miniatura|Iglesia de San Francisco en el pueblo de Yavi, actual provincia de Jujuy en la Argentina. Templo construido por Bernardo de Ovando en 1690 y terminado por Juan José Fernández Campero y Herrera, primer marqués del Valle de Tojo, en 1708. El título nobiliario de Marqués del Valle del Tojo (Toxo en su forma antigua, pronunciado Tojo), fue otorgado por Real cédula de Felipe V a los Fernández Campero en 1708 en el ámbito del antiguo Virreinato del Perú. La "marca" -de donde proviene el título de "marqués"- era el sitio estratégico económico y de tránsito entre las provincias arribeñas del Alto Perú -hoy Bolivia- con sus riquezas mineras en el Potosí, viñedos y trigales en Tarija , y las provincias abajeñas (Jujuy y Salta de la actual República Argentina) con sus minas en la Puna (por ejemplo Rinconada del Oro), encomiendas, ganados y cultivos, lo que constituye el límite norte de lo que fuera la vasta Región del Tucumán.

Luego fue conocido popularmente como Marqués de Yavi, por la población en donde se encontraba su residencia principal (Yavi), en la actual provincia argentina de Jujuy. Al crearse el Virreinato del Río de La Plata (1776) el preexistente Marquesado del Tojo quedó comprendido en su territorio, y mantuvo su condición estratégica entre el Virreinato del Río de la Plata (con su puerto y capital en Buenos Aires) y el del Perú (con su capital en Lima y puertos en el Pacífico).

Las propiedades del Marquesado se extendían por el actual departamento de Tarija, Bolivia ( Méndez, Cercado y partes de José María Avilés y O'Connor), siendo los centros importantes: Tojo, Tarija y La Angostura; gran parte norte de Jujuy (los actuales departamentos de Yavi, Cochinoca, Santa Catalina, Rinconada, Susques, Humahuaca, Tumbaya, Ledesma, Tilcara, Valle Grande y Santa Bárbara), siendo los centros importantes: Yavi, Puesto del Marqués, Sansana, Yoscaba, Cochinoca, Casabindo y Coranzulí; el noroeste de Salta (los actuales departamentos de Santa Victoria, Iruya y Orán) siendo los centros importantes: Iruya, Orán, San Antonio de los Cobres y Santa Victoria Oeste; norte de Catamarca (departamento de Antofagasta de la Sierra), siendo centro importante Antofagasta de la Sierra; sur del departamento de Chuquisaca (provincias de Nor Cinti y Sud Cinti), siendo los centros importantes: Camataqui, Santa Ana, Pazpaya y Escapana; el extremo sureste del departamento de Potosí (este de las provincias de Modesto Omiste, Nor Chichas y Sud Chichas), siendo los sobresalientes: Estumilla, Talina, Livi Livi, Reinecilla y Sococha. También poseía "puestos" en la Región de Antofagasta siendo su capital homónima un centro poblacional importante. También, algunos autores le atribuyen el dominio del desierto y puna de Atacama (provincias de Jujuy, Salta y parte de la actual provincia de Catamarca), y sur de la actual Bolivia, aunque dichos territorios también formaban parte del Señorío de Huasán, atribuido a la familia Peña del Tucumán.

Este conglomerado de extensas posesiones era la consecuencia de las encomiendas y mercedes de tierras otorgadas por la Corona española y luego integradas, principalmente, por vía matrimonial al Marquesado. Las más importantes eran las encomiendas otorgadas en el , y que correspondían a las de Casabindo y Cochinoca atribuidas a don Bernardo Gutiérrez de Ovando, y que luego le correspondieron por herencia a su hija, Clemencia de Ovando. Posteriormente, y luego de su matrimonio, al momento de su fallecimiento, Clemencia de Ovando transmitió los derechos patrimoniales a su esposo, el hidalgo Juan José Fernández Campero y Herrera. También, le correspondían a Clemencia Ovando, las mercedes reales sobre los valles y en la quebrada de Humahuaca, heredados de su abuelo, el Oidor de la Real Audiencia Pedro de Zarate, fundador de San Francisco de Álava en el valle de Jujuy (2.ª fundación de Jujuy, 1575).

