo y obligó a los militares sublevados a encerrarse en el edificio del Alcázar de Toledo, sede de la Academia de Infantería.

Fuerzas enfrentadas

Fuerzas republicanas Las fuerzas republicanas asentadas en Toledo consistían aproximadamente en 5000 milicianos de la CNT-FAI y la UGT, además de Guardias de Asalto. Tenían varias piezas de artillería, unos pocos vehículos blindados y dos o tres tanquetas. Las Fuerzas Aéreas de la República realizaron tareas de reconocimiento, apoyados por la artillería y bombardearon el alcázar en 35 ocasiones.

Fuerzas sublevadas Los defensores del alcázar eran 690 hombres de la Guardia Civil,Keene, Judith, Luchando por Franco: Voluntarios europeos al servicio de la España fascista, 1936-1939, p. 61, Salvat, 2002, ISBN 84-345-6893-4. ocho cadetes de la Academia de Infantería, uno de la de Artillería y 110 civiles. Las armas de las que disponían eran según el relato de Moscardó:

Se contaba con el armamento de la Guardia Civil, Academia, Escuela de Gimnasia y Guardias de Asalto y Seguridad; 800 000 cartuchos de fusil y ametralladora (procedentes de las Fábricas de Armas); 1200 fusiles Mauser y mosquetones; 200 petardos pequeños de trilita; 50 granadas rompedoras de 7 cm; 50 granadas de mortero Valero de 51 cm; 50 disparos de rompedora; 13 ametralladoras Hotchkiss de 7 mm; 13 fusiles ametralladores, de la misma marca y calibre, todo en uso por los alumnos en sus prácticas; 4 cajas (200 granadas) de granadas de mano ofensivas Lafitte modelo 1921; 2 piezas de montaña de 7 cm; 1 explosivo eléctrico; 1 mortero de 50 mm; 1 caja (25 granadas) de granadas de mano incendiarias. Pero los oficiales y la Guardia Civil habían logrado traer munición abundante.Luchando por Franco, p. 63.

Aproximadamente 670 civiles, entre ellos 500 mujeres y 50 niños,Luchando por Franco, p. 62. vivieron en el alcázar durante el asedio. La mayoría de estos eran familiares de los miembros de la Guardia Civil. Las mujeres no participaron en la defensa del alcázar, por su seguridad no se les permitía ni siquiera cocinar o curar a enfermos y heridos. Sin embargo, su presencia en el alcázar elevó el valor de los hombres para continuar en la defensa. Los civiles que se encontraban dentro del alcázar estuvieron a salvo de los ataques de las tropas gubernamentales, excepción hecha de los rehenes que los sitiados habían llevado con ellos o habían apresado en sus salidas del alcázar. Las cinco muertes de civiles afines a los sublevados que hubo fueron por causas naturales. Hubo dos nacimientos durante el sitio.

Simbolismo En la tradición historiográfica española, la ciudad de Toledo era considerada la cuna de España, por haber sido una de las residencias de los soberanos visigodos y sede de los concilios del reino. En ella, el alcázar, castillo de la época musulmana pero que ocupaba el sitio del antiguo pretorio romano, tenía un especial valor simbólico. Había sido la residencia temporal de la monarquía castellana después de la reconquista de Toledo.

Si bien el alcázar fue abandonado como palacio por Felipe II, nunca dejó de ser un emblema de la ciudad. En 1850 fue convertido en Academia Militar, bajo el nombre de Colegio de Infantería. Después de un incendio en 1886, algunas de sus partes fueron reforzadas con acero y vigas de hormigón.

Durante la Guerra Civil, su posesión se convirtió en un elemento clave para la propaganda; el fracaso en su toma, fue un duro golpe para el bando republicano y una victoria moral para el bando sublevado.

Cronología del asedio

21 de julio de 1936 thumb|300px|Esquema de la destrucción del Alcázar de Toledo por la artillería republicana.

La máxima autoridad militar en Toledo, por ausencia de su titular, era el coronel José Moscardó, director de la Escuela Central de Gimnasia desde 1931. Aunque estaba al tanto de la conspiración no estaba comprometido con ella, pero cuando el gobierno de Madrid le instó a que enviara armas y municiones de la Fábrica de Armas desobedeció la orden. A las 7 de la mañana del 21 de julio proclamó el estado de guerra en el patio de armas del Alcázar, sede de la Academia de Infantería, Caballería e Intendencia. Allí estableció la Comandancia Militar.

Moscardó nombró a un nuevo gobernador civil, el notario Justo del Pozo Iglesias, pues el anterior, Manuel María González López, se refugió en el Alcázar con su familia. Los sublevados distribuyeron fuerzas por la ciudad: Hospital de Tavera, Fábrica de Armas, Convento de los Carmelitas Descalzos, bancos, Ayuntamiento, Catedral, Plaza de Zocodover, Correos, Teléfonos, Matadero, Cuartel de Asalto (Plaza de Padilla), Prisión Provincial, puertas de la muralla y puentes sobre el Tajo. Los guardias civiles llenaron camiones de munición en la Fábrica de Armas con destino al Alcázar. El Ministerio de la Guerra ordenó el bombardeo aéreo de los sublevados; a las 18 horas, el último de los camiones fue alcanzado de lleno cuando estaba llegando a su destino.