El eje administrativo, económico y de residencia de los marqueses se encontraba entre Yavi (Jujuy, Argentina) y Tarija (hoy perteneciente a Bolivia). Los monumentos que hoy existen en la localidad de Yavi, la antigua iglesia de San Francisco de Yavi y la Casa Hacienda del Marquesado del Tojo (hoy Museo Histórico Provincial ) son construcciones que datan de fines del , anteriores al mismo marquesado, que hoy integran el listado de Monumentos Históricos Nacionales de Argentina. Yavi llegó a ser uno de los más importantes centros poblados de la Gobernación del Tucumán, teniendo en su apogeo en el . Su ubicación estratégica en el principal camino terrestre ("Camino Real") sirvió de vínculo entre las regiones del Plata, del Tucumán con el Alto Perú. Un oasis natural de ricas pasturas cruzado por el Río Yavi. La región poseía recursos minerales y mano de obra de los indígenas aplicada a la fundición de metales. Tanto es así que en toda la Guerra Gaucha, hubo fabricación de obuses, armas de filo y pólvora en las ciudades de Tarija y Jujuy, además de metales extraídos de las minas de Rinconada del Oro ( que también tenía Cabildo e iglesia desde el año de 1670 en los territorios del Marquesado) y plata de la Formación de Acoyte, en la actual Puna salteña. En su hacienda de Tojo tuvieron también los marqueses residencia y capilla ,y diversos establecimientos en postas, como ser la actual localidad de Puesto del Marqués en (Jujuy).

La otra residencia se encuentra en la ciudad de Tarija, en la esquina noroeste de la plaza Luis Fuentes y Vargas, proveniente también del patrimonio de los Ovando. La misma fue reconstruida por el hijo del último marqués a mediados del , con estilo italianizante, con un peculiar patio circular y doble altura, con uso comercial actualmente.

Por lo mencionado, el Marquesado del Valle de Tojo fue el título nobiliario más relevante, en cuanto a duración temporal, extensión territorial y términos económicos concedido por la Corona en el Virreinato del Río de la Plata, que vinculó con mayorazgos y encomiendas, que constituían una base territorial de explotación económica y control territorial de la población originaria, cuya posesión determinaba un factor de poder en la región de la Puna y el Tucumán.

Además del Marquesado del Valle de Tojo, la Corona española sólo concedió el título nobiliario de Conde de Buenos Aires (1809 a 1810) Santiago de Liniers como recompensa a su actuación en las invasiones inglesas, sin vínculo territorial, al que fuera luego el anteúltimo Virrey del Río de la Plata, aunque las autoridades de esa ciudad protestaron por la referencia geográfica del mismo. La extinción para la Corona Española del título del Marquesado del Valle de Tojo se originó en la postura independentista y patriota que tomó el cuarto y último marqués del Valle del Tojo, el Coronel Campero, Juan José Feliciano Fernández Campero. Este último llegó a alcanzar el grado de Coronel Graduado de los Ejércitos de las Provincias Unidas del Río de la Plata, lo que constituía un acto de traición a la Corona. Una vez terminadas las Guerras por la Independencia, su inmediato heredero, Fernando María Campero y Barragán, nunca reclamó el título nobiliario bajo la legislación española, además de convertirse en una personalidad política relevante de la naciente República de Bolivia. Sin embargo, en su testamento indicó a su hijo mayor Samuel Campero y de la Peña que podría reclamar el título nobiliario español, dejando constancia de su mejor derecho.

Además las disposiciones legales previas a la formación de las Provincias Unidas del Río de la Plata, adoptadas por la Asamblea del Año XIII, que abolió los títulos nobiliarios, la propiedad y el control de las antiguas encomiendas continuó bajo la cabeza de la familia Fernández Campero. Este dominio se extendió hasta la segunda mitad del siendo motivo de constantes disputas políticas entre las Autoridades argentinas de las provincias de Salta y Jujuy, quienes desconfiaban de la nacionalidad boliviana del último propietario de dichas tierras.

La designación de "marqués de Yavi" se volvió el habitual con el que se conoce a los Marqueses del Valle del Tojo —o Toxo—, siendo este último el legítimo nombre del marquesado. El último marqués y su hijo- aún luego de extinguido el título- fueron popularmente conocidos también como "el marqués Campero"; dado que el patronímico Fernández Campero se transmitió también por vía femenina -por prerrogativa real- como en el caso de la II Marquesa, Manuela Micaela Ignacia Fernández Campero, y el III marqués del Valle del Tojo, su hijo Juan José Gervasio Fernández Campero y Martiarena del Barranco. miniatura|Imagen actual de uno de los salones de la Casa de los Marqueses de Tojo en Yavi, Jujuy.

Origen e historia

miniatura|Heráldica certificada por el Rey de Armas del Rey de España y de las Indias, Felipe V, de Don Juan José Fernández Campero y Herrera como Primer marqués del Valle de Tojo. Año 1708. Archivo particular de la familia Figueroa Campero. Salta. Argentina. miniatura|Casa Museo de los Marqueses del Valle de Tojo en su estado actual. Yavi, provincia de Jujuy. miniatura|La capilla de las Ánimas en el templo de San Francisco de Yavi, iglesia palatina de los Marqueses del Valle de Tojo. Yavi, Jujuy. El origen del acervo patrimonial del Marquesado no se remonta a España, sino a encomenderos saltojujeños y tarijeños del , época de las fundaciones de las ciudades, y , cuando don Bernardo Gutiérrez de Ovando recibió de la Corona española, las tierras y encomiendas que comprendían la región de Tarija y la Puna Jujeña y su área de influencia. Estos bienes permanecieron entre los Ovando por más de un siglo, hasta que Juana Clemencia de Ovando, esposa del I marqués, se convirtió en única heredera de tan extenso patrimonio y lo transmitió al mayorazgo del Marquesado. Cómo era menor de edad, su madre y un tío arreglaron su matrimonio con Juan José Fernández-Campero de Herrera, un hidalgo español nacido en 1645, en Abionzo, Cantabria, que había llegado como miembro del séquito del Virrey del Perú, Pedro Antonio Fernández de Castro, X conde de Lemos, y con cartas de recomendación de la reina Mariana de Austria. El matrimonio se celebró el 5 de agosto de 1678, y como Juana Clemencia Ovando contaba con doce años de edad, ese mismo día levantó su protesta ante escribano público declarando que su matrimonio era forzado por su madre y su abuelo materno, aunque luego rectificó estas declaraciones aduciendo que habían sido impuestas por su padrastro, don Pedro de Santisteban. Sin embargo, la heredera universal de los bienes de los Ovando murió de sobreparto el 30 de diciembre de 1690, dejando como único heredero a su esposo Juan José Fernández Campero, 18 años antes que recibiera el título de marqués.

Convertido en uno de los terratenientes y encomenderos más ricos del territorio del Alto Perú y del Virreinato del Perú, Juan José Fernández Campero acrecentó el patrimonio recibido de su primer esposa con el comercio y la minería y obtuvo el título de Marqués del Valle de Tojo el 9 de agosto de 1708. El título nobiliario concedido por el Rey Felipe V integró a Fernánez Campero a la nueva nobleza del Virreinato del Perú, y siguiendo la tradición en la concesión del título nobiliario, el nuevo Marquesado tuvo como santos protectores a Santa Rosa de Lima y a San Nicolás de Tolentino.

Ese mismo año contrajo matrimonio con Josefa Gutiérrez de la Portilla. Debido a las relaciones y servicios prestados a los Virreyes del Perú, a la hidalguía de sus orígenes españoles, a la munificencia de los donativos brindados a la educación y a la Iglesia y a la Compañía de Jesús, la familia Fernández Campero gozó del prestigio propio de la antigua nobleza, a la par que les aseguraba preponderancia política en los cabildos de Jujuy y de Tarija. Como muestra de su riqueza, los Marqueses del Valle de Tojo dotaron al colegio de la Compañía de Jesús de Tarija y a otras obras piadosas, iglesias y capillas en esa ciudad, Potosí y Yavi.